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Full text of "Vocabulario Rioplatense Razonado. v2"

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VOCABULARIO 
RIOPLATEN SE 

RAZONADO 



Ministerio db Instrucción Pública y Previsión Social 



BIBLIOTECA ARTIGAS 

Art. 14 de la Ley de 10 de agosto de 1950 



COMISIÓN EDITORA 

Clemente Ruggia 
Ministro de Instrucción Publica 

Juan E Pivel Devoto 
Director del Museo Histórico Nacional 

Dionisio Trillo Pays 

Director de la Biblioteca Nacional 

Juan C Gómez Alzóla 
Director del Archivo General de la Nación 



Colección de ClAsicos Uruguayos 

Vol. 26 

Daniel Gíanada 
VOCABULARIO RJOPLATENSE RAZONADO 
Tomo II 

Preparación del texto a cargo de 
Antonio Praderio 



I 



DANIEL GRANADA 



VOCABULARIO 
RIOPLATENSE 

RAZONADO 



Tomo II 

Instituto Nacional riel Libro 

M O N T F Vi £ > 
JD O ' N A Ü I Ü N 

MONTEVIDEO 
19 5 7 



E 

EMBOSTAR, a. — Rellenar las paredes de un 
rancho con una mezcla de bosta y tierra bien batida. 
— Preparar la misma mezcla, haciéndola pisar largo 
rato por una caballada o yeguada. 

«Las paredes las embostan, como llaman en el 
país, que se reduce a hacer una mezcla bastante suelta 
de estiércol del caballo y tierraj bien batidos, y des- 
pués dar un par de manos por dentro y fuera de toda 
la casa.» (Cabrer.) 

De bosta se forma el verbo embostar, dice 
D. Baldomero Rivodó, y también embostadero; pero 
no da a conocer el significado de embostar y de 
embostadero. 

EMBRETAR, a. — Meter en el brete los ani- 
males. 

EMPACARSE, refl. — Hablando de animales, 
pararse, por efecto del cansando o por maña, resis- 
tiéndose a seguir adelante, — En sent. fig., amos- 
tazarse, retrayéndose de hacer o decir lo que se está 
ejecutando o tratando. 

Lo propio en Chile (Rodríguez) y en el Perú 
(Palma). Prov. de la Amér. mend. (Salvá.) 

EMPEDRADO. — Departamento de la pro- 
vincia argentina de Corrientes. — Capital del mismo 
departamento. 



[73 



DANIEL GRANADA 



ENCALILLA. — Departamento de la provincia 
argentina de Tucumán, 

ENCARNACION. — Departamento de la Re- 
pública del Paraguay. 

ENCIMERA, f. — Pieza angosta de suela, per- 
teneciente al recado, la cual lleva una argolla en cada 
uno de sus extremos, y afianzados a ella sendos co- 
rreones, el uno asegurado a la cincha y el otro suelto 
para cinchar. 

ENLAZAR, a. — Aprisionar un animal me- 
diante el lazo» 

Lo propio en Chile (Rodríguez). 

ENSENADAS. — Departamento de la provin- 
cia argentina de Corrientes, — V. SAN COSME. 

ENTABLAR, a. y refL — Acostumbrar a un 
caballo a que ande en tropilla. 

ENTRERRIANO, na, adj. — Natural de la 
provincia argentina de Entre Ríos. Ü. t. c. s. 

ENTREVERO, m. — Mezcla desordenada de 
personas o cosas. 

Que en tan brusco entrevero y tremolina 
Se ve lo que es la furia femenina. 

(D. F. Acuña de Figueroál) 

ENTROPILLAR, a. — Acostumbrar a los 
caballos a vivir y andar en una tropilla. 

ESCONDIDAS (jugar a las). — Jugar al es- 
condite. 

Lo propio en Chile (Rodríguez). 

ESPERANZA. — ¡Qué esperanza! Expresión 
muy usada en el Río de la Plata para significar inten- 
sivamente que no ha de verificarse, o que no pudo 
ocurrir, el suceso de que se trata. 

[8} 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



ESQUINA. — Departamento de la provincia 
argentina de Corrientes. — Capital del mismo -de- 
partamento. 

ESPDMILLO, m. — Árbol del género de las 
mimosas, de ramas cubiertas de espinas y hojas di- 
minutas, con las que en la primavera se entremezclan 
multitud de florecillas esféricas de color amarillo y 
de olor muy agradable, que embalsaman la atmós- 
fera. El tronco y ramas son muy fuertes, pero tan 
tortuosos que sólo sirven para leña, que es excelente. 
Mimosa farnesiana L., según Gibert. 

ESTANCIA, f. — Establecimiento de ganade- 
ría. — Conjunto de edificios y construcciones a él 
pertenecientes, por lo regular en el punto más emi- 
nente del campo. 

Cuando se dice en general establecimiento de 
campo, se entiende que lo es de ganadería, o sea 
estancia, por ser los de esta clase los que predominan 
en la campaña. La ganadería ha sido en tiempos pa- 
sados la única y es hoy día la mas abundante y be- 
neficiada fuente de las riquezas que encierran las 
vastas regiones que baña el Río de la Plata. 

«Es estancia el establecimiento cuyo único o 
principal objeto es la cría de ganados, sea el vacuno» 
etc. (Cód. Rut. de la Prov. de Buenos Aires). Lo 
mismo en otros del Río de la Plata. 

En Cuba casa de campo próxima a las pobla- 
ciones, con alguna huerta, según Salva. 

(En) «América, hacienda de campo.» (La 
Acad.) Hacienda significa por el Dice, de la Acad. 
finca rural y cúmulo de bienes y riquezas que uno 
tiene. 

I a acep. prov. bras. de Río Grande del Sur 
( Beaurepaire-Rohan) . 



19] 



DANIEL GRANADA 



ESTANCIERO, m, — El que tiene estancia. El 
que la cuida o tiene a cargo, capataz. 

«Estanciero, m. ant. — El que cuidaba de una 
estancias (La Acad.) 

I a acep. prov. br. de R, G. del S. (B.-Rohan), 

ESTANDARTE, m. — Insignia real de los 
antiguos cabildos. Llamábase también pendón, que 
es la denominación que le da la ley 56, tít, 15, lib. 
3° de Indias. 

El estandarte de la ciudad de Buenos Aires, se- 
gún el acta de su cabildo a 10 de noviembre del 
año 1605, era de damasco encarnado, con flocadura 
de seda amarilla y colorada y botones de cordón de 
lo mismo, de un lado la imagen de la Madre de 
Dios y del otro las armas reales con pasamanería de 
oro a la redonda. Encarnado, carmesí o más o me- 
nos rojo, parece haber sido constantemente el color 
de los estandartes o pendones de los cabildos, y el 
amarillo y el oro constituían por lo regular las flo- 
caduras, cordones, borlas y pasamanería de que iban 
guarnecidos. De un lado llevaban las armas reales 
o las de la respectiva ciudad o villa, y del otro la 
imagen de su santo tutelar o patrono. Era custodia- 
do por el alférez real, quien, hincadas ambas rodi- 
llas, y puestas sus manos entre las del regidor dipu- 
tado para la formal entrega de la venerada insignia, 
rindiendo pleito homenaje según fuero y costumbre 
de España, juraba como caballero hidalgo acudir con 
ella en casos de guerra contra los enemigos de la 
corona hasta derramar la última gota de sangre. Sa- 
cábase el real estandarte en determinadas ocasiones 
y días clásicos con la mayor solemnidad y rendi- 
miento, como que representaba la propia persona del 
monarca reinante. 



(10} 



VOCABULARIO RIOPLATBNSE 



ESTAQUEAR, a. — Estirar un cuero entre es- 
tacas, — Estirar a un hombre entre cuatro estacas 
por medio de mamadores amarrados a las muñecas 
de las manos y garganta de los pies, V. ESTAQUEO. 

Lo propio en la provincia brasileña de Río 
Grande del Sur (Beaurepaire-Rohan). 

ESTAQUEO, m. — Acción y efecto de estaquea* 
(ambas acep.). V. CEPO COLOMBIANO. 

ESTERAL, m — V. ESTERO. 

«Nace este río Pepírí Guazií de un esteral que 
se halla hacia el grado 26 y 43 minutos de latitud, 
en campos abiertos y dilatados.» (Inf. del virrey Arre- 
dondo a su sucesor en el mando.) 

«Estas campañas (las de Buenos Aires) son con- 
tinuadas llanuras, como la Mancha de España; el sue- 
lo gredoso: muchos bañados, esterales y lagunas.» 
(Cabrer.) 

ESTERO, m. — Terreno bajo, pantanoso, inun- 
dado, largamente extendido, del todo o a trechos cu- 
bierto de yerbas y plantas acuáticas, como la cortadera, 
el junco, la totora, el sarandí y las algas o camalotes, 
enredadas y entretejidas. 

Tal es la fisonomía característica de los terre- 
nos a que llaman estero o esteral en las repúblicas 
Argentina, Oriental del Uruguay y del Paraguay. En 
la provincia brasileña del Río Grande del Sur tiene 
la misma significación ia vo2 portuguesa esteiro. En- 
tre el manantial y el río hay una indefinida grada- 
ción de cursos de agua; pero se distinguen con deno- 
minaciones precisas sus formas principales. Lo mismo 
pasa con los terrenos bajos, a cuya clase pertenece 
el estero: tal vez varía de aspecto y condiciones según 
la naturaleza y situación del suelo que lo origina, 



un 



DANIEL GRANADA 



pero nunca podrá confundirse con el bañado, cañada 
o laguna. 

La cuenca del Plata, a causa de su abajamiento* 
ofrece multitud de esteros; pero señaladamente abun- 
dan en el Chaco, Paraguay y Corrientes. Es raro hallar 
alguno en la banda oriental del Uruguay, cuyo suelo 
quebrado impide que se formen. El estero Bellaco, 
en el Paraguay, es como el prototipo de los esteros. 
Nace hacia el pueblo de Pedro González, junto a 
una serrezuela que está a corta distancia del Paraná, 
y va a morir a la laguna de Piris (que desagua en el 
río Paraguay), recorriendo un trayecto de 25 leguas, 
poco más o menos, en todo lo cual apenas ofrece uno 
que otro difícil paso la espesura enmarañada de su 
vegetación exuber^rite y salvaje. 

El estero es intransitable; la cañada y el bañado, 
salvo el caso de una avenida o fuertes lluvias, dan 
paso al tránsito. La laguna y el brazo de un río 
pueden ser navegables; no el estero, porque aun 
cuando suba el agua algunos palmos, por efecto de 
las lluvias o de una avenida (como que regularmente 
se halla junto a los ríos, arroyos y lagos, o en sus 
inmediaciones), corre luego a desaguar por eJ cauce 
inmediato o se desparrama por la llanura. Finalmente 
en el Rio de la Plata, Paraguay y Río Grande del 
Sur del Brasil, a lo que menos se asemeja lo que en 
ellos se llama estero es a un brazo de mar o de río. 
Todos los brazos de un río están naturalmente suje- 
tos a las alternaciones de las crecientes y bajantes 
que experimenta en diversas épocas del año, y los 
hay que por esta causa son navegables durante al- 
gunos meses consecutivos, como sucede en muchos 
del Paraná, Paraguay y Uruguay. Pues cabalmente 
por esa circunstancia y porque tienen cauce, en nada 



[121 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



se asemejan a un estero, conforme a la inteligencia 
que en el Río de la Plata dan a esta palabra. La 
naturaleza especial de los que presenta la cuenca del 
Plata ha podido ser la causa de que, con el andar 
del tiempo, se fuese modificando el significado, más 
o menos preciso, que el vocablo de que se trata tenía 
en lo antiguo. El Paraná y Uruguay (y por consi- 
guiente sus brazos) suelen crecer abajo, empujados 
por las aguas del Río de la Plata, impelidas éstas por 
las del Océano; pero no en virtud de la pleamar, 
sino por efecto de los vientos del este y sudeste, 
cuando soplan con fuerza. Ni significa, ni cabe, por 
consecuencia, que la voz estero signifique en ningún 
caso, en el Río de la Plata, la idea que da de el la 
Acad., a saber: caño o brazo que sale de un río y que 
participa de las crecientes y menguantes del mar, con 
lo cual es a veces navegable. Diccionarios autorizados 
de otras lenguas dan del estero el mismo concepto 
que la Acad., más o menos vano en su forma. D. J. 
Práxedes P. Pacheco (Breves No g oes Geogr. do 
Braztl), no obstante la inteligencia que tiene en la 
provincia de Río Grande del Sur la voz estetro lo 
define de este modo: Si el mar penetra por un brazo 
que forma canal, y no ensenada, se llama estero (es- 
teno). Laguna o brazo de mar, dice una nota en el 
t. 4 o de la colecc. de Doc. tnéd. del Arch. de Ind. 

Lo distingue inequívocamente de un brazo de 
mar, el capitán Pedro Sarmiento de Gamboa (Vutj, 
al estr. de Mag.). «Hallóse, dice, cantidad de garban- 
zos en las matas, dulces como miel, menores que los 
de España, y mucho marisco de mixollones, en un 
brazo de mar y estero que se descubrió cerca del pue- 
blo.» Y Alcedo (Dice, geogr. -hist. de las Ind. O ce), 
después de mencionar varios ríos pequeños que llevan 



[13] 



DANIEL GRANADA 



el nombre de esteros, advierte que en América llaman 
también así a los candes de agua del mar que entran 
algunas leguas tierra adentro; acepción que, por el 
modo con que se expresa el autor, parece ser tan 
peculiar del Nuevo Mundo como la que le precede, 
y ambas divergentes del sentido primitivo en que el 
Dice, de la Acad. registra el vocablo de que se trata. 

«Canal o estrecho adonde alcanzan las mareas 
que penetran en los ríos o en las ensenadas de la 
costa. En Nicaragua aplícase e&ta voz para designar 
las ramificaciones de los lagos. También puede lla- 
marse estero el brazo o boca de los ríos grandes por 
donde penetran las mareas.» (D. Juan Vilanova y 
Piera.) La acepción que tiene en Nicaragua la voz 
estero, es la que más se asemeja a la que le dan en 
el Río de la Plata, y aun puede inferirse que en una 
y otra región significa una misma cosa; pues los te- 
rrenos bajos que están junto a las lagunas contienen 
muy poca agua, son por lo regular pantanosos y se 
hallan casi siempre poblados de plantas acuáticas. En 
el Ecuador llaman esteros a las ramas o canales de 
los ríos, según D. Manuel Villavicencio (Geogr. etc.). 
En Chile estero y arroyo o riachuelo vienen a ser una 
misma cosa, según D. Zorobabel Rodríguez. 

«Esteros o lugares llenos de agua y de plantas 
acuáticas y barriales.» (Azara.) 

«Inmediatamente entramos en otro estero lla- 
mado Ybiabebó, que comunica con el anterior, y lo 
seguimos tres leguas hasta dar con una isla de bos- 
que poco apartada de la costa del río Paraguay, en 
la que paramos. Dichos esteros son malos sobrema- 
nera: no hay en ellos camino ni valiza que guíe: es 



muy despacio, mojándose de pies a cabeza y enlodan- 



preciso enderezar 




menos, caminando 



1 143 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



dose en términos que nadie le conozca. En muchas 
ocasiones, en qm los juncales eran más altos que nos- 
otros, fue forzoso guiarnos por la voz y chapaleo de 
los caballos, sin poderse llevar los pies en los estribos, 
por no permitirlo la maleza) que ademas es cortadora, 
como que todos los caballos sacaron las muñecas pe- 
ladas y chorreando sangre.» (Asara, Via], inéd. publ. 
por el Gen, D. B. Mitre y D. J. M Gutiérrez.) Cua- 
dro perfecto de un estero, dibujado de mano maestra. 

«Los pantanos, que dijimos formaban las cabe- 
ceras septentrionales de la laguna, se extienden por 
aquella parte considerablemente, y prolongándose des- 
pués a manera de esteros poblados de espeso bos- 
que.» etc. (El ingeniero D. T°sé M. Cabrer, Diario 
de la demarc. de Um. entre Esp t y Port.). 

«Y la (laguna) de Ipoá, circundada de panta- 
nosos esteros intransitables, que la hacen inaccesi- 
ble.» (D. M A. Molas, Descnp., etc. del Parag.) 

«Largas cadenas de esteros y pantanos, produci- 
dos por la horizontalidad del suelo.* (El general Mi- 
tre, Hist. de Belgr.) 

«Esteros poblados de altos pastizales y pajales 
y algunas isletos de sarandíes y chkcas, mezclados con 
molles y ceibales,» etc. (El general D. José M. Re- 
yes, Desc. Geogr. de la Rep. O. del Urug.) 

«Un canal o riacho que queda a la parte del 
este, que se forma a poco en laguna y sigue en este- 
ros (D. Ignacio de Pasos, Diar. de una naveg, y 
recon. del rio Parag. en Ang.) 

«El 19 salimos de la reducción, acompañados de 
tres indios que conceptuamos más prácticos, y toma- 
mos la costa de dicho río de Centa al nordeste, hasta 
las Juntas de éste con el Bermejo, y continuando 
siempre, la costa de dicho río Bermejo, se nos ínter- 



[151 



DANIEL GRANADA 



pusieron una multitud de cañaverales, cortaderas, sau- 
ces y otras yerbas que como tejidas embarazaban el 
transito de aquel pantanoso camino que habíamos 
tomado, huyendo de lo fragoso del bosque, por donde 
sigue otro, ahorrando muchas leguas; y andando dis- 
curriendo la mejor salida, se sumergió repentinamente 
mi caballo en un gran estero de aquellos, y con la 
gravedad de su propia mole, el peso de la silla, ar- 
mas y jinete, se fue hundiendo insensiblemente, de 
modo que para salvar aquel riesgo, no tuve otro ar- 
bitrio que ponerme de pie trabajosamente sobre el 
caballo y dar un salto a la mayor distancia que pude» 
Pero como todo aquel terreno se componía de fango, 
en uno y otro aprieto fue inevitable mojarme casi 
enteramente.» (D. A, Fernández Cornejo, Descubr. 
de un cam. a T arija, en Ang.) Este pasaje da una 
idea bien circunstanciada y perceptible de lo que es 
un estero. El texto mismo, por lo trabajoso y enre- 
dado, es en sí un estero, 

«Atravesando unos esteros casi impenetrables, 
con agua a los pechos de los caballos, hasta salir 
a unas hermosas pampas con mucho pasto.» (El P, 
Policarpo Dufo, Reí. de la entr, a los inf,, 1715.) 

ESTRIBERA,, f. — Correa con pasadores de 
cuero o de metal, de la que pende el estribo. Va ase- 
gurada a la acionera. 

ESTRIBERÍA, f. — Sitio donde se guardan los 
arreos de las cabalgaduras, que regularmente es el 
pesebre. Al pesebre, por lo mismo, se le llama indis- 
tintamente pesebre o estribería* 

«Taller donde se hacen estribos. — Lugar o 
paraje donde se guardan.» (La Acad.) 

EXPIADO, da, adj. — Dícese del animal que no 
puede caminar bien, por tener los vasos gastados, 

tl6] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



EXPRESIONES PROVERBIALES, — Las fra- 
ses que el vulgo inventa, el vulgo campesino, salen 
de sus labios con la misma rusticidad y vigor que la 
vegetación de las selvas» Porque expresan al vivo 
una idea, a veces embellecida con alguna flor del 
campo, corren de boca en boca como llevadas por el 
viento. De ahí el proverbio. Los usos, costumbres y 
modo de pensar y sentir de las gentes entre quienes 
nacen y se arraigan, son los elementos que componen 
su estructura. Por eso vive el proverbio mientras la 
generación que lo produce no pierde su carácter, cosa 
poco hacedera. Los objetos y fenómenos que más im- 
presionan los sentidos, son el estambre y la tinta con 
que el vulgo fabrica esas telas firmísimas que pasan 
de un siglo a otro sin deshacerse ni perder su colo- 
rido. Daremos algunas muestras. 

Víbora que sale al camino, es para que la ma- 
ten. La envidia y sus aliadas la mentira, la maledicen- 
cia, la calumnia, ¡qué venenos! ¡Cuan escondidamen- 
te, cuán calladamente se buscan, ligan y fermentan! 
La víbora serpentea oculta entre la hierba: quiere 
morder; pero si sale al camino, ¿cómo ha de quedar 
inmune? Todos acuden a mataría. La luz confunde 
al malvado. ¡Cuántas veces, sin embargo, logra la 
envidia roer las entrañas de su víctima hasta en el 
mismo sepulcro! 

La envidia, a cuyo aspecto 
Pálida y fría la virtud desmaya! 

(D. José Joaquín de Mora.) 

Parece matanza de indios, aludiendo, en senti- 
do jocoso, a cualquier hacinamiento de cosas infor- 
mes y de color pardo o negruzco. Así la filloada 



[17} 



DANIEL GRANADA 



(del port. feijoada), guisote que se hace de porotos 



lor negro, chorizos, morcilla, charque, lengua, tocino, 
etc., en trozos, parece matanza de indios. 

Camino ruin, compañero adelante. Cuando dos 
o más personas, que van caminando juntas, dan con 
un terreno cuyo tránsito ofrece dificultades o peli- 
gros, como un bañado, un estero, un pantano, acón* 
seja la prudencia que tome una de ellas la delantera. 
El hombre baqueano es, en las ocasiones, prudente: 
efectos de la experiencia. No así, por lo regular, el 
chapetón, y, si no quiere pagar la chapetonada, cuan- 
do atraviese la campaña, lleve en la memoria el pro- 
verbio: camino ruin, compañero adelante. 

Se rascan juntos, indicando 'la bellaquería de las 
personas que se atinan para un fin reprobado o que 
acostumbran andar en conciertos disimulados: alu- 
sión a la costumbre que tiepen los animales vacunos 
y yeguares de rascarse los unos contra los otros. Es 
hermana de aquella: entre bueyes no hay cornada. Y, 
a propósito de cornadas, ¿quién diría que hay cor- 
nada de borrico? No sabemos si en la referencia que 
D, Antonio Ponz, en el Viaje de España, hace a 
dicha frase, está comprendida esta otra: no morir de 
cornada de burro. Explícase de este modo: «Debían 
de beber menos vino que ahora nuestros antepasados, 
cuando tanto cuidado ponían en hacer acueductos, 
por medio de los cuales llevaban el agua a lo más 
alto de las ciudades, para que, repartida, todos parti- 
cipasen del beneficio, y aún nos queda en uso el de 
Segovia. Los de Toledo se acabaron, sirviéndose al 
presente de cisternas, que, los que pueden, llenan del 
agua del río para beber, y, para otros usos, de la 
llovediza, que a los pobres de todo sirve. Hay recuas 



negros, con abundante salsa 




de su mismo co- 



[16} 



VOCABULARIO RIOPLATENSB 



de borricos que continuamente acarrean esta agua 
con cántaros en unas angarillas de madera, en las 
cuales sobresalen hacia delante ciertos palos, que su- 
plen muy bien por una cornada con el que va des- 
cuidado, por la estrechez de las calles, y de ahí viene 
lo de cornada de borneo,-» Cuesta creer que tal sea 
el origen de la expresión: no morir de cornada de 
burro, atendida la intención con que se pronuncia, 
que es reprender la actitud de una persona por ex- 
tremo cavilosa y nimiamente precavida. El agudo in- 
genio que dijo primero: tú no has de morir de cor- 
nada de burro, no tuvo más molde que su feliz inven- 
tiva para forjar esta graciosa expresión, que nada 
tiene que ver con la cornada de borrico de las calles 
de Toledo. 

Vagar el pato. Salir perdiendo, experimentar un 
daño o cargar con las malas o gravosas consecuencias 
de un hecho en cuya realización se halla uno casual o 
voluntariamente envuelto. Quevedo dice: pues vea 
aquí vuesamerced que, si no es por la viuda, el licen- 
ciado paga el pato, con todo su apatusco. D. Francisco 
de Paula Seijas, en el Com. de Cuento de cuentos 
publicado por D. Aurehano Fernández-Guerra, indi- 
ca que esta frase pagar el pato, de origen vulgar, ha 
de haber sido tomada de algún juego o diversión. 
No piensa del mismo modo D. José M a Sbarbi (Refr. 
gen. esp,), apoyado en la autoridad de Casiodoro de 
Reina, que dice: «Como los vocablos Tora y Pactó, 
usados de los judíos españoles, el primero por la Ley 
y el segundo por el Concierto de Dios, por los cuales 
nuestros españoles les levantaban que tenían una tora 
o becerra pintada en su sinagoga, que adoraban, y 
del pacto sacaron por refrán: aquí pagaréis el pato,* 
Conforme, sin duda, a este presunto origen, la Acad. 



[19] 



DANIEL GRANADA 



explica la fr. fig. y fam. pagar uno el pato, en los 
siguientes términos: padecer o llevar pena o castigo 
no merecido, o que ha merecido otro. Aviénese, no 
obstante, muy bien la expresión de que se trata, con 
el juego del pato, sospechado por Seijas y descrito 
en la voz correspondiente de este Vocabulario. Con 
efecto, el pato y la bolsa donde se colocaba, iban 
adornados con cintas de seda y otros arrequives. 

facón nuevo se quiebra, pero no se duebla. Un 
hombre joven y esforzado podrá ser vencido, pero 
no se rendirá jamás. Transformación del antiguo mo- 
te de los Pulgares: «el Pulgar quebrar, y no doblar,» 
y de la frase proverbial, de él nacida y de antiguo 
usada en España: antes quebrar, que doblar. D. Fran- 
cisco Martínez de la Rosa, refiriéndose a los antepa- 
sados de Hernán Pérez del Pulgar, dice: «Ya desde 
muy antiguo, como nacidos en la cuna de la libertad 
castellana, habían merecido por ello mucha estima- 
ción y renombre; siendo tal el aliento y constancia 
que distinguían a los de aquella estirpe (cual si se 
trasmitiesen de padres a hijos con la propia sangre), 
que tenían por escudo y blasón un guerrero armado 
de punta en blanco, empujando con su espada el 
muro de una torre, y en derredor este orgulloso tema 
de quien seguro de su fuerza desafía a la fortuna: 
el pulgar quebrar y no doblar.» La persistencia de 
esta frase proverbial en las regiones que baña el 
Plata, modificada en sus términos conforme a los 
usos y manera de expresarse de la gente campesina, 
descubre a las claras que en la castiza levadura de 
los habitantes de América fermenta aún aquel espí- 
ritu de indomable altanería que caracterizaba los 
tiempos caballerescos de la España europea. La Aca- 
demia no registra en el Diccionario de la lengua 



£20} 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



castellana la antigua frase: antes quebrar que doblar, 
que es hoy tan española como lo era en tiempo de 
los Pulgares. Dígalo Zaragoza, dígalo toda España, 
dígalo su estirpe del Nuevo Mundo. 

Más contento que un veinticuatro, para signifi- 
car la alegría de que rebosa una persona. O, esta frase 
es procedente de Córdoba, Sevilla u otro punto de 
Andalucía, donde los cabildos se integraban con aquel 
número de regidores, o bien el vulgo llamó al prin- 
cipio veinticuatros a los cabildantes, en el Río de la 
Plata, por costumbre traída del mediodía de España, 
dando origen, después, a la expresión proverbial in- 
dicada. 

Parece un mangangá, V. MANGANGÁ, 

Mas vivo que ap cumbaru Más vivo que una 
cendra. V, Ají. 

Es un pororó. V. PORORÓ. 

Por desconfiado, mata al chingólo el caburé, 
Reprende la nimia cautela. V. CABURÉ. 

Parece una vizcachera. V. VIZCACHA. 

Gato viejo, laucha tierna. V. LAUCHA. 

Muy conocido en la cancha, aludiendo a la mala 
reputación y fama de un sujeto. Equivale a decir: 
en la cancha, donde se reúne mucha gente, tanta 
gente, todo el mundo, y donde pueden ser bien ob- 
servados los defectos de una persona, se le conoce 
por un bribón, por un tramposo, por un embustero, etc. 

Como bosta de cojudo, cuando se aglomera más 
gente de la necesaria para ejecutar alguna cosa. 
«¿Qué están ahí amontonados como bosta de cojudo! 
a ver! apártense; esto se hace así.» Alúdese a los 
montones de bosta que forman los cojudos, por la 
propensión que tienen a irla deponiendo donde ven 



{21] 



DANIEL GRANADA 



la de otro u otros que lo han hecho primero. La * 
frase no puede ser más culta. 

Como avestruz contra el cerco. ¡Con qué desaire 
huye, qué gambetas no hace el avestruz medio aco- 
rralado! Libre es otro cantarle/ avestruz corre s como 
los baguales, contra el mentó, 

¿Qué le ha de aconsejar el avestruz al venado? 
La respuesta no puede ser más clara. 

De tapera en galpón. De una parte a otra, de 
Ceca en Meca, vagando. 

Como la chancha en el barro, para ponderar lo 
mal e ignominiosamente que uno ha salido de un 
trance, empresa o negocio. 

Arrastrar el poncho. Desafiar. El gaucho que 
tiene gana de pelear, arrastra el poncho, provocando 
a que se lo pisen. El circunstante que se le atreva, 
se adelanta rápidamente y le da una ligera pisada, 
poniéndose inmediatamente en guardia; con lo que 
empieza la pelea a cuchillo o daga. Lo mismo arras- 
trar el maneador. 

Visar el poncho. Aceptar el desafío. 

Alzar el poncho. Tomar las de Villadiego. 

Arrastrado como guasca lechera». Asendereado. 
La vaca lechera lleva siempre pendiente de las guam- 
pas una guasca, con la que la atan a un poste, cuando 
la ordeñan. 

Las expresiones proverbiales y figuradas referen- 
tes a los fenómenos de la naturaleza que en ciertos 
meses del año se verifican en el hemisferio septen- 
trional (expresiones que vienen registradas en los 
diccionarios de la lengua como propias del habla 
española, sin determinación de los países donde las 
usan), son de todo punto absurdas en la América 
meridional, especialmente en determinadas regiones. 



£22] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



Esta es una verdad de sentido común, que ciertamente 
no echarán nunca en olvido los habitantes del cam- 
po, por el claro instinto que siempre los acompaña; 
pero que no en toda ocasión tienen fija en la memo- 
ria los que, encerrados en una ciudad, viven como 
divorciados de la luz y del aire. Ahí van algunos 
ejemplos. 

Abril como significativo de juventud. El abril 
de la vida, la primavera de la vida. Una niña de 
quince abriles en el Río de la Plata no es ni más 
ni menos que una niña de quince octubres en España, 
con los cuales se hace alusión al otoño de la vida, 
época en que la naturaleza, un tanto descaecida, em- 
pieza a despojarse en sus galas. ¡Bonita representa- 
ción de la belleza y encantos de una tierna mujer! 

La canícula, por el rigor del verano. Canicular, 
por extremadamente caluroso. Ya escampa. . . (y 
llovía a cántaros). Dijo muy bien el poeta: 

Busco reparos al extremo frío, 
Cuando el chileno a su mayor estío. 

(D. Juaa María Maury.) 

Hacer uno su agosto. No le arrendaríamos nos- 
otros la ganancia al que en el Río de la Plata hiciese 
su agosto en agosto. En marzo, a más tardar, ma- 
duran las uvas. 

Agosto, frío en rostro. Esto sí que viene como 
anillo al dedo; sólo que, cuando en España apenas 
empieza el frío, en el Río de la Plata ya va de capa 
caída. (Désenos personificar la sensación del frío, 
ya que de despropósitos se trata.) 



[23} 




F 



FACÓN, m. — Daga o cuchillo grande de pun- 
ta, aguda, muy afilado, el cual sirve para pelea, a la 
vez que para usos del campo. 

Esta voz, tomada del port. faca, procedente del 
Brasil, equivale a dagón, aumentativo de «daga, ar- 
ma blanca, corta, de dos filos, a lo menos hacia la 
punta, que es aguda», definición de la Acad. 

«En ningún caso puede usarse facón o daga»» 
(Cód, Rur. de la Prov. de Buenos Aires,) 

Con el facón una raya 
Hace en la tierra. 

(D. A. Magarmos Cervantes ) 

FAMATINA. — Departamento de la provin- 
cia argentina de La Rioja. — V. VILLA ARGEN- 
TINA, 

FARIÑA, £ — Harina gruesa de mandioca. 

Junto con este alimento, de mucho consumo, 
pasó del Brasil, donde se fabrica, al Río de la Plata, 
el nombre que lleva, sin más alteración que la pu- 
ramente ortográfica: de farinha se hizo fariña. En 
diciendo fariña, todo el mundo sabe que se trata 
de aquel comestible; así como, al pronunciar la pa- 
labra harina, nadie duda que se quiere significar la 



[24} 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



de trigo. Pero quien ofreciese harina de mandioca, 
dejaría en ayunas a la mayor parte de las gentes, que, 
aunque la comen con frecuencia, ni siquiera se fi- 
guran de dónde se extrae; sólo saben que viene del 
Brasil y que es muy sana, agradable y barata. 

El término casabe es comúnmente desconocido 
en el Río de la Plata, y nadie lo usa. 

Y no más fariña 
Sin jugo nutricio. 

(D. F. Acuaa de Fígueroa ) 

FERNANDINO, na, adj, — Natural de la 
ciudad o del departamento oriental de Maldonado. 
Ü. t. c. s. — Perteneciente a una u otro. 

De su patrono San Fernando. 

FLETE, m. — Caballo bueno, ligero. 

FLOR DE LA PASIÓN, f . — V. BURUCUYÁ, 

FLORENTINO, na, adj. — Tal creemos debe 
llamarse el natural del nuevo departamento de Flores 
de la Rep. Or. del Urug. — Lo propio decimos de 
lo perteneciente a él. 

FLORIDA. — Villa cabecera del departamento 
del mismo nombre de la Rep. Or. del Urug. Fund. 
año 1809. 

FLORIDENSE, adj. — Natural de la villa o 
del departamento oriental de la Florida. Ü. t es. — 
Perteneciente a una u otro. 

FRANGOLLÓN, na, adj. — Dícese del que 
hace de prisa y mal una, cosa. Ü. t. c. s. 

FRASCO, m. — Medida de capacidad para 
líquidos. Contiene cuatro cuartas, equivalentes a dos 
litros y trescientos setenta y dos mililitros. 



[25} 



DANIEL GRANADA 



FRAY BENTOS. — V. INDEPENDENCIA. 

FRENO MULERO. — Freno muy pesado y 
fuerte para domar muías. 

FUEGUINO, na, adj. — Natural de la Tierra 
del Fuego. Ü. t. c. s. — Perteneciente a esta región. 

FUMITORIO, m. — Arbusto que contiene mu- 
cha potasa. Empléase en la purificación del azufre y 
fabricación de jabón. 



[261 



G 



GALPÓN, m. — Construcción generalmente 
aislada, con o sin paredes, y el recho de una o dos 
pendientes. Su principal destino es tener preservados 
de la intemperie cualesquiera clase de frutos u ob- 
jetos. — Edificio, sea cual fuere su destino, cuya dis- 
posición o aspecto se asemeje a dicha construcción. 

Lo propio en el Perú (Palma)* 

Creemos que es vocablo originario de Méjico; 
pero algo modificada su significación primitiva. De 
la lengua azteca, según Rodríguez. 

«Hoy hace de iglesia una cuadra, o galpón, bien 
inferior.» (Azara.) 

«La figura de los edificios o casas de los indios 
(en las Misiones) es ía de un galpón de cincuenta 
a sesenta varas de largo y diez de ancho, inclusos 
los corredores que tienen en contorno: son muy ba- 
jas, y cada galpón se divide en ocho o más divisio- 
nes.» (D. Gonzalo de Doblas, AAem. hist. de la prov. 
de Mis. de ind. guar.) 

^Un galpón que corre al oeste como 40 varas, 
y es el cuartel de los pedestres: tiene varias habita- 
ciones; todo es de paja y embarrado/' (D. Ignacio de 
Pasos, Dk ParagJ 

GANADO AL CORTE. — V. HACIENDA 
AL CORTE. 



(27] 



DANIEL GRANADA 



GANADO DE CORTE. — V. HACIENDA 
DE CORTE. 

GANADO DE CRÍA. — Ganado compuesto 
de vacas, toros, terneros, vaquillonas y toritos, en 
proporción conveniente para su aumento natural o 
cría. Hay alguna semejanza entre un conjunto de 
animales de cria y un conjunto de animales al corte; 
pero son cosas diferentes. El ganado de cría debe 
tener un número de terneros y de toros proporcio- 
nado al de vacas. En la hacienda al corte puede 
haber desproporción a este respecto, pues se saca del 
rodeo cortando una punta, en la cual entran los aní- 
males de todas clases que accidentalmente se hallan 
juntos. 

GANADO DE INVERNADA. — Ganado ya 
grande o de cuenta, a propósito para entrar en in- 
vernada. — Ganado gordo, en estado de aprovecha- 
miento, que procede de invernada. 

GARANDUMBA, f, — Embarcación grande, 
chata, con proa, de carga, para navegar los ríos aguas 
abajo como las balsas* 

GARRA, f . — Extremidad del cuero por donde, 
mediante un ojal, se le afianza en las estacas al 
estirarlo, la cual, cortada y almacenada en las ba- 
rracas, se expona para hacer cola. 

«Entre nosotros (garra) se usa en el sentido 
de pedazo de cuero endurecido y arrugado.» (Cuer- 
vo.) 

GARÚA, f. — Llovizna. 
Lo propio en Chile (Rodríguez) y en el Perú 
(Palma). 

En Lima, de donde quizás venga el vocablo, lla- 
man de muy antiguo garúa a la finísima llovizna en 



[28} 



' VOCABULARIO RIOPLATENSE 



que se condensan las nieblas que durante el invierno 
oscurecen su cielo, 

«Lloviznas menudas, que es a lo que llaman 
(en el Perú) garúas.» (Ulloa.) 

«Nombre que dan en el Perú a la lluvia me- 
nuda y cuasi imperceptible, que no incomoda, como 
la niebla cuando cae.» (Alcedo.) 

«Es por extremo enemiga de la lluvia, princi- 
palmente de la más menuda que llamamos garúan 
(El P. Lozano, Htst. de la con. del Par., R. de la 
Pl. y Tuc.) 

GARUAR, n. — Lloviznar. 

Lo propio en Chile y el Perú (Rodríguez). 

GARUPÁ, m. — Árbol de hoja aromática, de 
olor algo parecido al de la albahaca; así como el 
de su flor, que es blanca, se asemeja al de la aroma 
del espinillo. 

Del guar. 

GAUCHADA, t — Acción propia de un gau- 
cho. — Acción ejecutada con sutil habilidad para 
conseguir alguna cosa que ofrecía dificultades o para 
librarse de algún riesgo o peligro. — Treta. 

GAUCHAJE, m. — Gauchos en general Tó- 
mase regularmente en mala parte. 

GAUCHO, m. — Hombre del campo, baqueano, 
diestro en el manejo del caballo, del lazo, de las 
boleadoras, de la daga y de la lanza, esforzado, alta- 
nero y amigo de aventuras. 

D. Emilio Daireaux (El abog. etc., Trat. de dcho. 
civ. para la Rep. Arg., 2 a ed.) deriva la voz del árabe 
chaouch, propiamente tropero, en España chancho, 
corrompido en América en gaucho, al pasar de boca 
de los chilenos por la de los indios de la Pampa. 



129] 



DANIEL GRANADA 



La cesación de las guerras civiles, junto con el 
robustecimiento del poder ejecutivo o central, y la 
consiguiente desaparición de los caudillos, que reci- 
bían su fuerza e influencia de la gente campesina, 
ciegamente sujeta a su voluntad y pronta siempre a 
empuñar una lanza para seguirlos en sus contiendas 
contra la autoridad constituida, ya fuese usurpadora 
del mando, ya legítima, así como el hoy rápido mo- 
vimiento de la vida industrial antes paralizada, han 
convertido al gaucho en ciudadano útil, sosegado, 
amigo de la justicia y agasajador del viandante que 
llama a las puertas de su vivienda. Va cambiando el 
suelto chiripá por la desairada bombacha ajustada al 
pie, preferida particularmente en invierno; conserva 
el irreemplazable poncho; rara vez hace uso de las 
pesadas boleadoras, que estropean a los animales; no 
se desprende del caballo y el lazo, ni deja de la 
mano el mate, restaurador de las fuerzas. 

La palabra gaucho es hoy en el día, ora expre- 
sión de alabanza, ora nota denigrativa; pues con ella 
se significa al muy jinete, diestro y avisado, como 
también al vago pendenciero y ladino, capaz de una 
fechoría. 

Llamaron antiguamente gauderios a los gauchos, 
que es el sentido que tiene la palabra en el siguiente 
pasaje de Doblas: «Del mismo modo ( los guara- 
níes) permiten españoles gauderios changadores, que 
andan por aquellos campos, matando toros para apro- 
vecharse los cueros.» (Mem. hist. de la prov. de Mis., 
ed. de la Acad. de la Hist.) 

D. Pedro Estala que a fines del siglo pasado 
escribía sus cartas de viajero con no corto caudal de 
noticias sobre América, y en especial sobre el Río de 
la Plata, da una idea circunstanciada del género de 



L30) 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



vida y costumbres de la gente de que tratamos, como 
se verá por el siguiente pasaje. «No puedo pasar en 
silencio una especie de vagos, que en este país se 
llaman gauderios, cuyo modo de vivir es muy seme- 
jante al de los gitanos de la Península, exceptuando 
el robar, pues aquí no tienen motivo para hacerlo. 
Son estos gauderios naturales de Montevideo y de los 
pagos comarcanos: su vestido se reduce a una mala 
camisa y peor ropa, cubriéndolo todo con sus pon- 
chos, que con los aparejos de sus caballos les sirven 
de cama, y la silla de almohada. Procuran adquirir 
sus guitarrillas, y cantan varias coplas, ya estropean- 
do las que oyen, ya componiendo otras con tosco y 
grosero numen, regularmente sobre amores. Con este 
ajuar vaguean libremente por los campos, sirviendo 
de diversión y recreo a aquellos rústicos colonos, quie- 
nes en recompensa de la diversión que les propor- 
cionan, los mantienen y regalan con mucha compla- 
cencia todo el tiempo que allí se detienen. SÍ pierden 
el caballo, les dan otro, o ellos le cogen de los mu- 
chos silvestres que se crían en aquellos espaciosos 
campos. El modo de cogerlos es enlazándolos con un 
cabestro muy largo, que llaman rosario, o con* un 
cordel con bolas en los dos extremos, del tamaño de 
las de trucos, y tirándolo a los pies del caballo, se 
enreda y cae, lastimándose las más veces. Suelen 
juntarse cuatro o seis mozos, y a veces más, y salen a 
divertirse por los campos sin más prevención que el 
lazo, bolas y el cuchillo. Cuando quieren comer, en- 
lazan una vaca o novillo, derriban la res, y atándola 
bien de pies y manos, y antes que acabe de morir, 
la cortan toda la rabadilla con el cuero: hacen algu- 
nas picaduras en la carne, la ponen al fuego, y a me- 
dio asar, se la comen sin más condimento que un 

[31] 



DANIEL GRANADA 



poco de sal, si es que por casualidad la llevan. Otras 
veces matan una res sólo por comer el matambte ) 
que es la carne que tiene entre el pellejo y las costi- 
llas; otras sólo aprovechan la lengua, que asan en el 
rescoldo, dejando todo lo demás para pasto de aves 
y fieras; otras no quieren más que los caracúes, que 
son los huesos con tuétano: los descarnan bien» y 
poniéndolos punta arriba en el fuego, les hacen dar 
un hervor hasta que se liquide la médula, revolvién- 
dola con un palito, y se regalan con aquella sustan- 
cia, io más singular es que, cuando matan una res 
vacuna, la sacan las tripas, y, recogiendo todo el sebo, 
lo meten en el hueco del vientre: cogen después un 
pedazo de estiércol seco de vacas, y encendiéndolo 
pegan fuego con él al sebo hasta que arde y se comu- 
nica a la carne gorda y huesos, vuelven a unir el 
vientre de la res, dejando que respire el fuego por > 
la boca y por el conducto que abren en la parte in- 
ferior. De esta suerte sigue asándose por toda la no- 
che o parte considerable del día, y, cuando está bien 
asada, la rodean los guaderios, y cada cual, armado 
de su cuchillo, va cortando lo que más le agrada, 
comiéndolo sin pan ni salsa alguna. Luego que están 
satisfechos, abandonan lo restante en los campos, a 
excepción de uno u otro que suele guardar un cedazo 
para alguna persona que estime. Esta facilidad de 
mantenerse con tanto regalo proporciona a estos 
hombres vagos y ociosos una vida que sería de envi- 
diar, si sus costumbres no fuesen tan relajadas, y si 
de aquí no se siguiese un abandono y olvido total de 
las obligaciones de cristianos. (El Vid), univ. por D. 
P. E.) 

«Gauchos (este nombre dan a los jornaleros 
campestres)». (Azara.) 



[32} 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



GAUCHO, adj. — Ducho en tretas y bellaque- 
rías, taimado a más no poder. — L Que es muy jinete, 
diestro y avisado, — Aplícase al perro vagabundo. 

«Hay por acá muchos perros de un carácter sin- 
gular. No son de raza o casta determinada, sino de 
todas las medianas y grandes. Éstos, aunque hijos de 
los domésticos en las estancias o chozas campestres, 
siguen y hacen fiestas a cualquiera pasajero a caballo, 
y, cuando se les antoja, le dejan sin el menor motivo 
después de algunos días, y a veces al primero, que- 
dándose en otra estancia, y también en el campo para 
incorporarse con el primero que pasa. En suma, tales 
perros, que no son pocos, no toman afición a nadie, 
ni a las casas, y suelen llamarles gauchos,* (Azara, 
Apunt.) 

GAUDERIO, m. ant. — V. GAUCHO. 

GEGÉN, m. — V. JEJÉN. 

GOYA. — Departamento de la provincia ar- 
gentina de Corrientes. — Capital del mismo depar- 
tamento. 

GRAMILLA, f. — Hierba gramínea, corta, tier- 
na y sustanciosa, de que gusta mucho el ganado. 

GRAN CHACO. — V. CHACO, primer art. 

GRANEAR, a» — Sobar medianamente un 
cuero. 

GRANEROS. — Departamento de la provin- 
cia argentina de Tucumán, — Capital del mismo de- 
partamento. 

GRINGO, ga, adj. — Término vulgar con que 
se moteja al extranjero cuya habla difiere totalmente 
de la castellana, como el inglés, el alemán, el fran- 
cés, el italiano. Así no dicen nunca gringo al espa- 
ñol, al hispanoamericano, al brasileño, ni al portu- 
gués. Ü. t. C- s. 

[33} 



2 -T II, 



DANIEL GRANADA 



Salva dice que en la Amér. merid. llama así la 
plebe a todos los extranjeros, señaladamente a los 
italianos. Estaba mal informado. Jamás se motejó de 
gringos sino a los que hablan una lengua ininteligi- 
ble a los naturales, a los franceses, ingleses, alemanes, 
polacos, rusos, etc., etc., etc Ni había por qué ha- 
cerlo señaladamente con los italianos. Lo que hay es 
que alíí donde predomine, como en el Río de la Plata, 
la inmigración italiana, casi no se oirá llamar grin- 
gos sino a los italianos, por la sencilla razón de que, 
topándolos a cada paso, ofrécese por instante la oca- 
sión de habérselas con ellos y de usar consiguiente- 
mente el calificativo de que se trata, ora por vía de 
gracia en sentido familiar, ora con enojo entre el 
común de las gentes. Igual cosa sucederá en otras 
partes de América, si no estamos muy equivocados, 
con los individuos de cualquiera otra nación extran- 
jera allí predominante y que hablen una lengua enre- 
vesada para los naturales. 

En el Perú tiene la palabra gringo el mismo 
sentido que en el Río de la Plata, según Palma. 
Paz-Soldán quiere que signifique inglés solamente, 
y lo propio Rodríguez en Chile, así como Solar, a lo 
que parece, pues nada observa al respecto. 

Llega en cerdudo lenguaje 
Un gringo diciendo gui, 
Y mil monos luego aquí 
Le imitan el aire y traje, 
O le encargan que trabaje 
En la pública enseñanza. 

¡Buena va la danzaj 

(D. Francisco A. de Figueroa.) 
[34] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



Gerto escritor inglés, después de hablar desco- 
medidamente de los campesinos de Buenos Aires, que 
abatieron el orgullo británico, dice de ellos con sor- 
na^ «desgraciadamente prefirieron su independencia 
nacional a nuestros algodones y muselinas.» Sar- 
miento, justamente ofendido como argentino, trans- 
cribe así la frase: «Desgraciadamente, añade el buen 
gringo, prefirieron su independencia» etc. (Facundo, 
o Civiltz. y Barb. etc.) 

«Grtngo, m. Griego, en la fr. fig. y fam. hablar 
en gringo, hacerlo en lenguaje ininteligible.» (La 
Acad. ) 

GRULLO, m. — Potro o caballo entero, grande, 
gordo, lozano. 

GUABIRÁ, m. — Árbol grande, de tronco liso 
y blanco, más blanco que el del guayabo que tira 
a verde, de hojas aovadas con una espina en el ápice 
y de fruta amarilla del tamaño de una guinda. — 
Fruto de este árbol. — Arbusto del mismo género 
que el árbol antedicho. 

Del guar. guabird. 

GUABIYU, m. — Árbol mirtáceo, de propie- 
dades medicinales; da una fruta negra comestible 
del tamaño de una guinda. — Su fruto. 

Del guar. guabiyú. 

GUACHIPAS. — Departamento de la provin- 
cia argentina de Salta. — Capital del mismo depar- 
tamento. 

GUACHO, cha, adj. — Dícese del animal que 
está sin madre, antes de separarse naturalmente de 
ella, en especial si es manso, por haber sido criado en 
las casas o bajo la inmediata dependencia del hombre. 
— Dícese igualmente, en sent. fam., huérfano. — 
Aplícase también a cosas. Huevo guacho, abandonado. 

C35] 



DANIEL GRANADA 



«Tenemos duda sobre si guacho, hombre del 
pueblo, haya de considerarse como quichua y sacado 
de huacha, pobre, huérfano, de donde en Buenos Ai- 
res la voz despectiva guacho, usada también en el 
Cauca, por el que no tiene padre conocido; o si sea 
chibcha, guacha guasga, mancebo; en que guacha 
es lo específico, pues muchacha se dice guasguafu- 
cha.» (D. Rufino José Cuervo.) 

Iguales o mejores títulos que el quichua y el 
chibcha puede alegar en su favor el araucano con el 
vocablo huachu, que significa guacho o ilegítimo, se- 
gún Febrés (Calep.), quien añade: tómase por cosa 
mansa en los animales. Como, por lo regular, los 
animales que están sin madre los crían en las casas 
o bajo el inmediato dominio del hombre, críanse na-' 
turaJmente mansos. Así, cuando uno pregunta: este 
animal ¿es manso? raro será que no le contesten: sí, 
es guacho, dado que lo sea, como diciendo: es guacho, 
y, por consecuencia, manso. En general, tratándose 
de un animal sin madre y manso, cuando quieren 
decir que es manso, no dicen que es manso sino que 
es guacho. 

Pero como los indios incorporaban a sus res- 
pectivos idiomas las voces españolas de cuyo uso te* 
nían necesidad por carecer de sus equivalentes, puede 
suceder que en el caso actual, como en muchos otros 
casos, los quichuas, araucanos y algunos más pueblos 
aborígenes de América hayan tomado de boca de los 
conquistadores, diversificándola según su propio espe- 
cial modo de articular, la palabra castellana guacho. 

En Chile tiene guacho las propias acepciones 
que en el Río de la Plata. D. Zorobabel Rodríguez 
se expresa así: «En aimará huaycha, huérfano. En 
quichua huaccha, pobre huérfano. En araucano huár 



(36} 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



chu> el hijo ilegítimo, los animales mansos, domes- 
ticados. Las acepciones que damos a guacho guardan 
perfecta consonancia con las acepciones que acaba- 
mos de apuntar.» 

Úsase también en el Perú (Palma). 

Prov. de la Amér. merid. (Salva): «Expósito. 
— > Se dice del animal que no ha sido criado por su 
madre.» Añade que en la República Argentina lla- 
man así al indio que sirve de correo, cosa que ig- 
noramos. 

GUADAL, m. — Duna, montecillo de arena 
que remueven los vientos, en que abundan algunos 
terrenos de las provincias argentinas arribeñas. — Te- 
rreno en que está desparramado un guadaL 

D. Esteban Hernández (Exp. en Ang.) dice: 
«Sus terrenos (entre el Tunuyán y el Diamante) son 
en su mayor parte pisos firmes, y los que se encuen- 
tran algo blandos, por ser areniscos, a los que lla- 
man guadal* son de tal naturaleza que con los pri- 
meros que veníamos delante y la caballada, transita- 
ban los que venían detrás en huella o camino firme.» 
Aquí viene bien aquello de camino ruin, compañero 
adelante. 

GUADALOSO, sa % adj. — Que tiene muchos 
guadales. — Que es arenoso. — En especial se dice 
guadaloso del terreno arenisco-arcilloso e impregnado 
de agua, en el que se hunden los animales. 

«Caminamos de madrugada por la costa de di- 
cho arroyo cosa de cinco leguas, y, habiéndolo pasa- 
do, caminamos por unos cerrillos muy guadalosos, y 
llegamos al río de los Sauces.» (D Tuan Ant° Her- 
nández, Exp. contra lor ind. tegüelcbes. 1770. Ang.) 

GUADALUPE. — Villa cabecera del departa- 

C37] 



DANIEL GRANADA 



mentó del mismo nombre de la Rep. O. del Urug. 
Fund. año 1783. 

GUAICURÜ, adj. — Dícese del indio cuya par- 
cialidad vivía en el Chaco, al norte del Pilcomayo, 
junto a la margen del Paraguay. Ü. t. c. s. — Perte- 
neciente a dicha parcialidad. 

Eran los guaicurúes guerreros terribles, avasa- 
lladores y llenos de soberbia y presunción. Fueron 
vencidos por Alvar Núñez Cabeza de Vaca, el pri- 
mero, según ellos, que ejecutaba semejante hazaña, 
de lo que no creían capaz a ningún hombre en la 
tierra, por lo cual, al poco tiempo de este suceso, 
se le presentaron rindiéndole vasallaje. 

GUAICURÜ, m. — Planta de unas dos cuartas 
de altura, de tallo cuadrado y estriado, áspero a ma- 
nera de lima, con ramitas alternas y vellosas, donde 
echa las hojas, igualmente vellosas y alternas, estre- 
chas, largas, agudas y nerviosas, de menuda flor mo- 
rada en racimos, y de raíz fusiforme, leñosa, pero que 
con facilidad puede cortarse en rebanadas cuando 
fresca, teniendo entones un color idéntico al de la 
lengua salada de vaca, y, si se mastica un pedacito, 
un gusto áspero, astrigente y picante, como si se re- 
volviese en la boca una mezcla de alumbre y pimien- 
ta. Tiene propiedades medicinales. Empléase como 
emenagogo, febrífugo, etc. 

Del guar. guateará. 

Además de la planta descrita, que es la general- 
mente conocida por la gente del campo y la que apli- 
can las chinas, a quienes les da autoridad en esta 
materia la principal de las virtudes que se hallan en 
la raíz, hay otra de la misma forma, pero de tallo 
liso entre redondo y cuadrado, hojas igualmente lisas 
y flor blanca. También la hay rastrera. Las tres lie- 



{381 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



van el nombre de guaicurú. — Algunos dicen ha** 
cuyü. Galianthe oltdemoides G. R, (rubiácece). — 
Stattce L. } st. brastltensts Boiss. (plumbaginacea) en 
Giben. 

GUAIMALLÉN. — Departamento de la pro* 
vincia argentina de Mendoza. 

GUAIMBÉ, m. — V. GUEMBÉ. 

GUALACHO, cha, adj. — V. GUAYANÁ. 

GUALEGUAY. — Departamento de la provin- 
cia argentina de Entre Ríos, junto al tío Paraná. — 
Capital del mismo departamento. 

GUALEGUAYCHÚ. — Departamento de la 
provincia argentina de Entre Ríos, junto a los ríos 
Uruguay y Paraná. — ■ Capital del mismo departa* 
mentó. 

GUALICHO, m. — Diablo o genio del mal, al 
que los pampas atribuyen la causa de todos los males 
y desgracias que les sobrevienen. Para ahuyentarlo, 
cuando experimentan los síntomas de una enferme- 
dad o les amenaza algún peligro, se arman de todas 
sus armas, hierros, lanzas, bolas, macanas y cuanto 
encuentran, montan a caballo, y, prorrumpiendo en 
gritos desaforados, arremeten contra el invisible ene- 
migo, dando con furia al aire tajos, botes, estocadas, 
golpes y puñetazos, por si acierta a tocarle uno y 
otro entre tantos como menudean, hasta que creen 
que lo han hecho salir de los toldos donde se había 
entrometido. V. MACHÍ. 

Del araucano huecuvn. Los pampas huecufü, 
gualichú. 

GUALILÁN. — Departamento de la provincia 
argentina de San Juan. — Capital del mismo de- 
partamento. 



[39} 



DANIEL GRANADA 



GUAMPA, f. — Asta, cuerno. — Vaso rústico 
formado de un trozo de asta. 
Acaso quichua. 

En las provincias brasileñas de Río Grande del 
Sur, Paraná y San Pablo, también guampa, cuerno 
de buey y particularmente vaso que de él hacen para 
beber agua en los viajes. Tomaron el vocablo del 
Río de la Plata (Beaurepaire-Rohan). 

En Chile guámparo, vaso de cuerno de animal 
vacuno. (Rodríguez). 

GUANÁ, adj. Dícese del indio cuya generación, 
dividida en vanas parcialidades, ocupaba el Chaco en- 
tre los 20 y 22? lat. aust. Ü. t. c, s. — Perteneciente 
a dicha generación. 

GUANANA, adj. — V. GUAYANÁ. 

GUANDACOL. — Departamento de la provin- 
cia argentina de La Rioja. — Capital del mismo de- 
partamento. 

GUANTON, m. — Guantada. 

Reprueba Cuervo el uso de este vocablo en Bo- 
gotá. Es, en efecto, harto plebeyo. 

En Chile «golpe dado con la mano cerrada.» 
(Rodríguez.) 

GUAPOROITl, m. — V. IBAPOROITl. 

Del guar. guaporoitL 

GUAPORÜ, m. — Arbusto mirtáceo, que da 
un fruto negro, comestible, del tamaño de una guin- 
da, con carozo. 

Del guar. tbaporú. 

Con el fruto de este arbusto prepárase la bebida 
llamada chacolí. (D. Ángel Justiniano Carranza, nota 
a la Descrip. btst. etc. del Parag. por Molas.) 

GUARANGADA, f. — Acción o dicho pro- 
pio de guarangos. 



[40] 



VOCABULARIO RIOPLATENSB 



GUARANGO, ga, adj. — Dícese de la persona 
que en sus dichos o acciones es torpe e incivil, o 
que no sabe guardar los miramientos que pide la 
buena educación. Ü. t. c. s. 

GUARANÍ, adj. — Dícese en general del indio 
cuya generación, diversificada en innumerables par- 
cialidades, se extendía desde el Río de la Plata hasta 
el Orinoco próximamente. Ü. t. c. s. — Pertenecien- 
te a dichas generaciones. — Guaraní, m. Su idioma. 

La generación guaraní era la más numerosa de 
las regiones del Plata, y, excepto alguna que otra 
parcialidad belicosa, la que menos resistencia opuso 
a los españoles. Los guaraníes del Uruguay, Paraná 
y Paraguay luciéronse simpáticos y merecen en la 
historia de la humanidad especial consideración, por 
la edificante sociabilidad que constituyeron bajo el 
cristiano celo de los regulares de la Compañía de Je- 
sús, no menos que por sus crueles desventuras. Su 
lengua es abundante en voces, expresiva, eufónica, y 
muchos de sus vocablos se han incorporado a la cas- 
tellana, sin hacerla desmerecer, antes al contrario 
dándole lucimiento. 

GUARIBAY, m. — Arbol. V. AGUARAIBÁ. 

Del guar. guanbaí, o corrup. de aguara ibau 

GUASAYÁN. — Departamento de la provin- 
cia argentina de Santiago. — Capital del mismo de- 
partamento. 

GUASCA, f. — Tira corta de cuero. Es como si 
dijéramos pedazo de cuerda; sólo que para que lleve el 
nombre de guasca, tiene que ser precisamente de cuero. 
Dar guasca, fustigar. Así para excitar al conductor de 
los caballos que tiran de un coche, a que los castigue de 
recio, le dicen familiarmente: ¡déle guasca! déle guas- 
ca! Dar guasca, fr. met. y fam. equivalente a dar cuer- 



[41] 



DANIEL GRANADA 



da, alimentar maliciosamente la intención de una per- 
sona, por mero entretenimiento o para dejarla burlada. 

Díjose, y aun algunos suelen decir huasca, for- 
ma más ajustada a la etimología del vocablo, que 
es quichua. «Guasca (poco usual en Bogotá), cuerda; 
quichua huasca, soga o cordel.» (Cuervo.) «Del qui- 
chua huasca, soga, cordel grueso.» (Rodríguez.) Voz 
usada en el propio sentido de tira corta de cuero en 
el Perú (Palma). Pero Paz-Soldán dice que entre 
los peruanos huasca equivale a soga, y que en Lima 
cree sólo se usa en la fr. dar huasca, azotar. En Chile 
guasca es látigo, azote, justa, etc., y dar guasca, in- 
citar a uno a seguir adelante en una pendencia, etc. 
(Rodríguez, Solar). Salva dice ser cuerda de hilo de 
pita en unas partes de América; en otras de tiras de 
cuero; en algunas de lana o cerda, y en la meridional 
cordel o cordón corto* Trae también dar guasca^ por 
azotar. En la provincia brasileña de Río Grande del 
Sur tira o correa de cuero crudo (Beaurepaire- 
Rohan), tomada, sin duda, de sus vecinos los orien- 
tales. 

«Todos (los indios minuanes) son grandes ji- 
netes, muy diestros en el ejercicio de bolas y lazo, 
y montan, por lo común, en pelo, sin más freno que 
una guasca o tira de cuero.» (Cabrer.) 

GUASCAZO, m. — Percusión dada con una 
guasca. 

Lo propio en Chile (Rodríguez). 

GUASO, sa, adj. — Dícese de la persona muy 
vulgar en sus modales y acciones. 

Es voz que de Chile pasó al Río de la Plata. 
Allí viene a significar lo que en estas regiones gau- 
cho. Del quichua huasa, según Rodríguez, lomo y 



{42} 



VOCABULARIO RIOPL ATEN SE 



ancas de las bestias. Pero nos parece dudosa esta eti- 
mología. 

La Acad. trae el sust. guasa y el adj. guasón, 
a cuya familia puede pertenecer, por su forma y sig- 
nificado, el guaso chileno y rioplatense; pero D. An- 
drés Bello escribe guazo: 

Pláceme ver en la llanura al guazo, 
Que, al hombro el poncho, rápido galopa; 
O con certero pulso arroja el lazo 
Sobre la res que elige de la tropa. 

(El Proscrito.) 

Dicen al ver su cara y cuerpo y traza 
Los hombres, ¡ángel! las mujeres, ¡guaza! 

(Ibídem ) 

«Aquella gente pobre o de la campaña, a quie- 
nes llaman (en Chile) guasos, » (Juan y Ulloa.) 
«Los guasos son sumamente diestros en el manejo 
del lazo y de la lanza.» (Los mismos.) 

GUASQUEAR, a. — Pegar con una guasca» — 
Usado como refL y en sent. fig., significa incomodarse 
sin motivo fundado, y así dicen, por ej., se guasquea 
él mismo. 

«Hice justicia en un tuerto de la Cruz, que había 
(dizque por mandado de su capitán, no lo sé) guas- 
queado a dos mozos apostólicos sin causa.» (Diario 
de una exped. de guaraníes de las Mis. de Ibirapitár 
Guazú basta Sto. Dom. de Sor. por un padre de la 
Comp. de Jes., publ. por D. M. R. Trelles, Rep. de 
la Bibl. de B. A.) 

En la provincia brasileña de Río Grande del 
Sur también guasquear, azotar con la guasca (Beau* 
repaire-Rohan), 



[43} 



DANIEL GRANADA 



GUAVALOCA, f. — Vestimenta usada por los 
indios pampas, para preservarse del frío y de la lluvia. 
Consiste en una manta de pieles afianzada con una 
guasca a la cintura y doblada por mitad, a fin de 
levantarla por la espalda cuando convenga, quedan- 
do cubierto el cuerpo desde el pescuezo hasta los 
tobillos. 

GUAYABIRA, m. — Arbol que se cría en Mi- 
siones, Paraguay, Chaco, etc., cuya madera es a pro- 
pósito para muebles muy semejante a la del nogal. 

Del guar. guayaibL 

GUAYACAN, m. — Arbol grande y resinoso 
de propiedades medicinales, y cuya madera es a pro- 
pósito para obras de ebanistería. Es el guajacum 
officinale. Especie también de guayaco, de madera 
igualmente fina, es el palo santo ( guajacum sane- 
tum), que da un olor semejante al incienso, y el 
llamado cucharera, porque de él se hacen cucharas, 
entre otras diversas cosas (ccesalpinia metano carpa). 
También el porliera hygrometrica (zygopbilleas). Eso 
en las provincias argentinas arribeñas del norte, 
Chaco, Paraguay y Misiones. En Colm. varias espe- 
cies de otras partes. 

GUAYANA, adj. — Dícese del indio cuya par- 
cialidad habitaba iunto al río Iguazú, entre el Pa- 
raná y Uruguay. Ú. t. c. s. — Perteneciente a dicha 
parcialidad. 

GUAZUBIRA, m. — Venado del monte, de 
color canela oscuro, mucho más lúcido y agraciado 
que el que anda por el campo. Éste es de un color 
bayo por la parte del lomo y blanco por la del 
pecho, y le llaman venado o gama: guazutí (guagutí) 
en guaraní; pero este término no lo usan en el Río 



144] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



de la Plata las gentes de habla española, como el de 
guazubirá, que es corriente. 
Del guar. guagu btrá. 

Afirman que viendo una víbora, el guazutí 
la circunda con una baba que suelta ai intento, por 
cuyo efecto no tarda aquélla en morir como asfi- 
xiada. Con este motivo consideran eficaz para pre- 
servar y curar de la mordedura de víbora, la piel de 
su matador. «Yo nada de eso creo,» dice Azara. Hoy 
en día, del misino modo que en los tiempos de A2ara, 
la gente campesina asegura ser exacto el hecho. Atri- 
buyen a la circunferencia que en tai ocasión describe 
el guazutí con la baba, unas manchas circulares que 
se hallan frecuentemente en el campo, de un verde 
más subido que el general del pasto. 

GUAZUCUÁ. — Departamento de la Repú- 
blica del Paraguay. 

GUAZUTI, m. — V. GUAZUBIRÁ. 

GUEMBÉ, m. — Planta parásita, de Corrientes, 
Misiones, Paraguay, etc., que nace en las ramas altas 
deterioradas de los árboles más eminentes, de tronco 
grueso como el brazo, hojas notablemente grandes 
(hasta de seis cuartas de largo y tres de ancho), 
acorazonadas, nerviosas, con profundas escotaduras 
que llegan cerca del nervio central, y cabos del mis- 
mo o mayor largo que las hojas, al pie de los cuales 
sale el fruto, del tamaño y forma de una mazorca 
de maíz, con muchísimos granos de bello color blan- 
co de tilo, firmemente encerrado en una hoja muy 
doble y dura que, al acercarse la época de la madurez, 
se abre solo un día, operación que empieza a eje- 
cutar lentamente por la parte superior a la salida del 
sol, al propio tiempo que se va doblando hacia afue* 
ra la espiga, hasta que queda en la posición de una 



DANIEL GRANADA 



persona que estuviese asomada de bruces por una 
ventana semejante ai nicho de una estatua, volviendo 
el día siguiente a enderezarse la espiga (que se cu- 
bre en esta ocasión de unos tenues filamentos rizados, 
que echa por los intersticios de los granos) y a 
cerrarse la hoja, estado en que permanece durante un 
mes escaso, en que madura. Sus raíces (que ora ba- 
jan al suelo enroscadas al tronco del árbol, ora suel- 
tas) sirven para amarrar. Con la cáscara de ellas, que 
es por dentro de color acanelado, se tejen cestos, 
esteras y otros objetos análogos. — Fruto de esta 
planta, cuyo grano es dulce y comestible; la semilla, 
picante. 

Del guar. güembé, fruto del gúembel Dase a 
la planta y a su fruto el nombre particular del fruto. 
También dicen güembé y guaimbé. Azara guembé 
(Descrip. e btst. del Parag. etc.). Técnicamente phi- 
lodendron. 

Un vaso de agua fría sobre el fruto del guem- 
bé, en ayunas, purga de flemas el estómago. Macha- 
cado y aplicado a los tumores, los resuelve. Sahu- 
mando con la espiga seca, neutralfeanse los paro- 
xismos y mitíganse los efectos de las opilaciones. 
La cáscara de la raíz, incinerada, extermina las lom- 
brices. 

GÜEMBÉ, m. — V. GUEMBÉ. 

GUENOA, adj. — ■ Dícese del indio de una ge- 
neración que habitaba las costas del río Uruguay, 
al norte de los bohanes y minuanes. ÍL t. c. s. — 
Perteneciente a dicha generación. 

Algunos historiadores quieren, sin embargo, 
que los guenoas sean los mismos minuanes, corrom- 
pido el vocablo. 



[46] 



VOCABULARIO RIOP LATEN SE 



GUIÑADA, f. — Repentino cambio de direc- 
ción que experimenta el buque, ya sea obedeciendo 
al timón, o bien por efecto de una ráfaga de viento 
o de fuertes corrientes. 

Frecuentes son y peligrosas, y no poco temidas 
por los baqueanos, las guiñadas en la navegación de 
los ríos, por los bancos y arrecifes de que suelen estar 
obstruidos. 

«Deseábamos levarnos, y no podíamos, por la 
furia de la corriente y viento, que trata el navio dando 
guiñadas de una parte a otra.» (El capitán Pedro Sar- 
miento de Gamboa.) 

«Golpe o movimiento del buque hacia un lado u 
otro, obedeciendo al timón.» (Xa Acad.) 

GUIÑAR, n, — Cambiar de pronto la dirección 
que llevaba el buque, ya sea obedeciendo al timón, 
o bien por efecto de una ráfaga de viento o de fuertes 
corrientes. 

«Mover la proa del navio apartándola hacia 
una y otra parte del rumbo que lleva cuando na- 
vega, lo cml se hace moviendo el timón.» (La Acad.) 

GURÍ, m. — Indiecito. — Muchacho mestizo. 

Del guar. n&rí, niño, chiquito, los padres diri* 
giéndose a sus hijos. 

En la provincia brasileña de Río Grande del Sur 
asimismo gurí, criatura (Beaurepaire-Rohan). 



[47} 



H 



«HABILIDOSO, sa, adj. por. And. — Que tie- 
ne habilidades.» (La Acad.) Lo mismo en el Río 
de la Plata y acaso en toda América: en el Perú (Paz- 
Soldán), en Bogotá (Cuervo). 

HACENDADO, m. — V. ESTANCIERO. 

Como hacienda, en el Río de la Plata, aparte 
de la significación de rentas públicas, no tiene usual- 
mente otra que la de ganado, de ahí que se llame 
hacendado el que tiene una o más estancias. Es indi- 
ferente que tenga, o no, bienes raíces, ni que el 
campo o campos en que estén las haciendas sea, o no, 
suyo; basta que las haciendas le pertenezcan. Hacen- 
dado, o estanciero, es, en una palabra, el que tiene 
establecimiento de ganadería. Así dice el Cód. Rur. 
de la Prov. de Buenos Aires (y otros): «el hacen- 
dado tiene obligación de dar rodeo» . . . «cuando un 
hacendado haya de tener un pastoreo de hacienda al 
corte, ya sea comprada, sacada de sus rodeos» ... «a 
requisición de un hacendado se hará practicar recono- 
cimiento de cualquier pastoreo» , . ♦ Pero cuando se 
refiere al dueño del campo, dice, por ejemplo, «todo 
propietario de campo de estancia está obligado a te- 
nerlo deslindado y amojonado» . . . 

«.Hacendado, da, adj. — Que tiene hacienda en 



{48] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



bienes raíces, y comúnmente se dice sólo del que 
tiene muchos de estos bienes.» (La Acad.) 

HACIENDA, f. — Ganado. 

Sin duda por antonomasia ha venido a llamarse 
hacienda el ganado como que éste ha sido en tiem- 
pos pasados la única y es al preseote la principal 
fuente beneficiada de las riquezas que encierran las 
regiones del Río de la Plata. 

Hacienda vacuna, hacienda alzada, dicen los 
Cód. Rur. del Río de la Plata, V, ESTANCIA, 

HACIENDA AL CORTE. — Hacienda hete- 
rogénea y no elegida, o en que entran toros, novillos, 
vacas y terneros sacados al corte del rodeo. V. GA- 
NADO DE CRIA. 

HACIENDA DE CORTE. — Hacienda ele- 
gida, gorda, sacada del rodeo a satisfacción del inte- 
resado, para los mataderos de abasto, saladeros, etc. 

HACIENDA DE CRÍA. — V. GANADO DE 
CRIA. 

HAMACAR, a, — Mecer la hamaca, la cuna 
de los niños, etc. Ü. t. c. refl. Hamacarse en un 
sillón. 

HANGADA, f. — V. JANGADA. 

«Se perdieron muchas angadas (hangadas) y 
piraguas grandes cargadas de madera.» (D. M. A. 
Molas, Descrip. del Parag.) 

HECHOR, m. — Garañón, asno incorporado a 
una manada de retajo. 

«Y lo hacen los asnos, a quienes llaman be- 
chores.» (Asara.) 

Lo propio en la provincia brasileña de Río 
Grande del Sur (Beaurepaire-Rohan); de sus veci- 
nos los orientales del Uruguay. 

HEDIONDILLA, f. — Arbusto medicinal. 



[49} 



DANIEL GRANADA 



HERVIDO, m. — Cocido, olla, puchero. 

Lo propio en Chile (Rodríguez) y en Vene- 
zuela (Rivodó). 

HIERBA SANTA, f. — V. CAACURUZÜ. 

HIERRA, f. — Marcación del ganado, mediante 
un hierro caldeado. 

De herrar (la acción). 

Lo propio en Chile (Rodríguez). 

Voz autorizada por los Códigos Rurales del Río 
de la Plata. 

Voz de uso antiguo- «En este cabildo se leyó 
una petición presentada por el capitán Mateo de 
Grado, procurador general de esta dicha ciudad, so- 
bre la hierra de los ganados.» (Acta del cab. de 
Buenos Aires a 29 de dic. de 1621, Rev. de la BibU 
de Bs. As. por D. M. R. Trelles.) 

HIGUERON, m. — Árbol. Arraiga y crece 
frondosamente en el suelo; pero también en la hor- 
queta de un árbol corpulento, en un peñasco o en 
un muro ruinoso. En la Cruz, antiguo pueblo de las 
misiones occidentales del Uruguay, provincia de Co- 
rrientes de la Confederación Argentina, lo hemos 
visto abrazando con sus raíces las gruesas paredes de 
las ruinas, como si con cien robustos bra2os quisiese 
defender contra la barbarie de los hombres los ve- 
nerandos restos de aquel glorioso y lúgubre teatro 
de grandezas y desventuras. 

HINCARSE, refl. — Arrodillarse. 

Lo propio en Bogotá y en Cuba (Cuervo), y 
en Chile (Rodríguez), 

HOJALDRA, f. — Hojaldre. 

«La r tiene más simpatía con la a que con la 
e; por eso se oye decir. , . hojaldra en vez de, . ♦ 
hojaldre .» (Cuervo.) 



[50] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



HORNERO, m. — Pájaro de color pardo aca- 
nelado, menos el pecho, que es blanco, y la cola, que 
tira a rojiza. Hace un durísimo nido de barro, esfé- 
rico, semejante a un horno, con entrada lateral y 
dividido en dos departamentos por medio de un ta- 
bique con su correspondiente comunicación. 

«Al presente llaman hornero en el Río de la 
Plata, y casero en Tucumán, aludiendo a su nido de 
barro, que tiene la figura exterior de un horno. En 
el Paraguay le llaman Alonso García, no sé por qué.» 
(Azara.) 

HORQUETA, f. — Parte donde se juntan, for- 
mando ángulo agudo, el tronco y una rama de un 
árbol, o bien dos ramas medianamente gruesas. — • 
Parte donde un río o arroyo forma ángulo agudo, 
y terreno que comprende. 

HUANACACHE. — Departamento de la pro- 
vincia argentina de San Juan. — Capital del mismo 
departamento. 

HUASCA, f . — V. GUASCA. 

HUASCAZO, m. — V. GUASCAZO. 

HUERTA. — Departamento de la provincia 
argentina de San Juan. — Capital del mismo de- 
partamento. 

HUIBÁ, f, — Cierta caña recia de que los 
indios hacían,v y hacen el día de hoy los del Chaco, 
sus flechas. 

Del guar, huibá. 

HUMAHUACA. — Capital del departamento 
del mismo nombre de la provincia argentina de Jujúy. 

HUMITA, f. — Manjar compuesto de choclo 
rallado y algunas especias, y envuelto en chala. 

Rallan el maíz tierno. Hacen una frinyra de 
tomate, cebolla y ají verde picados, pimentón, sal 



[51} 



DANIEL GRANADA 



y canela. Forman con todo una pasta, y la envuel- 
ven «n las hojas de la mazorca» o sea en chala, de 
modo que quede cerrada herméticamente para que 
no se deshaga. Las porciones que así resulten, cuyo 
tamaño es regularmente el de una banana, las cuecen 
en baño de María. Tal es el delicado manjar ame- 
ricano que en el Río de la Plata lleva el nombre de 
humita. 

Arauc. uminta, guisado de maíz (Febrés). 

Del quich. huminta (Paz-Soldán). Quich. bum- 
mita, escribe Rodríguez, y la voz castellanizada umita. 
Solar entiende que debe ser con hache, humita. Así 
la Acad., que la define: «pasta de harina, que se 
hace en el Perú, muy agradable al paladar», y Palma, 
que expresa que en el Perú significa la misma cosa 
que en el Río de la Plata. De harina íe maíz, dicen 
Paz-Soldán y Rodríguez. Nosotros registramos en 
esta ed., además de humita, umita, en atención a 
que en araucano es umita, según Febrés, que es auto- 
ridad. 

HUNCO (suavemente aspirada la hache), m. 
— Junco. 



Í52J 



I 



IBAPOROITI, m. — Arbol de tronco Uso blan- 
quizco, hoja aovada con una espina en el ápice y 
fruta parecida a la del guabiyú, pero más temprana, 
colorada cuando verde, negra cuando madura. — 
Fruto de este árbol 

Del guar. ibaporoití. 

Dicen también baporoití y guaporoitL 

IBARO, m. — Arbol que da un fruto en raci- 
mos de pulpa glutinosa, que, macerada, se convierte 
en espuma, y sirve para lavar la ropa, supliendo por 
el jabón. Sapindáceas. 

Del guar. ibaró. 

IBERA. — Gran lago que hay en la provincia 
argentina de Corrientes, llamado vulgarmente laguna 
Iberá, Tiene próximamente ciento cincuenta leguas 
de circunferencia, y de ella y sus inmediaciones sa- 
len los ríos Santa Lucía, Corrientes y Bateles, que 
vierten en el Paraná, y el caudaloso Miriñay, que 
desemboca en el Uruguay. El Iberá es invadeable, 
por causa de los fangales, esteros, bañados, albar- 
dones e isletas en que abunda. Esta circunstancia ha 
dado lugar a diversas fábulas entre la gente campe- 
sina: quién dice que en el interior de la laguna hay 
islas habitadas por indios; quién que las habitan gen- 
tes establecidas allí con algunos jesuítas que lograron 



[53] 



DANIEL GRANADA 



sustraerse a la expulsión; quién que se sienten re- 
linchos de caballos y toques de campanas. Lo que 
hay de cierto es que allí se cría a sus anchas la 
gigantesca culebra llamada curiyú. Aseguran que se 
traga un animal vacuno, dejando fuera la parte de 
las guampas; y que, después de triturarle los huesos 
enroscada a un árbol, se mete en el agua, en donde 
anda un par de días con la cabeza al aire, hasta que 
cae la de su víctima. Oíanse asimismo en esta la- 
guna, por millares, los yacarés, algunos (los de pecho 
amarillo) sumamente bravos y peligrosos. Dice tam- 
bién la gente que las islas se mueven, y que, dando 
un grito en ciertos parajes, repercute con extraño 
ruido por entre los árboles y plantas, que se ar- 
quean y agitan, como si una ráfaga de viento las 
sacudiese. La imaginación del vulgo reviste de formas 
peregrinas a la naturaleza, de suyo maravillosa 

IBIRAPITÁ, m. — Arbol de la familia de las 
leguminosas, de madera colorada, a propósito para 
muebles y en especial para carretas y barcos. 

Del guar. tbtrá pitd, madera colorada 

IBIRARÓ, m. — V. BIRARÓ. 

IBIYAÜ, m. — Ave nocturna, de un pie pró- 
ximamente de longitud y de color pardo acanelado 
con mezcla de negro y oscuro, y de cuyo modo de 
gritar es imitativo su nombre. 

Del guar. tbiyaú. 

«Dicen, y creo, que (el ibiyaú) cría en el suelo, 
y que siempre se posa en tierra.» (Azara.) 

IGATIMÍ. — Departamento de la República 
del Paraguay. 

IGLESIA. — Departamento de la provincia ar- 
gentina de San Juan. — Capital del mismo depar- 
tamento. 

C543 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



IGUANA, f. — Especie de lagarto, negruzco, 
de ojos redondos y del largo de una vara próxima- 
mente. Su carne es blanca y tierna. Pondera su buen 
gusto la gente del campo, que dice ser superior a la 
del ave. 

Del guar. iguana, 

IGUAZÜ o no Grande de Curitíbá. — Desem- 
boca en el Paraná. Divide a la Confederación Argen- 
tina, por el norte, del Brasil 

IMBIRA, m. — Árbol delgado, o más propia- 
mente arbusto, de cuya corteza, muy consistente y 
flexible, sacan tiras para hacer ligamentos. 

Del tupí imbit* 

En Colm. imbira del Brasil, 

INDAYÉ, m. — Especie de gavilán, de un pie 
próximamente de longitud, pardo, inofensivo, bobo. 

Del guar. indayé. 

«Así le llaman algunos; otros, gavdancito bo- 
bo.» (Azara.) 

INDEPENDENCIA, — Departamento de la 
provincia argentina de La Rioja. V. CATUNA DEL 
NORTE. — Villa cabecera del departamento de Río 
Negro de la R. O. del U. Fund. año 1859. Se la 
conoce más generalmente por Fray Bentos. 

INDIADA, f. — Muchedumbre de indios. — 
Indios en general. 

«Estas campañas no podían mantener la nume- 
rosa indiada que se supone tenía cuando la conquis- 
ta.» (Azara.) 

«Nuestra gente, necesitaba de auxilios en un 
grado que pudo incomodar la indiada.* (El virrey 
marqués de Loreto, Mem. a su suc. en el mando.) 

«Estrechando (el cacique), en consecuencia de 
este hecho, a todos los demás indios, a que se apre- 



{55} 



DANIEL GRANADA 



surasen a hacer paces con los españoles, porque se- 
guramente acabarían con toda la tndtada, si en contra 
de ella tomaban las armas.» (D. Pedro Andrés Gar- 
cía, Expedí a Salinas Grandes.) 

«A la pane del naciente salióme una indiada 
de más de 300 de toda chusma de nación matagua- 
ya.» (Fr. Francisco Morillo, Viaj. al Bermejo, 1789, 
en Ang.) 

INDÍGENA, adj. — «Originario de un país, en 
oposición a exótico o advenedizo. Api. a pers., t. 
c. s.» (La Acad.) 

D. Pedro Felipe Monlau enseña: «indígena: como 
quien dice tndé genitus, m genitus, engendrado, nacido 
en el lugar que habita o del cual se trata» — Opuesto 
a indígena es advena, advenedizo, venido de afuera,» 
Mas no por eso deja de aplicar también a cosas el 
adjetivo indígena de que habla, y así leemos en uno 
de sus discursos académicos: «Peor que ese neologis- 
mo en los términos es el que invade las construccio- 
nes, olvidando las clásicas indígenas y» etc. Abonan este 
uso otros sabios filólogos e ilustres literatos. Ejemplos: 

«Lope presentó a su país aquella (literatura) 
que siendo propia y exclusivamente del pueblo, como 
planta indígena y vigorosa estaba llena de vida,» etc, 
(D. Agustín Duran.) 

«Copiaban (los franceses), más que a los grie- 
gos, a los romanos, cuya literatura no fue indígena* 
(D. Antonio Alcalá Galiano.) 

«Bien lejos de dudarse que el asonante es fruto 
indígena, de la Península,» etc. (D. Andrés Bello.) 

«En ocasiones, por amor a lo americano indí- 
gena, me parece que se encumbra V. demasiado,» etc. 
(D. Juan Valera.) 



C56] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



«El uso de voces indígenas o peculiares de cier- 
tas comarcas,» etc. (D. Rufino José Cuervo.) 

INGA, m. — Árbol del género de las mimosa*, 
parecido al timbó) pero menor que él; de madera algo 
más pesada que la de éste, semejante a la del nogal. 
Chúpase, y es agradable, el interior de la vaina del 
fruto. Inga uruguayensis Hooé et Arn. en Gibert. 

INVERNADA, f. — Época del engorde del ga- 
nado, la cual empieza en invierno. — Campo de 
buenos pastos, destinado especialmente al engorde de 
novillos y vacas, llamado también potrero de inver- 
nada. 

También en Chile (Rodríguez) y en las pro- 
vincias meridionales del Brasil (Beaurepaire-Rohan). 

«Su objeto es representar el abuso de las inver- 
nadas que se toman de cantidad considerable de mu- 
las, sin tener suficiente terreno para ello; de lo que 
resulta que labrador y criador buscan el fruto de su 
trabajo, y el invernador se lo quita.» (Antiguo ca- 
bildo de Salta, Conf. Arg.) 

INVERNADOR, m. — El que tiene ganado de 
invernada. 

INVERNAR, n. y a. — Pastar el ganado en 
campo de invernada. — Tener ganado que pasta en 
campo de invernada. 

INTERVALO, m. — La gente campesina pro- 
nuncia como se debe pronunciar esta palabra, esto es, 
con acento grave, en tanto que la gente ciudadana, 
que estudia prosodia, la hace comúnmente esdrújula. 

IRIBÚ, m. — Especie de buitre, de unos dos 
pies largos de longitud, el cuerpo negro horizontal, la 
cabeza y cuello pelados y rugosos, el pico y uñas cor- 
vos, arisco, catingudo, de vista perspicaz y fino olfato. 
Aliméntase particularmente de cadáveres y porque- 



{57] 



DANIEL GRANADA 



rías, siendo su plato predilecto el excremento huma- 
no. «Pasa la mayor parte del día, dice Azara, en los 
árboles y estacas, atisbando si alguno se baja los cal- 
zones, o se tiran piltrafas, o se mata alguna res.» 

Llámanle comúnmente cuervo. 

Del guar. mbú. 

«Cita (Buffon) a Nieremberg, que trata del 
iribú, llamándole aura, gallinaza y gallinazo, y di- 
ciendo que le denominan zamuro en las costas de la 
América meridional, y sayuntá en el Perú.» (Azara.) 

IRIBUACABIRAY, m. — Variedad del iribú, 
de color pardo oscuro, menos el de la cola y alas, que 
es en su mayor parte blanquizco, y cárdeno el de la 
cabeza* 

Del guar. mbú acabirái. Acabtrat, por el color 
de la cabeza. 

Conócesele por acabkay, usando de una sinéc- 
doque. 

«Le llaman (los guaraníes) mbú-acabtray, y su- 
primiendo lo primero, que es general, equivale a 
cabeza raspada o lisa.» (Azara.) 

HUBURUBICHÁ, m. — Variedad del iribú, 
de color blanco de crema, menos el de la cola y 
parte de las alas que es negro, con una prominencia 
en la cabeza a modo de corona, muy arisco. Es muy 
glotón. Cuando halla un animal muerto, se ahita 
hasta el punto de no poderse mover; pero aun en 
este estado es inútil querer aprisionarlo, porque se 
defiende hasta morir hecho pedazos. 

Del guar. mbú rubichá, rey de los iribúes* 

Comúnmente cuervo real, por su corona, her- 
mosura y superioridad entre los demás de su especie, 
que le temen por su fiereza. 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



«Nieremberg y Fernández llaman regina aura- 
rum.y> (Azara.) 

IRIBUTl, m. — V. IRIBURUBICHÁ. 

Del guar. ínbú th buitre blanco. 

Comúnmente cuervo blanco. 

IRUPE, m. — Especie de ninfea que se cría 
en las lagunas, bañados y esteros de Corrientes, Mi- 
siones, el Paraguay, etc., de hoja acorazonada del largo 
de una vara más o menos, con borde, y flor blanco- 
rosada. Da una baya feculenta, que comen asada. 

Del guar. trupé. 

IRUYA. — Departamento de la provincia ar- 
gentina de Salta. — Capital del mismo departa- 
mento. 

ISCHTLÍN. — Departamento de la provincia 
argentina de Córdoba, fronterizo a Catamarca. — Ca- 
pital del mismo departamento. 

ISIPÓ, m. - — Planta sarmentosa y trepadora, o 
bejuco, de que hay mucha variedad en los montes. 

La rama de cierto isipó, partida en pedacitos y 
puesta en aguardiente o caña durante algún tiempo, 
constítuve, según general creencia, un eficaz contra- 
veneno de la picadura de víbora. Propiedad de otro 
isipó es que, machacada la rama, forma una espuma 
blanca que embriaga, como si se tomase con exceso 
una bebida espirituosa. Colm. cita varias especies de 
sipó del Brasil 

Del r. tcihó. 

ISTSTTNÉ, adj — Dícese de! indio de una par- 
cialidad originaria de la familia de los Iulés, al sur 
del Chaco. Ú. t, c. s. — Perteneciente a dicha par- 
cialidad. 

ISLA, f. — Por traslación, conjunto de árboles, 
C59) 



DANIEL GRANADA 



o monte de corta extensión, aislado, que no está junto 
a río o arroyo. V. CAAPAÜ. 

ITAPÁ, f. — Balsa formada de canoas, y tam- 
bién jangada. 

Del guar. ttapd. 

ITATl. — Departamento de la provincia argen- 
tina de Corrientes. — Capital del mismo departa- 
mento. 

ITUZAINGÓ. — Departamento de la provincia 
argentina de Corrientes. — Capital del mismo depar- 
tamento. 

IZAPÍ, m. — Árbol de Misiones, que en la 
estación de los calores despide de sus hojas un abun- 
dante y suavísimo rocío, que humedece y refresca 
el suelo en que arraiga. 

Del guar. tfapi. 



160} 



J 



JACHAL. — Departamento de la provincia ar- 
gentina de San Juan. — Capital del mismo departa- 
mento. 

JAGÜEL, m. — Balsa, pozo o zanja provistos 
de agua, ya artificialmente, ya por filtraciones natu- 
rales del terreno donde se hallan construidos para 
que sirvan de abrevaderos o para cualquier otro apro- 
vechamiento. 

Voz originaria del Perú probablemente. Jagüey 
se decía. Así aun hoy en el Perú, según D. Ricardo 
Palma, y creemos que en las provincias arribeñas del 
norte (argentinas). 

«En los caminos traverseros a cinco leguas hay 
xagúeyes hechos a mano.» (Reís, geogr. de Inds. } Tu- 
cumán.) 

«Los lules están riberas deste río, y algunos to- 
nocotees, y los otros la tierra adentro en xagúeyes y 
aguadas que ellos hacen.» (Reís, geogr. de Inds. f Tu- 
cumán.) 

«Todos beben de pozos, o de aguas rebalsadas, 
que llaman jagüéis.» (Agustín de Zárate.) 

«Poza hecha artificialmente en el campo para 
coger el agua llovediza.» (Alcedo: xaguél) 

«La mayor (de las cañadas) tenía algunos ja- 



[61] 



DANIEL GRANADA 



güéis o pozos, hechos con motivo de la extraordina- 
ria seca del año próximo pasado.» (Azara, Rec. de 
la front. de Buenos Aires,) 

«En las tierras de Santiago es generalmente bue- 
na (el agua); y en los parajes interiores donde el ga- 
nado no puede llegar a las riberas, se le proporciona 
este recurso por medio de jaguéts, que son depósitos 
de agua tirada a balde de los pozos.» (D. José Are- 
nales, El Chaco y río Bermejo,) 

Según se habrá advertido, no sólo se ha modifi- 
cado la estructura del vocablo, ganando en sonori- 
dad, sino que tiene el día de hoy una significación 
más lata que en los tiempos de Azara y en los más 
próximos de Arenales, ampliación de significado ló- 
gica y oportuna. 

Paz-Soldán trae jaguay o jagüey: €aguada en el 
desierto, esto es, en la arenosa y despoblada costa 
del Perú.» «Nuestro jaguay no parece tener origen 
tan puro como un río, y entendemos que es simple 
rezumadero del agua del mar cercano.» (El mismo.) 

«Jagüey, m. — Per. Balsa grande en que se 
recoge el agua.» (La Acad.) 

JAGÜEY, m. — V. JAGÜEL. 

JAGUAR, m. — Tigre. 

JAJÁ, m. — V. CHAJÁ. 

JANGADA, f. — Armazón de troncos para 
transportar madera río abajo. Llámanla también ca- 
tre, en especial cuando viene trabada con otras, a 
cuyo conjunto dan el nombre de balsa; y así se dice: 
catre de balsa. V. BALSA. 

Fórmase la armazón con maderos flotables (or- 
dinariamente de laurel), y soporta cada catre, término 
medio, un peso sumergible de cinco mil arrobas. 



£62] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



«Jangada. Lo mismo que balsa.* (Ulloa y 
Juan.) 

«Por él (el Jejúy) bajan de esta villa (Curu- 
guatí) jangadas de madera» etc. (Molas, Descrip. etc. 
del PamgJ 

JARILLA, f. — Árbol de la familia de las tere- 
bentináceas, que se cría en las provincias argentinas 
arribeñas, muy resinoso. Echa desde el suelo un con- 
junto de troncos delgados que arriba se diversifican 
en muchedumbre de ramas frondosas. 

Larrea divaricata y zuccagnia punctata. En Colm. 
otras especies. 

JARILLAL, m. — Terreno poblado de jarilla. 

JAZMÍN DEL PARAGUAY. — Arbusto fron- 
doso, que da una flor morada muy fragante. Empieza 
a engalanarse de flores en invierno, y la primavera 
lo sorprende cubierto de ellas, cuyo primitivo color 
va sucesivamente cambiando por el de la lila y la 
azucena, el último de los cuales indica ya su próximo 
desfallecimiento. Dase la planta en todo el Río de la 
Plata; pero a medida que se acerca a las zonas menos 
suaves, ofrece más y más desmerecidas su hermosura 
y lozanía. 

Lleva también el nombre de azucena del bos- 
que. «Lo que en el Paraguay llaman azucena del bos- 
que es árbol común, de talla mediana, muy verde y 
copudo. Se cubre totalmente de flores, que aunque 
de cuatro solos pétalos hacen bella vista largo tiem- 
po por su muchedumbre y hermoso color morado, 
el cual degenera en blanco con el sol y los días.» 
(Azara ) 

JEFATURA, f. — Dignidad, condición o em- 
pleo de jefe: dirección superior. 

«Es cosa notable que el Diccionario de la Aca- 



[63] 



DANIEL GRANADA 



demia en ninguna de sus ediciones haya traído esta 
voz, que es un derivado natural y muy usado de 
jefe, así como prefectura lo es de prefecto,* dice D. 
Baldomero Rivodó. 

JEJÉN, m. — Insecto pequeño, menor que el 
mosquito, pardo, rechoncho, que chupa la sangre, y 
cuya picadura es irritante por extremo. 

«Mosquitos hay muchos, e tantos en algunas 
temporadas que dan fatiga, en especial en unos tiem- 
pos más que en otros, e no con todos vientos; mas 
en el campo en algunas partes hay tantos que no se 
pueden comportar, y los peores de todos son unos me- 
nudísimos que llaman xixenes, que es gierto que pa- 
ssan la caiga algunos dellos, e pican mucho.» 
(Oviedo.) 

«Yo y toda la gente parecemos lazarinos: todos 
estamos hinchados de la plaga de gegenes que cayó 
sobre nosotros.» (Villarino, Rec, del r. Negr. de 
Patag.) 

El gegén, según D. Antonio de Alcedo (Dic. 
geog-hist. de las Ind. Occ), es comunísimo en toda 
la América y con especialidad en los países cálidos 
y en los ríos. 

JERGA, f. — Pieza de lana o de algodón, per- 
teneciente a la montura llamada recado. Véase BA- 
JERA y CARONA. La jerga entre caronas es mayor 
que la bajera. 

Lo mismo en el Perú, según D. Ricardo Palma. 

JIMÉNEZ. — Departamento de la provincia 
argentina de Santiago. — Capital del mismo depar- 
tamento. 

JOSEFINO, na, adj. — Natural de la ciudad o 
del departamento de San José (R. O. del U.). Ú. t. 
c. s. — Perteneciente a una u otro. 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



JUJEÑO, ña, adj. — Natural de la ciudad o de 
la provincia de Jujúy. Ü. t. c. s. — Perteneciente a 
una u otra. 

JUJÜY. — Capital de la provincia argentina 
del mismo nombre. 24° 10* 59" de lat. aust. Fund. 
año 1592 por el gobernador Juan Ramírez de Ve- 
lazco. 

JUJUYENO, na, adj. — V. JUJEÑO. 



3 ■ T. II. 



[65} 



L 

LA CRUZ. — Departamento de la provincia 
argentina de Corrientes. — Capital del mismo depar- 
tamento. V. CALAMUCHITA. 

LADINO, na, adj. — Dícese del indio que ha- 
bla corrientemente la lengua castellana. — Decíase 
del indio hecho a los titos y costumbres de los espa- 
ñoles. — Üsase por astuto, sagaz, taimado, picaro. 

Lo propio en el Perú (Palma). 

Ladino, en rigor, vale lo mismo que latino, dice 
Covarrubias, mudada la / tenue en d media. El acento 
de los naturales del Plata y países regados por el 
Uruguay, Paraná y Paraguay es dulce y melodioso, 
y extremadamente suave su modo de articular. A 
quien más se asemejan, entre todas las provincias de 
España, es a los andaluces; pero es inexplicable, y nada 
hay a que se iguale, la música especial de su palabra, 
mezcla de gracia y melancolía. Esto hay que verlo y 
apreciarlo allí donde se conserva aún con total o mayor 
pureza el elemento realmente criollo o indígena; no en 
poblaciones que, como Buenos Aires y Montevideo, han 
modificado no poco su condición y lenguaje nativos. 
A formar el acento han contribuido los aborígenes 
con el suyo, en general grave y sombrío, tal vez 
blando y melodioso: ¿qué hay comparable en este 
punto al hechizo que causa el guaraní? En cuanto 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



al modo de articular, hase conservado notoriamente 
la tradición ibérica, manifestando a las claras el me- 
canismo peculiar del elemento godo-hispano modifica- 
do principalmente por el árabe y la consiguiente pro- 
pensión a hermanar unos con otros los diversos so- 
nidos. Allí, lejos de los centros de cultura social, 
quedan todavía vestigios de las causas generadoras del 
lenguaje castellano actual. Así la d, algunas veces, tira 
manifiestamente a/,y viceversa; de manera que en 
cierta ocasión nos costaba entender si la persona con 
quien hablábamos nos quería decir ladino o latino, y 
aún ella misma acaso no se daba cuenta de esta dife- 
rencia. Suelen aspirar la h, a veces con bastante in- 
tensidad, otras asemejándola a la g o j, y frecuente- 
mente aspiran también las simples vocales. La articu- 
lación de la j es suave, como buscando la y conso- 
nante, o la b aspirada, o bien la antigua x equivalente 
a ch, y a la inversa; por lo que no ha de extrañar que, 
en España y América, de caxa, xabón, Quixote se 
haya formado caja, jabón, Quijote. La v se confunde 
con la b, o más bien no se percibe. Lo mismo sucede 
con la z, que quiere ser siempre s; mas no la actual s 
española sino con un cierto dejo de z, que tal vez 
sea la antigua cedilla. La rr muy floja. 

La gente inculta de España, prosigue Covarru- 
bias, aprendió imperfectamente la lengua romana, y 
a los que la cultivaban y poseían con perfección, los 
llamaban ladinos. Estos eran temdos por discretos y 
hombres de mucha razón y cuenta, de donde resultó 
dar igualmente el nombre de ladinos a los que son 
diestros y perspicaces. Al morisco y al extranjero 
(dice textualmente) que aprendió nuestra lengua con 
tanto cuidado que apenas le diferenciamos de nos- 
otros, también le llamamos ladino. Infiérese de aquí 

C67} 



DANIEL GRANADA 



que, pasado el período incipiente del romance, califi- 
cóse de ladinos a los árabes que llegaron a expresarse 
con facilidad en castellano, así como a los moriscos 
que, aunque españoles, continuaron hablando la len- 
gua de sus progenitores. Lo mismo se verificó res- 
pecto de los extranjeros. De quien se decía ladino, 
queríase significar, por tanto, que estaba muy versado 
en la lengua romance de España* Así como en España 
de los árabes y moriscos, se dijo, y se dice, en Amé- 
rica ladinos de los indios, silvestres o reducidos, que 
hablaron, o que hablan, fácilmente el castellano. 

Indio muy ladino, que hablaba el castellano tan 
bien como nosotros, dice el P. Policarpo Dufo en la 
Relación de la entrada que se hizo el año de 1717 
al castigo de los infieles. 

«Para remediar en parte este inconveniente, 
hicieron los jesuítas que los indios ladinos aprendie- 
sen algunas pláticas.» (Azara.) 

«Diles a entender por dos ladinos que tenían, 
la ceguedad en que vivían.» (Fr. Francisco Murillo, 
Viaj. al Bermejo.) 

«Hablaban con enojo en su lengua; y al cabo 
de un buen rato, dijo el ladino: saca, padre, mucho 
tabaco, bizcochos y cuchillos.* (El mismo.) 

Habiéndose presentado en la ciudad de Mon- 
tevideo algunos caciques de la generación minuana 
a tratar de la paz con que se les convidaba, les hizo 
saber el Cabildo, por medio de una india ladina, 
que se publicaría bando para que nadie los moles- 
tase. Ladina en nuestro idioma, reza pleonástica- 
mente el acta capitular de 10 de marzo de 1763. 

«Paramos, dice D. Antonio de Pasos (Diar. de 
la nav. y rec. del Parag. 1790), y les habló el indio 
lenguaraz Toribio, del pueblo de Belén, en lengua 



C68] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



mbayá. . ♦ Luego que hubieron llegado, se les regaló 
y conocimos ser uno muy ladino, guaná de nación 
y criado desde chico por una señora de la Asunción.» 

En el sentido, no sólo de versado en la lengua 
castellana, sino también en los ritos y costumbres de 
los españoles, traen lo siguiente las Ordenanzas para 
el mejor gobierno del cabildo de Buenos Aires, apro- 
badas por Carlos II a 31 de diciembre de 1695: 
«para que los naturales de esta ciudad, como los de- 
más indios forasteros, tengan la reverencia que de- 
ben (en la fiesta del Santísimo Sacramento,)... 
ordenamos . . . que se encargue a uno de los alcaldes 
ordinarios que haga lista de todos los indios que sean 
ladinos, ... y conforme las naciones que hubiere los 
reparta, y haga danzas y representaciones», etc. 

«Todos aquellos indios que se han criado en las 
ciudades y poblaciones grandes, ejercitados en los 
oficios mecánicos, y hablan la lengua castellana, son 
mucho más advertidos que los que habitan en pue- 
blos cortos, y sus costumbres menos parecidas a las 
de la gentilidad: son expertos, capaces y no tan po- 
seídos de errores; razón porque se les da el nombre 
de ladinos j> (Ulloa y Juan.) 

«Ladino, na, adj. ant. Aplicábase al romance o 
castellano antiguo. — Que habla con facilidad alguna 
o algunas lenguas además de la propia, — Fig. As- 
tuto, sagaz, taimado.» (La Acad.) 

LAPACHO, m. — Arbol colosal de fuerte e 
incorruptible madera. Da una tintura amarilla. Por 
primavera se engalana con una flor morada pálida, 
cuya delicadeza contrasta con la áspera robustez de 
su tronco y ramaje y coa la tosquedad de su nombre. 
Su madera es a propósito para obras de construcción 
y de ebanistería, Btgnoniáceas. 



[69] 



DANIEL GRANADA 



LA PAZ. — Departamento de la provincia ar- 
gentina de Entre Ríos, junto al río Paraná y fron- 
teriza de Corrientes. — Capital del mismo departa- 
mento. — Departamento de la provincia argentina 
de Mendoza. — Capital del mismo departamento. 

LAPICERA, £ — Instrumento en que se pone 
el lápiz o la pluma para servirse de ellos. 

La Acad. sólo trae lapicero como instrumento 
en que se pone el lápiz para servirse de él. - — Tam- 
bién en Chile para la pluma (Rodríguez). 

LA PLATA. — Capital de la provincia de 
Buenos Aires. 34° 54 J lat. aust. 

LAQUE, m. — Entre los pampas, boleadoras 
compuestas de dos o de tres bolas. 

Laque es voz araucana, «y probablemente de 
origen patagónico» (Rodríguez). 

«Las armas que tienen los peguenches son lan- 
zas, Jaques y un macbetón, o catana, que así lla- 
man; pero de ningún modo espadas ni sables que no 
las apetecen ni saben usar. También gastan honda, 
y qutnchunlaque, que es una piedra sola aforrada en 
piel y pendiente de una cuerda, a distinción de los 
laques, que son tres piedras o dos unidas.» (D. Luis 
de la Cruz.) 

LA RIOJA. — Capital de la provincia argentina 
del mismo nombre. 29° 18'15 >P lat aust. — FunA en 
1591. 

LAS HERAS. — Departamento de la provincia 
argentina de Mendoza. 

LAUCHA, £ — Ratón pequeño muy común, 
campestre y casero. Azara dice que es diferente del ra- 
toncito común de España, aunque le representa^ y lo 
tiene por más bobo y menos Ugero. — Gato viejo, 



{70} 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



laucha tierna, expr» proverb, fig., cuyo' sentido pene- 
trará fácilmente un sátiro. 

^Del arauc. laucha, llaucha, 

propio en Chile (Rodríguez). 

^AVALLE. — Departamento de la provincia 
argentina de Corrientes. — V. SANTA LUClA. 

'. LAVATORIO, m. — Mueble que contiene los 
útilesj y del cual uno se sirve, para lavarse y peinar- 
se. — L Pieza de la casa, destinada al aseo y compos- 
tura jle la persona y en la cual se halla el mueble 
del rijiismo nombre. 

jLAZO, m. — Trenza formada de tientos de cue- 
ro vacuno regularmente de tres ramales, de diez a 
quince brazas de largo, con una argolla de hierro o 
de bronce en uno de sus extremos para formar lazo 
corredizo y enlazar animales. El otro extremo lo ase- 
guraiji en el recado del caballo que monta el enlaza- 
dor, particularmente si se trata de aprehender un toro 
o novillo, a fin de que, una vez enlazado, lo sujete 
la caballería, perfectamente adiestrada al intento. 

Lo propio en Chile (Rodríguez). 

«Hácense estos lazos de cuero de vaca» etc. 
(Juan y UUoa.) 

Arroja el lazo 
Sobre la res. 

(D. Andrés Bello.) 



LEALES. — Departamento de la provincia ar- 
gentina de Tucumán. — Capital del mismo depar- 
tamento. 

LECHIGUANA, f. — Especie de la familia de 
las avispas. — Panal de la lechiguana. 
LECHUZÓN, m. — Lechuza grande. 



[71} 



DANIEL GRANADA 



LEDESMA. — Capital del departamento del 
mismo nombre de la provincia argentina de Jujúy. 

LEGUA ARGENTINA. — Tiene cuarenta cua- 
dras (argentinas), equivalentes a cinco mil ciento 
noventa y seis metros. 

LEGUA BRASILEÑA. — Tiene seis mil ciento 
setenta y dos metros, ochenta y tres centímetros. 

LEGUA ORIENTAL. — Tiene sesenta cuadras 
(orientales), equivalentes a cinco mil ciento cincuen- 
ta y cuatro metros. 

LENGUA, m. — Dícese del indio cuya parcia- 
lidad, de las más feroces, vivía en el Chaco, próxima 
a los guaycurúes, con los cuales han solido confun- 
dirla. U. t. g s. — Perteneciente a dicha parcialidad. 

LEÑATERO, m. — Leñador. 

Observa D. R. J. Cuervo que Juan de Timoneda 
usa promiscuamente leñador y leñatero; pero agrega 
que es voz vulgar, etc. En el Río de la Plata rara 
vez, si alguna, se oye decir leñador. 

LICORERA, f. — Utensilio de mesa donde se 
acomodan las botellitas de licor. 

Lo mismo en Bogotá: frasquera (Cuervo), y 
en Chile (Rodríguez). 

LINTERNA, f. — V. ALÚA o TUCO. 

LOCRO, m. — Vianda de maíz cocido, adere- 
zada con vanos condimentos. 

Del quich, locro. 

Lo ero significaba en Quito antiguamente una 
vianda particular hecha de papas. 

«Además de ponerlas en todos los guisados, ha- 
cen uno particular que llaman locro.» (D. Antonio 
de Ulloa, Vid), a la Améf. merid.) Es probable que 
hoy signifique la misma cosa allí, que es la tierra 
de la patata, y en otras partes de América, y que, 



172] 



VOCABULARIO RIOPL ATENSE 



a favor de esa circunstancia, lo haya definido la Aca- 
demia: «vianda americana compuesta de patatas par- 
tidas y cocidas, carne, queso y chicharrones u otro 
comestible.» Pero no es así en el Río de la Plata, 
como queda establecido, ni tampoco en Chile, donde 
llaman lo ero a un guisado de trigo triturado y carne 
cocida, y locro falso a otro en que entran el zapallo, 
los porotos tiernos, la papa } el maíz y el huevo, según 
D. Zorobabel Rodríguez, Esto no quiere decir que 
en el Ecuador, en Chile o en el Rio de la Plata se 
aplique erradamente un mismo nombre a cosas dife- 
rentes; porque locro ha sido siempre un guisado en 
que entra un manjar cocido y vanos condimentos. 
«Y a medio día traen trescientos conejos, los cuales 
secan los indios al sol y los echan en sus guisados 
cocidos, que llaman logro } con mucho ají.» (El licen- 
ciado Salazar de Villasante, Perú, Reí. geogr* de Ind. 
publ. por D. M. Jim. de la Esp.) En otro pasaje 
el mismo autor, en vez de logro, locro. Se expresa 
así: «No hay liebre ni conejo, si no es en la tierra 
unos animalejos que en todo parecen liebres y tan 
grandes como ellas, que se llaman biscachas, salvo 
que tienen cola como raposa, y éstas comen los indios 
y hacen, un potaje dellas secas, que llaman en su len- 
gua locro, con ají, que es la pimienta, que llamamos, 
de las Indias.» (Ib., Perú en gen.) Como el locro 
(guisote perteneciente al género olla podrida del arte 
culinario) es comida del pueblo, ha debido suceder 
que, siendo uno de los mantenimientos aborígenes 
más abundantes del Ecuador la papa, de Chile el 
zapallo, y del Río de la Plata el maíz, diesen sus na- 
turales aquel nombre específico respectivamente al 
guisote de papas, de zapallo y de maíz. Sería, por 
consiguiente, a nuestro entender, legítima definición 



[73] 



DANIEL GRANADA 



del lo ero la que se concibiese en estos términos: 
vianda americana, que consiste en un manjar cocido 
y aderezado con varios condimentos. 

Lo propio que de la papa, el zapallo, el maíz, 
decimos del trigo, aunque importado en América por 
los españoles. Cultívase de muy antiguo en Chile, 
que lo produce en abundancia. Debió, pues, llamarse 
allí, en especial locro al de trigo, si bien más castizo 
el de zapallo, papas, porotos, maíz, a quien desfi- 
guran los chilenos calificándolo de falso, 

«El maíz para mazamorra y loa o.» (D. Isidoro 
De María, Mont. ant.) 

LOMAS. — Departamento de la provincia ar- 
gentina de Corrientes. — V. SANTA ANA. 

LOMILLERÍA, f. — Taller de arreos para ca- 
ballos y de aperos o enseres para el jinete trabajador 
del campo. Hacen en él lomillos (de donde le viene 
el nombre), caronas, riendas, lazos, rebenques t etc. 
— Tienda donde se venden esos objetos, que regu- 
larmente es en el mismo taller. 

LOMILLERO, m. — El que se ocupa en obras 
de lomillería, — El que está encargado de un taller 
o tienda de lomillería. 

LOMILLO, m. — Pieza del recado, que con- 
siste en dos especies de almohadas rellenas de junco 
o de totora, llamadas bastos, y sujetas por una lonja 
de suela. Colócase sobre la carona. Llevando armazón 
de madera y los bastos rellenos de aserrín, o de lana, 
llámase sirigote, 

LONJA, f, — Cuero descarnado y sin pelo. 

LONJEAR, a. — Hacer lonjas, descarnando un 
cuero y raspándole el pelo, sin levantar la piel, como 
quien afeita. 

(74} 



VOCABULARIO RIOPLATENSB 



LORETO. — Departamento de la provincia ar- 
gentina de Santiago, — Capital del mismo departa- 
mento. 

LORO BARRANQUERO. — Loro que habita 
y tiene su nido en las barrancas a pique de los ríos 
más caudalosos. 

LUJÁN. — Departamento de la provincia ar- 
gentina de Mendoza. — Capital del mismo departa- 
mento. 

LULÉ, adj. — Dícese del indio de una genera- 
ción establecida al sur del Chaco, en las inmediacio- 
nes del río Bermejo, dividida en varias parcialidades. 
Ü. t. c. s. — Perteneciente a dicha generación. — 
Lulé o lule, m. Su idioma. 

LUNAREJO, ja, adj, — Aplícase al animal que 
se distingue por uno o más lunares en el pelo. Ü. 
t. c. s. 

lo propio en la provincia brasileña de Río 
Grande del Sur, tomado del Río de la Plata (Beau- 
repaire-Rohan). 



{75] 



LL 



IXAPA, f . — Donativo de corta entidad que el 
mercader hace al marchante en el acto de despachar 
la compra. — Parte reforjada del lazo, hacia la 
punta, que es la que más trabaja y se desgasta con 
el roce de la argolla, y por donde se arma aquél al 
tiempo de lanzarlo. Es una añadidura del lazo, que 
se renueva cuando conviene. 

Con respecto a la primera acepción de la voz 
registrada, dijimos en la I a ed. de este libro: debe 
de ser una aplicación vulgar del término minero llapa, 
y es probable que haya nacido, y corra, en Méjico, 
Perú y Chile, países del oro y de la plata. Confirma- 
mos ahora esta inferencia, a vista de las indicaciones 
que hallamos sobre el particular en las obras de Cuer- 
vo y Solar, anteriores a la nuestra. La 2 a acep. es 
claro que tiene idéntico origen. 

Del quich. yaparía, según Cuervo. 

Dicen indistintamente Uapa, yapa y (vulgarí- 
simamente) ñapa* 

Quizás suceda lo mismo en toda la América, 
bien que en algunas partes predomina, o es exclusivo 
(como en Bogotá ñapa, según Cuervo), el uso de 
una de dichas formas. 

Una chtntta en una pulpería: «Media libra de 
yerba y una cuarta de azúcar. . . Ahora déme la 



{76] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



llapa.» El pulpero, dándole tres o cuatro maníes: 
«Tomá la ñapa» Una compañera de la compradora: 
«¿Qué yapa te dio, che?» 

A quien más corre apostó 
Tres besos Juan con Sofía. 
Aquél la apuesta ganó; 
Mas los besos que perdió 
Ella, pagar no quena. 

ÉL por fuerza, finalmente 
El primer beso le atrapa; 
Mas el segundo y siguiente 
Los pagó ella muy corriente, 
Y encima ... le dio la llapa. 

(D F. Acuña de Figuetoa.) 

Uapa y, la más común, yapa, son formas igual- 
mente admisibles; pero ñapa (con perdón de los 
cultos bogotanos) es intolerable. 

Yapa (Rodríguez). Llapa (Palma, Solar). 



177] 



M 



MACA, m. — Ave acuática, en general parda, 
incapaz de volar sino a flor de agua, ayudándose con 
las patas envueltas en el abdomen. Así como es ras- 
trero su vuelo en el agua, de la propia manera es 
tardo su andar, cuando sale a la orilla del río, de que 
nunca se aleja y por donde anida Apoyada en la cola, 
si cola puede llamarse un hacecillo de plumas, da 
uno y otro paso, como un inválido con su bastón, 
trabajosa y lentamente; por lo que, si se la sorprende 
en la costa, es fácil agarrarla. Hállase en los ríos 
Uruguay, Paraná y Paraguay, 

«Sólo he tenido dos (macas) idénticos vivos; y 
habiéndolos soltado en mi cuarto, manifestaron mu- 
cha actividad en la cabeza y cuello, porque lo demás 
estaba como tullido en tierra. Siempre estuvieron 
echados como ranas, con los tarsos vueltos afuera.» 
(Azara), 

Del guar. ma¿áng, especie de pato que trae sus 
pollitos, cuando son tiernos, en sus espaldas, dice Ruiz 
de Montoya. 

MACAGUA, m, — Ave de rapiña, de un pie 
y medio de longitud, aficionada a las víboras, a quie- 
nes embiste para devorarlas, y, en sintiéndose herida 
durante la lucha, come de una hierba, que, según 
Ruiz de Montoya, le sirve de contraveneno. «Así le 



£78] 



\ 



VOCABULARIO RIOPLATENSB 



llaman, porque canta con claridad su nombro 
(Azara») — Hierba de propiedades medicinales, en 
especial contra el veneno de la víbora. 

Del guar. macagua, ave y hierba antedichas. 

MACANA, f. — Arma ofensiva de los indios, 
a manera de garrote variamente dispuesto para hacer 
más destructores los efectos de su golpe. — Garrote 
corto, con manija. — Cabo del arreador, cuando es 
muy grueso. — Palo grueso y corto, de que usan los 
carreros para hacer cejar los bueyes, dándoles en las 
guampas. 

«(Del mej. macuahuitl, espada de madera; de 
maytl, mano, y quauitl, madero.) Arma ofensiva de 
que usaban los indios.» (La Acad.) 

D. Justo Zaragoza (nota en el Trat. del descu- 
br. de las Ind. por Joan Suárez de Peralta) define 
la macana: «garrote grueso de madera, usado en las 
Antillas y en ambas Américas,» agregando: «en rea- 
lidad no era espada, como algunos han creído, pues 
a ésta la nombraban en mejicano TepuzmacquaMÍtl^ 
Esta distinción resulta, con efecto, del relato de Pe- 
ralta, que es así: «Las armas (de los indios) eran 
flechas y porras, y macanas y espadas de palo metidos 
pedernales por filo para que cortasen.» Pero, ya en 
tiempos del historiador mejicano, la porra y espada 
de palo, así como otros instrumentos análogos de 
percusión que usaban los indios de América y del ar- 
chipiélago asiático, eran, en boca de los españoles, 
macana. Los historiadores, cuando querían (no siem- 
pre) precisar la clase de macana a que hacían refe- 
rencia, le daban un nombre particular correspondien- 
te a las armas de igual o parecida forma que se co- 
nocían en España: clava, porra, garrote, espada de 
palo, etc. No hay sino ver las Décadas de Herrera, 



[79} 



DANIEL GRANADA 



en donde se notará que es macana el asta, la cachi- 
porra, el hacha, la espada de palo, la clava y otras 
armas semejantes. Así, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, 
que había peregrinado largamente entre los indios 
del norte de Méjico, dio el nombre de macana a las 
espadas de palo que usaba cierta parcialidad de gua- 
raníes del Paraguay. «Y un indio, dice ( Com. del Río 
de la Plata), el que es tenido por más valiente entre 
ellos, toma una espada de palo en las manos, que la 
llaman los indios macana.» Otras parcialidades gua- 
raníes, además de la espada de palo, tbtrá quicé, 
tenían el garrote, tbtrá, la cachiporra, ibirá racan- 
gaguá, y la clava adornada de plumas, tbtrá aguá. La 
macana de los araucanos, lonco quillquill, era pro- 
porcionada a su proverbial fortaleza. Por último, unas 
tenían aguzada y tostada la punta, otras pedernales 
embutidos en la parte afilada. Todas estas armas, 
repetimos, quedaban comprendidas, por punto gene- 
ral, en el concepto de macana, cuyo término pasó 
desde Méjico, en boca de los españoles, hasta el es- 
trecho de Magallanes e islas Filipinas. 

MACANAZO, m. — Golpe dado con la ma- 
cana. — Golpe dado con el cabo del arreador. — 
Garrotazo. — En sent. fig., acción o resolución 
brusca y desarreglada. 

MACETA, adj. — Dícese del caballo o yegua 
que tiene nudos en las rodillas y pies. 

Lo propio en la prov. bras. de R. G. del S> 
(Beaurepaire-Rohan) ♦ 

MACIEGA, f. — Hierba compuesta de hojas 
semejantes a la de la espadaña o totora, pero mu- 
cho menos alta y más recia. 

MACIEGAL, m. — Terreno lleno de maciega. 



[80] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



MACHI, m. — Curandero mágico de los 
pampas. 

Del arauc. machí. 

MADRINA, f. — Yegua de la tropilla; ma- 
neada, es el seguro y descanso del dueño o conductor 
de los caballos que la forman — V. TROPILLA. 

Lo propio en Chile (Rodríguez) y en el Perú 
(Palma). 

«Cuando quieren que no se disperse una tropilla 
como de cincuenta caballos, ponen entre ellos una 
yegua, llamándola madrina.» (Azara.) 

«Tienen manadas de a trece y catorce caballos, 
con una yegua que llaman madrina, de que jamás 
se apartan.» (Estala, Carta sobre el Tucumán, Vtaj. 
univ.) 

MAGALLÁNICO, ca, adj, — Perteneciente al 
estrecho de Magallanes. — Perteneciente a las tie- 
rras que están al norte del Estrecho, o sea la Pa- 
tagonia. 

«Por el sur tiene (Tucumán) las pampas de la 
tierra magallánica.» (Ulloa.) 

«Por el sur, desde el cabo Blanco, prolongaba 
(la provincia del Paraguay) sus términos hasta el 
Estrecho, dominando con los títulos de derecho, y 
no con efectiva conquista, la provincia magallánica 
o de los patagones, hasta los contornos de Chile.» 
(El P. Guevara.) 

«Concerniente al estrecho de Magallanes » (La 
Acad.) 

MAJADA, f. — Manada o hato de ganado lanar. 
«Estos perros (los ovejeros) echan la majada 
del corral por la mañana,» etc. (Azara.) 

MALACARA, adj. — Dícese del caballo o ye- 



[81} 



DANIEL GRANADA 



gua que tiene una lista blanca en la cabeza desde la 
frente al hocico, Ü. t. c. s. 

Lo propio en la prov. brasil, de Río Grande 
del Sur (Beaurepaire-Rohan) tomado de sus vecinos 
los rioplatenses. 

MALDONADO- — Ciudad cabecera del depar- 
tamento del mismo nombre de la Rep. O. del Urug. 
Fund. en 1763. 

MALEZAL, m. — Espacio de tierra poblado 
de maleza, o hierbas inútiles, perjudiciales o bravas, 
como el abrojo y el caraguatá, 

MALOCA, f. — Invasión ejecutada con pillaje 
y exterminio. — Antiguamente (siglos decimosexto 
y decimoséptimo), incursión en tierras de indios, 
arrebatando a éstos y reduciéndolos a cautiverio, 
como lo ejecutaban los crueles mamelucos^ o mo- 
radores de San Pablo del Brasil, quienes extendieron 
sus devastadoras correrías a las reducciones guara- 
níes que los jesuítas tenían a cargo en la provincia 
de Guaira, asoladas totalmente a sangre y fuego, y 
cuyos restos, capitaneados por el padre Antonio Ruiz 
de Montoya, bajaron a establecerse entre el Paraná y 
Uruguay, al sur del Igua2Ú, donde se hallaban al 
tiempo de la terrible expulsión decretada por Car- 
los III. 

Del arauc. malocan. 

«El gobierno portugués siguió las máximas con- 
trarias a las de Alfaro, pues sobre incitar por todos 
los medios a los particulares, les daba auxilios, armas 
y municiones, y les permitía vender por esclavos 
perpetuos a los indios que pillaban en sus moelocas 
o incursiones.» (Azara.) 

MALÓN, m. — Acometida ejecutada por indios 
salvajes. — Acometimiento aleve, sorpresa. 



{82] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



Del arauc. y pampa malón. 

Lo propio en Chile (Rodríguez). 

«Este paso tiene el nombre de Aucases, porque 
fue hecho por los infieles, por el que pasaban a sus 
malocas, malones, como ellos llaman.» (D. Esteban 
Hernández, Exp. del Diamante al río Quinto.) 

MALOQUEAR, a. — Ejecutar depredaciones, 
invadiendo tierras extrañas. — Antiguamente, cau- 
tivar indios, haciendo al efecto incursiones en sus 
tierras, como lo ejecutaban los paulistas. 

«Hasta este lugar han llegado los guiliches a 
maloquear a los peguenches.» (D. Luis de la Cruz, 
Exped. etc.) 

En Chile también maloquear (Rodríguez). 

MALOQUERO, m. — El que salía a maloquear. 

MALVINAS (islas). — Archipiélago en 51 9 
a 52? 45' de lat. aust., ocupado por los ingleses. 
Corresponde geográficamente al territorio de la Pa- 
tagonia y pertenece de derecho a la Confederación 
Argentina. 

MAMA, f. — Tratamiento que los hijos dan 
familiarmente a sus padres. Es expresión cariñosa. 
Entre la gente culta alterna con mamá; el vulgo no 
dice nunca mama, sino mama. 

Dicen también mamita. 

Lo propio en el Perú (Palma). Ü. t. en Chile 
(Rodríguez) y en Bogotá ( Cuervo )♦ 
Véase TATA. 

MAMBORETÁ, m. — Insecto de color ceni- 
ciento, cuerpo delgado y largo, del mismo modo que 
las patas, de ojos y boca grandes, y de suma viva- 
cidad. Mira fijamente, moviendo hacia una y otra 
parte la cabeza con expresivo ademán. No huye de 
la gente, y los niños se entretienen preguntándole: 



(83] 



DANIEL GRANADA 



¿dónde está Dios?, porque suele levantar una de las 
patas delanteras, apuntando al cíelo, y ellos suponen 
que lo hace respondiendo a la pregunta. Por eso le 
llaman también profeta. 

MAMELUCO, ca, adj. — Decíase antiguamen- 
te de los moradores de San Pablo del Brasil, famosos 
por sus crueles depredaciones o malocas. Usáb. t. c. s. 

Alusión a los insubordinados y temibles mame- 
lucos de Egipto. 

Mameluco dícese al presente, en el Brasil, del 
que procede de mestizo (cunboca) y blanco, y cuya 
piel es de un color pardo acanelado. 

MAMELUCO, m. — Vestido que consiste en 
una blusa o camiseta y calzón largo, formados de 
una sola pieza. Pónese especialmente a los niños 
para dormir, a fin de que, aun cuando se destapen, 
queden siempre cubiertos y abrigados. 

Alúdese, sin duda, con este nombre a vestimenta 
semejante usada por los antiguos mamelucos de San 
Pablo del Brasil. 

MANADA BURRERA. — V. MANADA DE 
RETAJO. 

MAMÓN, m. — Árbol que da en el tronco 
un fruto semejante a un melón pequeño. — Fruto 
de este árbpl. El fruto sirve para hacer dulce; crudo, 
en ayunas, es vermífugo. 

MANADA DE RETAJO. — Tropilla de ye- 
guas y burros, para la cría de muías. V. RETAJAR, 

MANCARRÓN, adj. — Aplícase al caballo 
viejo o ya muy estropeado, casi inservible por efecto 
de su vetustez. Ú. t, c. s. 

Derivado de manco, adj. que se aplica, según la 
Acad., al animal que tiene perdido el uso de las manos, 
y que, en sentido figurado, equivale a defectuoso. 



184] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



Los araucanos dijeron manca, mancun, del c& 
baile jo manco, maltratado (Febrés, Calep.). Pero es 
indudable que tomaron el vocablo de los españoles; 
puesto que éstos importaron el caballo en América. 
Hacemos esta observación, porque un erudito lexicó- 
logo, que tiene por provincialismo de su país la pa- 
labra manco aplicada al caballo inservible, la consi- 
dera procedente del araucano mancu, mane un. 

Salvá dice ser prov. de la Amér merid, 

«Los muchachos lecheros cabalgando en sus 
mancarrones.» (D. Isidoro De Mana, Mont, ant.) 

MANCHA, f. — Enfermedad terrible y conta- 
giosa que acomete especialmente al ganado vacuno. 
Hínchase el animal y muere; quitado el cuero, há- 
llase una mancha del lado de la hinchazón. 

«En estos últimos tiempos (fines del siglo de- 
cimoctavo) se ha declarado otra cruel enfermedad, 
llamada la mancha, que empezó por los animales y 
pasó a los hombres, costando la vida a muchos. Es 
una especie de carbunclo contagioso, acompañado de 
una gran disolución, que en pocos instantes pone 
monstruosa la parte afecta, y a las veinticuatro horas 
acaba con el paciente, si no es socorrido en tiempo.» 
(El brigr. Don Diego de Alvear, Reí. geogr. e hist. 
de la piov. de Mis.) 

MANDl, m. — Especie de bagre, de unas tres 
cuartas de largo y de carne muy delicada. 

Del guar. mandil. 

Es sin duda el impropiamente llamado mandubí. 

Dorados hay enormes y crecidos, 
Mandís, rayas, pacúes amarillos. 

(Barco Centenera.) 



[85} 



DANIEL GRANADA 



MANDINGA, amb. — Encantamiento, bruje- 
ría, y también diablo. He aquí algunos ejemplos de 
la manera de usar esta voz. Parece mandiga, que no 
puedo dar con las llaves. Tienes mandinga en el 
cuerpo i muchacho: todo lo rompes y des arreglas \ Ni 
que tuvieses mandinga. Es mandinga, o parece cosa 
de mandinga: todo me ha de salir al revés. Me lleva 
mandinga, cuando tal veo, u oigo. Es un mandinga* 

Mandinga es voz de procedencia probablemente 
africana. 

En el Perú (Palma) y en Chile (Solar), por 
diablo. 

Trae también este vocablo D. Baldomero Ri- " 
vodó, con la significación de persona tnqmeta y 
revoltosa, que conviene perfectamente con la estable- 
cida por nosotros. Se habrá advertido que se usa 
siempre en sentido figurado. 

MANDIOCA, f. — Planta de raíz feculenta en 
figura de huso muy prolongado, y de tallo formado 
de médula blanca, el cual, según la clase, terreno 
y cultivo, alcanza a tener de uno a cuatro metros de 
altura. Abunda en el Paraguay, Misiones, Corrientes 
y Entre Ríos (al norte), y al oeste del Paraná en 
algunas provincias. No se da fuera de los 31^ y 
medio de lat. Cómese el tubérculo cocido, asado o de 
cualquier otro modo, como la papa o la batata. De 
él hacen almidón y pan en el Brasil (donde se cul- 
tiva extensamente), tapioca y fariña. También hacen 
almidón, fariña, etc. en el Paraguay y Corrientes. 

Del guar. mandióg. 

«Arbusto que crece en las regiones cálidas de 
América, de dos a tres metros de altura, con una 
raíz muy grande y carnosa, hojas profundamente di- 



[86} 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



vididas y flores dispuestas en racimo. — Harina que 
se saca de la raíz de este arbusto.» (La Acad.) 

V. FARIÑA, TAPIOCA, POPÍ y CHIPÁ. 

MANDIOCA BRAVA. — La muy alta y sil- 
vestre, que no sirve para comer. La más baja, o de 
tallo corto, es la que tiene mejor y más cantidad de 
fécula. 

MANDIYÜ, m. — Planta pequeña, de flor 
blanca, que da en la raíz un bulbo semejante a una 
bola de algodón amarillo. 

Del guar. mandíyu o amandiyú, algodón. 

MANDUBI, m. — Planta que da el maní. — 
Su fruto. 

Del guar. mandubí. 

Lo corriente es decir maní. 

Hállase empleada en los escritos históricos del 
Río de la Plata, y úsala el vulgo de Corrientes, Mi- 
siones y el Paraguay. 

«Los cuales (guaraníes) les dan en trueque de 
lo que traen, mucho maíz y mandioca y mandubís, 
que es una fruta como avellanas o chufas, que se cría 
debajo de tierra.» (Cabeza de Vaca.) «Hay (en el 
Paraguay) una fructa que se dice mandubí, que se 
siembra y nasce debaxo de tierra; y tirándola la rama, 
se seca o arranca, y en la rayz está aquel fructo me- 
tido en capullos como los garbanzos y tamaño como 
avellanas, y asados y crudos son de muy buen gusto.» 
(Oviedo.) 

En Colm. mandoví del Brasil. 

MANDUBÍ, m. — Pez. V. MANDl 

MANEA, f. — Pieza de cuero sobado o de tien- 
tos trenzados, dispuesta convenientemente para abra- 
zar y mantener juntas las manos de las bestias, a 
fin de que no se escapen. 



C87] 



DANIEL GRANADA 



Su sinónimo maniota no es usado. 

Lo propio en el Perú, según D. Ricardo Palma. 

MANEADOR, m. — Tira larga de cuero so- 
bado, la cual sirve, para atar el caballo, hacerlo pas- 
tar a soga, apealar animales, etc. 

MANGA, f. — Senda corta, formada por dos 
palanqueras o estacadas que van estrechándose hasta 
la entrada de un corral o brete en las estancias, o 
hasta un embarcadero en las costas en el primer 
caso, para encerrar o embretar animales; en el se- 
gundo para transportarlos de una a otra parte. 

Del término de montería manga. 

«Para facilitar dicho paso de ganados, hay lo 
que llaman manga, y se reduce a dos hileras de es- 
tacas fuertes clavadas, que van estrechando su dis- 
tancia hasta en el agua: no dan paso sino a una carga 
o animal. Metido el ganado en la manga, lo aprietan 
y hacen salir por la trompa ya nadando, y lo dirigen 
por los costados por canoas hasta la banda opuesta. 
En otras ocasiones guían la tropa con caballos prác- 
ticos, y otros amarran cuatro o seis reses separada- 
mente en cada costado, balsa o botecillo.» (Azara.) 

MANGA (de langostas). — Nube de langostas. 

MANGANGÁ, m. — Abejón. Cría una miel 
pastosa consistente. Hace el nido con preferencia en 
las cumbreras, cañas tacuaras y palos de los ranchos 
y ramadas. 

Del guar. mangangá, 

Parece tin mangangá. Expr. proverb. con que se 
moteja o reprende al que marea o incomoda con 
su charla, particularmente si lo hace refunfuñando, 
con alusión al monótono zumbido de aquel abejón, 
cuando vuela, que lo hace dando vueltas durante un 
largo rato en torno del objeto donde quiere posarse. 



[88} 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



MANGRULLO, m. — Atalaya armada en las 
famas de un árbol. — Por trasl., el que está de ata- 
laya en la armazón antedicha o simplemente en un 
árbol. — Especie de bagre muy grande, que alcan- 
za a tener hasta un quintal de peso. 

«A las 4 nos avisó el que estaba puesto de 
mangrullo , se divisaba por las orillas del río Bermejo 
mucha polvareda.» (El gobernador del Tucumán 
D. Gerónimo Matorras, Exp. al Chaco, 111 A, en 
Angelis.) 

MANGUEAR, a. — Dirigir, guiar o atraer con 
cautela y maña el ganado o un animal cualquiera 
que se dispara, en lugar de perseguirlo con violencia; 
a fin de evitar su completa dispersión o fuga, o de 
agarrarlo. — En sent. fíg. y fam,, atraer, conducir 
artificiosamente una persona al término que se desea. 

El sentido recto de la palabra es, en Chile, según 
D. Zorobabel Rodríguez, espantar los animales o aves 
de caza, a fin de que se pongan a tiro del cazador; 
pero el sentido figurado, por los ejemplos que pone, 
viene a ser exactamente el mismo que tiene en el Río 
de la Plata, conforme a la respectiva definición que an- 
tecede. Aun el sentido recto concuerda en ambos 
países, considerado el fin con que se ejecuta la refe- 
rida operación de caza, que es poner los animales en 
situación conveniente al intento del cazador. Por lo 
demás, el verbo manguear, tanto en uno como en 
otro sentido, es legitima derivación del término de 
montería manga, que significa gente que en las ban- 
das forma linea para dirigir la caza a un paraje deter- 
minado, según se expresa la Acad. 

Para formarse una idea más perceptible aún del 
significado de manguear, basta saber que cuando al- 
gún animal se dispara y sale a perseguirlo una per- 



[89} 



DANIEL GRANADA 



sona en cuya baquía no se tiene la necesaria confian- 
za, se le hace la siguiente prevención, que es como 
proverbial, no lo corra; manguéelo. 

Beaurepaire-Rohan dice que en la provincia de 
Río Grande del Sur del Brasil manguear significa 
repuntar los animales a intento de dirigirlos o hacer 
entrar en esa especie de corral a que llaman man- 
guetra. Tanto manguear como manguetra (mangue- 
ra) es indudable que los tomaron del Río de la Plata 
los nograndenses. Muy bien nos parece que define 
dicho autor la manguera: corral grande adonde se 
pueden manguear (dirigir) animales, tanto mansos 
como bravos. Hácenla a continuación de una cerca 
por la cual los animales siguen como iludidos. La 
cerca a que alude Beaurepaire-Rohan es la manga 
(V.), que regularmente tienen las mangueras . 

MANGUERA, £ — En las estancias, matade- 
ros, etc., corral grande, cercado de postes o de piedra, 
para encerrar ganado. 

V. MANGUEAR y MANGA. 

MANGURUYÜ, m. — Pez de los ríos, sin es- 
cama, pardo barroso, rechoncho, de cabeza descomu- 
nal, ojos diminutos y huevas verdes. Vive en el fango, 
entre las piedras o donde hay tosca, cuyas cuevas y 
grietas le permitan ocultarse, como si, avergonzado 
de su fealdad, quisiera que nadie lo viese. Lo hay 
también en los arroyos, de peor catadura aún que el 
de los ríos, y cuyas tripas y huevas de un color verde 
subido, que trae a la mente la idea del veneno. Así, 
la primera vez que lo vimos, nos pareció cosa del 
infierno, y, temiendo que nos matase, no nos atrevi- 
mos a comerlo. Sin embargo, el manguruyú es uno 
de los mejores pescados que hay en los ríos y arroyos. 

190] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



Nos olvidábamos de decir que, a pesar de que, 
en la ocasión a que nos referimos, hacía ya algunas 
horas que los manguruyúes (que eran dos muy pe- 
queños) habían salido del agua, vivían aún. Traían- 
los ensartados; y juntos así, peleaban encarnizada- 
mente, dándose el uno al otro de puñaladas con sus 
recias espinas, como dos furias moribundas. 

MANIJA, f. — Trenza o cordón que, sujeto 
en el cabo del rebenque o arreador, y aplicado a la 
muñeca sirve para llevarlos más seguros. 

«En algunos instrumentos, parte donde se fija 
la mano para usar de ellos. — Especie de sortija 
o abrazadera de hierro u otro metal con que se 
asegura una cosa.» (La Acad.) 

MANIMBÉ, m. — Pajanllo de color aplomado 
con manchas pardo-oscuras. 

Del guar. manimbé. 

«Extiende (el mantmbé) su domicilio hasta el 
Río de la Plata.» (Azara.) 

MANZANA, f. — «En las poblaciones grandes, 
conjunto aislado de varias casas contiguas.» (La 
Acad.) 

En todas las ciudades, villas y pueblos del Río 
de la Plata, ocupa la manzana, salvas raras excep- 
ciones, una cuadra cuadrada. Esto da lugar a que por 
manzana se entienda regularmente una cuadra cua- 
drada de casas y también una cuadra cuadrada de 
terreno (aunque no tenga casas), siempre que 
esté comprendida en el recinto de una población 
y competentemente delineada. Por la misma razón, 
cuando un conjunto de casas circunscrito por calles 
no ocupa una cuadra cuadrada, se dice que es irre- 
gular la manzana que forma. 

MARACÁ, m. — Instrumento músico de los 



191] 



DANIEL GRANADA 



guaraníes, que consiste en una calabaza seca, con 
maíz o chinas dentro, para acompañar el canto. 
Del guar. mbaracá. 

El maraca, bocina y atambores 
Resuena por el bosque. 

(Barco Centenera.) 

MARACANÁ, m. — Loto de colot, ora verde 
oscuro, con manchas azules y rojas, ora verde más 
claro, con manchas amarillentas y rojizas, muy bulli- 
cioso. Hace el nido en los huecos de los árboles. 

Del guar. maracaná, con alusión a la algazara 
que a cada paso levanta, cuando anda en bandadas. 

«Estaba (el maracaná) suelto en mi cuarto, don- 
de una viudita le provocaba, según su costumbre, con 
besos y todo género de coqueterías, hasta que lo ena- 
moró en términos que mi maracaná perdió el juicio, 
sin que la viuda permitiese otra cosa que las que 
consienten las coquetas, no obstante de que el mara- 
caná instaba. Al fin murió este infeliz; de amores no 
satisfechos.» ( Azara. ) 

MARAGATO, ta, adj. — Dícese del nacido en 
la ciudad o departamento de San José (R. O. del U.). 
Ú. t. c. s. — V. JOSEFINO. 

MARCELA, f. — Planta aromática muy abun- 
dante, leñosa, cuyas hojas, así como sus flores, que 
son de un color pálido amarillento, sirven de remedio, 
tomadas a modo de té, en los cólicos, descompostura 
de estómago, etc. ¿Qué familia, en la ciudad o en el 
campo, no tendrá de prevención un poco de márcela? 

Marcela hembra. Achirocline mathioloefolia D, 
C. (asteroideoe: comp.), según Gibert. 



[92] 



VOCABULARIO RIOPLATENSB 



Marcela macho. Gnaphalium cheiranthifolium 
Lam. (id.), según Gibert. 

MARCHANTA (a la). — Expr, adv. que, con 
los verbos echar y tirar, significa arrojar cualesquiera 
objetos entre muchedumbre de gente para que los 
haga suyos el primero que los agarre, como cuando 
se desparraman monedas en medio de una turba de 
muchachos. 

MARCHANTE, ta, m. y f . — Persona que com- 
pra habitualmente a un mismo mercader, con prefe- 
rencia a otros. 

Lo propio en Chile y en Cuba (Rodríguez). 

«Marchante, adj. — Pr. And. Parroquianos.» 
(LaAcad.) 

MARLO, m. — Espiga, y en particular tronco 
que queda de la mazorca, después de desgranado el 
maíz. — Por trasl., cualquier tronco que más o me- 
nos se le asemeje. 

«El marlo de la cola ( del ñurumí: tamanduá) 
es aplanchado lateralmente.» (Azara,) 

MARQUESADO. — Departamento de la pro- 
vincia argentina de San Juan. 

MASCADA, f. — Porción de tabaco negro que 
de una vez se toma en la boca, para mascarlo. Úsanlo 
los hombres de campo, especialmente cuando em- 
prenden un trabajo muy pesado o se arrojan al agua 
en invierno, y en otras ocasiones semejantes, porque 
les comunica esfuerzo y calor. 

MATACO, ca, adj. — Dicese del indio cuya 
parcialidad vagaba j>or las inmediaciones del río Ber- 
mejo, en el Chaco. Ü. t. c. s. — Perteneciente a dicha 
parcialidad. — Especie de tatú, menor que la mulita, 
que se arrolla enteramente, para defenderse, quedando 
como una bola. 



193] 



DANIEL GRANADA 



MATAGUAYO, ya, adj. — Dícese del indio 
cuyas parcialidades moraban en el Chaco, cerca del 
Pilcomayo, tierra adentro, Ü. t. c. s. — Perteneciente 
a dichas parcialidades. 

MATAMBRE, m., sínc. de mata hambre. — 
Lonja de carne que está entre el cuero y las costillas 
del animal vacuno. 

Lo propio en la provincia brasileña de Río Gran- 
de del Sur (Beaurepaire-Rohan), tomado de sus ve- 
cinos los rioplatenses. 

«Otras veces matan (los gauderios) una res 
sólo por comer el matambte, que es la carne que tiene 
entre el pellejo y las costillas.» (Estala.) 

MATAOJO, m. — Arbol cuyo humo irrita ex- 
traordinariamente la vista, de hoja estrecha. Da una 
semilla aovada durísima, del tamaño de un huevo de 
paloma próximamente, envuelta en cascara leñosa. 
Labatia ¿alictfolia Man. (sapotacece: dtospyrotdece), 
según Gibert. 

MATARÁ, adj. — Dícese del indio cuya par- 
cialidad, derivada de los lulés, corría el sur del Cha- 
co. U. t. c. s. — Perteneciente a dicha parcialidad. 

Amistados los mataraes con los españoles, se 
redujeron a la vida civil, íormando un pueblo nume- 
roso que llevaba su nombre, fundado por el gober- 
nador Alonso de Vera y Aragón, a fines del siglo 
decimosexto. Acosados por ios mocobíes, tobas, etc., 
trasladóse el pueblo a Santiago del Estero, junto al 
no balado. 

MATARÁ. — Departamento de la provincia 
argentina de Santiago. — Capital del mismo depar- 
tamento. 

MATE, m. — Infusión de la yerba que se ex- 
trae del árbol denominado botánicamente üex para- 
lé 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



guayenús, — Calabacita en que se toma dicha infu- 
sión. — Pieza de madera, loza, plata, etc., en forma 
de mate. — Calabacino, o cáscara seca de la calaba- 
xa, con una abertura y tapa de lo mismo, para tener 
líquidos o cualquiera otra cosa. 

La voz mate es originaria del Perú. Su primitivo 
sentido fue el de calabaza, así como el de su cáscara 
usada como receptáculo, ya de líquidos, ya de otros 
objetos. «Danse en los indios paiconos, veinte leguas 
de la ciudad (de Santa Cruz de la Sierra), unos ca- 
labazos o mates muy hermosos a la vista, y hacen 
algunos dellos a botija y media y a dos botijas de 
agua; sirven de tener ropa en ellos » (Reí. geogr. 
de Ind., Santa Cruz de la Sierra.) Conservó, en boca 
de los españoles, el propio nombre de mate, cuando 
sirvió de vasija para tomar mediante una bombilla la 
infusión de la yerba a que nos referimos en la pri- 
mera acepción del vocablo. Pero, tomándose después 
el continente por el contenido, llamóse también mate 
a esta misma infusión. De ahí las dos principales 
acepciones que actualmente tiene en el Río de la 
Plata y otros países de América la voz mate: la infu- 
sión de la yerba y el receptáculo en que se toma. Si 
el mate es de forma ovalada, recibe además el nom- 
bre especial de porongo. 

La yerba del mate se saca del árbol botánicamente 
denominado ilex paraguay ensis. el cual se cría, for- 
mando extensos bosques, en las vertientes de los ríos 
Uruguay y Paraná y en las del este del Paraguay. 
Tiene el tamaño de un naranjo; sus hojas son per- 
manentes. Llámase árbol de la yerba, árbol del mate, 
o simplemente yerba. Un terreno poblado de esta 
clase de árboles, ya silvestres, ya cultivados, recibe 



{95] 



DANIEL GRANADA 



el nombre de yerbal. Famosos son los yerbales del 
Paraguay, de Misiones, de San Pablo del Brasil. 

Hay vanas clases de yerba. La del Paraguay es 
la más rica y estimada; pero la argentina y brasileña 
tienen mayor consumo, tanto por su baratura, como 
por estar más habituadas a su uso la generalidad de 
las personas. La misionera, que es la más suave, es 
casi tan menuda como el polvo, y trae muchos palos, 
o sea pedacítos del tronco de las ramas, defectos de 
preparación que la hacen desmerecer y aminoran su 
despacho. 

Los jesuítas cultivaban por mayor el árbol del 
mate, y para la preparación de la yerba clasificaban 
las hojas en tiernas (caá qm) } chicas (caá mlrí) y 
grandes ( caá guacú). Casi todas las reducciones tenían 
sus yerbales, que beneficiaban cuidadosamente en 
tiempo oportuno. En el Paraguay, hasta el año de 
1865, en que empezó la desoladora guerra con sus 
hermanos del Plata y el Brasil, se siguió cultivando 
con igual esmero y perfección de procedimientos la 
yerba del mate, entonces tan exquisita que nadie es- 
crupuhzaba el pagar uno o dos pesos fuertes por la 
libra, a trueque de saborear su delicada sustancia. 
Pero eso, a la verdad, era tomarse mucho trabajo y 
entretenerse demasiado. ¿Para qué cuidar yerbales, si 
son árboles del monte? Esperar a que estén en sazón 
para beneficiarlos, impacienta. Eso de ir eligiendo y 
entresacando las ramttas de la planta, sin dañarla, es 
cosa que sólo a los jesuítas se les podía ocurrir. Hoy 
el procedimiento es más simple y ejecutivo. Trepado 
el yerbatero en el árbol, y facón en mano, menudea 
tajos a diestro y siniestro, derribando ramas, chicas y 
grandes, hasta dejarlo limpio. El modo de preparar 
la yerba está naturalmente en armonía con la ga- 



[96} 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



Ilarda soltura del yerbatero, al extraerla de los árbo- 
les que fueron. Así son las yerbas que nos propinan, 
que por lo regular caen como brebajes en el estó- 
mago. El bálsamo de Fierabrás, que Don Quijote 
recomendó a Sancho, no era, sin duda, más bravo. 

A la operación de servir la bebida de que se 
trata, dicen con entera propiedad cebar mate; pues 
se le va echando yerba nueva, a medida que se ex- 
trae la que ya ha perdido la sustancia. Si no se re- 
nueva la yerba cuando conviene, quedando chirle el 
mate, se dice que está lavado. La calabacita es el mate 
más usado, y el mejor, después de curado; los de me- 
tal queman la hierba y pronto la dejan lavada» Por 
consiguiente, quien quiera tomar mate bueno, tiene 
que ser modesto a la fuerza. Prepárase poniendo en 
la calabacita una bombilla, regularmente de plata, 
por la cual se sorbe el líquido En seguida se echa 
la yerba, -y luego, con cierto arte, agua caliente; con 
lo que queda cebado un mate amargo o cimarrón, 
que es el más tónico. El dulce se ceba poniéndole 
cada vez, antes que el agua, una cucharadita de azú- 
car. Tómase también el mate con leche, azúcar que- 
mada, cáscara seca de naranja y canela 

Los indios guaraníes precedieron a los españoles 
en el uso del coa; pero aún no hacía un siglo, cuando 
la conquista espiritual de la provincia de Guayrá, 
que lo venían empleando como bebida, la cual, pri- 
mitivamente, sólo era conocida de los hechiceros, que 
la tomaban para infundirse el espíritu mágico de que 
se decían poseídos. Cuenta Ruiz de Montoya que los 
guaraníes ponderaban la excelencia de la yerba, ase- 
gurando que alienta al trabajo, sirve de sustento, purga 
de flemas el estómago y despierta los sentidos, y que 
los españoles la teman por experimentado remedio 

[97] 



4 • T. II 



DANIEL GRANADA 



del mal de orina. Nota asimismo Montoya la seme- 
janza que tienen el vocablo caá (yerba del mate) de 
los guaraníes y el cha (té) de los chinos, no menos 
que la de algunas de sus propiedades. Las antedichas 
de la yerb^ tíénelas acreditada, y acredita, la expe- 
riencia cuotidiana, con más o menos eficacia. D. Pe- 
dro Felipe Monlau dice del dex paragu-ayensis que 
e& planta de virtudes análogas, y superiores, al té de 
la China. Pero sólo el mate amargo las posee entera- 
mente beneficiosas. Eso no obstante, cuando se toma 
mate, se toma, amargo o dulce, por el solo gusto de 
tomarlo, no porque sea estomacal o nutritivo; de don- 
de fácilmente se hace uno vicioso. Algunos lo son 
tanto, que, desde que se levantan hasta que se acuestan, 
no dejan de la mano el mate. Tómase a cualquier 
hora del día o de la noche, sin que haga daño, salvo 
que puede desvelar, cuando se ha menester de des- 
canso En cambio, esta propiedad excitativa pone al 
mate en línea de bebida intelectual o hipocreme de 
los sabios, como se dijo del café, por el movimiento 
cerebral que ocasiona. 

Un ej. práctico. Los hombres de campo, cuando 
tienen que ejecutar ciertos trabajos que, como el 
aparte de ganados, requieren una aplicación conti- 
nuada de sus esfuerzos, se desayunan con un churrasco 
y unos mates al amanecer, y no vuelven a probar 
alimento hasta la noche. Lo mismo hacen las chinas 
lavanderas: levántanse con el alba; toman unos ma- 
tes (con un churrasquito, si lo tienen), y echándose 
a la cabeza el enorme atado, van a la orilla del río 
o arroyo, etc., en que lavan, y allí permanecen todo 
el día ocupadas en su faena, aprovechando sólo la 
ocasión de tender la ropa para volver a tomar unos 



[98} 



VOCABULARIO RIOPLA TENSE 



mates, lo que repiten a la caída de la tarde, que es 
cuando se retiran. 

«Mate, m. — Arbolito parecido al acebo, con 
hojas lampiñas, oblongas y algo aserradas, pedúncu- 
los axilares muy ramosos, estigma de cuatro gajos, y 
huesecillos venosos. Se cría en la América Meridio- 
nal. — Hoja de este arbolito que, tostada, y mace- 
rada después, es uno de los principales ramos del 
comercio del Paraguay. — Infusión de estas hojas, 
la cual se usa como bebida estomacal. Para tomarla 
se echa la hoja en una cáscara de calabaza, con agua 
callente y azúcar, y se introduce un especie de bom- 
billo por el cual se aspira el liquido. En el Brasil le 
toman en taza, como si fuera té. — Taza en que 
se toma en América el mate, la cual se hace común- 
mente de cáscara de coco o de otro fruto. — Perú. 
Jicara, vasija de madera.» (La Acad.) 

MATERO, ra. adj. — Tomador de mate. 

También en Chile (Rodríguez). 

MATETE, m — Mezcla de sustancias deshechas 
en un líquido, formando una masa inconsistente. Üs. 
en expr. como las siguientes: Esto parece un mátete, 
hablando de una vianda recocida y deshecha. Las ca- 
lles son un mátete, aludiendo al mucho lodo que hay 
en ellas. Saltó hecho un mátete, indicando que no 
se ligó bien un compuesto y que no sirve 

Del guar. mátete, conjunto de cosas reciamente 
unidas. 

MATREREAR, n. — Andar de matrero. — 
Andar como un matrero, de vago y haciendo bella- 
querías. 

MATRERO, m. — Individuo que anda huyen- 
do de la justicia por los montes. 

Lo mismo en el Perú (Palma). 



[99] 



DANIEL GRANADA 



MATRERO, ra, adj. — Se dice del animal de 
servicio que, cuando lo dejan suelto, no se deja aga- 
rrar, y huye. — Tratándose de personas, bellaco. 

«Astuto, diestro y experimentado.» (La Acad.) 

MATUNGO, adj. — Dícese del caballo inservi- 
ble por lo trabajado y viejo, Ú, t. c s 

En Salva prov. de Cuba: «desmedrado, flaco, 
débil. Se aplica particularmente a los animales.» En 
el Río de la Plata, sólo a los caballos 

También en la provincia brasileña de Río Gran- 
de del Sur del Brasil (Beaurepaire-Rohan), tomado 
de sus vecinos los noplatenses. 

[«Empezaban a entrar los muchachos lecheros en 
sus matungos » (D. Isidoro De María, Moni. Ant.) 

MATURRANGO, ga, adj. — Dícese de la per- 
sona que no sabe andar a caballo. Ü t. c. s.} 

«Cabalgando al tranco con la apostura de los 
criollos, que se reían de los maturrangos.» (D. Isi- 
doro De María, Mont. Ant.) 

MAZACOTE, m. — Pasta formada de los re- 
siduos del azúcar que, después de refinada, quedan 
adheridos al fondo y paredes de la caldera. Llévanla 
del Brasil al Río de la Plata en panecillos cuadrilon- 
gos, envueltos en la hoja del banano o en chala, como 
el ticholo. 

Es la raspadura o rapadura de que habla Alcedo: 
azúcar negra de la costra que queda en la paila de 
los trapiches: dulce común del pueblo en casi todas 
las provincias de América, que se vende en las pul- 
perías, variando de nombre. 

MAZAMORRA, f. — Maíz partido y cocido, 
regularmente blanco, el cual, dejándolo enfriar, se 
come con, o sin, leche y azúcar. 



[100] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



Rica es la mazamorra, y, si es con leche, 
Suple al plato mejor y el dulce ahorra. 

(D Francisco A de Figueroa, Mos. Poét ) 

«Comida compuesta de harina de maíz con azú- 
car y miel, semejante a las poleadas, de que se usa 
mucho en el Perú, especialmente entre la gente po- 
bre.» (La Acad.) 

MBURUCUYÁ, m. — V. BURUCUYÁ. 

MBURUCUYÁ. — Departamento de la pro- 
vincia argentina de Corrientes. V SAN ANTONIO. 

MECHOACÁN, m. — Planta de raíz purgante, 
que se cría en los terrenos arenosos de las provin- 
cias argentinas arribeñas. Ipomcea megapotamica* 

MELO. — Villa cabecera del departamento de 
Cerro Largo de la Rep. Or. del Urug. Eund. año 1792. 

MENDOZA. — Capital de la provincia del 
mismo nombre de la Confederación Argentina. 32° 
53' 5" lat. aust. Fund. año de 1561 por los conquis- 
tadores de Chile, enviados por su gobernador D. 
García Hurtado de Mendoza. El año de 1861, y en 
el propio mes de su fundación (marzo), fue total- 
mente destruida, en un solo instante, por repentino 
terremoto acaecido a las primeras horas de una noche 
clara, serena, suavizada por el más apacible ambiente, 
¡pereciendo diez mil almas bajo sus escombros! Jun- 
to a ellos está reedificada la nueva ciudad, más po- 
pulosa hoy que antes de la catástrofe: tales son las 
fuerzas vitales de la honrada provincia de que es ca- 
beza. 

MENDOCINO, na, adj. — Natural de la ciu- 
dad o de la provincia argentina de Mendoza. Ú. t. c. s. 
— Perteneciente a una o a otra. 



non 



DANIEL GRANADA 



MENGUA, m. — Farsa o entremés que ejecu- 
taban los guaraníes de las Misiones 

Del guar. mégua, gracia, chocarrería También 
menguá. 

«A la noche celebraron los anistas su areté-guazú, 
con bailes y menguas y con algunos porongos de 
agua de una laguna vecina, bien fresca, pero turbia.» 
(Exped. de Ihirapita-Guazú hasta Sto. Domingo de 
Soriano por un jesuíta misionero; Rev. de la Bibl. 
P. de Bs. As., Trelles.) Areté-guazú (fiesta grande) 
es la Pascua. 

MERCEDES — Departamento de la provincia 
argentina de Corrientes. — Capital del mismo de- 
partamento. — Ciudad cabecera del departamento 
de Soriano de Ja Rep. Or. del Urug. Eund. año 1788 

MERCED ARIO, ña, adj. — Hemos oído llamar 
así a los naturales de Mercedes (R. O. del U.\ que 
nosotros entendemos deberán ser merccdinos. O t. 
c s. — Lo mismo decimos de lo perreneciente a 
dicha ciudad. 

MERCEDINO, na, adj. — V. MERCED ARTO. 

MESOPOTAMIA ARGENTINA — Territo- 
rio comprendido entre los ríos Paraná y Uruguay, y 
que abraza las provincias de Entre Ríos y Corrientes 
y las Misiones; denominación dada por Mr. Martin 
de Moussy, y seguida por geólogos y naturalistas. 

METÁN — Departamento de la provincia ar- 
gentina de Salta — Capital del mismo departa- 
mento. 

MILICO, m. fam. — Soldado 
MILONGA, f. — Tonada popular muy sencilla 
y monótona 



{102} 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



En la provincia brasileña de Pernambuco sig- 
nifica enredos y ambages; de origen bunda, milonga, 
mulonga, palabras. (Beautepaire-Rohan) 

MINAS. — Departamento de la provincia ar- 
gentina de Córdoba, fronterizo a La Rio ja. — Villa 
cabecera del departamento del mismo nombre en la 
Rep. Or. del Urug. Fund. año 1783 

MINENSE, adj. — Natural de la villa o del 
departamento de Minas. Ú. t. c. s. — Perteneciente 
a uno o a otro. 

Llaman vulgarmente en la República O. del 
Urug. mtnuanos a los minenses. Ni mtnuanos puede 
derivarse etimológicamente de mina, ni histórica- 
mente de los indios mtnuanes, puesto que no residían 
en Minas, ni en ninguna otra parte, sino que eran 
errantes. 

MINDONIENSE, adj. — Natural de Minas. 
U. t. c s. — Perteneciente a dicha dudad y depar- 
tamento. 

MINERO, m. — Ratón pequeño. 

MINUÁN, na, adj. — Dícese del indio cuya 
parcialidad, al tiempo del descubrimiento, habitaba 
la costa norte del no Paraná, desde el Uruguay hasta 
la actual capital de la provincia de Entre Ríos, o sea 
frente a la desembocadura del río Salado de Santa 
Fe. Ü t, c. s. — Perteneciente a dicha parcialidad. 

Los minuanes pasaron el Uruguay e hicieron 
alianza con los charrúas, con quienes se mezclaron, 
corriendo su propia suerte. 

MINUANO, na, adj — V. MINUÁN. 

MIOMÍO, m. — Hierba venenosa, que mata 
al ganado que la come. V. CH1LCA. Bacharis cotí- 
difolia ( asteroides: comp.), según Gibert. En Colm. 
miu del Perú (solanáceas). 



{103} 



DANIEL GRANADA 



«Hay una yerba ponzoñosa que llaman miu, 
que en algunas partes y pastes está entremetida y 
disimulada, que comiéndola los ganados, mueren 
della.» (Reí. geogr. de Ind., Guamunga). 

«Proseguimos la marcha hasta la otra banda del 
río Miriñay, donde empezamos a experimentar la 
falta de pasto para las cabalgaduras, cargado todo 
aquel campo de esta yerba mala que llaman mío, de 
que las muías y caballos comieron hasta llenar bien 
la barriga, y por la mañana del día siguiente ama- 
necieron muchos muertos por los alojamientos de los 
indios, y los que, o por no haber comido tanto como 
los otros, o por hallarse con más disposición para 
resistir el veneno de dicha yerba, quedaron total- 
mente sin fuerzas, aunque a la vista estaban gordos, 
fueron muriendo algunos.» (El padre misionero 
Policarpo Dufo, Entrada que se hizo el ano de 1715 
al castigo de los infieles; Rev. del Atch. de B. A., 
Trdles.) 

«Vimos bastante ganado vivo, y no poco muerto 
por el frío y mal pasto, porque en estos parajes hay 
mucho cardo silvestre y mto-mto, que comerían de 
hambre.» (Exped. de Ibirapitá-Guazú hasta S. D. 
de Sor. por un padre de la Comp. de Jes., Rev. de 
la Btbl de B. A., Trelles.) 

MISIA, f. — Distintivo que se antepone obse- 
quiosamente al nombre propio de una señora cuya 
amistad se cultiva. 

Apunta D. Rufino José Cuervo que mi sia f usa- 
do en Bogotá primeramente hubo de ser mi sea, y 
siempre, añade, por mas orondo que corra, tiene su 
remusguillo de vulgaridad. Sia, o sea, si efectivamente 
se dijo así primero, es síncopa de señora. 



£104] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



En Chile mi sed o miseá, y parece que también 
mista (Rodríguez). 

En el Río de la Plata no hay mi sia, ni mi sed, 
ni miseá, ni mista; sino lisa y llanamente mista. Úsa- 
lo la gente culta; y si hay en ello remusgo de vul- 
garidad, debe de ser muy tenue, porque no se nota 
por acá. Por acá, al contrario, parece sonar tosca- 
mente en los oídos la socorrida doña, con todo su 
señorío. 

Hemos dicho en la definición que mista es un 
distintivo que se antepone obsequiosamente al nom- 
bre propio de una señora cuya amistad se culttva; 
porque no siendo persona a quien tratamos, le corres- 
ponde necesariamente doña, Y aun siendo de nuestra 
amistad, sólo puede usarse del mista dirigiéndole la 
palabra o nombrándola entre personas que también 
se traten con ella. En suma, señora doña es el tra- 
tamiento verdaderamente respetuoso y distinguido, 
si bien el distintivo doña está bastante vulgarizado y 
mista es distintivo familiar usado por la gente culta 
cuando se dirige a personas de su misma condición. 
Dicho se está que mista, aunque equivale a mt señora, 
no va nunca acompañada de doña, que, al cabo> 
equivale a la misma cosa 

MISIONERO, ra, adj. — Natural de Misiones. 
Ü. t. c. s. — Perteneciente a ellas» — Dícese también 
del natural de las comarcas del Paraná y Uruguay 
donde los jesuítas, y después de su expulsión otras ór- 
denes religiosas, tenían sus misiones, cuyos pueblos 
fueron destruidos en el año 1817 y subsiguientes. 

MISIONES (territorio de), — Fracción del que 
primitivamente ocupaban las misiones jesuíticas bajo 
el dominio de España, de donde le viene el nombre 
particular de Misiones. Hállase al norte de la pro- 



{105} 



DANIEL GRANADA 



vincia de Corrientes, entre los ríos Uruguay, Pequirí 
Guazú, San Antonio Guazú, Yguazú o Grande de 
Curítibá, y Paraná, A los ríos Pequirí Guazú y San 
Antonio Guazú llaman los brasileños Chapecó y 
Chopín. 

MISIONES. — Departamento de la República 
del Paraguay. 

MISTOL, m. — Árbol de fruto comestible cuya 
cáscara sirve para hacer jabón. Ztzyphus mistoL 

MITRE — V. TOTORAL. 

MITÜ, m. — Ave de unos dos pies y medio 
de longitud y de color pardo acanelado y amari- 
llento, con copete. 

Del guar. mttá* 

«Mucho más en el mtiu, que es tan fácil de 
domesticar, como que ya es esclavo en algunas par- 
tes.» (Azara.) 

MOCOBÍ, adj. — Dícese del indio de una par- 
cialidad, terrible por su fiereza, que erraba por el 
sur del Chaco, de idioma parecido al de los abipones. 
Ü. t. c. s. — Perteneciente a dicha parcialidad. 

MOJINETE, m. — Frontón o remate triangu- 
lar de la pared principal o fachada de un rancho, 
galpón o cualquiera otra construcción semejante. 

Lo propio en el Perú (Palma). 

Confórmase con nuestra definición la de Ri- 
vodó: «parte superior triangular de las paredes, so- 
bre la cual se apoya el caballete» 

En Chile, según Rodríguez, tiene dos acepcio- 
nes el caballete de los tejados y la cubierta voladiza 
triangular que antiguamente ponían sobre la puerta 
de las casas. 

En Cuba, «cadera muy abultada de las perso- 
nas gruesas» (Salva). Pero le darán este sentido 



[106] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



burlescamente, sin duda. Los ladinos arquitectos cu- 
banos construyen en las caderas de las personas los 
guardapolvos que regularmente llevan sobre las 
puertas, balcones y ventanas los edificios antiguos 

En suma, tenemos por sentido recto de la pala- 
bra el susodicho de frontón; por sentido traslaticio, 
el de guardapolvo de las puertas, ventanas, etc., de 
las casas; por sentido figurado burlesco, el de cadera 
abultada, y por impropiedad el de caballete. 

MOJO, m. — Moje. 

Lo mismo en Venezuela, según Rivodó. 

MOLINOS. — Departamento de la provincia 
argentina de Salta — Capital del mismo departa- 
mento 

MOLLE, m. — V. AGUARAIBÁ. 

Del quich. y arauc molle, mullí 

La voz molle úsase con especialidad en las pro- 
vincias argentinas arribeñas, para designar con ellas 
dos géneros de terebentináceas que allí se producen, 
el uno medicinaL y el otro de fruto comible, del cual 
hacen aloja, considerada romo un néctar refrigerante, 
que calma la fatiga y repara las fuerzas del cansado 
viajero. En las comarcas regadas por el Uruguay, 
Paraná y Paraguay llaman aguar aibd, guarí bay, agua- 
ribay, molle y amera a especies de terebentináceas, 
ora semejantes, si bien no del todo, ora diversas del 
molle arribeño. V. AGUARAIBÁ. 

MONJITA, f. — Avecilla agraciada, de color 
gris blanquecino el lomo, alas, y cola, que es larga, 
blanco el pecho y negra la cabeza, de forma que 
parece llevar en ella una toca. 

También viuda o viudita 

MONTE CASEROS — Departamento de la 



U07} 



DANIEL GRANADA 



provincia argentina de Corrientes — Capital del 
mismo departamento. 

MONTEROS. — Departamento de la provin- 
cia argentina de Tucumán. — Capital del mismo 
departamento. 

MONTEVIDEANO, na. adj. — Natural de la 
ciudad o del departamento de Montevideo. Ü. t. c. s. 
— Perteneciente a una u otro. 

MONTEVIDEO. — Capital de la República 
Or del Uruguay. 34° 54' 29'* lat. aust. 

Un tripulante de la expedición de Hernando 
de Magallanes, quien el año de 1520 visitó el Río 
de la Plata en viaje hacia el sur, buscando un paso 
para la India, descubrió a la distancia, el cerro de 
Montevideo, y anunció lo que veía con estas pala- 
bras: monte vtde eu: de donde le vino el nombre a 
aquella ciudad. Fue fundada el año de 1726 por 
D Bruno Mauricio de Zabala, gobernador y capitán 
general de las prov. del Río de la Plata. 

MONTIEL, o monte de Alontiel. — Bosque in- 
menso de la provincia argentina de Entre Ríos, com- 
puesto de ñandubayes, algarrobos, espinillos, chaña- 
res, biraroes, talas, ubajayes, coronillos y otros árbo- 
les, ya de maderas fuertes como el hierro, ya de 
propiedades tintóreas o medicinales, así como la pal- 
mera, de que hay varias especies: el yatay, el dátil, 
el caranda Sobre 25.000 kilómetros cuadrados calcú- 
lase tener este coloso de los bosques. 

MONTONERA, f. — Grupo o conjunto irre- 
gular de gente de caballería que guerrea contra las 
tropas del gobierno de un estado 

El historiador argentino D. Luis L. Domínguez 
explica del modo siguiente el origen del vocablo: 
«Artigas, entre tanto, permanecía a la cabeza de su 



[108] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



montonera en los campos, haciendo la misma vida 
de los gauchos que lo seguían. Su habitación era una 
carreta, su comida un pedazo de carne cortado del 
asador. . . Los grupos de merodeadores entre quie- 
nes vivía, se llamaban montones, y de ahí viene el 
nombte de la montonera con que se designaban las 
masas de caballería que lo seguían.» (Hist. Argent.) 

«En la América del Sur, pelotón de tropa irre- 
gular de caballería, compuesta exclusivamente de los 
semisalvajes que habitan las pampas de Montevideo, 
Buenos Aires y Chile.» (La Acadj Montevideo está 
tomado por el Estado Oriental del Uruguay, donde 
no hay pampas, pues todo su suelo es> quebrado. 

MORO, ra, adj. — Di cese del caballo^ o yegua 
de color negro entremezclado con blanco. Ü t. c. s 

MOROCHO, cha, adj. — Moreno. 

Derivado de moro, con alusión al color natural 
de los habitantes de la antigua Mauritania. 

Dícese en especial de las jóvenes morenitas. 
Morocha: morenita, trigueñita. 

Lo propio en el Perú (Palma). 

En Venezuela morocho es, generalmente, sinó- 
nimo de mellizo o gemelo ( Rivodó ) . No puede dar- 
se mayor impropiedad. 

Del maíz, dice D. F Acuña de Figueroa. 

Y hasta pan nutritivo y buen bizcocho 
Se elaboran del blanco y del morocho. 

. «Fig. y fam. Amer, Tratándose de personas, 
robusto, fresco, bien conservado» (La Acad.) 

MORRO. — Departamento de la provincia ar- 
gentina de San Luis. — Capital del mismo departa- 
mento. 

MORTERO CHATO. — Utensilio prehistóri- 



[109) 



DANIEL GRANADA 



co usado por los indios de ambas márgenes del Plata. 
Llamárnosle mortero, porque como tal lo clasifican 
los arqueólogos; supuesto que lo sea, el calificativo 
de chato conviene perfectamente con su forma. 

Poseemos dos ejemplares hallados en las inme- 
diaciones de la ciudad del Salto de la República 
Oriental del Uruguay, puntas del arroyo Ceibal, cha- 
cra del teniente coronel D. Bartolomé Caballero, a 
cuya fineza debemos el favor de disfrutar este raro 
instrumento de la nebulosa vida del hombre pre- 
histórico en las regiones del Plata El uno es de la 
forma y condiciones siguientes- piedra muy dura, 
pesada y consistente; color pardo oscuro; forma circu- 
lar; canto redondeado; espesor seis centímetros; cir- 
cunferencia cincuenta y cuatro, correspondiente a un 
diámetro aproximativo de diecisiete, dos concavi- 
dades contrapuestas, o sea una de cada lado, cuya 
profundidad central o máxima es de un centímetro, 
y de nueve próximamente su anchura. Hallóse ente- 
rrado cerca de la superficie del terreno, que es are- 
noso, y en ella el segundo, que se indica en seguida. 
Su tamaño un poco menor que el, del primero, más 
tosco y de forma oblonga; en todo lo demás seme- 
jante, a proporción de sus respectivas dimensiones 
En ambos son un tanto desiguales las concavidades de 
cada una de sus caras: un poco menos honda y de 
menor diámetro superficial la de un lado que la que 
aparece en el lado opuesto. 

D. Florentino Ameghmo (La antigüedad del 
hombre en el Plata) presenta un ejemplar casi idén- 
tico al primero de los descritos, hallado, entre otros 
más imperfectos, en paraderos charrúas, cerca de 
Montevideo. Dice así el arqueólogo argentino: «Este 
(ejemplar) es de forma circular, aunque no perfecta. 

[110} 



VOCABULARIO RIOPLATENSB 



Su mayor diámetro tiene algo más de 18 centímetros 
y su alto es de 6. Una de bus caras está ocupada por 
una depresión circular poco profunda, cuya superficie 
está muy gastada, al parecer, por el agua. El borde 
de la piedra forma una curva también bastante gas- 
tada. La otra cavidad es más pequeña, pero más honda 
y también de forma circular. Tiene 10 centímetros 
y 22 milímetros de profundidad.» 

Los charrúas, al tiempo del descubrimiento del 
Río de la Plata, discurrían por su costa septentrional, 
subiendo por la oriental del Uruguay hasta el San 
Salvador, y no más arriba, donde acampaban los ya- 
roes y bohanes, quienes es presumible ocupasen antes 
las vertientes occidentales, así como también los cha- 
naes, que a la sazón se albergaban de ordinario en 
las islas inmediatas. De donde puede inferirse que 
la generación charrúa enseñoreaba antiguamente la 
costa oriental del Uruguay, cuando menos hasta el 
Arapey o el Cuaréin, como lo verificó después que, 
empujadas por los españoles sus hordas indomables, 
se corrieron hacia el norte, exterminando las que 
moraban a sus espaldas Los estudios etnológicos so- 
bre el Río de la Plata no permiten hasta el presente 
afirmar que los charrúas perteneciesen a la misma 
generación que los pampas, suposición contradicha 
por el citado escritor, que los considera guaraníes. 
Sin embargo, el uso de utensilios que, como el mor- 
tero de que se trata, no han aparecido hasta el día 
de hoy en las regiones habitadas por indios conoci- 
damente guaraníes, y sí en las que ocupaban los pam- 
pas, así como el de las bolas de piedra como instru- 
mento ofensivo y de caza, que en la época del 
descubrimiento y conquista (cuando menos) no las 
manejaban sino las parcialidades de una y otra banda 



DANIEL GRANADA 



del Plata, concurren a hacer algún tanto probable 
la inferencia de que la generación charrúa, del mis- 
mo modo que su industria primitiva, tengan origen 
del lado de los Andes. El parentesco a que se alude, 
supuesta la conjetura, debe sobrentenderse inmediato 
con los indios que tenían sus aduares en la costa aus- 
tral del Río de la Plata, cuando arribaron los espa- 
ñoles, y a quienes éstos dieron el nombre de queran- 
díes } que son indudablemente los legítimos pampas; 
pues años adelante bajaron de la Cordillera diversas 
parcialidades de estirpe araucana, de quienes acaso 
sean afines, 

MOTE, m. — Maíz bien cocido, con un poco 
de sal. 

Lo propio en el Perú (Palma). 
Del quich. muti. 

En Chile, trigo hervido con lejía hasta que suel- 
ta la cascara, y después convenientemente lavado 
(Rodríguez). 

Hacemos respecto del mote las propias observa- 
ciones que hemos hecho respecto del locro, a cuyo 
artículo nos remitimos. 

Los araucanos también llamaron muti o mutbi, 
como los quichuas, al maíz cocido, y dieron el mismo 
nombre al de trigo (Febrés). 

«El mismo maíz cocido en agua hasta reventarse 
los granos, en cuya forma le dan (en Quito) el nombre 
de mote, sirve en lugar de camcha, no solamente de 
alimento a los indios, pero también a la gente pobre.» 
(Ulloa, Viaj. a la Amér t merid.) 

Entonces de maíz los orientales 
Hacen el blando mote. 

(D. F. Acana de Figueroa.) 



CH2] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



MU A Y, m. — Insecto, especie de mosquita co- 
lorada, más irritante que la cantárida, que en Co- 
rrientes, Misiones, Paraguay, etc., nace a favor de una 
sustancia que despide el guembé en los hoyos que 
dejan en el tronco los cabos de las hojas que caen. 

Del guar. müaí. 

MUCAMO, ma, m. y f. — Persona que sirve 
a otra, o a una familia, en los quehaceres domésticos, 
como barrer, acomodar, cebar mate, hacer mandados, 
etc. Mucamas se dijo primitivamente a las jóvenes 
de raza africana que servían a la señora y señoritas 
de una casa. Después se llamó en general mucamas 
a las sirvientas de una casa, con excepción de la 
cocinera. Y en el día de hoy se da también a los cria- 
dos el nombre de mucamos. 

En la provincia de Río Grande del Sur del Bra- 
sil dicen mucamos y mucamas a los sirvientes de una 
casa en general, como en el Río de la Plata. Lo mis- 
mo sucede en Río Janeiro y en otros puntos del mis- 
mo país; pero en ellos está asimismo en uso decir 
mucamba y macuma a la negrilla que acompaña a la 
señora, y en Bahía y Pernambuco mumbamba. 

El origen del vocablo mucama es, sin duda, afri- 
cano. Si la oportunidad y el uso son prendas que fa- 
vorecen la admisión, en una lengua, de voces nuevas, 
ninguna en caso más aparente que la de mucama: 
pues ninguna de uso más general y constante, ni más 
oportuna, ni que mejor se acomode al mecanismo 
fónico del castellano 

MULERO, ra, adj. — Perteneciente a la muía. 

MULEQUE, m. — Antiguamente, negrito es- 
clavo. 

En el Brasil moleque, con la propia significa- 



{113} 



f 

DANIEL GRANADA 



ción; voz africana, según Fr. Francisco de S. Luis, 
trae Beaurepaire-Rohan. 

«Y así me ha parecido escribir al señor tesorero 
licenciado Luis Alemán de Avilés, que cuando pasó 
por aquí y desde que está allá me ha ofrecido hacerme 
merced, para que me la haga en comprarme cuatro 
muleques de catorce años, bien agestados, y dos ne- 
gritas de la misma edad para mi servicio.» (Carta 
del gobernador de Tucumán D. Felipe de Albornoz 
al Sr. Pablo Núñez de Vitoria, 1631; Rev. del Arch. 
de B. A. por D. M. R. Trelles.) 

MULITA, f, — Tatú de una media vara de lon- 
gitud, cuya forma y postura de orejas se parecen a 
las de la muía* 



1114} 



N 



NACIÓN ARGENTINA. — Comprende las 
provincias y territorios federales que se expresan en 
el artículo Confederación Argentina. 

La Constitución de la Nación Argentina esta- 
blece: 

«Las denominaciones adoptadas sucesivamente 
desde 1810 hasta el presente, a saber: Provincias Uni- 
das del Río de la Plata, República Argentina, Confe- 
deración Argentina, serán en adelante nombres ofi- 
ciales indistintamente para la designación del gobier- 
no y territorio de las provincias, empleándose las pa- 
labras Nación Argentina en la formación y sanción 
de las leyes,» (Art. 35.) 

NAMBI, adj. — Dícese del caballo o yegua que 
tiene una de las orejas caída, Ü. t. c. s. 

Que tiene una oreja caída, marchita, dicen los 
paisanos, al explicar el sentido de la voz. 

Del guar. nambiyeroa apocopado, que tiene las 
orejas caídas. 

En la provincia brasileña de Río Grande del Sur, 
también nambí, con la propia significación que en 
el Río de la Plata (Beaurepaire-Rohan). 

NANA, f . — Herida, enfermedad, dolor, dirigien- 
do la palabra a un niño que todavía no sabe hablar, 



[115} 



DANIEL GRANADA 



a quien se le enseña a pronunciaría para que en todo 
caso pueda dar a conocer sus dolencias. 

Lo propio en Chile, del quich. nanai, dolor, 
enfermedad (Rodríguez). 

NEGRO (río). — Río que divide la Patagonia 
de la Pampa, entre los 38 y 41° de lat. aust. Trae 
su origen de la cordillera de los Andes y desemboca 
en el océano Atlántico en los 41° T de lat. V. RlO 
NEGRO (Rep. O. del Ur.). 

NEVADO, da, adj. — Dícese del animal vacu- 
no colorado y salpicado de blanco. 

ÑOCO, m. — Pedacito de tabaco. 

NOQUE, m. — Tipa grande^ para guardar gra- 
sa, sebo, chicharrones, etc. 

NOGOLI. — Departamento de la provincia ar- 
gentina de San Luis, — Capital del mismo depar- 
tamento. 

NOGOYÁ. — Departamento de la provincia 
argentina de Entre Ríos. — Capital del mismo depar- 
tamento. 

NOVILLO, m — Toro castrado 

La castración tiene por objeto el engorde del 
animal para venderlo en los saladeros, y se practica 
a los dos años y medio o tres de edad. 

Al toro muy nuevo le llaman tonto o torete. 

Lo mismo en Bogotá. «Entre nosotros no se apli- 
ca el nombre de novillo sino cuando el animal está 
castrado.» (Cuervo.) 

«La carne de vaca es la más tierna y de mejor 
gusto: le sigue la del buey y novillo (así llaman al 
capón no domado, aunque tenga seis o más años), 
y la más inferior es la del toro.» (Azara.) 

«Toro o buey nuevo, y más particularmente el 
que no está domado o sujeto al yugo.» (La Acad.) 



{116} 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



NUTRIA, f . — Cuadrúpedo de los bañados, que 
se asemeja mucho al conejo, de color pardo, con 
mucho pelo liso, cola larga y la parte extrema de 
los dientes revestida de un esmalte encarnado. Su 
piel es un ramo de comercio, y su carne una comida 
estimada. 



{117} 



Ñ 



ÑACANINA, f. — Víbora grande y brava, del 
Chaco, Paraguay, etc 
Del guar. ñacaniná. 

ÑACUNDÁ, m. — Ave nocturna, de una cuarta 
y pico de longitud y de color pardo acanelado con 
mezcla de negro y blanco. 

Del guar. ñacundá. 

«Habita (el ñacundá) los campos, y aun me 
parece que prefiere los húmedos » ( Azara. ) 

ÑACURUTÚ, m. — Lechuzón, de un pie y 
cuarto de longitud próximamente; las plumas de co- 
lor acanelado, que es el que predomina, y negruzco, 
así como el de unas que a manera de cuernos tiene 
junto a sus escondidas orejas, que son asquerosas, de 
donde baja una lista negra que le circunda la cara 
como el barbijo de un sombrero, y hacia el centro de 
ella una mancha blanca en forma de cruz; las uñas 
y pico corvos, éste muy fuerte y a^udo; los ojos cas- 
taños, grandes y redondos. Criándolo guacho, se hace 
familiar. Es muy torpe y perezoso; permanece inmó- 
vil todo el dja donde lo pongan; pero de noche, ape- 
nas oscurece, sube a las barandas y azoteas y anda 
calladamente de aquí para allí como un duende. Ex- 
presa su alegría ladrando como un gozque jo, particu- 
larmente cuando se le acerca o ve pasar una persona 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



a quien conoce o que le habla. Asustado, a la pre- 
sencia, por ej., de un perro, se esponja y contonea, 
erizando el plumaje y abriendo en forma de abanico 
las alas, y en esta actitud bufa como un gato y cas- 
tañetea fuertemente con el pico. Tiene también un 
gimoteo semejante al de la paloma, con el que parece 
manifestar su poltronería. Creían los guaraníes que 
el contacto con este avechucho les contagiaba el vicio 
de la pereza. 

Hay un par de lechuzones más, que llevan el 
mismo nombre de ñacurutú, con alguna diferencia 
en el color de su plumaje. 

Del guar. ñacurutú. 

«Dice su nombre í( el ñacurutú) fuerte y nari- 
galmente, con que asusta a los que transitan de noche 
por los bosques elevados, que son sus palacios.» 
(Azara.) 

ÑANDÜ, m — Avestruz de unos cuatro y me- 
dio pies de longitud y de color blanco ceniciento con 
mezcla de oscuro, muy veloz en su carrera, y nadador. 
Hace el nido en medio del campo, encobando el 
macho, que tiene la precaución de dejar podrir uno o 
dos huevos, para romperlos cuando salgan los pollue- 
los, y que se alimenten escos con las moscas que na- 
turalmente atrae la podredumbre. 

Del guar. ñandú. 

«Son (los ñandús) curiosos, y se advierte que 
se paran a mirar por las ventanas y puertas lo que 
pasa adentro» (Azara.) 

ÑANDUBAY, m. — Arbol del género de las 
mimosas (acacias), de madera muy dura y pesada, 
que se emplea generalmente en cercos de estancias, 
corrales, etc. Lo hay negro y colorado. Clavado un 



CH91 



DANIEL GRANADA 



poste de ella en tierra, no se pudre jamás, antes se 
petrifica. Porsopis. . . 

Del guar. ñandubai. 

Do vela el sueño de gloriosos muertos 
La solitaria cruz del ñandubay. 

(D. Rafael Obligado.) 

ÑANDURIÉ, f. — Víbora la más pequeña y 
de más activo veneno de las regiones del Plata (hacia 
el norte). 

Del guar. 

ÑANDUTl, m. — Tejido que imita el de cierta 
telaraña, primitivamente trabajado con sumo primor 
y delicadeza por las mujeres del Paraguay y hoy ge- 
neralizado en todo el Río de la Plata, Hácense con 
él pañuelos, toallas, almohadones, colchas y otras 
piezas semejantes. 

Del guar. ñándutl, araña blanca. 

ÑANGAPIRÉ, m. — Especie de pitanga, de 
fruto amarillento, mayor y menos dulce que el de 
aquélla. — Fruto de este árbol. 

Del guar, añángapin. 

ÑAPA, f. — V. LLAPA. 

ÑANGO, ga, adj. — Desairado. 

Es voz vulg. y fam. 

ÑAPINDÁ, m. — Planta del género de las 
mimosas, especie de zarza armada de millares de es- 
pinas arqueadas como las uñas del gato, por lo cual 
se le llama también uña de gato. Da una flor pare- 
cida a la del espinülo, pero larga en vez de esférica, 
amarillenta y de suave fragancia. 

Del guar. ñapindá. 



[120} 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



ÑATO, ta } adj. — Que tiene la nariz respin- 
gada. Ü. t. c. s. — Üsase asimismo en sentido afec- 
tuoso, hablando de un niño. 

Lo propio en Chile (Rodríguez) y en el Perú 
(Palma), así como, por lo menos en cuanto a! sen- 
tido recto, en Bogotá (Cuervo), en Venezuela (Ri- 
vodó) y en Cuba (Cuervo, remitiéndose a Pichardo). 

Un jueiz ñato como un dogo 
De gran sabio blasonaba, 
Y el amor propio chocaba 
De un antiguo pedagogo. 

Mas éste exclamó ¿qué dices? 
¡Pobre chato! No te alabes. 
¿Qué has de saber, si no sabes 
Dónde tienes las nances? 

(D. F. A. de Figueroa.) 

ÑENDAY, m. — Loro de color verde amari- 
llento, con manchas oscuras tirando a rojo y azul, 
más chillón y bullicioso aún que el maracaná, y que 
anda en bandadas. 

Del guar. ñendaí, parlón. 

«Vive ( el ñenday) en bandadas numerosísimas, 
que ponen una centinela para que avise las noveda- 
des, mientras los demás bajan al suelo a comer o 
beber» (Azara.) 



{121} 



O 



OBEDECIMIENTO, m. — Acto solemne de re- 
cibir las cédulas, provisiones y ordenanzas reales. La 
autoridad, fuese cual fuese su condición, militar, civil 
o eclesiástica, a quien iba dirigido el real mandato, 
poníase en pie, destocábase, y, a usanza oriental, in- 
troducida seguramente por los árabes en España, to- 
mábalo en sus manos, besábalo y poníalo sobre su 
cabeza, proclamando obediencia y acatamiento, como 
a carta de su rey y señor natural, y ordenando inme- 
diatamente que se guardase, cumpliese y ejecutase en 
todas sus partes, que se custodiase en el archivo y 
que se sacasen, autorizados en forma, los testimonios 
correspondientes. Esta sumisión, al parecer absoluta, 
no obstó a que, en ocasiones, considerado perjudicial 
el mandato, se dejase de ejecutar, protestando: obe- 
dezco; pero no cumplo. D. Antonio Ferrer del Río 



de los virreyes de América, se explica en estos tér- 
minos: «Si un decreto del Consejo de Indias llegaba 
a recordarles que no podían blasonar de independien- 
tes, con poner al margen la fórmula muy en uso y 
provechosa a veces de se obedece, pero no se ejecuta, 
seguían ejerciendo triunfalmente el mando absoluto.» 

OJOTA, f. — Calzado a manera de sandalia, 
hecho de cuero o de filamento vegetal, usado por 



(Htst. del remado 




hablando 



1122] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



los indios del antiguo Perú y de otras partes de Amé- 
rica, y actualmente por la gente campesina de las 
provincias arribeñas. 
Del quich. uxuta. 

Üsanla en Chile los peones de chacras y de las 
minas ( Rodríguez ) ; en el Perú los indios serranos 
(Paz-Soldán). 

La Acad. define así la ojota: «Especie de calzado 
que usaban las indias, el cual era a modo de las al- 
pargatas de España. Dábalas el novio a la novia al 
tiempo de casarse: si era doncella, se las daba de la- 
na, y si no, de esparto,» Formó, al parecer, la AGad. 
esta definición en vista de un pasaje de Herrera (Déc. 
5 a , lib. 4 o , cap. I o ), en que describe las particulares 
ceremonias del matrimonio en el imperio de los In- 
cas Pero, al hacerlo, si efectivamente lo hizo, se ha 
padecido una distracción; porque Herrera no dice que 
el zapato como alpargate, que llaman ojota , fuese 
un calzado especial de las novias ni de las indias. 
Usábanlo hombres y mujeres, y tanto el de los unos 
como el de las otras era llamado ojota o usuta. Usuta 
u ojota, indistintivamente, dicen aun hoy día en las 
provincias argentinas arribeñas. 

«Traen (los indios) en los pies unas suelas de 
cuero con unas ataduras de lana con que las atan en 
el empeine y talón del pie, que llaman ojotas: y 
también las hacen de cabuya, que es la hoia del 
maguey,» etc. (Reí. geogr. de Ind publ. por D. M. 
Jim. de la Esp ; Repart. de Atunrucana.) 

«Y estas (matas de maguei), beneficiadas, se 
hace de ellas cabuya, ques mejor v más larga que 
estopa, de la cual se tacen ?oéps de todo género, y 
alpargates, y los indios su calzado, 'ques a manera de 



{123} 



DANIEL GRANADA 



sandalias, que llaman ojotas (uxutas).» (Reí. citadas; 
Guarnan ga.) 

«Asimismo mandó (el inga) hacer depósitos en 
cada provincia que a él le páresela, y los mandaba 
bastecer de toda comida y de ropa y de hojotas y de 
todas las demás cosas que son necesarias para la gente 
de guerra,» etc. (Fernando de Santillán, Reí. publ. 
por D. M. Jim. de la Esp.; Tres, tel. per.) 

Como los árboles en que trabaja el serrano de 
los Andes son, por lo general, espinosos, tiene nece- 
sidad de usar la ojota para no lastimarse los pies. 
Es, pues, este calzado más propio del hombre que de 
la mujer, que regularmente anda descalza. 

OLIVA. — Departamento de la República del 
Paraguay. 

OMBÚ, m. — Árbol frondoso. Prende de rama 
y en cualquier terreno. Su madera no arde, ni sirve 
para nada; pero sus hojas tienen propiedades medi- 
cinales, son purgantes. Es el ptreuma dio cía Moq r 
(fitolacáceas) que menciona Colm con el nombre de 
hombá de Buenos Aires. 

ORÁN. — Departamento de la provincia ar- 
gentina de Salta. — Capital del mismo departamento. 

OREJANO, na, adj, — Dícese del animal que 
no tiene marca o que está contramarcado* «Dícese 
del becerro que está sin madre y sin hierro o marca.» 
(La Acad.) 

OREJANO, na, (de marca), adj — Dícese del 
animal contramarcado. 

OREJÓN, na, adj. — Dícese del indio de una 
parcialidad que vivía cerca de la sierra de San Fer- 
nando, al norte del Chaco, en los 19 9 de Iat. aust. 
Ú. t. c. s. — Perteneciente a dicha parcialidad. 



[124] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



Los orejones, de cuerpo mediano, ensanchábanse 
las orejas, probablemente a fuer de adorno, hasta el 
punto de juntarlas casí con los hombros. Al intento 
horadábanlas e introducían en ellas, a medida que 
iban dando de si, unas calabacitas o rodajas más y 
más grandes. Así igualmente ciertas personas de no- 
bleza y mando en el imperio de ios Incas. 

ORIENTAL, adj. — Natural de la República 
Oriental del Uruguay Ü. t. c. s. — Perteneciente a 
esta nación. 

Siempre se ha llamado oriental, y no uruguayo 
(véase esta palabra), el nacido en el país que antes 
era Banda Oriental y hoy es República Oriental del 
Uruguay. Si, preguntando a alguno, ¿de donde es 
usted? respondiese* soy uruguayo, daría a conocer que 
ha vivido muy poco tiempo en su patria. Pero se 
emplea más comúnmente la voz uruguayo que la de 
oriental, cuando se quiete dar al pensamiento una for- 
ma literaria, usándola a manera de epíteto, como le- 
tras urugu-ayas; sobre todo en poesía, donde el gusto 
del poeta entra por tanto como las reglas gramática* 
les: ibero por español, lusitano por portugués, uru- 
guayo por oriental. 

El famoso caudillo D. José Gervasio Artigas se 
titulaba El jefe de los Orientales. 

Los Treinta y tres Orientales son como un 
símbolo de libertad y heroísmo en la patria de Lava- 
He ja, quien el año 1825, acompañado de treinta y dos 
campeones, emprendió vigorosa campaña contra las 
huestes del Brasil, que ocupaban la banda oriental del 
Uruguay. 

El himno nacional, compuesto por D. Francisco 
Acuña de Figueroa, empieza Orientales, U patria 
o la tumba. 



[125} 



DANIEL GRANADA 



Por último, el Código Civil de la Rep. O. del 
Urug. se expresa así: «la ley oriental no reconoce 
diferencia entre orientales y extranjeros» etc. 

ORISTINÉ, adj. — Dícese del indio de una 
parcialidad originaria de la familia luié en el sur del 
Chaco. Ú. t. c. s. — Perteneciente a dicha parcialidad. 

ORTIGA VIZCACHERA. — Ortiga de hoja 
diminuta y mucho mas brava que la común Hállase 
solamente en las inmediaciones de la cueva de la 
vizcacha. 

OVEJERO, adj. — Aplícase al perro que cuida 
del ganado lanar. 

En el Dice, de la Acad. el sustantivo ovejero, 
ra: persona que cuida de las ovejas. 

«Entre los (perros) domésticos merecen particu- 
lar mención los que apellidan ove jetos, porque cuidan 
del ganado lanar aquí donde no hay los pastores que 
en Europa. Estos perros echan la majada del corral por 
la mañana, la conducen al campo, la acompañan 
todo el día, conservándola unida; y si son muchos, 
se reparten alrededor, defendiéndola de los pájaros 
de rapiña, de perros cimarrones, del hombre y de cual- 
quier insulto. Al ponerse el sol, la vuelven al corral, 
donde se echan a dormir, y pasan la noche juntos. 
Si se quedan atrás algunos cordentos recién nacidos, 
los toman cuidadosamente en la boca y los conducen 
un trecho, volviendo por otro, hasta que no queda 
ninguno». (Azara). 



£126} 



p 

PACARÁ, m. — Especie de timbó, al que 
excede en corpulencia, Enterolobmm timbauba. 

PACAY, m. — V. INGÁ. 

En Colm. pacae o pacay del Perú (inga Feuillei 
D, C: leguminosas). 

PACO, m, — Pez grande de los ríos, escamoso, 
achatado, pardo y de carne exquisita. 

Del guar, pacú. 

PAISANAJE, m. — Paisanos en general. 

PAISANO, na, m. y f. — Persona que es del 
campo. Su prototipo, el gaucho. 

La Acad. registra esta voz como provincial de 
A Murías en la acepción de persona que and>a siempre 
en el campo. En el Río de la Plata es voz corriente 
en este sentido, es decir, en el de persona que nace, 
o ha sido criada, y vive y trabaja, en el campo. «En 
Galicia, dice don Fernando Fulgosio en la novela 
Alfonso, premiada por la Academia Española, no 
existe la aldea, tal como se entiende generalmente; 
por lo tanto, es harto natural que al aldeano llamen 
allí paisano, lo cual, en semejantes circunstancias, está 
muy lejos de ser galicismo.» En el Río de la Plata 
no se conoce la aldea, ni ha habido jamás sombra 
de ella. No puede haber, por consecuencia, en sus 
campañas más que campesinos, o paisanos, entre 



{127} 



DANIEL GRANADA 



cuyas voces parece hallarse alguna diferencia de sen- 
tido. Campesino es un término general que significa 
visiblemente todo hombre trabajador del campo, en 
tanto que paisano se llama en especial al que es na- 
ddo o criado en él y que ha seguido y practica los 
usos y costumbres de la vida rústica. Así al extran- 
jero del campo, o que vive y trabaja en el, no se 
le llama paisano, sino cuando se ha connaturalizado 
de tal manera con los usos y costumbres del país, 
que no se distingue en nada de los naturales. El 
uno es paisano en el sentido recto de la palabra; el 
otro, o sea el extranjero, lo es sólo en sentido tras- 
laticio. 

Galopando sobre el llano 
Solitario, algún paisano. 

<D. Rafael Obligado.) 

PAJA BRAVA. — Hierba que se cría en los 
bañados, de hoja larga, aserrada, muy cortante, me- 
dio cerrada, y que da como un plumacho blanco 
que sirve de adorno en las salas. Gynenum argén- 
teum Nees. (plumacece). 

Llámanla también paja de Santa Fe, y es la que 
comúnmente se emplea en los techos de los ranchos, 
quinchada con junco. 

PAJA DE SANTA FE. — V. PAJA BRAVA. 

Paja brava o de Santa Fe es lo mismo, pero no 
cortadera. 

PAJAL, m. — V. PAJONAL 

PAJONAL, m — Espacio de tierra poblado de 
pajas, junco, totora y otras hierbas propias de los 
terrenos húmedos. 

Lo propio en el Perú (Palma). 



{128} 



VOCABULARIO RIOPL ATENSE 



«En las cañadas y parajes que se suelen inun- 
dar con las lluvias o con crecientes de arroyos, do- 
minan plantas diferentes y mis elevadas, como es- 
padañas, pajas, cortaderas, alciras, pitas o cardales de 
varias especies, y otras que no se nombran. Llaman 
pajonales a estas cañadas y bajíos.» (Azara.) 

PAJUATE, adj. — Bobalicón. 

En Venezuela pajuato por pazguato, según D. 
Baldomcro Rivodó. 

Corrupción de pazguato (D. A. Magariños Cer- 
vantes, Juicio crít, del Vocab.) 

PALANGANA, adj. — Aplícase al que es des- 
carado, botarate y algo sinvergüenza. Ü. t. c. s, 

Paz-Soldán dice que en el Perú se aplica al que 
habla mucho } a aquel a quien todo se le va en pa- 
labras, y aun al charlatán, al fanfarrón, etc., y res- 
pecto al origen de la voz infiere como probable que 
se haya tomado por término de comparación la ancha 
boca de una palangana, para designar con el nombre 
de este utensilio a una persona que todo es boca, 
aludiendo, no ciertamente al que tiene la boca gran- 
de, sino al que habla por los codos. Para nosotros 
es más verosímil que tenga afinidad con la cara re- 
donda, grande y lavada de la palangana; porque real- 
mente es preciso tener cara para ser un palangana. 

«Charlatán, hablantín, tronera.» (Rodríguez.) 

PALENQUE, m. — Estacada para ordeñar va- 
cas. Consiste en dos o tres palos afianzados horizon- 
talmente en cuatro o cinco postes. — Poste destinado 
a palenquear animales bravos (toros, caballos, etc.). 

PALENQUEAR, a. — Quebrantar la bravura 
de un animal no domado, amarrándolo al palenque 
y sobándolo. 

[129] 



S.-T. II. 



DANIEL GRANADA 



PALOS, pl. m. — Pedacitos de tronco de las 
ramas pequeñas que vienen entre la yerba. V. MATE. 

PALO SANTO, m. — V. GUAYACÁN. 

PAMPA, f. — Llanura muy extendida, sin ve- 
getación arbórea. Concurre a caracterizarla la cons- 
titución de su superficie, que es una capa arcillosa, y 
tal cual vez arcilloso-calcárea, amarillenta o rojiza. 
Esta clase de terrenos abarca una considerable ex- 
tensión del territorio comprendido entre el océano 
Atlántico y ríos de la Plata y Paraná, por el lado del 
oriente, la cordillera de los Andes al occidente, los 
31 a 32° de lat. austr. mirando al Chaco, y hacia el 
sur de la Patagonia, Presúmese antiguo mar, de lo 
que ofrece señalados vestigios. Desde el Océano 
hasta la Cordillera se va elevando suavemente. En 
las partes más bajas de la llanura aparecen, acá y 
acullá, salinas. Las lluvias las convierten en charcos 
salados; cuando secas, parecen campos de nieve. — 
Dase en especial el nombre de Pampa al territorio 
comprendido entre las provincias australes de la 
Confederación Argentina y el río Negro, donde em- 
pieza la Patagonia; territorio en el cual, hasta el año 
de 1879, tenían su campamento los indios bravos 
conocidos por pampas. 

Del quich. pampa. 

«Este dilatado distrito es todo llanura intermi- 
nable, que corriendo desde cabo Blanco, en el mar 
del norte, llega hasta las cordilleras de Chile, for- 
mando un célebre desierto, que acá llamamos pam- 
pas, castellanizando ya el vocablo, que es propio de 
la lengua quichoa, general en el imperio peruano, 
en que significa campo rasoj> (El P. Lozano, H¿r« 
de la conq. del Parag, etc.) 

«Llanura grande: es voz de la lengua quechua, 



[130] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



y se apropia a las espaciosas llanuras de Buenos Aires, 
que tienen más de trescientas leguas de extensión.» 
(Alcedo.) 

«Vasta llanura de la América meridional, junto 
a Buenos Aires, que se extiende hasta la Patagonia.» 
(D. Juan Vilanova y Piera.) 

«Llanura de mucha extensión, cubierta de hier- 
ba, de que hay vanas en la América Meridional.» 
(La Acad.) 

Conforme a nuestro intento, hemos tratado de 
caracterizar solamente las pampas argentinas. 

PAMPA, adj. — Dícese del indio cuyas diver- 
sas parcialidades» algunas de origen araucano, va- 
gaban por la pampa austral, confinante con la Pa- 
tagonia, entre el Río de la Plata y la cordillera de 
los Andes. ÍL t. c. s. — Perteneciente a dichas par- 
cialidades. — Aplícase al animal caballar o vacuno 
que tiene la cabeza blanca, siendo el cuerpo de otro 
color. El caballo pampa es, de su condición, lagañoso, 
dormilón y reacio, y por su similitud con estos y 
otros resabios y malas cualidades peculiares de los 
indios de la Pampa, se le ha dado, sin duda, el mis- 
mo nombre que éstos llevan, que después vino a 
aplicarse también al animal vacuno. Ü. t. c. s. Muy 
mal informado estuvo Salvá cuando dijo que caballo 
pampa es el caballo de las llanuras de Buenos Aires. 

Los españoles que arribaron con el adelantado 
D. Pedro de Mendoza a la costa austral del Río de 
la Plata, dieron el nombre de querandíes a los indios 
que la ocupaban, los cuales, una vez fundada Buenos 
Aires a costa de mucha sangre, se fueron retirando 
hacia el sur, al paso que bajaban de la Cordillera 
parcialidades de la raza araucana. Todos ellos fueron 
después comprendidos en denominación general de 



[131] 



DANIEL GRANADA 



pampas, en razón de la vasta llanura que les servía 
de campamento. Eran hombres indómitos, esforza- 
dos, de indecible fiereza. Algún ganado alzado del 
que habían conducido a Buenos Aires los españoles, 
fue ocasión de que se propagase prodigiosamente por 
la Pampa, ofreciendo a los indios, que lo vendían en 
Chile, abundantes recursos. Pero ya casi extinguido 
a mediados del siglo decimoctavo, comenzaron aqué- 
llos a hacer correrías devastadoras, asaltando las es- 
tancias de la provincia de Buenos Aires. La guerra, 
con tal motivo, duró hasta fines del mismo siglo, en 
que hicieron la paz. Cuando a principios del siguien- 
te sobrevino la invasión británica, se presentaron en 
Buenos Aires ofreciendo su concurso a los españoles 
para repeler a los colorados* Después de la inde- 
pendencia, emprendieron contra los argentinos una 
incesante guerra de pillaje a muerte, que ha causado 
a las provincias inmediatas al teatro de sus malones 
perjuicios sin cuento. Púsose al cabo remedio con 
mano fuerte a tan lastimosa situación el año 1879, 
en que el gobierno argentino se enseñoreó del De- 
sierto. 

PAMPASIA, f . — Región de las pampas entre 
los 22? y 42° de lat. aust., que comprende el Chaco, 
las provincias de Santiago del Estero, Santa Fe, 
Córdoba, San Luis y Buenos Aires, y el territorio 
ocupado hasta hace poco por los indios al sur, que 
termina en el río Negro; denominación dada por 
Mr. Martin de Moussy y seguida por geólogos y na- 
turalistas. 

PAMPAYASTA. — V. RÍO TERCERO, se* 
gundo artículo. 

PAMPEANO, na> adj. — Concerniente a las 
pampas. 



[132] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



PAMPERADA, f. — Viento pampero fuerte y 
continuado. 

PAMPERO, ra, adj. — Que pertenece, en ge- 
neral, a las pampas, y, en especial, a la Pampa, o 
pampas del sur de Buenos Aires. 

«Pampero, ra, m. y f, — Habitante de la pam- 
pa.» (La Acad.) Como nombres sustantivos, que es 
como registra la Acad. las voces pampero, ra, no 
tienen en el Río de la Plata uso alguno; a no ser 
el adjetivo pampero sustantivado, para significar el 
viento que sopla de las pampas. A los indios salvajes 
que ocupaban hasta hace poco la Pampa, se les llama 
indios pampas o simplemente pampas* Los habitantes 
de las pampas comprendidas en varias provincias 
argentinas, derivan su nombre del de la provincia a 
que respectivamente pertenecen (de Córdoba cordo- 
bés, de Santiago santiagueño, etc.), y nunca de pampa. 

PAMPERO, adj. - — Dícese del viento que, en 
el Río de la Plata, sopla de entre el oeste y sud- 
oeste. Ü. t. es. 

Dícese pampero, porque en el Río de la Plata 
sopla del lado de las pampas. Es, por lo regular, 
frío, como que lo envía más y más refrescado la 
cordillera de los Andes. A veces, raras, sopla furio- 
samente durante dos o tres días, acompañado de co- 
piosa lluvia o de fuertes aguaceros. Éste ejerce una 
influencia notablemente saludable y tónica en el 
hombre. Es el pampero por excelencia: entra de im- 
proviso: no cesa un solo instante; y deja, cuando se 
desvanece, seca la atmósfera, despejada, puro y her- 
moso el cielo. Hay asimismo el pampero que llaman 
sucio: levanta, al aparecer, nubes de polvo que as- 
fixian, carga de electricidad la atmósfera, y despide, 
a trechos, una escasa lluvia o ligeros chubascos, in- 



[133] 



DANIEL GRANADA 



capaces de reanimar un punto la naturaleza aride- 
cida. Pampero sucio es como si dijéramos pampero 
espurio. 

«En este paraje experimentamos algunos vientos 
contrarios, que se reconocía ser ya de los de la tierra, 
que regularmente llaman pamperos, que en lengua 
general del Perú quiere decir campos grandes.» (Fray 
Pedro José de Parras.) 

«Viento impetuoso en las costas de la América 
meridional, que viene de las pampas, o del S. y SO.» 
(D. Juan Vilanova y Piera.) 

PANGARÉ, adj. — Dícese del caballo o yegua 
de color de venado. Ü. t. c. s. 

Lo propio en la pr. br. de R. G. del S.: más 
cloro que el dorodillo (Beaurepaire-Rohan). 

PANGO, m. — Hierba que a fuer de tabaco 
fuman los negros en el pito o cachimbo, causándoles 
una tos muy fuerte. 

Lo propio en el Brasil, según Beaurepaire-Rohan, 
que dice ser el cáñamo y la voz africana. 

PAPA, f. — Patata. 

En Quito, donde fue descubierta la patata, no 
se le dio desde el principio otro nombre que el de 
papa, generalizado después en toda América. 

PAPÁ, m. — V. TATA. 

Entre los guaraníes, ya en tiempo de la conquis- 
ta, decían los niños al padre papá, como actualmente 
la gente culta de las ciudades, donde se estila ora 
tata, ora papá. También papí, entre los mismos gua- 
raníes. 

PAPILLA, t — V. BATATILLA. 
PAPORRETA, t — Razón o dicho que carece 
enteramente de sustancia, digno de menosprecio. 



£134] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



Hablar de papo significa figurada y familiar- 
mente, hablar con presunción y vanidad, según la 
Acad., y es aplicación oportuna de papo. En Vene- 
zuela, por razones de eufemismo, no dicen sino ha- 
blar de paporreta s según D. Baldomcro Rivodó, agre- 
gando que es cosa bien sabida la significación que 
da el pueblo a esta palabra» Por acá se ignora. 

PARACHl, m. — Pájaro pequeño, de cabeza 
negra, lomo pardo verdoso y cola amarilla. Anda 
en bandadas. 

Del guar. parachi. 

PARAGUAY. — Río que nace en el llano de 
las Siete Lagunas» planicie de la sierra del monte 
Grande, en los 13? 30' de lat. aust., desembocando 
en el Paraná. Sus grandes crecientes tienen lugar entre 
los meses de diciembre y julio, por efecto de las 
lluvias torrenciales de la zona tórrida, que en aquel 
paraje sobrevienen por octubre a marzo. Perteneció 
antiguamente, desde sus cabeceras, a la gobernación 
del Paraguay establecida en la Asunción, por cuyas 
gentes fue descubierto y conquistado el vasto territo* 
rio que vierte en él sus aguas. Río de coronas, pa- 
raguay le decían, asienta Ruiz de Montoya. Rio de 
los papagayos indica Almeida Nogueira que puede 
también significar el nombre que lleva. Azara dice 
que, cuando arribaron los primeros españoles, habi- 
taban sólo los indios canos o guaraníes toda la costa 
oriental del río Paraguay, y le llamaban Paiaguay, 
aludiendo a que los indios paiaguas lo navegaban 
primitivamente en todo su curso; pero que los es- 
pañoles le han alterado algo el nombre llamándole 
Paraguay. Paraguay denominóse igualmente el terri- 
torio bañado por sus vertientes de la margen izquier- 
da y tierras adyacentes, así como el estado político 



{135} 



DANIEL GRANADA 



que allí se constituyó después de la independencia. 
Las invasiones portuguesas tenían estrechado consi- 
derablemente el dominio español por el norte, y hoy 
la República del Paraguay solamente lo ejerce desde 
el río Apa hasta el Paraná, y, del lado del Chaco, 
desde Bahía Negra hasta el Pilcomayo; de aquí para 
abajo la Confederación Argentina. El resto del Pa- 
raguay, o sea desde el Apa a la izquierda y Bahía 
Negra por la parte opuesta hasta sus cabeceras, per- 
tenece el día de hoy al Brasil, y aun la costa del Cha- 
co se la disputa BoUvia a la nación paraguaya. 

Aunque el mencionado río y el país de los pa- 
raguayos llevan el mismo nombre, y el de aquél es 
primitivo; sin embargo, cuando decimos o leemos el 
Paraguay, lo entendemos como si la segunda acepción 
de esta voz fuese su sentido recto. Así suele decirse 
río del Paraguay, De manera que el tío de coronas 
recibe hoy como de prestado su propio nombre. El 
actual Paraguay, o estado político así llamado, no es 
más que una fracción del amplio teatro de la con- 
quista, cuyo lustre irradiaba la Asunción: casi puede 
decirse que sólo le ha quedado el nombre y la honra. 

PARAGUAYO, ya, adj. — Natural del Para- 
guay. Ü. t. c. s. — Perteneciente a esta nación. 
La Acad. trae paraguayo y paraguayano. 

PARANÁ, m. — Río gigantesco. Calcúlase su 
largo en ochocientas leguas marítimas; la anchura, 
en casi la mitad de su curso, varía, estando bajo, de 
tres a una legua, término medio. Innumerables islas; 
aquí altas barrancas, allá espesos bosques; más arriba 
saltos o cataratas no menos poderosas y sublimes que 
la del Niágara. Crece majestuosamente entre diciem- 
bre y julio, por efecto de las lluvias torrenciales que 



[136) 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



entre octubre y abril caen en la parte de la zona tó- 
rrida donde tiene sus nacientes. 

Del guaraní pavana, denominación que, según 
Ruiz de Montoya, daban a algunos ríos, parientes del 
mar. Mas los guaraníes comprendían bajo este nom- 
bre así el caudal del Paraná, como el del Plata. 

Los españoles, a vista de la confluencia del Pa- 
raná con el Uruguay, quitáronle a aquél el Plata, 
ese verdadero mar dulce que dijo Solís; pero quedóle 
su majestad, cantada por el poeta Labardén, cisne de 
Buenos Aires. 

Desde el Iguazú a las bocas del Paraguay, a su 
izquierda, y de allí al Plata, por el oriente y el occi- 
dente, baña las costas de la Confederación Argentina, 
quien, por lo mismo, enseñorea la navegación del 
soberbio coloso. 

PARANÁ, — Capital de la provincia de Entre 
Ríos de la Confederación Argentina. — Departa- 
mento de la provincia argentina de Entre Ríos junto 
al río Paraná. — Capital del mismo departamento. 

PARANÁ DE LAS PALMAS. — V. DELTA 
PARANAENSE. 

PARANÁ GUAZCL — V. DELTA PARA- 
NAENSE. 

PARANAENSE, adj. — Que concierne al río 
Paraná. 

PARARSE, r. — Ponerse en pie. 

«Párese, amigo, no se esté ahí acostado! — 
¿Qué jerigonza es ésa? ¿si estamos en tierra donde 
se hable castellano? ¿Cómo ha de detenerse y cesar 
el movimiento quien está tirado y quieto como un 
leño? Lo más que puede exigirse a quien yace en el 
suelo, es que se levante y se ponga en pte.y> (Cuervo,) 



1137] 



DANIEL GRANADA 



Lo de menos sería suponet que va caminando aun 
el que está echado en el suelo o repantigado en un 
sillón, si solamente el sentido común y la lengua 
soportasen las consecuencias de semejante rareza; pero 
es que puede uno pagarla con el pellejo. No qui- 
siéramos estar con el de aquel a quien, hallándose 
recostado sobre el césped junto a un monte, le di- 
jesen, para que se aparejase a conjurar el peligro de 
ser despedazado por una fiera, párese, a secas, sin que 
la ocasión permitiese otra cosa; que seguramente la 
fiera lo despedaza: tan lejos estará de su ánimo el 
pensar que tan breve palabra encierre en cifra tantas 
cosas. 

PARDEJÓN, na, adj. — Que tira a pardo. Ü.t.c.s. 

PARDO, da, adj. — En general, dícese de toda 
la gente de color, incluso el negro del país. Ü. t, c. s. 
— En especial, dícese del zambo. Ü. t. c. s. 

«Los hijos de negros y negras libres se llaman 
morenos o pardos.» (El ¿edo. Valenzuela, en So- 
lórz.) 

«Está poblado aquel país de tres castas de hom- 
bres muy diferentes, que son indios, europeos o blan- 
cos, y africanos o negros. Las tres se mezclan franca- 
mente, resultando los individuos de que voy a hablar 
con el nombre general de pardos, aunque bajo el 
mismo nombre incluyen a los negros», (Azara.) 

PAREJERO, adj. — Dícese del caballo corre- 
dor. Ü. t. c. s. 

«Llaman parejeros a los caballos corredores.» 
(Azara.) 

El mejor parejero no le alcanza. 

(D. A. Magariños Cervantes.) 



{138} 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



Según Salvá, prov. de la Amér. metid.: caballo 
muy ligero de cierta raza particular. Se dice, en ge- 
neral, de Jos caballos criollos corredores* 

PASIONARIA, f, — V. BURUCUYÁ. 

PASO DE LOS LIBRES. — Departamento de 
la provincia argentina de Corrientes. — V. RES- 
TAURACION. 

PASPARSE, r. — Escoriarse el cutis, abriéndose, 
formando menudísimas escamas y secándose, por efec- 
to del aire frío, de asoleamiento o de cualquiera otra 
causa, ya sea externa, ya interna. Tengo las manos, 
la cara, los labios paspados, es cosa que se oye a cada 
paso en el Río de la Plata y el modo único que sus 
habitantes tienen de expresar el referido estado de 
la piel 

Paz-Soldán consigna que en Arequipa llaman 
paspa al «cutis sucio y rajado por el frío,» y que es 
voz que se usa también como adverbio de modo y 
como adpúvo del género común. Debe de haber con- 
fusión en este modo de clasificar la dicción de que 
se trata* En el Río de la Plata no se conoce sino el 
verbo reflexivo pasparse, con sus inflexiones, incluso 
su participio paspado. 

Paspa es voz quichua, según Pa^Soldán. De 
ella se denva el verbo pasparse, 

PASTIZAL, m. — Espacio de tierra cubierto 
de pasto muy crecido, en el que, entre diversas gra- 
míneas, figuran regularmente la cebadilla, la flechilla 
y la cola de zorro. 

PASTO BLANDO. — Hierba tierna de calidad 
y a propósito pata la alimentación y engorde de toda 
clase de ganados. Llámase también dulce. Compren* 
de varias ciases de gramilia y de caxdo, el trébol, la 
cebadilla y otros. 



um 



DANIEL GRANADA 



PASTO FUERTE, (llamado también duro). — 
Hierba recia y poco jugosa» que repugna el ganado. 

«El terreno sigue de arena fina y colorada, y 
sus pastos, espartillo o fuertes, como dice la gente del 
campo,» (D. Pablo Zizur, Exped. a Salinas, Ang.) 

«Los únicos pastos que se ven en todos los con- 
tornos, en cuanto he andado durante el tiempo que 
hemos estado en esta laguna, son los que llama la 
gente del campo pastos fuertes; mas en los bajos de 
las cañadas se halla también el trébol de olor, y la 
cebadilla, entreverado todo con el pasto fuerte.» (El 
mismo.) 

PASTO DE PUNA. — En las provincias argen- 
tinas arribeñas, ckru hierba peculiar de los terrenos 
arenosos, sin sustancia nutritiva y que no come el 
ganado. V. PUNA. 

PATACA, f, — Antigua moneda de plata, equi- 
valente a dieciséis vintenes. 

PATACON, m* — Antigua moneda de plata, 
equivalente a noventa y seis centésimos de peso fuerte. 

PATAGON, na, adj, — Dícese del indio cuya 
generación ocupa el territorio denominado en su ra- 
zón la Patagonta. Ü. t. c. s, — Perteneciente a dicha 
generación. 

Propiamente patagones son los indios que están 
próximos al estrecho. Más al norte, junto a la cordi- 
llera de ios Andes, hay tribus de raza araucana, y 
hacia la margen derecha del río Negro, parcialidades 
que parecen provenir de los pampas. 

Los patagones son muy altos y corpulentos. Tie- 
nen el pie (como es natural, atendido al tamaño del 
cuerpo) grande. Pero calzan botas de cuero, y sobre 
ellas suelen llevar unos chanclos. Con tales apéndices 
dejan marcada en el suelo una huella descomunal; de 



[140) 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



manera que no es extraño que los primeros explora- 
dores, al descubrirla, hubiesen creído que aquello era 
un país de gigantes. 

«Natural de Patagonia. Ü. t. c. s. — Pertene- 
ciente a esta región de la América Meridional.» (La 
Acad.) 

PATAGÓNICO, ca, adj. — Perteneciente a la 
Patagonia. 

«También llevan alguna sal a la misma ciudad 
(Buenos Aires) y a Montevideo de la boca del río 
Negro de la costa patagónica.» (Azara.) 

«No cabe duda que la mayor parte de estos pa- 
tagones tienen trato con nuestros establecimientos de 
Buenos Aires y Chile, y más particularmente con los 
últimamente formados en la costa patagónica.» (D* 
José de Vargas y Ponce.) 

«Establecimientos de la costa patagónica.» (El 
virrey Marqués de Loreto.) 

Los caballos 
Que del mar patagónico trajeron. 

(Labarjjén.) 

«Perteneciente a los patagones.» (La Acad.) 

PATAGONIA, f. — El río Negro al norte, el 
estrecho de Magallanes al sur, el océano Atlántico al 
este y la cordillera de los Andes al oeste, circundan 
el territorio patagónico perteneciente a la Confedera- 
ción Argentina. 

PATAY, m. — Pasta seca, hecha de la semilla 
del algarrobo. La que expenden en los mercados y 
pulperías, tiene la forma, tamaño y color de un la- 
drillo claro. Hácenla en las provincias argentinas 



{141} 



DANIEL GRANADA 



arribeñas, donde gustan de esta golosina. Es famoso 
el patay de La Rioja. 

PATEADOR, ra, adj. — Dícese del animal que 
acostumbra tirar patadas o coces, coceador. 

Lo propio en el Perú (Palma). 

PATEAR, n. — Tratándose de animales, tirar 
patadas, cocear. 

PATÍ, m. — Pez grande de los ríos, sin esca- 
mas, de piel atigrada y carne amarilla. 

PATO, m. — Antiguo juego de fuerza y des- 
treza, entre los hombres del campo o gauchos. 

Un pato metido hasta el pescuezo en una bolsa 
vistosamente adornada, era la prenda del más esfor- 
zado jinete. Formábanse dos o cuatro cuadrillas, cada 
una de las cuales tenía señalado su apostadero a una 
media legua del punto de partida, que venía a que- 
dar en el centro. Amárraban en el cuello del saco, 
según el número de cuadrillas que entraban en com- 
petencia, dos o cuatro fuertes cuerdas, de cuyos cabos 
asían sendos jinetes, que se daban la espalda, si eran 
dos, y colocados en cruz, si cuatro, casi juntas las 
ancas de los caballos. Sostenidas en alto las riendas, 
a fin dé* que todos pudiesen ver que ios comprome- 
tidos jinetes no contaban con otro apoyo que su asiento 
y los estribos, a una señal tiraban, metiendo espue- 
las. El que lograba arrancar el saco, todavía, perse- 
guido por la cuadrilla o cuadrillas opuestas que, dis- 
putándole la presa, trataban de cazar uno de los 
cabos para arrebatársela, estaba obligado a llevarla 
inmune hasta su respectivo apostadero, donde era re- 
cibido entre entusiastas aclamaciones de hombres y 
mujeres, si daba cumplido término a la peligrosa ha- 
zaña. Por supuesto que nunca pasaban estas diver- 
siones bárbaro-caballerescas sin que hubiese que la- 



[142] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



mentar fracturas de brazos y piernas y porrazos tre- 
mendos, acabando ordinariamente a tiros y cuchilla- 
das. Fueron, por tanto, una y otra vez prohibidas por 
la autoridad pública, no quedando de ellas el día de 
hoy más que el recuerdo. 

PAYADOR, m. — Trovador popular y errante, 
que canta, echando versos improvisados, por lo regu- 
lar, a competencia con otro que le sigue o a quien 
busca al intento, y acompañándose con la guitarra. 

Exactamente lo mismo que en Chile, según la 
acabada idea que de él ofrece D. Zorobabel Rodrí- 
guez, quien se inclina a creer que proceda el nom- 
bre del quichua ppaclla, campesino pobre. 

El ya casi extinto payador rioplatense y chileno 
es personaje común a toda la América española. Llá- 
manle propiamente cantador en Venezuela, según el 
erudito venezolano D. Julio Calcaño (Reseña hist. 
de la lit. venez.). Es allí este repentista cantor el 
llanero (Baralt, Res. hist. de Venz.). Trátase, pues, del 
llanero de Venezuela, del guaso de Chile, del gaucho 
del Río de la Plata, que, de tapera en galpón, por 
ranchos y pulperías, va cantando de amor con tosco 
ritmo al gusto, sin permiso de la prosodia y del arte 
métrico, que todavía le perdona sus transgresiones, 
en gracia de la inocencia de su pecado y de la sen- 
cilla condición del auditorio que tan placenteramente 
le escucha. 

Según D. Fidelis P. del Solar, debe ser pallador; 
pero el uso general es decir y escribir payador. 

«El alma del payador.» (D. R. Obligado.) 

«Y aquel extraño payador, abortado por la som- 
bra, canta los tristes y los cielos de la pampa con 
encanto sobrehumano.» (D. Joaquín V. González, 
La tradición nacional,) 



[143} 



DANIEL GRANADA 



PAYAGUÁ, adj. — Dícese del indio cuya par- 
cialidad navegaba la parte superior del río Paraguay 
al tiempo del descubrimiento. Ü. t. c. s. — Pertene- 
ciente a esta parcialidad. 

Los payaguaes eran crueles y perseverantes en 
sus acometidas, así contra los españoles, como contra 
las demás parcialidades de indios. Sometiéronse a me- 
diados del siglo decimoctavo. 

PAYOGASTA. — Departamento de la provin- 
cia argentina de Salta. — Capital del mismo depar- 
tamento. 

PAYSANDÚ. — Departamento de la Repúbli- 
ca Oriental del Uruguay. — Ciudad cabecera del 
mismo departamento. 

El padre misionero Fray Policarpo Sandú formó 
una reducción donde está la ciudad que lleva su nom- 
bre, por haber sido él quien echó los cimientos de la 
misma, según D/ Domingo Ordoñana (Conf. soc. y 
ec. de la R. O. del U.). 

De paí guaraní, padre y Sandú, apellido del mi- 
sionero. 

PEDERNAL. — Departamento de la provincia 
argentina de San Juan. 

PELOTA, f. — Cuero de animal vacuno, entero, 
cortados solos los garrones, estaqueado, del cual, me- 
diante unas guascas, se forma como una batea, que, 
llevada por un nadador de los dientes o asida a la 
cola del caballo, sirve para transportar de una orilla 
a la otra de un río o arroyo invadeable la montura 
y equipaje o cualesquiera otros objetos o una perso- 
na. La misma carona del recado se suele emplear en 
esta operación. 

Lo propio en la provincia brasileña de Río 
Grande del Sur (Beaurepaire-Rohan). 



[144] 



VOCABULARIO RIOPLATENSB 



«Al otro día pasamos el río coa pelotas, por no 
poderse vadear.» (El P, Policarpo Dufo> Entrada que 
se hizo el año de 1715 al castigo de los infieles). 

«No había embarcación alguna; con que fue 
preciso valemos de una pelota, que es lo que para 
pasar un río han discurrido los naturales. Hácenla de 
un cuero de vaca o de toro, cogiendo las puntas por las 
cuatro esquinas, hasta dejarlo en esta forma ) 1 , 
y en aquel poco de plano que queda en medio, se 
pone todo el recado de montar, y luego sobre él se 
sienta el pobre navegante sobre sus mismos pies, casi 
arrodillado. De una de las esquinas de la pelota pren- 
den una cuerda: échase un mozo a nadar con toda 
suavidad, y sin mover oleaje alguno con el movi- 
miento de pies y manos va nadando y tirando aquella 
débilísima embarcación de aquella cuerda que pren- 
dió con los dientes. Quien se embarcó en ella, ha de 
pasar sin hacer el más mínimo movimiento, porque, 
a cualquier vaivén, se va a pique > , . He referido esto 
para que en adelante, cuando se diga haber pasado 
algún río en pelota, se entienda por lo mismo que 
haber pasado en dicha embarcación». (Fray Pedro 
José de Parras, Diar. en la Rev* de la BibU P. de 
Bs, As. por Trelles), 

«Porque algunas veces he dicho que los peloteé 
(viene hablando de los ríos), ha de saberse que para 
este fin usan un cuero de toro o vaca seco: le dan 
figura cuadrada o rectangular, cortando lo sobrante 
con un cuchillo; luego con cuatro ligadurillas for- 
man de él una candileja; lo tiran al agua los cuatro 
picos para arriba, y dentro meten lo que quieren pa- 
sar, y un hombre a caballo nadando tira de una 
guasquita la pelota y pasa grandemente. En cada 
pelota o candileja se pasan cómodamente 16 a 25 



£145} 



DANIEL GRANADA 



arrobas peso, y siempre es preferible a una me- 
diana canoa.» (Azara, Viaj. publ. por el geni. D. 
B. Mitre y D. J. M. Gutiérrez.) 

«La pelota. . . es una especie de balsa formada 
con el cuero seco de un novillo, recogido hacia arriba 
en forma de tinaja y enjaretado alrededor de la aber- 
tura por donde se mete el viajero. A veces le ponen 
dentro o fuera palos a los costados para que arme 
mejor. Se maneja con una pala o gruesa rama, se 
arrastra por otro a nado o a caballo, o se tira desde 
la orilla opuesta con un lazo.» (Magariños Cervan- 
tes, Palmas' y Ombúes.) 

PELOTEAR, a. y n. — Pasar un río u otro 
caudal de agua, sirviéndose de un cuero conveniente- 
mente aparejado al intento, al cual se le da el nombre 
de pelota. 

«Peloteamos esta segunda cañada, que era muy 
ancha y volvimos a cargar.» (A2ara.) 

«Pasamos un bracito, y después (en peloteando} 
un brazo del Queguay, que estaba bien crecido.» (El 
padre misionero citado en el art. GUASQUEAR.) 

PELUDO, m. — Tatú de media vara de lon- 
gitud, cubierto de pelos largos entre y sobre las es- 
camas. Otros tatúes lo tienen también, pero más es- 
caso; de ahí que sólo éste lleve dicho nombre. 

PELLA, f. — Manta de gordura que cubre la 
carne del animal Así animal de pella se dice del 
que es muy gordo, tratándose del ganado vacuno. 

PENDON, m. — V. ESTANDARTE. 

PEÓN, m. — El que trabaja o sirve bajo la 
dirección y mando del dueño de un establecimiento 
o de un capataz. Aunque el significado recto de la 
palabra es el que camina o anda a pie, se usa corrien- 
temente tratándose de los que trabajan a caballo. Así 



(146} 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



los trabajadores de una estancia, que no dan un paso 
si no es a caballo, son peones, excepto el capataz. 
Los conductores subalternos de tropas de ganado, se 
llaman asimismo peones. 

Lo propio en el Perú (Palma). 

PEONADA, f. — Peones que trabajan en un 
establecimiento. 

Lo propio en el Perú (Palma). 

«Obra que un peón o jornalero hace en un 
día.» (La Acad.) 

PEPOAZA, m. — Pájaro de una cuarta de lon- 
gitud aproximadamente, de lomo ceniciento, pecho 
blanco, y alas negras, atravesadas por listas blancas. 

Del guar. pepo aga, ala atravesada. 

«Los pepoazás carecen del humor melancólico 
y pendenciero de los otros (los smrirís).» (Azara.) 

PEREBA, f. — Cicatriz. 

Del guar. peté, pereb, con significación seme- 
jante. 

En el Brasil erupción cutánea pustulosa (Beau- 
repaire-Rohan). 

Usa esta voz sólo la gente del campo (Urug., 
Paran., Parag.). 

PERICO. — Capital del departamento del mis- 
mo nombre de la provincia de Jujúy. 

PERICOTE, m. — Ratón grande del campo. 

Lo propio en el Perú (Palma). 

«Sea lo que fuere, no se puede dudar que hay 
muchísimos (ratones) y muy perjudiciales, especial- 
mente los que por acá llaman pericotes, que llegan 
a tal tamaño que se hacen temer de los gatos.» (El 
P. Lozano, Hist. de la conq. del Parag. etc.) 



[147] 



T 



DANIEL GRANADA 



PESADA, f. — Unidad ponderal usada en los 
saladeros para pesar cueros salados, y en las barracas 
para pesar cueros secos. La pesada del saladero tiene 
setenta y cinco libras en las repúblicas Argentina y 
Oriental del Uruguay. La pesada de barraca es, en la 
República Argentina, de treinta y cinco libras, .y de 
cuarenta en la Oriental del Uruguay. 

PETISO, m. — Caballo de muy corta alzada. 

Lo propio en la provincia brasileña de Río 
Grande del Sur: caballo de piernas cortas (Beaure- 
paire-Rohan). Los ríograndenses tomaron del Río de 
la Plata el vocablo. 

PIALAR, a. — V. APEALAR. 

Corrupción tan generalizada, que es la voz co- 
rriente. 

También en la provincia brasileña de Río 
Grande del Sur dicen pialar (Beaurepaire-Rohan), 
con la propia significación que en el Río de la Plata, 
de donde los riograndenses tomaron el vocablo así 
corrompido. Trae asimismo piala., por acción de pia- 
lar; «de piale, vocablo de la Amér. merid. española.» 
Ignoramos si lo es; sí bien en el Río de la Plata dicen 
piala, derivado de pialar y correspondiente al vocablo 
primitivo apea. 

PICADA, f . — Senda estrecha, abierta por en- 
tre un monte. — Paso de un río o arroyo, por el cual 
sólo puede andar un hombre a caballo. 

La 2 a acep. es traslaticia; pues la picada, pro- 
piamente, sólo puede ser la senda, para hacer la cual 
se corta, o pica, el monte. Pero como casi no hay 
río o arroyo que no tenga monte en sus orillas, y la 
picada corresponde regularmente con un paso, de ahí 
que a éste, por traslación, se le llame también picada. 

«Un destacamento de treinta hombres, provistos 

[148] 



4 X . 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



de todo lo necesario para su alimento y defensa, co- 
mo asimismo de hachas, machetes y demás instru- 
mentos precisos pata romper el monte, abrieron efec- 
tivamente la picada.» (D. José M a Cabrer.) 

Pica llaman en Venezuela, según Rivodó, a la 
vereda o senda, especialmente la que abren los inge- 
nieros para hacer una carretera o camino. Picada, en 
el Brasil, significa substancialmente la misma cosa 
que en el Río de la Plata. 

PICAFLOR, m. — Pajarillo diminuto, notable- 
mente bello por los cambiantes que ofrecen los finos 
colores de su plumaje. Permanece largo rato suspen- 
dido fijamente en el aire, por efecto del rápido movi- 
miento de sus alas; de donde le viene el llamarse asi* 
mismo tente en el aire. No falta en cualquier jardín; 
porque apetece sobremanera el néctar de las flores, 
el cual chupa con tal delicadeza, que no les causa el 
menor daño. Aparece repentinamente: para de pronto 
su vuelo vertiginoso ante una y otra flor, sin huir de 
la gente; y con la misma precipitación se hurta a los 
ojos de quien lo admira. Enjaulado, desfallece y mue- 
re. Por otro nombre colibrí; pero el más corriente 
es picaflor. Predomina en su plumaje el color verde 
esmeralda. 

«Así (picaflor) y tente en el aire les llaman los 
españoles.» (Azara.) 

Los picaflores 
Liban el dulce burucuyá. 

(D. Rafael Obligada) 

PICANA, f. — Vara larga con aguijón en uno 
de sus extremos, para picar los bueyes que tiran de 
una carreta. — Carne del anca del animal vacuno. 



{149} 



DANIEL GRANADA 



Lo propio (1$ acep.) en ChiJe (Rodríguez) y 
en el Perú (Palma). También en Chile la 2 a acep., 
según Solar: «una presa de la vaca,» que es, sin duda, 
el anca. Y probablemente en el Perú; sólo que la 
noticia de Palma se contrae a la I a edición del Vocafr., 
que no trae la 2 a acep. 

La voz aguijada no se usa nunca, ni es conocida 
vulgarmente en el Río de la Plata, 

Picana, en la provincia brasileña de Río Grande 
del Sur, significa asimismo el anca, que es la parte 
del animal vacuno más a propósito para el asado con 
cuero, como indica Beaurepaire-Rohan, quien parece 
andar algo desorientado en punto a la etimología del 
vocablo. Viene de picar, porque el anca es la parte 
donde más frecuentemente pican con la aijada a los 
bueyes que tiran de una carreta. 

PICANEAR, a. — Picar con la picana, aguijar* 

Lo propio en Chile (Rodríguez). 

PICAZO, za, adj. — Aplícase al caballo o ye- 
gua que tiene el cuerpo oscuro y la frente y pies 
blancos. Ü t. c. s. — Lo propio en la prov. bras. 
de Río Grande del Sur: picado (Beaurepaire-Rohan). 

PICOTON, m. — Picotazo. 

Lo mismo en Chile ( Solar )„ 

PICHINCHA, f. — Negocio o adquisición ven- 
tajosa por todo extremo. Es una pichincha. ¡Qué pi- 
chincha/ He hecho una pichincha. 

PICHINCHERO, ra, adj. — Que en sus negocios 
quiere que todo sea pichinchas, que es amigo de pi- 
chinchas, que trata siempre de hacer pichinchas, Ü» 
t. c. s. 

PIE DE LA CORDILLERA. — Últimas mese- 
tas o descansos de donde arranca la cima o lomo de 
la cordillera de los Andes. 



1150] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



PIEDRA BLANCA. — Departamento de la 
provincia argentina de Catamarca. — Capital de! mis- 
mo departamento. — Departamento de la provincia 
argentina de San Luis. 

PIEDRA DE AGUA. — Calcedonia enhidra. 

Hállase esta clase de piedras en la banda oriental 
del Uruguay, dentro de unas rocas negruzcas. La cal- 
cedonia aparece envuelta en una blanda masa blan- 
quecina, como si se hubiese querido evitar el roce 
del ágata, que es delicada, con la piedra que la con- 
tiene, que es escabrosa. 

PILCHA, f . — Prenda de uso. 

PINGO> m. — Caballo vivo, ligero, de buenas 
cualidades. 

Lo propio en la provincia brasileña de Río 
Grande del Sur (Beaurepaire-Rohan). Prov. de la 
Amér. merid,, según Salva: «caballo de regalos En 
Chile, caballo ruin, según Rodríguez, 



PINTÓN, na, adj. — Dícese de la fruta que 
empieza a tomar el color que anuncia su próxima 
madurez. 

Lo mismo en Cuba y en Bogotá, países en donde 
pintón significa, según Cuervo, medio maduro. 

De pintar, n., que es «empezar a tomar color y 
madurar ciertos frutos», dice la Acad. Pero define así 



uvas o de la vtd cuyos granos van tomando color.» 

«Este adjetivo puede aplicarse también a otros 
frutos y frutas, además de la uva.» (D. Baldomero 
Rivodó.) 



A su pingo palmotea. 

(D. A. Magariños Cervantes.) 



el adjetivo de 




:Dícese del racimo de 



£151} 



DANIEL GRANADA 



PIOLA, f. — Pedazo de hilo más retorcido y 
fuerte que el de acarreto. 

Lo mismo en el Perú (Palma). 

(En la) «marina: Czbho formado de dos o tres 
ñlásticas.» (La Acad.) 

PIQUE, m. — Insecto que hay en Misiones, 
Paraguay, Chaco, etc., el cual, introduciéndose por los 
poros del cuerpo, si no se le extrae a tiempo, se mul- 
tiplica prodigiosamente, corroyendo la carne. Por otro 
nombre en América nigua, no usado en el Río de la 
Plata. 

También en el Perú pique (Paz-Soldán, Palma). 

Del quich. ptqut (Paz-Soldán). 

«El insecto, tan general en las Indias, llamado 
nigua o pique, cuya incomodidad es frecuente, como 
el peligro que se corre después de la extracción, si 
por casualidad se moja el pie, en la isla de Cuba, 
no le hay en la Luisiana.» (D. Antonio de Ulloa. 
Noí. amet.) 

PIQUETE, m. — Corral pequeño, cerca de las 
casas, para encerrar un animal, en lugar de tenerlo 
a soga. 

PIQUILLlN, m, — Arbusto que da un fruto 

comestible semejante a la grosella, ora colorado, ora 
amarillo, ora negro. Críase en las provincias argen- 
tinas arribeñas. Rhanineoe. 
PIRÍ, m. — Tolda 

Apócope de piriog, o bien de pin pérnbi, térmi- 
nos guaraníes equivalentes a toldo de ¿unto, quincha 
de junco. V. QUINCHA y TOLDO. 

«Constaba dicha toldería de ciento y un pirís,» 
(El P. Policarpo Dufo, Inf. de la entrada que se hizo 
el año 1715 al castigo de los infieles publ por Tre- 
lles.) Trelles díce: «Pirí es palabra de la lengua gua- 



{152] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



raní, que significa junco y también estera de junco. 
Por este documento se ve que era empleada figura- 
damente, como una especie de sinécdoque, pata sig- 
nificar las chozas de aquellos indígenas (los bohanes 
y yaroes), por el nombre de la planta que les servía 
de material para cubrirlas, o para formar tejidos con 
el mismo objeto; pues en sentido recto, un toldo de 
estera o junco sería pirí og, según los diccionarios de 
la lengua.» 

PIRIRIQUITl, m, — Pajarillo de color azul. 
Del guar, pmrtqmti 

PIRÓN, m, — Pasta hecha con fariña y caldo 
o agua caliente. Se come, supliendo por el pan, con 
el puchero o con cualquier guisado. Es voz proce- 
dente del Brasil. 

PISINGALLO, m. — Maíz pequeño, puntiagu- 
do, colorado, el más a propósito para hacer rosetas o 
pororó. 

PITADA, f. — Fumada. — Corta porción de 
tabaco, para fumar una sola vez en el pito, cachimbo 
o pipa. 

Lo propio en el Perú (Palma). 

PITANGA, f. — Árbol de la familia de las 
mirtáceas, de hoja aovada y olorosa, de fruto comes- 
tible, semejante a una guinda negra o morado-oscura 
en su forma y tamaño, con carozo redondo, cuya 
cascarita envuelve una almendra. — Fruto de este 
árbol — Arbusto de la misma especie que el árbol 
antedicho, parecido al arrayán. 

Del guar. ibapitü. 

La gente del campo aplica el cocimiento de la 
cascara del árbol para curar la disentería. 
En Colm. pttangueira del Brasil, 



U53] 



DANIEL GRANADA 



PITAR, aya, — Fumar, ya sea en pito, ca- 
chimbo o pipa, ya sea un cigarro. Es voz vulg, y fam. 

Lo propio en Chile (Rodríguez) y en el Perú 
(Pa2-Soldán, Palma), Prov. de Amér., fumar (Salva). 

Pitar tabaco trae el P. Andrés Fedrés. Esto un 
filólogo, y a mediados del siglo XVIIÍ, lo que parece 



simo del vocablo de que se trata. 

Es un bendito, 
Que come, bebe, pita. 

(D. Andrés Bello, El Proscrito.) 

Discurre y pita, 
Pita y discurre; y luego pide un mate. 

(El mismo, ibidem.) 

«Páseme, compañero, la tabaquera; pitemos un 
cigarro.» (Sarmiento, Facundo o CiviL y Barb, etc) 

Beaurepaire-Rohan entiende que tanto pitada, 
como pttar y pito, vienen del guaraní pite o del tupí 
piter, chupar, sorber. Nosotros nos inclinamos a creer 
que pitar y pitada se derivan de pito, y que éste no 
es otra cosa que el sentido traslaticio de la flautilla 
nombrada pito, por la semejanza que con ella tiene 
la pipa de fumar que lleva ese nombre. 

PITO, m. — Pipa de fumar, muy ordinaria, se- 
mejante al cachimbo, como éste usada comúnmente 
por los negros antiguos. 

PLANCHADA, f. — Tablazón que, apoyada 
en la costa de un río y sostenida por un caballete 
introducido en el agua, sirve para el embarco y des- 
embarco. 



quitar algún tanto 




(154} 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



PLANCHEARSE, refl. — Caer de lado la ca- 
balgadura. 

Lo propio en la prov. brasil, de Río Grande del 
Sur (Beaurepaire-Rohan). 
PLATA, f. — Dinero. 

La voz plata, en el sentido de dinero, así en el 
Río de la Plata, como en toda la América, donde 
es de antiguo uso y generalizado, no envuelve un 
galicismo, como pudiera presumirse, atendiendo a que 
el argent francés significa, no sólo plata, sino también 
dinero. No es tan espurio el vocablo; antes al con- 
trario, tiene legítimo y noble abolengo. Con efecto, 
el tan limpio como reverenciado metal de plata corría 
en los siglos pasados con tal abundancia en las Indias, 
que llegó a ser considerado como el único represen- 
tante del dinero. De ahí la sinonimia de plata y 
dinero. Publicóse con verdad, decía el virrey del Perú 
marqués de Montesclaros, que sobraban tanto las ri- 
quezas en él (en el Perú), que se tenía por más fácil 
y barato armar los hombres y herrar los caballos de 
plata que de hierro. Y Antonio León Pinelo asevera 
que, poniendo por caso que de América a España 
haya dos mil leguas, hubiera podido hacerse un ca- 
mino de plata (con sólo la que han dado las Indias) 
de catorce varas de anchura y cuatro dedos de espesor. 
I-a plata se fue; pero quedó su gusto tan pegado a 
los labios, que, a fin de evitar que de la memoria 
llegase por ventura a borrarse su placentero y glo- 
rioso recuerdo, se ha convenido en suplir la falta de 
ella con la suave fruición que su sonido causa en los 
oídos; de forma que aun al mismo cobre se le llama 
plata a boca llena. 

No queremos decir con todo esto que sea con- 
veniente conservar la sinonimia, de todo punto inne- 

[155] 



DANIEL GRANADA 



cesaría, de las voces plata y dinero Pero tiene una 
excelencia; y es que, a fuerza de tanto oir piafa, 
plata, plata y plata, se forma uno la ilusión de que 
vive nadando en ella, que no es poco, a falta de 
dinero. 

Y ¿qué mucho que el bajo cobre ande 
Con máscara de plata, si sabemos 
Que nos engaña así naturaleza? 
Pues ese cielo azul, que todos vemos, 
No es cielo, ni es azul. ¡Lástima grande 
Que no sea verdad tanta belleza! 

Perdónenos Argensola. 

En estilo jocoso escribe D. Andrés Bello: 

Pero al fin D. Agapíto 
Es hombre servicial y tiene plata. 

(El Proscrito.) 

Y no faltó en España quien dijese, si bien por 
boca de un personaje cómico: 

Moreno. 

Que todavía me acuerdo 
de que soy hombre. . , 

Petra. 

¿Qué? 

Moreno. 

Hombre; 
aunque no tengo dinero* 

f 1563 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



Petra. 

¿Sin plata, y hombre? Tú solo 
tendrás ese privilegio 

(D. Ramón de la Cruz, 
El buen casero.) 

PLATA ( río de la). — Río que tiene por cabe- 
cera la confluencia del Paraná y Uruguay, y al cual 
se le da comúnmente por término, en el océano 
Atlántico, los cabos de Santa María y San Antonio. 
Fue descubierto, a fines del año 1515 y principios 
del 16, por Juan Díaz de Solís, el más excelente 
hombre de su tiempo en su arte, según el cronista 
Antonio de Herrera, y de quien dice Oviedo que, 
pare riéndole que en la villa de Lebrtja, de donde era 
natural, no cabían sus pensamientos, volviólos al otro 
hemisferio. Mar dulce llamó Solís, por su inmensi- 
dad, al Río de la Plata. Río de Solís fue denominado 
en seguida, a raíz del descubrimiento; pero, habiendo 
después (1527) Sebastián Gaboto enviado a España 
para ante el monarca unos indios a quienes adornó 
con algunos objetos de plata que ju^gó ser de las 
regiones que estaba reconociendo, de ahí que el río 
de Solís olvidase el nombre de su descubridor y lo 
sustituyese por el más halagüeño de Río de la Plata. 
Murió Solís a manos de los charrúas, en la costa sep- 
tentrional del recién descubierto río, cerca de la 
desembocadura del Uruguay. Como viese los indios 
a corta distancia de la orilla, determinó comunicar 
con ellos, bajando a tierra en un bote con algunos 
españoles; pero, apenas lo hubieron hecho, pagaron 
con la vida tan temeraria imprudencia. 

PLATA (ciudad de la). — V. LA PLATA. 



[1571 



DANIEL GRANADA 



PLATUDO, da, adj. fam. — Que tiene mucha 

plata. 

Lo mismo en Bogotá: «rico, adinerado, dinero- 
so» (Cuervo). Y en Chile (Rodríguez). 

PLUMERILLO, m. — Arbusto del género de 
las mimosas, muy frondoso, de hoja menuda y ramas 
largas y enredadas entre sí. Llénase de flores colo- 
radas en haces semejantes a un plumerillo. Calliandra 
bicolor Benth. (acacioe) en Gibert. 

POCITO. — Departamento de la provincia ar- 
gentina de San Juan. — Capital del mismo depar- 
tamento. 

POCHO. — Departamento de la provincia ar- 
gentina de Córdoba, fronterizo a La Rioja. — Capi- 
tal del mismo departamento. 

POLEO, m. — Arbusto de hoja aromática y 
medicinal. 

POLLERA, f . — Falda o saya. 

«Las mujeres españolas usan una ropa que lla- 
man pollera, y pende de la cintura: ésta es hecha 
de tafetán sencillo y sin aforro, porque los calores 
no^ les permiten otra cosa (habla de Cartagena de 
Indias); y de medio cuerpo arriba un jubón o al- 
milla blanca muy ligera.» (Juan y Ulloa.) 

«Brial o guardapiés que las mujeres se ponían 
sobre el guardainfante, encima del cual asentaba la 
basquina o saya.» (La Acad.) 

PONCHADA, f. — Cantidad de objetos que 
podrían llenar un poncho. 

Lo propio en la piov. brasileña de Río Grande 
del Sur (Beaurepaire-Rohan). 

PONCHO, m. — Manta cuadrilonga, con una 
abertura en el medio, a propósito para introducir por 
ella la cabeza, a fin de que aquella quede pendiente 

E158J 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



de los hombros, cubriendo pecho y espalda. Üsalo 
habitualmente la gente del campo; la de las ciudades 
solamente en partidas de campo y en viajes por la 
campaña, prefiriendo naturalmente los de vicuña, tela 
riquísima y cada vez más rara y estimada. Los de 
vicuña, llamados también mantas, suelen usarse como 
bufandas. 

En arauc. pontho, poncho, V. la observación 
que hicimos en los art. GUACHO y MANCARRÓN 
sobre supuestos vocablos aborígenes. 

«Especie de sayo o capote sin mangas y con aber- 
tura por donde se saca la cabeza.» (La Acad.) 

POPI, m. — Mandioca, raspada la cáscara, 
cortada longitudinalmente en pedazos y seca al sol, 
a cuyo efecto se cuelgan éstos en unos cordeles ho- 
rizontales; operación que se ejecuta con el fin de no 
carecer de este alimento cuando ya ha pasado la 
época de la cosecha, porque en su estado natural no 
se conserva mucho tiempo. 

Del guar. mandio popí mandioca raspada o lim- 
pia. Especie de elipsis en que se ha tomado el modo 
por el sujeto modificado. 

PORONGO, m. — Calabaza silvestre, amarga, 
de forma oblonga. — Calabacino, o sea vasija for- 
mada de una cáscara seca de calabaza silvestre, para 
tener líquidos o cualesquiera otros objetos. — Mate 
de forma ovalada. 

«Prov. de la Amér. merid. Especie de calabaza 
de cáscara muy dura, que se emplea como vasija para 
varios usos domésticos.» (Salva.) 

Paz-Soldán dice que cuando los mates son ova- 
lados o largos y angostos, reciben el nombre de po- 
rongos y sirven de botellas (esto en el Perú), y que 



[1591 



DANIEL GRANADA 



tanto mate como porongo son voces quichuas. Ro- 
dríguez lo define «cantarillo cuellilargo de barro». 

Parece que antiguamente significó cantarito; 
pues el P. Febrés (Calep, chil, hisp.) dice, «purunco, 
el porongo, cantarito.» Puede provenir del quich. 
purunccuy o ser afér. del guar. tba pord, calabaza 
amarga. Comunicóse el vocablo en estas tres lenguas, 
quizá, por boca de los españoles, siendo lo probabk 
que primeramente fuese quichua. 

En la prov. brasileña de Río Grande del Sur 
cierta cucurbitácea pequeña, de que se hacen vasijillas 
para tomar el mate, según Beaurepaire-Rohan, que 
considera venir el vocablo del quichua puruncca. 

PORORÓ, m. — Maíz tostado del modo si- 
guiente. Ponen en una sartén, al fuego, un poco de 
grasa, y, cuando está bien caliente, le echan el maíz, 
el cual en el acto revienta y salta, abriéndose en forma 
de rosetas, cuyo nombre suele también dársele. El 
maíz más a propósito para esta operación es uno muy 
pequeño y puntiagudo, que dicen pisingallo. — Por 
analogía con el múltiple y sucesivo estallido del maíz 
que revienta en una sartén caldeada del modo dicho, 
se emplea la voz pororó para indicar cualquier suce- 
sión desordenada de sonidos estrepitosos. — Del que 
habla con precipitación y demasiado, particularmente 
si tiene la voz aguda, de manera que aturda o fastidie, 
se dice asimismo cfue es o parece tm pororó. 

La voz pororó procede del guaraní pororog, que 
significa, bien expresivamente, estruendo, ruido de 
cosa que revienta. Abatí pororóg, maíz que reventó 
tostándolo, dice Ruiz de Montoya. Abatí es maíz. 

A. D. Francisco A. de Fígueroa, que cantó las 
excelencias del choclo, pertenecen los versos si- 
guientes: 



[160J 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



Entonces de maíz los orientales 
Hacen el blando mote, e igualmente 
El pororó o rosetas, en que hallo 
La excelencia especial del pisingallo. 

POROTO, m. — Habichuela. V. CHAUCHA. 

Mas yo siento 
Que, sin un buen almo, los porotos 
Causan sus compromisos y alborotos. 

(D. F. A. de Figueroa.) 

PORTEÑO, na, adj. — Natural de la ciudad 
(y puerto) de Buenos Aires, Ü. t. c. s, — Pertene- 
ciente a dicha ciudad. 

POSTE, m. — Palo fuerte, grueso y tosco que, 
clavado en tierra, sirve para sostener el alambrado 
de los campos, atar animales, etc. 

POTREADOR, m. — V. PALENQUE (2 a 
acep.). 

POTREADOR, m. — Palenque (2 a acep.)* 
POTRERO, m. — Terreno cercado, para tener 
animales a mano aquerenciar caballos, entropillar, 
desternerar, etc., etc. — Campo aparente para un 
pastoreo especial, por tener los mejores pastos, agua- 
das, etc. — Rinconada de buenos pastos. 

* Lo propio en el Perú (Palma); así como en 
Chile y Bolivia «recintos más o menos grandes que 
se destinan en las haciendas a la crianza de los ga- 
nados» (Rodríguez). «Prov. de Amér. La hacienda 
destinada a yeguadas y vacadas.» (Salvá.) 

«Formamos el campamento en la esquina que 
hace el río Bermejo, que sigue después al oriente, 
habiendo distintas ensenadas abundantísimas de pas- 
to, por lo que se les dio el nombre de potreros de 

[161} 



6 -T II 



DANIEL GRANADA 



San Bernardo.» (Exp. al Chaco por D. Jerón. Ma- 
torral) 

POTRERO DE INVERNADA. — Campo.de 
buenos pastos, cercado, para pastoreo de novillos o 
vacas en la época de la invernada, V. INVERNADA. 

PROVINCIA CISPLATINA. — Denominación 
que se dio a la Banda Oriental, con determinados 
límites, cuando estuvo incorporada al Brasil. 

Cis-platina, del lado de acá del Plata respecto 
al Brasil y a su corte en Río Janeiro. 

PROVINCIAS UNIDAS DEL RÍO DE LA 
PLATA. — V. NACION ARGENTINA. 

PUCHA, f. — Úsala regularmente el vulgo 
como mterj. equivalente a ¡caramba! a veces prece- 
dida de artículo. 

Rodríguez cita el siguiente pasaje de Tirso de 
Molina en la Villana de Vallecas* 

¡Oh hi de pucha! 

/Y qué queréis ver con ella? 

PUCHO, m. — Sobra o resto, y también lo 
que vale muy poco o casi nada y se desprecia. 

No hay más que un pucho (una sobra) de tal 
o cual cosa. Sólo me queda un pucho (resto) de ella. 
Tengo un pucho (poca cantidad). Un puchito (una 
nada). No vale un pucho (es cosa despreciable). 
Un pucho (desperdicio) de cigarro. 

Del quich. y del arauc. pucbu* 

Prov. de la Améc. merid. en Salvá: la punta 
del cigarro que se ha jumado. 

Üsase también en Chile, Bolivia y el Perú, se- 
gún Rodríguez, ya para expresar el resto del cigarro, 



[162] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



ya para ponderar lo poco en que se estima una per- 
sona o cosa. 

PUEBLADA, f. — Movimiento popular mo- 
mentáneo o pasajero y de poca o ninguna impor- 
tancia o sin trascendencia política. 

«Cuando el pueblo tumultúa contra alguien, ora 
sea autoridad o no, decimos que ha habido una pue- 
blada; hay voces que denotan casi lo mismo, como 
motín, asonada, alboroto, tumulto, bullanga o bullaje 
etc.; no obstante, por la analogía de su forma con 
la de alcaldada, es expresivo. Si se dijera poblada, 
como hemos visto en un escrito de Buenos Aires, no 
sería objetable.» (D. Rufino José Cuervo.) D. P. 
Paz-Soldan prefiere pueblada. La verdad es que siem- 
pre dicen pueblada; pero poblada tendría menos sa- 
bor de vulgaridad sin duda alguna. 

PUELCHE, adj. — Dícese del indio de cierta 
generación que habitaba en la Pampa. Ú> t. c. s. — 
Perteneciente a dicha generación. 

PUESTERO, m. — El que tiene un puesto en 
una estancia, o que con una majada de ovejas o unos 
pocos animales vacunos, que beneficia por su cuenta, 
cuida al mismo tiempo del campo y presta algunos 
servicios a su dueño. Establécese regularmente del 
lado del cerco, junto a las tranqueras o en un rincón 
del campo. 

PUESTO, m. — Lugar donde en una estancia 
se halla establecido el puestero. V. esta palabra. 

PULPERÍA, f. — Casa o rancho donde se ven- 
de por menor vino, aceite, grasa, yerba, azúcar, velas 
de sebo, caña, cigarros ordinarios y otras cosas seme- 
jantes La casa en que se despachan objetos análogos 
de calidad superior, se llama almacén de comestibles 
y bebidas o simplemente almacén, aunque también 



(163 3 



DANIEL GRANADA 



suele dársele el nombre de pulpería, particularmente 
en los pueblos de la campaña, así como cuando se 
halla establecida fuera de las poblaciones o en medio 
del campo. 

Es la pulpería un compuesto de abacería y ta- 
berna. Viene la voz de pulque, según Solórzano 
{Poht. ind.), que es una bebida espirituosa que ex- 
traen en Méjico de las hojas del maguey, de donde 
también el llamarse allí pulquería a la tienda en que 
lo despachan. 

Pero esta etimología es dudosa; pues Garcilaso 
de la Vega (Coment. real.) nos cuenta que por el 
tiempo en que ocurrió la muerte del virrey don An- 
tonio de Mendoza andaban todos tan belicosos en 
el Perú, que diariamente había pendencias y desafíos, 
no ya entre la gente principal y soldados famosos, 
sino también entre mercaderes y toda clase de tra- 
tantes y hasta entre pulperos (dice el inca escanda- 
lizado), nombre impuesto a los más pobres vende- 
dores, porque en la tienda de uno de ellos hallaron 
vendiéndose un pulpo. Además, cuando las leyes de 
Indias tratan del pulque, llaman pulquería a la tienda 
donde lo expenden, y si del abasto o mantenimiento 
de las poblactones, no omiten decir pulpería. La 
Acad. distingue, con efecto, una de otra, bien que 
definiendo la segunda: «tienda, en América, donde 
se venden diferentes géneros para el abasto; como 
son vino, aguardiente o licores, y géneros pertene- 
cientes a droguería, buhonería, mercería y otros, pero 
no paños, lienzos, ni otros tejidos»; definición que 
hace largos años priva sin reparo. 

Y nunca ha sido entendido sino del modo que 
lo explicamos, el término pulpería. Enúncialo el 



[164} 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



texto de la ley 12, tít. 8, lib. 4.° de Indias, y declá- 
ranlo ampliamente los siguientes pasajes. 

«También se prohiben por ordenanza las taber- 
nas o bodegones en la ranchería de indios. Llámanlas 
acá pulperías.» (El virrey del Perú marqués de Mon- 
tesclaros, Reí. a su sucesor en el mando.) 

«Se ordenó e introdujo que en cada ciudad o 
villa se apuntasen y señalasen tiendas que en Castilla 
llaman de abacería y en las Indias de pulpería o pul 
quería.» (Solórz., Polít. ind.) 

«Los frutos que se llevan de España, como aguar- 
diente, vino, aceite, almendra, pasa y otros, pagan 
sus derechos correspondientes a la entrada, y después 
se venden con la misma libertad (libres de contribu- 
ciones reales); pero los que los menudean, tienen 
que pagar alcabala, por las pulperías o tiendas donde 
los expenden.» (D. Antonio de Ulloa, Reí. hist. del 
via). a la Amér. met, etc.) 

^Pulperías son en el Perú tiendas, mesones o 
tabernas donde se venden algunos mantenimientos, 
como son vino, pan, miel, queso, manteca, aceite, plá- 
tanos, velas y otras menudencias.» ( D. Gaspar de Es- 
calona, Gazoph. reg. perub.) 

«En casi toda la América llaman así ( pulpería) 
a las tiendas de aceite y vinagre y demás comestibles 
usuales.» (Alcedo, Dice, geogr.-hist. etc.) 

Las pulperías que hay en los caminos públicos, 
postas y pueblos de las campañas del Plata, suelen 
tener ponchos, bombachas, chiripaes, botas, géneros, 
drogas, recados, arreos y otras mercaderías Pero se 
les llama pulperías precisa y determinadamente por 
lo que tienen de abacería y taberna, y no por ninguna 
otra causa o circunstancia. Así, si en una de esas 
casas no se despachasen mantenimientos y bebidas, 



{165] 



DANIEL GRANADA 



nadie le daría el nombre de pulpería. Por la misma 
razón, cuando se quiere determinar con precisión una 
casa en que se despachan comestibles y género f, se 
dice que es pulpería y tienda, 

PULPERO, m. — El que tiene pulpería. — El 
que despacha en una pulpería. 

PUMA, m. — Cuadrúpedo algo parecido al león, 
por lo que se le conoce también por este nombre. 
No es grande ni temible. 

«Cuadrúpedo del Perú, parecido en la cabeza al 
tigre, pero flojo y tímido.» (La Acad.) 

PUNA, m. — Tierra alta, próxima a la cordi- 
llera de los Andes. — Paraje o terreno que ofrece 
las condiciones o caracteres propios de las tierras altas 
o sea de la puna, como su temple, que es frío, su 
suelo, que es arcilloso, sus pastos, que son fuertes o 
que repugna el ganado. — Extraña y penosa ansie- 
dad que en la travesía de la cordillera de los Andes 
experimenta el viajero, por efecto de la rarefacción 
del aire en las alturas. Llámase también soroche. 

Del quich. puna. 

«Toda la más tierra de este repartimento es lla- 
na, alta, rasa y fría, que en la lengua de los indios 
se dice puna, o xalca, que quiere decir tierra fría.» 
(Reí. geográf de Ind., Atunrucana.) 

«Lo que llaman ptma en el Perú, es lo mismo 
que páramo en el reino de Quito » (D. Antonio de 
Ulloa, Noticias americanas.) 

«Nombre que dan en el Perú a los parajes altos 
y fríos de una provincia o jurisdicción.» (Alcedo). 

«Todo lo que se ha dicho ya de los valles, cam- 
pañas, bosques, pastos y aguas, es más o menos apli- 
cable a todo el territorio de la provincia (de Salta), 
con la sola excepción de los distritos de Casabindo 



[166] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



y Rinconada, situadas al O. de la puna más brava y 
más inmediata a la cordillera.» (D. José Arenales, 
Nots. hist, y descnp. sobre el gran país del Chaco y 
río Bermejo.) 

En la acep, de tierra fría, paramo, y con espe- 
cialidad para expresar la incomodidad que se expe- 
rimenta en los lugares muy altos de la Cordillera, 
usan también en Chile y en el Perú la voz de que se 
trata (Rodríguez), Paz-Soldán se contrae a la I a 
acep. según la define Salva («región inhabitable por 
excesivo frío»). Pero ha padecido omisión respecto 
a la antedicha molestia, que se expresa también con 
el nombre de puna, como lo dice Rodríguez y nos 
lo confirma Palma. 

PUNILLA. — Departamento de la provincia 
argentina de Córdoba. 

PUNTANO, na, adj. — Natural de la provincia 
argentina de San Luis. Ú. t. c. s. — Petteneciente 
a ella. 

De San Luis de la Punta, 

PUNTAS, f. pl. — Primeros gajos de un río o 
arroyo. — Por ext., primeras vertientes o parajes 
donde nace. 

«Manifestando el río, en su gran torrente tener 

aún muy distantes sus primeras vertientes o puntas.* 
(Cabrer.) 

PUNZÓ, adj. — Encarnado muy encendido, rojo. 

D. Baldomero Rivodó trae también la voz punzó, 
color fojo muy vwo. 

«Es todo rojo de punzó, el más bello, encendido 
y puro que pueda verse.» (Azara.) 

Refiriéndose a la bandera italiana, dice D. F. 
Acuña de Figueroa: 



U67} 



DANIEL GRANADA 



Verde, blanca y punzó la enseña hermosa. 

Las pasionarias, las achiras de oro 
Y el seibo punzó. 

(D. Rafael Obligado.) 

PUQUIO, m. — En las provincias argentinas 
arribeñas, fuente, manantial y, en especial, aguada 
que se procura por sí mismo el ganado, escarbando 
los terrenos húmedos, particularmente el lecho de 
ciertos ríos que en ocasiones quedan secos. 

Del quich. puquiu o puciu. 

En el Perú también puquio, manantial (Paz- 
Soldán). En Chile seguramente se le da el mismo 
sentido que no expresa Rodríguez, limitándose a tras- 
cribir el siguiente pasaje del obispo D. Justo Donoso 
(Manual del párroco americano): «La materia remota 
de este sacramento (el bautismo) es el agua natural, 
bien sea del mar, ríos, pozos, fuentes, puquios o de 
lluvia, etc.» 

«Y estos lugares naturales se llamaron en su 
lengua dellos diferentemente, como las cumbreras 
apachttas, las cuevas huaca s los montes orco, las fuen- 
tes pucyu, los cielos huahua pacha.» (Tres reí. per. 
publ. por D. M, Jim. de la Esp., Reí. anón.) 

«Quiere decir puquio fuente.» (Reí. geogr. de 
Ind. publ. por D. M. Jim. de la Esp.; Correg. de 
Abane ay.) 

«Las aguadas se encuentran generalmente sobre 
las rocas, en las quebradas, al pie de las alturas, en 
las cañadas y ciénagas. Cuando en ciertos ríos secos 
se cava en las arenas del lecho, al parecer estéril, se 
encuentra una excelente agua que hombres y animales 
beben con placer, no necesitando muchas veces los 



£168] 



VOCABULARIO RIOPLATBNSE 



últimos del auxilio del hombre para abrirlos: en este 
caso se distinguen con el nombre de puquios.* (D. 
Juan Llerena, Cuad. descrtp. y estad, de las tres prov. 
de* Cuyo). 

PUTEADA, f. — Interjección o frase tejida o 
bordada con el estambre que el mismo vocablo indica 
suficientemente, sin necesidad de hacer anatomía de 
él para que se entienda con claridad. Decir lindezas 
del género a que se alude es a lo que llaman echar 
puteadas: socorridas formas retóricas con que suelen 
engalanarse los más vivos arranques de la apasionada 
elocuencia. Los campesinos del Plata de legítimo abo- 
lengo, o gauchos, representantes incontaminados de 
la lengua y costumbres tradicionales, no ceden a 
nadie la primacía en este punto. Ellos, no sólo han 
conservado puntualmente en la memoria las expre- 
siones que, como naturalistas que eran, supieron usar 
los héroes retratados por Fernando de Rojas, Quevedo, 
Cervantes y otros sabios maestros del buen decir cas- 
tellano, sino que también las han corregido y mejo- 
rado en tercio y quinto, como pudiera hacerlo el más 
atildado académico en una larga serie de ediciones 
de una obra clásica. 

Si al famoso hidalgo de la Mancha, con ser un 
caballero tan cumplido, nunca le pareció mal que a 
su honrado escudero se le escapase de vez en cuando 
una expresión semejante, ¿sería lícito que nosotros pri- 
vásemos al paisano del Plata que, como toda alma 
viviente, metiese él también a su modo la cuchara 
en este Vocabulario? 

Si orne o mugier coidare que non es guisada cosa 
et derecha ayuntar palabras sobejanas en un escripto 
que deprehender han desembargadamente también 



[169] 



DANIEL GRANADA 



los grandes cuerno los pequennos, e otro si las don- 
adlas, catar y a que judga ende a tuerto, ca los 
maestres del gay saber e perlados que fizieron el 
onrrado libro de la fabla de Castiella, tollido e fecho 
de nuevo doce vegadas, mientan nomes et dichos se- 
mejables o quier de maior abiltanza. Allende desto 
y a complidos enxiemplos que castigan cuerno la mes- 
ma virtud se torna en escándalo, quando las mugie- 
res se querellan por naderías, en vece de se recatar, 
qual conviene a la su onesridat, quels devieda de se 
mostrar a paladinas, et desto ofresce un caso asaz cu- 
rioso Ricardo Palma indiano, sotil facedor de coró- 
nicas e consejas del Pina, el qual miembra lo que 
contesció a una sennora principal de Lima con el es- 
forzado cavallero Rafael Maroto, que fizo grandes 
fazañas en las Indias cuando se rebiellaron contra su 
rey e sennor los naturales daquellos reynos, e quel 
dio a Espartero el abrazo que dizen de Vergara. Este 
caso ponemos ayuso en la mesma fabla que fablaban 
los antigos que non eran ladinos. 

Cuenta, pues, el ingenioso escritor perulero que 
un soldado del regimiento de Talavera, cuyo jefe era 
Maroto, viendo pasar una gentil dama de singular 
belleza, esposa de un general de los ejércitos de S. 
M. el Rey, se cuadró delante de ella y le dirigió el 
siguiente requiebro: ¡Ahur, brigadiera! que no te co- 
miera un lobo y te vomitara en mi tarima! Ofendida 
de la osadía del talaverino la aristocrática limeña, 
presentó en el acto sus quejas al jefe del regimiento. 
No sea gazmoña, señora, le contestó Maroto, que el 
requiebro es de lo lindo, y prueba que mis muchachos 
son decidores a su manera y no bañan con almizcle 
las palabras: agradezca la intención y perdone la 
rudeza. 



(170] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



PUTEAR, n. — Echar puteadas. — a. Injuriar 
con ellas. 

PUYO, m. — En las provincias argentinas arri- 
beñas, poncho basto de lana. Puyos de Tulumba, de 
la sierra de Córdoba, etc. 



£171} 



Q 



QUEBRACHO, m. — Árbol cuya madera es de 
tal dureza, que quiebra el hacha con que en vano se 
intente cortarla; de donde procede el nombre. Lo hay 
blanco y colorado. Del quebracho colorado se saca 
una tintura conocida por sangre de drago, con que 
tifien la lana en algunas provincias argentinas. Según 
los mordientes que se le añadan, así es su color, que 
varía entre pardo, gris, rojo oscuro y negro. (Celas- 
troidcce.) 

«Desde aquí se empieza ya a encontrar el árbol 
quebracho, llamado así por su mucha dureza, que 
rompe las hachas al labrarle. Por la superficie es blan- 
co, y suave para cortarlo; por el centro es encarnado, y 
sirve para columnas y otros usos. Dicen que es inco- 
rruptible; pero yo he visto algunas columnas carco- 
midas Después de labrado y quitado todo lo blanco, 
se echa en el agua, en donde se pone tan duro y pe- 
sado como la piedra más sólida.» (El Via), umv. por 
D. P E., sobre el Tucumán). 

En Colm. quebracho de Cuba y de Chile. 

QUEDETO, m. — V. QUILLANGO. 

QUERANDl, adj. — Dícese del indio cuya ge- 
neración ocupaba la banda austral del Río de la Plata 
al tiempo del descubrimiento, y al que se le llamó 



[172] 



3 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



después pampa. — Ü. t. c. s. — Perteneciente a dicha 
generación. 

«Hallamos en esta tierra (Buenos Aires) otro 
pueblo de casi 3,000 indios llamados querandíes, con 
sus mujeres e hijos, que andan como los charrúas.» 
(Schmidel, trad. corriente.) 

QUIAPÍ, m. — Vestimenta semejante a la guá- 
yalo ca, usada por los pampas y otras generaciones 
de indios. 

Del guar. quiapí 

«QueyapL Nombre que dan los indios abipones 
en el Perú al ropaje con que se cubren las indias, 
hecho de pieles de animales bien aderezadas, a ma- 
nera de ante.» (Alcedo.) 

QUILME, adj. — Dícese del indio de una par- 
cialidad, muy belicosa, que habitaba en un valle de 
la provincia de Santiago del Estero. Ü. t. c. s. — Per- 
teneciente a dicha parcialidad. 

Sometiéronse los quilines a principios del siglo 
decimoséptimo. Con ellos se formó, a cuatro leguas 
de Buenos Aires, el pueblo que lleva su nombre: 
Quilmes. 

QUILOMBO, m. — Lupanar. 

En el Brasil llaman quilombo, a la habitación 
clandestina, en un monte o desierto, que servía de 
refugio a los esclavos fugitivos. Le llaman también 
m o cambo, y es voz de la lengua bunda, en la que 
significa campamento (Beaurepaire-Rohan). 

En Venezuela equivale a andurrial (Rivodó). 

QUILLANGO, m — Vestimenta usada por las 
mujeres pampas. Consiste en una manta de pieles, re- 
gularmente de guanaco, echada a la espalda y pren- 
dida al pescuezo con un punzón de hierro. 

Del arauc. tculla; del pampa iquilla, 



[173] 



DANIEL GRANADA 



«Y encima desto traen otra manta de lana me- 
nor, que la llaman lliqutlla (lltclla), que les sirve de 
manto y les llega a la rodilla.» (Reí. geogr. de Ind. 
Atunrucana.) 

QUILLAY, m. — Árbol mediano, algo seme- 
jante al roble y cuya cortesa suple por el jabón. 

Del arauc. quillay. 

QUINA DEL CAMPO. — Arbusto espinoso, de 
cuya raíz hacen un cocimiento que, bebido a pasto, 
quita (dicen) la fiebre y purifica la sangre. 

QUINAQUINA, m. — Árbol grande, frondoso, 
aromático, de madera muy dura de construcción, se- 
mejante a la caoba; de la familia de las leguminpsas. 
De su corteza y cáscara hacen unos polvos que, toma- 
dos en vino, son eficaces contra las fiebres intermi- 
tentes. Es igualmente medicinal la semilla, que es 
pequeña, colorada. 

QUINCHA, f. — Tejido o trama de junco (que 
es la hierba más a propósito) con que se afianza cual- 
quiera construcción de paja, varas, totora, cañas, etc. 
Empléase en los techos de los ranchos, que son de 
paja o de totora, en la armazón de sus paredes de 
barro, que se compone de varas, en la de las cubiertas 
de los carros formando arcos, y demás obras seme- 
jantes. — La misma paja, varas, etc., quinchadas. 

Del quich. khincha. 

«Éste (Lloqqe Yupanqui, inca) lo abía man- 
dado que no oviesen guerras injustas, y a todos los 
mandó que heziesen poblados, y más lo había man- 
dado que todos se ocupasen en ydíficios de chácaras 
y quinchas.» (Joan de Santa Cruz Pachacuti Yam- 
qui, Antig. per. publ. por D. M. Jim. de la Esp.) 

En Chile, pared delgada de ramas, etc., ya re- 
llenas con barro, ya simplemente clavadas en el sue- 



£174) 



VOCABULARIO RIOPL ATENSE 



lo, y armazón de varillas en las carretas (Rodríguez). 
En el Perú, pared campestre de caña y barro (Paz- 
Soldán). En la provincia brasileña de Río Grande 
del Sur, también quincha, cubierta de casa o carreta, 
hecha de paja, que se unen entre sí sobre el techo 
de la casa o toldo de la carreta; vocablo que los 
riograndenses recibieron de las regiones del Plata 
( Beaurepaire-Rohan ) . 

«Quincha. (Voz quechúa) f. Per, Pared forma- 
da de cañas y barro.» (La Acad.) 

QUINCHAR, a. — Afianzar (particularmente 
con junco, que es lo más adecuado) la paja, totora, 
varas o cañas que entran en una construcción cual- 
quiera. 

En Chile, hacer quinchas, cercar con quinchas 
(Rodríguez). 

En la prov. bras. de R. Gr. del S., también quin- 
char, cubrir con quinchas, esto es, con las diversas 
partes de la cubierta (Beaurepaire-Rohan). 

Muros de tapia, techo quinchado 
Con todo el lujo del totoral. 

(D. Rafael Obligado ) 

QUINCHUNLAQUE, m — Entre los pampas, 
bola aforrada en piel y pendiente de una cuerda, para 
ofender al enemigo y matar animales. 

Del arauc. 

QUÍNOA, f. — Planta de la familia de las sal- 
soláceas, de tres a cuatro pies de altura, hojas gran- 
des, flor roja, y que echa un cogollo a manera de 
espiga que contiene una simiente menuda, feculenta 
y comestible, a la par que medicinal. 



1175) 



DANIEL GRANADA 



Prodúcese espontáneamente, y la cultivan, en 
algunas provincias argentinas arribeñas, junto a los 
Andes. Figura entre los productos americanos alimen- 
ticios por excelencia. Así leemos en las Reís, geogr. 
de Inds,, relativamente al Perú: «Hay en esta pro- 
vincia (Huamanga), de las semillas de la tierra: 
mafe, papas, ocas, collucos, quinua, porotos, altramu- 
ces, camotes, yucas.» «El grano de que se sustentan 
es maíz e quínoa, ques muy principal mantenimiento 
para ellos.» (Ibíd., Collaguas.) 

«Es esta semilla a la que allí (en Quito) dan 
nombre de quínoa: su grano, aunque imita en la fi- 
gura a la lenteja, es sin comparación menor y de color 
blanco,» etc. (Ulloa y Juan.) 

En Colm. quínoa de Chile, del Perú, de Quito, 

QUINUA, f. — V. QUlNOA. 

QUIRIRIÓ, f. — Víbora grande de las regiones 
del norte de la cuenca del Plata. 

Del guar, qmnnog, 

QUIRQUINCHO, m. — Tatú grande, en ge- 
neral semejante a los demás de su especie. 

También en Chile, armadillo; del quich. quir- 
qutnchu ( Rodríguez ) . 

QUIVEVE, m. — Guisado de zapallo deshecho 
por medio de la cocción. 

QUIYA, m. — Cuadrúpedo de unas tres cuar- 
tas de longitud, parecido al capincho en sus condi- 
ciones, aspecto y modo de vivir. Arrancado el pelo 
largo, queda poblada la piel de otro corto aploma- 
do y suavísimo, siendo por esta razón muy estimada. 

Del guar. qmiá, 

«Los españoles le llaman nutria; pero no lo es, 
ni de su familia.» (Azara.) 



[176] 



R 



RANCHERIA, f. — Conjunto de ranchos, 

RANCHO, m. — Habitación tosca, regular- 
mente fuera de poblado, con paredes de barro mez- 
clado con bosta, techo de paja o de totora sostenido 
por horcones, y piso natural. El mojinete o frontón 
mira a los vientos más fuertes predominantes en el 
punto en que se construye la vivienda, a fin de que 
no trabajen tanto las paredes costaneras. 

Covarrubías establece ser rancho término mili- 
tar equivalente a compañía, por la que entre sí hacen 
cierto número de soldados comiendo y durmiendo 
reunidos en un sitio señalado del campamento; del 
verbo italiano retinare, que vale allegar o 'juntar en 
uno. D. Antonio Ponz, describiendo las operaciones 
de esquila observadas entre San Ildefonso y Segovia, 
dice que allí llaman rancho al paraje donde esquilan; 
y la Acad, define el rancho, un lugar fuera de po- 
blado donde se albergan diversas familias o personas, 
como rancho de gitanos, rancho de pastores. En Amé- 
rica se dio al principio el nombre de ranchos a las 
viviendas, ordinariamente de caña, que servían de 
habitación a los indios de las Antillas, Méjico, Amé- 
rica Central y el Perú. 

«Arnér. Choza o casa pobre con techumbre de 
ramas o paja, fuera de poblado. — Granja donde 



[177} 



DANIEL GRANADA 



se crían caballos y otros cuadrúpedos». (La Acad.) 
En el Río de la Plata la V02 rancho no tiene esta 
última acepción. 

RANQUEL, adj. — Dícese del indio de una 
parcialidad, originaria probablemente de los aucas, 
que corría la Pampa, Ü. t. c. s. — Perteneciente a 
dicha parcialidad. 

También ranquehhe, su forma primitiva. 

RANQUELINO, na, adj. — V. RANQUEL. 

RASQUETA, f. — Almohaza. 

D, Baldomero Rivodó observa que la palabra 
rasqueta, tiene la ventaja de ser más comprensible 
para la generalidad de las gentes, que la almohaza. 
Por lo que hace al Río de la Plata, la palabra al- 
mohaza es enteramente desconocida, y quien tuviese 
la ocurrencia de usarla, además de no ser entendido, 
sería graduado de pedante. Sin embargo, lo de ras- 
queta es harto vulgar: la lengua sale perdiendo cier- 
tamente en el cambio. 

RASQUETEAR, a. — Limpiar con rasqueta a 
una caballería. 

RATONERA, f. — Pajarillo de color pardo 
acanelado, que acostumbra andar por los cercados, 
corriendo por los de material como un ratoncito. 

REAL HEMBRA. — Entre la gente vulgar, 
real cortado (V. "VINTÉN), prometido a una santa, 
a intento de que favorezca a la persona que se lo 
ofrece.- 

REAL MACHO. — El que está prometido a 
un santo. 

REAL MAÑERO. — Término genérico con 
que la gente vulgar designa al real macho y al real 
hembra, objetos de su preocupación. 



[178] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



REBENCAZO, m. — • Percusión dada con re- 
benque. 

Lo mismo en el Perú (Palma). 

REBENQUE, m. — Látigo fuerte de jinete. La 
azotera, como de una cuarta, es de cuero vacuno, y 
el cabo forrado de piel, como de una tercia. En su 
extremo inferior va afianzada una argolla de cobre, 
de la cual pende una manija, que se aplica a la mu- 
ñeca para llevarlo y usar de él con seguridad. 

Lo propio en el Perú (Palma). 

En la pr. br. de R. G. del S., también rebenque, 
rebencazo (rebencazo) y rebenquear ( Beaurepaire- 
Rohan). Tomaron los riograndenses estas voces de 
los países del Plata. 

«Látigo hecho de cuero o cáñamo embreado, 
con el cual se castigaba a los galeotes cuando estaban 
en la faena. — Mar, Cuerda corta o cabo que sirve 
para atar y colgar diversas cosas.» (La Acad.) 

REBENQUEAR, a. — Pegar con el rebenque. 
V02 vulgar. 

RECADO, m. — Conjunto de piezas que com- 
ponen la montura de un hombre de campo, y son 
las siguientes: bapra, carona hsa, jerga entre caronas, 
carona superior, lomillo, cincha, con su correspon- 
diente encimera y correones, acionera, de que pen- 
den las estriberas, uno, dos o más cojinillos, sobre- 
puesto y sobrecincha. — Montura y arreos. 

«Prov. de la Amér. merid. La silla y jaeces con 
que los indígenas de la América del Sur adornan sus 
caballos.» (Salvá.) 

RECLUTA, f. — Acción de reunir el ganado 
disperso. 

RECLUTAR, a. — Reunir el ganado disperso 
por los campos vecinos. 



[179} 



DANIEL GRANADA 



RECOGIDA, f. — Acción y efecto de sacar de 
campo ajeno cierto numero de animales en conjunto, 
por no haberse mezclado con otros de marca dife- 
rente, y sin necesidad, por lo tanto, de pedir rodeo 
para hacer el aparte, como cuando se trata de un re- 
baño, tropa, piara o tropilla. 

Voz autorizada por los Códigos Rurales del Río 
de la Plata, 

RECOPILACION CASTELLANA. — Nueva 
Recopilación de las leyes de España. La Novísima no 
ha estado nunca en vigencia en el Río de la Plata. 

RECOPILADAS DE CASTILLA (leyes). — Lo 
mismo que Recopilación Castellana o Nueva Reco- 
pilación, 

REDOMON, adj. — Dícese del potro que se 
está domando, y en el cual, por consiguiente, todavía 
no puede andar sino un hombre muy jinete. Ú. t. c. s. 

Lo propio en Chile (Rodríguez). 

«Monta el domador con sus grandísimas espue- 
las y sale por el campo, sufriendo los corcovos y 
coces que se dejan considerar, hasta que se cansa el 
potro y le ata a un poste, siendo raro que el potro 
tire al domador. Vuelve éste a montar de rato en 
rato todo el día y algunos después, dejándole des- 
cansar otros, hasta que no corcovea, y se sirven de 
él para lo que se ofrece, sin ponerle freno a lo me- 
nos en un año, que es cuando deja el nombre de 
redomón y toma el de caballo.» (Azara.) 

«Prov. de la Amér. merid. El caballo, yegua o 
muía recién domados.» (Salva.) 

También en las provincias brasileñas de Rio 
Grande del Sur, San Pablo y Paraná, redomao (Beau- 
repaire-Rohan), con la propia significación que en 
el Río de la Plata, de donde tomaron el vocablo. 



[180] 



VOCABULARIO RIOPJL ATE NSE 



RELANCINA (de), vulg. — De relance. 

Lo propio en la pr br. de R. G. del S. ( Beau- 
repaire-Rohán). 

RENCA. — Departamento de la provincia ar- 
gentina de San Luis. — Capital del mismo depar- 
tamento. 

RENGUEAR, n. — Renquear. 

Rengo, renco. 

Lo propio en la provincia brasileña de Río 
Grande del Sur (Beaurepaire-Rohan). Tomaron el 
vocablo los riograndenses de los países del Plata. 

RENOVAL, m. — Terreno poblado de renue- 
vos producidos por efecto de la corta. — Terreno 
poblado de arbolillos recientes, nacidos espontánea- 
mente. 

Voz usada también en Chile en la primera 
acepción, que es su sentido recto. Con razón abona 
D. Zorobabel Rodríguez el uso de este vocablo, por 
no conocer en castellano otro equivalente y atendida 
su legítima derivación de renuevo. 

REPÚBLICA ARGENTINA. — V. NACIÓN 
ARGENTINA. 

REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY. 
— El territorio de esta nación (30^-35^ lat.) se 
halla a la margen izquierda de los ríos de la Plata 
y Uruguay, quedando a la derecha las provincias 
argentinas de Buenos Aires, Entre Ríos y Corrientes. 
Por el este lo baña el Océano, y por el norte y este 
confina con el Brasil, Está dividida la República en 
departamentos que son: 

Rocha y Maldonado hacia el Océano. 

Canelones, Montevideo, San José y Colonia ha- 
cia el Río de la Plata. 



(181] 



DANIEL GRANADA 



Soriano, Río Negro, Paysandú y Salto hacia el 
Uruguay. 

Artigas, Rivera, Cerro Largo y Treinta y Tres, 
así como Rocha, lindando con el Brasil. 

Florida, Flores, Durazno y Tacuarembó en el 
interior. 

REPUNTAR, a. — Reunir los animales que 
están dispersos en un campo. — n. Volver a subir 
un río o un arroyo que estaba bajando, 

«Los que poseen dehesas o estancias, tienen una 
porción de yeguas que nadie doma, monta ni do- 
mestica, dejándolas toda la vida libres, sin más su- 
jeción que la de repuntarlas o darles vuelta alguna 
vez a la semana o menos, a fin de que no se salgan 
de las tierras » (Azara.) 

Repuntar haciendas, dicen los Cód. Rur. del Río 
de la Plata. 

«Por la tarde los de la casa fueron a repuntar 
el ganado.» (Azara.) 

«Empezar la mar a moverse para creciente.» 
(La Acad.) 

REPUNTE, m. — Acción y efecto de repuntar. 
— Crecimiento de un río o arroyo que estaba bajando. 

También, tratándose de ríos, en el Perú (Pal- 
ma). 

RESTAURACIÓN. — Capital del departamen- 
to correntino del Paso de los Libres. 

RETACON, na, adj. — Dícese de una persona 
rechoncha. 

Del sust. retaco se ha formado el adj. retacón* 
«Retaco, m. — fig. Hombre rechoncho». (La Acad.) 

RETAJADO, adj. — Dícese del caballo que 
está retajado, Ú. t. c. s. 



[182] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



«De este modo los tales enteros, a quienes lla- 
man retajados.» etc. (Azara.) 

RETAJAR, a. — Tratándose de caballos, prac- 
ticar en el aparato generativo una incisión y desvío 
que, sin dejarlos castrados, les impide su ejercicio, a 
fin de que, incapaces de procrear, pero enteros, man- 
tengan entablada la tropilla de yeguas en las mana- 
das de retajo. Cuando una yegua se aparta de la co- 
munidad, el retajado la hace volver a patadas, si no 
bastan otros requerimientos para inducirla a desistir 
de su intento. 

Lo propio significa retalhar, del esp. retajar, en 
la prov. bras. de Río Grande del Sur (Beaure- 
paire-Rohan), donde tomaron el vocablo de los países 
del Plata. 

RETOBAR, a. — Aforrar de cuero lonjeado 
una cosa, como las boleadoras, el cabo del rebenque. 
— Cubrir un potrillo, ternero, etc., con el cuero del 
hijo de una yegua o vaca, a fin de que éstas, tomán- 
dolos por suyos, los amamanten; operación muy fre- 
cuente en las estancias. 

Lo propio en el Perú (Palma). En la prov. bra- 
sileña de Rio Grande del Sur, retovar o retobar; 
tomada indudablemente del Río de la Plata (Beau- 
repaire-Rohan). 

«Acababa de nacer un pollino, y en la misma 
noche había parido una yegua; quitaron el cuero al 
potrillo, y dentro de él envolvieron, o, como por 
acá dicen, retobaron al jumentülo. Hecha esta dili- 
gencia, lo aplicaron a la yegua, quien con solo el 
olor del cuero de su cría admitió al borrico, le dio 
leche y le cuidaba como a su propio hijo. Criado en 
esta forma ya el borrico, no se junta con los de su 
especie, sino que siempre anda con las yeguas, de 



1 183] 



DANIEL GRANADA 



las que usa para la generación y procreo de muías.» 
(Fr. Pedro José de Parras, Diar. y derrot.; Rev, de 
la Bibl P. de Bs. As. por Treües.) 

RETOBO» m. — Acción y efecto de retobar. 

REVENTAZON, f. — Cadena o gajo de mon- 
tañas no muy elevadas. Así dicen en las provincias 
argentinas arribeñas reventazones de la sierra a las 
serrezuelas que hay entre las cordilleras que atra- 
viesan aquellas regiones. 

Mr. Martin de Moussy, refiriéndose a la deno- 
minación de reventazones de la sierra usada en las 
provincias argentinas de arriba, observa que el ins- 
tinto popular ha adivinado el origen de esas intu- 
mescencias del suelo. (Des. géog. et st. de la Conf. 
Arg.) 

A la misma familia, aunque de condición di- 
versa y más o menos legítimamente aplicado el nom- 
bre, pertenece el reventón, que llaman, según Rodrí- 
guez, los chilenos, o sea la veta de una mina, cuando 
aparece en la superficie de la tierra. 

REVERBERO, m. — Aparato de hojalata o de 
cualquier otro metal, que sirve especialmente para 
calentar agua por medio del aguardiente. Consta de 
un como plato o bandeja, en cuyo centro lleva el 
receptáculo donde se pone y prende el aguardiente, 
y cuyo borde sustenta la cafetera. 

Trae también esta voz D. Baldomero Rivodó, 
que cita a Pichardo, de donde puede inferirse con 
fundamento que es de uso general en toda América. 

REYUNAR, a. — Hacer en un animal la marca 
que indica pertenecer al Estado, lo que se ejecuta 
cortándole la punta de una de las orejas, regular- 
mente la izquierda. 



£184] 



VOCABULARIO RIOPL ATE NSE 



Lo propio en la provincia brasileña de Río 
Grande del Sur (Beaurepaire-Rohan). 

«Se corta la punta de la oreja izquierda, que es 
la marca general de pertenecer al Rey.» (D. José 
M a Cabrer.) 

«Queda absolutamente prohibido reyunar caba- 
llos o yeguas,» dice el Cóí. Rur. de la Rep, 0. del 
Urug. 

REYUNO, na, adj. — Decíase, y aún suele de- 
cirse, del animal que tiene cortada la punta de una 
de las orejas, en razón de pertenecer al estado. 

Derívase este vocablo de rey; porque en la época 
colonial se decía, por ejemplo, estancia del Rey, ga- 
nado del Rey, para significar que estas cosas pertene- 
cían al estado. 

«Entre ellos (los baguales) andan muchos re- 
yunos.» (D. José M a Cabrer.) 

Sustituyóse después de la emancipación el ad- 
jetivo reyuno por el de patrio; pero cuando se quiere 
dar a entender precisamente que un caballo tiene la 
oreja cortada, se dice que es reyuno. 

Reyuno (retuno), en las provincias brasileñas de 
Río Grande del Sur y Pará, aplícase a todo aquello 
que pertenece al estado, antiguamente al rey; equi- 
vale a realengo: campo reyuno (Beaurepaire-Rohan) . 

RINCONADA, — Capital del departamento 
del mismo nombre de la provincia de Jujúy. 

RlO CUARTO. — Departamento de la pro- 
vincia argentina de Córdoba. Su capital, también Río 
Cuarto. Toma el nombre del río que lo atraviesa, el 
cual nace en la sierra de Comechingones y va a en- 
grosar el Tercero, cambiando antes el nombre de 
Cuarto por el de Saladillo. 



{185} 



DANIEL GRANADA 



RÍO CHICO. — Departamento de la provincia 
argentina de Tucumán. — : Capital del mismo depar- 
tamento. 

RlO DE LA PLATA. — Por trasl. países que 
abarca la cuenca del Río de la Plata y sus afluentes. 

RÍO HONDO. — Departamento de la provin- 
cia argentina de Santiago. — Capital del mismo de- 
partamento. 

RIO JA» — Capital de la provincia del mismo 
nombre de la Confederación Argentina. 29° 18' 15" 
lat. aust. Fund. año 1591 por el gobernador D. Juan 
Ramírez de Velazco. 

Dícese generalmente la Rioja. 

RIOJANO, na, adj. — Natural de la ciudad o 
de la provincia de la Rioja. Ü. t. c. s. — Pertene- 
ciente a una u otra. 

RlO NEGRO. — -Departamento de la Repú- 
blica Oriental del Uruguay, Toma el nombre del río 
que lo baña al desembocar en el Uruguay. Nace el 
no Negro en la cuchilla Grande, y tiene unas cien 
leguas de largo. Sus aguas han fama de medicinales. 

RIOPLATENSE, adj. — Natural del Río de la 
Plata. — Que pertenece o concierne al Río de la 
Plata y a los países que abarca su cuenca. 

RlO PRIMERO. — Departamento de la pro- 
vincia argentina de Córdoba, Su capital Santa Rosa. 
Toma el nombre del río que corre por él, el cual 
nace en la sierra de Ischilín y va a extinguirse en la 
Mar Chiquita. 

RÍO SECO. — Departamento de la provincia 
argentina de Córdoba, fronterizo a las de Santa Fe 
y Santiago. Su capital Villamaría. Toma el nombre 
del río que lo atraviesa, el cual va a extinguirse junto 
a la laguna de los Porongos. 



£186] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



RIO SEGUNDO. — Departamento de la pro- 
vincia argentina de Córdoba. Su capital Rosario. To- 
ma el nombre del río que lo atraviesa, el cual nace 
entre las sierras de Córdoba y va a extinguirse a la 
Mar Chiquita. 

RÍO TERCERO. — Llevan este nombre dos 
departamentos de la provincia argentina de Córdoba, 
cuyas capitales son Pampayasta (Tercero Arriba) y 
Vülanueva (Tercero). Toman su nombre del río que 
los atraviesa, el cual, que nace entre las sierras de 
Comechingones y Cóndores, al acercarse al Paraná, 
donde desemboca, pasando por la provincia de Santa 
Fe, recibe el de Carcarañá. 

RIVADAVIA — Departamento de la provin- 
cia argentina de Salta. — Capital del mismo depar- 
tamento. 

RIVERA. — Departamento de la Rep. O. del 
Urug., fronterizo al Brasil. — Pueblo cabecera del 
mismo departamento. 

ROBLES. — Departamento de la provincia 
argentina de Santiago — Capital del mismo depar- 
tamento. 

ROCILLO, lia. adj. — Dícese del caballo o 
yegua de color negro entremezclado con blanco Ú. 
t. c s. 

ROCILLO PLATEADO, lia, da % adj. — Dícese 
del caballo o yegua rocillos, en que sobreabunda 
el pelo blanco. 

ROCHA. — Villa cabecera del departamento 
del mi^mo nombre en la Rep. O. del Urug. Fund. 
año 1792. 

RODADA, f. — Acción y efecto de rodar el 
caballo, — Dar una rodada* rodar. 



1187} 



DANIEL GRANADA 



RODAR, n. — Caer el caballo hacia delante 
cuando va caminando. Dícese que rueda, porque da 
en efecto una o más vueltas por el suelo, según la 
velocidad que llevaba al caer, lo que no obsta para 
que el paisano quede en pie, como suele, con la rien- 



«No conocen aquí para montar las reglas del 
picadero; pero se sostienen perfectamente a caballo, 
y muchos saben quedar en pie con la rienda en la 
mano, cuando el caballo cae yendo a la disparada. A 
esto llaman rodar; y si sólo cae el jinete, no el 
caballo, dicen que esto es llevar un golpe.* (Azara.) 

Lo propio en la pr. br. de R G. del S (Beau- 
repaire-Rohan). 

RODADOS, pL m. — Carruajes en general, 
sean de carga o de pasajeros, a saber, carretas, carros, 
carretillas, coches u otros vehículos semejantes. 

Es término oficial, usado en casos como estos: 
patente de rodados, reglamento de rodados, El vulgo 
no lo usa, por innecesario. 

RODEO, m. — Reunión del ganado que pasta 
en un campo, la cual se ejecuta con el fin de reco- 
nocer los animales, venderlos, contarlos, u otro se- 
mejante» — Sitio donde se para regularmente el ro- 
deo, el cual se fija en terreno llano y despejado de 
un punto céntrico de la estancia. 

Salen en diversas direcciones del campo los peo- 
nes que han de reunir el ganado: a gritos, agitando 
el arreador, con los movimientos rápidos del caballo 
y ayudados por los perros, lo van echando hacia el 
punto en que debe parar, donde lo juntan rodeán- 
dolo o dando vueltas en contorno. 

«Esta gente. . . se ejercita en juntar el ganado 




£188} 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



cada semana en determinado sitio, elevado y abierto, 
que llaman el rodeo.» (Azara.) 

A la animada trilla, y al rodeo. 
De fuerza y de valor muestra bizarra. 

(D Andrés Bello, El Proscrito,) 

Los Códigos Rurales del Río de la Plata em- 
plean las expresiones pedir, dar y parar rodeo, de 
uso antiguo, según consta por las actas de los cabil- 
dos de ciudades y villas. El estanciero que presume 
haber animales de su marca en el campo de su vecino, 
tiene derecho a pedirle rodeo. El dueño o encargado 
del establecimiento en que se pide rodeo, no puede 
rehusarlo, a no ser en la época de la mayor parición, 
después de abundantes lluvias que hayan dejado cena- 
goso el suelo, en tiempo de seca o de epidemia o por 
causas de fuerza mayor. Los antiguos regidores no 
descuidaron este punto. «Cada vecino, decían, des ta 
ciudad haga demostración del signo de su hierro de 
marcar sus animales mayores, como asimismo de la 
marca de oreja en los ganados menores, para que en 
todo tiempo conste a esta ciudad, y por dichas marcas 
estén los vecinos obligados a hacer y dar rodeo parado, 
y para que, cuando a cada uno le convenga, alegue, 
ante la justicia, de su derecho; y asimismo se haga 
saber a los vecinos que cada y cuando cualquiera de 
los vecinos desta ciudad pidiere rodeo a cualquier 
criador para día señalado, se lo haya de hacer y fran- 
quear, para que reconozca si hay o no alguno de su 
señal ... Y toda persona que no hiciere demostración 
dentro del término señalado, ahora ni en lo adelante 
pueda alegar ni pedir en justicia animal alguno, aun- 



(189] 



DANIEL GRANADA 



que tenga la marca que usare.» (Cabildo de Mon- 
tevideo.) 

La Acad, trae estas acepciones de la voz rodeo; 
«Reconocimiento que se hace de los ganados para 
contar las cabezas que hay en ellos. — Sitio de las 
dehesas, donde se reúne el ganado vacuno para pasar 
la noche.» 

ROMERILLO, m. — Especie de mtomío. Etero- 
tbdamus bruniotdes, Less. (asterotdeoa). 

ROMPER, a. — Ant., tratándose de un bando, 
publicarlo. Así, el gobernador y capitán general de 
las provincias del Río de la Plata, D. Bruno Mau- 
. ricio de Zabala, año de 1730: «ordeno y mando al 
alcalde de primer voto, a quien doy comisión para 
que haga romper y rompa este bando a son de cajas 
de guerra,» El Cabildo de Montevideo (1735) «acor- 
dó que se haga romper y rompa por el alguacil mayor, 
el bando acostumbrado» etc. 

ROSARINO, na, adj, — Natural del Rosario. 
Ü. t. c. s. — Perteneciente a esta ciudad o departa- 
mento. 

ROSARIO. — Departamento de la provincia 
argentina de Santa Fe, junto al río Paraná. — Capi- 
tal del mismo departamento. — Departamento de 
la provincia argentina de Mendoza. — Capital del 
mismo departamento. — Departamento de la Repú- 
blica del Paraguay. V. RÍO SEGUNDO. 

ROSARIO DE LA FRONTERA. — Departa* 
mentó de la provincia argentina de Salta. — Capital 
del mismo departamento. 

ROSARIO DE LERMA. — Departamento de 
la provincia argentina de Salta. — Capital del mismo 
departamento. 

ROSETAS, pl. f. — V. PORORÓ 



C190] 



s 



SALADAS. — Departamento de la provincia 
argentina de Corrientes. — Capital del mismo depar- 
tamento. 

SALADILLO. — Departamento de la provincia 
argentina de San Luis. — Capital del mismo depar- 
tamento. 

SALA VINA. — Departamento de la provincia 
argentina de Santiago. — Capital del mismo depar- 
tamento. 

SALCOCHADO, m. — Comida hecha con agua 
y sal, sin ningún condimento. 

SALCOCHAR, a — Cocer en agua y sal sola- 
mente cualquier alimento: carne, pescado, papas u 
otra cosa por el estilo. 

Las mismas palabras de que se compone este 
vocablo, están indicando claramente su preciso sig- 
nificado: sal cochar, cocer con sal. 

SALCOCHO, m. — Preparación de un alimento 
cociéndolo en agua y sal, para después condimentar- 
lo y hacer un plato cualquiera. 

SALTA. — Capital de la provincia del mismo 
nombre de la Confederación Argentina. 24° 47' 20" 
de lat. aust. Fund. año 1582 por Gonzalo de Abreu 
y Figueroa en el valle de Siancas, y trasladada a su 
actual situación por Hernando de Lerma, 



{191} 



I 



DANIEL GRANADA 



SALTEÑO, ña, adj. — Natural de la ciudad o 
de la provincia de Salta de la Confederación Argen- 
tina. U. t. c s. — Perteneciente a una u otra. — 
Natural de la ciudad o del departamento de Salto de 
la República Oriental del Uruguay. Ü. t. c. s. — 
Perteneciente a una u otro. 

SALTO. — Ciudad cabecera del departamento 
del mismo nombre de la Repúb. Or. del Urug. Fund, 
año 1817. 

SALTO, m. — Despeño de un río. 

Así en el Río de la Plata, como en toda la Amé- 
rica española, cuando menos en la meridional, lla- 
móse siempre solio al despeño de un río, fuese cual 
fuese la altura del despeñadero. De ahí el salto de 
Guaira o Conendiyú, que hace el río Paraná, no me- 
nos poderoso y sublime que la catarata del Niágara: 
con su enorme y furioso torrente parece, dice Azara, 
que quisiese dislocar el centro de la tierra, produ- 
ciendo un ruido más atronador que el estruendo de 
cien cañones disparados a un tiempo, según d'Orbi- 
gny. De ahí el salto del Iguazú, llamado también de 
la Victoria y de Santa María, de 1531 varas de lon- 
gitud y 63 y Vi de altura vertical, igualmente mara- 
villoso. De ahí el salto del Aguaray, que vierte en el 
Jejúy, y ambos juntos en el Paraguay, de 149 varas 
de elevación a pique. De ahí asimismo el salto de 
Tequendama, que hace el río Bogotá en Nueva Gra- 
nada, de 175 varas de altura total. La Acad. define 
el salto , bajo el título de salto de agua, de este modo: 
«caída o desnivel del agua en los ríos, canales, etc., 
que, sin llegar a ser catarata ni cascada, es sin em- 
bargo bastante considerable para poder aprovecharlo 
como fuerza motriz en molinos, batanes, etc.» Muy 
diversamente lo define D. Juan Vilanova y Piera, en 



{192} 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



quien leemos: «caudal de agua que se precipita de 
golpe, salvando bruscamente un espacio considerable.» 
Así D. Juan Valera (Cartas americanas, primera serie) 
no escrupuliza en llamar saltos cabalmente a los ma- 
yores del mundo: al de Tequendama y al del Niágara. 

El uso que se ha hecho, y se hace, en América 
de la voz salto, tratándose de ríos, es muy adecuado a 
la naturaleza y circunstancia del objeto que con ella 
se ha querido representar. Es, además, la palabra 
salto, bellamente significativa; porque, en efecto, el 
río, embarazado cuando se acerca al despeñadero, 
apresura su carrera y salta a la parte inferior del 
lecho. ¡Cuan perspicuamente lo representa Cabeza 
de Vaca en el siguiente pasaje! «E yendo (el Gober- 
nador) por el dicho río de Iguazú abajo, era la co- 
rriente de él tan grande, que corrían las canoas por 
él con mucha furia; y esto causólo que muy cerca 
de donde se embarcó da el río un salto por unas pe- 
ñas abajo muy altas». Azara, de tan claro estilo y 
exacto y preciso lenguaje, describiendo el Paraná, en- 
seña: cío que hace saltar este río es lo que llaman 
impropiamente cordillera de Maracayu» (Maracain 
en el texto, por error de impr.), y agrega: «a pro- 
pósito de saltos de ríos haré mención de otros dos 
en aquellas partes.» Por modo análogo en otros lu- 
gares. Alcedo, siguiendo el uso común, pone: «Salto 
(valle del), en la provincia y corregimiento de San- 
tiago del reino de Chile, llamado así por el salto 
que da el río Mapocho,» etc. «Otro río del reino 
del Brasil, llamado así (Salto) por un salto que da por 
espacio de tres leguas,» etc. «Otra isla grande del 
río Paraná en la provincia y gobierno del Paraguay, 
llamada así (Salto) por un gran salto que da el río 
enfrente de ella.» Y lo mismo cumple decir de la 

U93} 



7.-T. II. 



DANIEL GRANADA 



ciudad del Salto, cabecera del departamento del mis- 
mo nombre en la República Oriental del Uruguay: 
que se llama así, por el sdto que da cerca de ella el 
río Uruguay. El difuso padre Lozano se explica así 
respecto al salto de Guaira: «Ha dado su extrañeza 
ocasión a muchas fábulas, y una de ellas es que salta 
todo el Paraná junto por una sola canal desde más 
de doscientos estados de alto, y no falta autor que 
imprimió daba un salto de una altura de mil picas,» 
etc. D. Isidoro Antillón, con su acostumbrada pro- 
piedad, se expresa en estos términos * «En casi todos 
los ríos la pendiente de su álveo va siempre disminu- 
yendo hasta la embocadura; pero hay algunos cuyo 
declive es muy precipitado en ciertos parajes, lo cual 
forma las cascadas o cataratas; entendiéndose por es- 
te nombre un salto perpendicular del agua, o a lo 
menos una caída mucho mas inclinada que la co- 
rriente ordinaria del ño. El sdto de Tequendama, que 
hace el río Bogotá, afluente del Magdalena, en las 
inmediaciones de Santa Fe (América meridional), 
no sólo es la cascada de más elevación que se conoce 
en el globo, pues no baja su altura perpendicular de 
264 varas, sino que además tiene la primacía sobre 
los más famosos por su disposición singular y mil 
encantos que ofrece.» 

El río, al precipitarse o saltar, se modifica diver- 
samente, según el caudal y fuerza de sus aguas y la 
anchura, elevación y forma del despeñadero, ya lan- 
zándose desesperadamente como furiosa avenida por 
agrio declive, ya resolviéndose en cascadas y catara- 
tas. De maneta que el salto comprende la catarata, 
la cascada, el torrente y demás formas con que se 
despeñan las aguas de un río, cuando se halla obs* 



{194} 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



truído su lecho por una cadena de peñascos y consi- 
derablemente desnivelado el terreno que atraviesa. 

Como se sobreentiende que salta el río, dícese 
con propiedad salto del (río) Iguazú, salto DEL 
(río) Niágara, etc., anteponiendo al nombre del sal- 
to el artículo que determina el río que lo produce. 
Pero cuando el salto tiene un nombre diferente del 
que lleva el río que lo produce, no siempre admite 
artículo determinado la oración que lo expresa, como 
salto de Guaira, salto de Tequendama. 

Periódicos de la Asunción del Paraguay anun- 
cian que dos exploradores han hecho poco ha una 
excutsión al salto de Guairá, y que comunican ser 
exageradas las noticias a que nos referimos en el 
texto, acerca de la magnificencia e inmenso poder 
del celebrado despeñadero. Azara era un hombre por 
demás austero, parco, seco y poco amigo de dar pá- 
bulo a la imaginación creadora. La prolija, matemá- 
tica descripción que hace del salto de Guairá, arguye 
un previo estudio circunstanciado de su aspecto y con- 
diciones. El aspecto y condiciones de un salto varía 
según el estado del río, si crecido, si bajo, la fuerza 
accidental de su corriente, la dirección del viento y 
otras circunstancias análogas. Por consiguiente, las 
noticias de los recientes exploradores no autorizan, 
por sí solas, para desestimar como inexactas las trans- 
mitidas por Azara. 

SALTO CHICO. — Restinga que atraviesa el 
río Uruguay unos tres cuartos de legua más arriba 
que la ciudad del Salto de la República Oriental. 
Cuando baja medianamente el río, queda descubierta 
la restinga, produciendo diversos saltos o caídas de 
poca elevación. 

SALTO GRANDE. — Restinga a unas cuatro 



r 195] 



DANIEL GRANADA 



leguas más arriba que el salto Chico, en 31° 12 p de 
lat. aust. Para que se halle enteramente cubierta, 
tiene que estar bastante crecido el río, lo que sucede 
raras veces; razón por la cual queda allí interrum- 
pida la navegación la mayor parte del año, como en 
término menor sucede en el salto Chico. 

La referencia que hace del salto Grande el ge- 
neral D. José M a Reyes en la Descrip. geogr. de la 
Rep. Or. del Urug. y que reproduce D. Ramón Lista 
en su opúsculo sobre el Territorio de Misiones, nos 
movió a visitarlo y reconocerlo con detención, lo 
que verificamos en tres ocasiones. En la primera, es- 
tando medianamente crecido el río. Se forman en- 
tonces, hacia el medio de la restinga y junto a la 
costa oriental, varias masas de agua que, más propia- 
mente que cascadas, podríamos llamar torrentes. En 
Ja segunda ocasión, estando el río un poco bajo; en 
que desaparecen los torrentes de la costa oriental, se 
ensanchan los interiores y forman cascadas de muy 
corta elevación. La tercera vez que lo visitamos fue 
en una bajante extraordinaria, ocurrida en los últimos 
meses del año 1887 y primeros del subsiguiente, como 
no se había visto otra semejante en mucho tiempo; 
estado el más a propósito para observar las caídas en 
toda su plenitud. Las cascadas que entonces se forman 
del lado de la costa entrerriana, son tres, de uno a 
dos metros de alto, por doce o quince, la mayor, de 
anchura, término medio; pero ninguna impone tanto 
como un torrente que, estando medianamente crecido 
el río, se precipita en la costa oriental. Lo que tiene 
de magnífico el salto Grande para el que, en canoa 
(acompañado de baqueano, so pena de morir en sus 
aguas), y trepando por sus negros peñascos a riesgo 
de romperse la crisma, lo recorre de un extremo al 



[196} 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



otro del río, que serán unas diez cuadras orientales, 
es la variedad de caídas, torrentes, pozos, remolinos, 
barrancos, islas y montes enmarañados que, desde la 
restinga superior hasta cierta distancia aguas abaja, 
van impresionando el ánimo del espectador de tal 
manera que, si al llegar a su término le preguntasen 
a uno qué es lo que está presenciando contestaría sin 
vacilar: el Boquerón del Infierno, denominación que 
lleva el más disforme y peligroso de sus canales. 

El río Uruguay contiene un salto formidable, 
llamado también Grande, que acaso confundirán al- 
gunos con el descrito; pero es en las Misiones, cerca 
del Pepirí, en los 27<? 10' de lat. 

SALVADOR. — Capital del departamento san- 
juanino de Angado. 

SAN ALBERTO. — Departamento de la pro- 
vincia argentina de Córdoba, fronterizo a la de San 
Luis y La Rioja. Su capital San Pedro. 

SAN CARLOS. — Departamento de la pro- 
vincia argentina de Salta. — Capital del mismo 
departamento. — • Departamento de la provincia ar- 
gentina de Mendoza. — Capital del mismo depar- 
tamento. 

SANCOCHAR, a. — V. SALCOCHAR. 

«Cocer la vianda, dejándola medio cruda y sin 
sazonar.» (La Acad.) 

SANCOCHO, m. — V. SALCOCHO. 

«Plato americano, compuesto de yucas, carne, 
plátano y otros ingredientes, que se toma en el al- 
muerzo, y es el principal alimento de la generalidad 
de la gente en el litoral del Ecuador.» (La Acad.) 

SAN COSME. — Capital del departamento 
correntino de Ensenadas. 



£197} 



DANIEL GRANADA 



SAN ANTONIO. — Capital del departamento 
correntino de Mburucuyá. 

SANDUCERO, ra, adj. — Natural de la ciu- 
dad o del departamento de Paysandú (Rep. Or. del 
Ur.). Ü- t. c. s. — Perteneciente a una u otro. 

SAN ESTANISLAO, — Departamento de la 
República del Paraguay. 

SAN EUGENIO. — Pueblo cabecera del de- 
partamento de Artigas de la República Oriental del 
Uruguay, Fund. año 1852. 

SAN FRANCISCO. — Departamento de la 
provincia argentina de San Luis. — Capital del mis- 
mo departamento. — V. SOBREMONTE. 

SAN FRUCTUOSO. — Villa cabecera del 
departamento de Tacuarembó de la Rep. Or. del 
Uruguay. Fund. año 1831. 

SAN ISIDRO. — Departamento de la provin- 
cia argentina de San Juan. 

SAN JAVIER. — Departamento de la provin- 
cia argentina de Córdoba, fronterizo a la de San Luis. 
Su capital Dolores. 

SAN JERÓNIMO. — Departamento de la 
provincia argentina de Santa Fe, junto al río Paraná. 
Su capital Coronda. — V. UNION. 

SAN JOAQUIN. — Departamento de la Re- 
pública del Paraguay. 

SAN JOSÉ. — Departamento de la provincia 
argentina de Santa Fe, junto al río Paraná. — Ca- 
pital del mismo departamento. — Ciudad cabecera 
del departamento del mismo nombre de la Rep. Or. 
del Urug. Fund. año 1783- 

SAN JUAN. — Capital de la provincia del 
mismo nombre de la Confederación Argentina. 31 9 
31' 31" lat. aust. Fund. año 1566 por los conquis- 



[198] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



tadores de Chile enviados por su gobernador D. 
Francisco de Villagra. 

SANJUANINO, na, adj. — Natural de la ciu- 
dad o de la provincia argentina de San Juan. Ú. t. 
c. s. — Perteneciente a una u otra. 

SAN JUSTO. — Departamento de la provincia 
argentina de Córdoba, fronterizo a la de Santa Fe. 
Su capital Concepción. 

SAN LUIS. — Capital de la provincia del mis- 
mo nombre de la Confederación Argentina. 32° 25* 
45" lat. aust. Fund. año de 1597 por los conquis- 
tadores de Chile bajo el mando de D. Martín García 
de Loyola. ■ — Departamento de la provincia argen- 
tina de Corrientes. — Capital del mismo departa- 
mento. 

SAN MARTÍN. — Departamento de la pro- 
vincia argentina de Mendoza. — Capital del mismo 
departamento. — Departamento de la provincia ar- 
gentina de La Rioja. — Capital del departamento 
sanjuanino de Albardón. 

SAN MIGUEL. — Departamento de la pro- 
vincia argentina de Corrientes. — Capital del mismo 
departamento. 

SAN PEDRO. — Capital del departamento del 
mismo nombre de la provincia argentina de Jujúy. 
V. SAN ALBERTO. — Departamento de la Repú- 
blica del Paraguay. 

SAN RAFAEL. — Departamento de la pro- 
vincia argentina de Mendoza. — Capital del mismo 
departamento. 

SAN ROQUE. — Departamento de la provin- 
cia argentina de Corrientes. — Capital del mismo 
departamento. 



[199} 



DANIEL GRANADA 



SAN SALVADOR. — Departamento de la 
República del Paraguay. 

SANTA ANA. — Capital del departamento 
correntino de Lomas. 

SANTA BARBARA. — Departamento de la 
provincia argentina de San Luis. — Capital del mis- 
mo departamento. 

SANTA CATALINA. — Capital del departa- 
mentó del mismo nombre de la provincia de Jujúy. 

SANTA FE. — Capital de la provincia del 
mismo nombre de la Confederación Argentina. 31^ 
39' lat. aust.. Fund. año de 1573 por Juan de Garay 
.a nombre del gobernador y capitán general D. Juan 
Ortiz de Zárate. 

SANTAFECINO, na, adj. — Natural de la ciu- 
dad o de la provincia de Santa Fe. Ü. t. c. s. — 
Perteneciente a una u otra. 

SANTA LUCIA. — Capital del departamento 
correntmo de Lavalle. 

SANTA MARIA. — Departamento de la pro- 
vincia argentina de Catamarca. — Capital del mis- 
mo departamento. 

SANTA ROSA. — V. RlO PRIMERO. 

SANTA VICTORIA. — Departamento de la ' 
provincia argentina de Salta. — Capital del mismo 
departamento. 

SANTIAGO DEL ESTERO. — Capital de la 
provincia del mismo nombre de la Confederación 
Argentina. 279 46' 20" lat. aust. Fund. año 1550 
por Juan Núñez de Prado en las márgenes del Es- 
cava, y trasladada a las del Dulce en 1563 por Fran- 
cisco Aguirre. También se le llama simplemente 
Santiago. 



[200] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



SANTIAGUEÑO, ña, adj. — Natural de la 
ciudad o de la provincia argentina de Santiago del 
Estero. Ü. t. c. s. — Perteneciente a una u otra. 

SANTO TOMÉ. — Departamento de la pro- 
vincia argentina de Corrientes. — Capital del mismo 
departamento. 

SAN VICENTE. — Departamento de la pro- 
vincia argentina de Mendoza. — Capital del mismo 
departamento. 

SARANDÍ, m. — Arbusto de ramas largas y 
flexibles, propio de las costas de los ríos, arroyos, 
islas y demás parajes bañados por las aguas. 

Sarandí blanco. — Phillantbus settovianus 
J. Mueller (euphorbiacece: crotoninece) en Gibert. 

Sarandí colorado, — Cephalanthus Sarandí 
Ch. et. Scbl (cinchonaceoe: coffeineoe) en Gibert. 

SARIÁ, m. — Ave de unos dos pies y medio 
de longitud, color pardo, patas y cuello largos, pico 
parecido al de la gallina, y de carne muy estimada. 

Del guar. gana. 

«Su canto es agrio, algo parecido al de un pavo 
no adulto, y tan fuerte, que se oye de una milla.» 
(Azara.) 

SEBIL, m. — Es, en las provincias argentinas 
arribeñas, el curupay de las del Paraguay, Misio- 
nes, etc. 

Los indios comechingones «toman por las nari- 
ces el sebil, que es una fruta como vilca». (Reí geogr, 
de Ind. pubL por D. M. Jim. de la Esp., Tucumán.) 

SEIBO, m. — V. CEIBO. 

Ceibo han escrito siempre los mejores autores; 
pero como entre los habitantes del Plata hay la pro- 
pensión a pronunciar la c como si fuera s, gene- 
ralmente dicen seibo. 



£201} 



DANIEL GRANADA 



SEÍBO, m. — Seibo o ceibo. 

«Juzgo que estará V. en lo cierto, nos dice el 
eximio poeta argentino D. Rafael Obligado, escri- 
biendo seibo y seibo en la próxima edición de su 
Vocabulario, aunque pueden citarse muchos autores 
de reputación que equivocadamente han estampado 
ceibo.» Apoya este aserto en las siguientes razones. 
1* El seibo o seibo de las regiones del Plata es cosa 
muy distinta de la ceiba o ceibo de las regiones cá- 
lidas de América. 2 a La voz seibo tanto puede pro- 
venir de sebil, como de ceiba; pero es lo cierto que 
los isleños del Paraná y Uruguay jamás pronuncian 
la sílaba CE, sino la se, y de ellos hemos recogido 
la palabra. 3 a En Buenos Aires la gente culta pro- 
nuncia seibo. Corrobora su opinión con una carta 
(que inserta) del sabio naturalista D. Carlos Berg, 
quien le dice: que el seibo, que abunda principal- 
mente en las costas del río Paraná y sus afluentes, 
es una papilionácea (leguminosa), la erythrina crista 
galli de Linneo: que además del nombre vulgar, muy 
conocido, seibo, se le da también el de chopo (que 
no debe confundirse con el álamo de España), zui- 
nandi y zuinana; y que la ceiba es una bombácea 
(subfamilia de las malváceas), el bombax ceibo de 
Linneo, que se encuentra sólo en las regiones tropi- 
cales y subtropicales de América, nombre (el de 
ceiba) que ha sido empleado varias veces como ge- 
nérico, figurando hoy como sinónimo de los géneros 
bombax L. y eriodendron D. 

Es, con efecto, el ceibo amariposado de que se 
trata, cosa distinta de la ceiba o seibo perteneciente 
a la familia de las malváceas o bombax ceibo de 
Linneo, y cuando el vulgo quiere nombrarlo, articula 
siempre seibo; pero es probable que suceda esto mis- 



[202 3 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



mo con el nombre de la ceiba o ceibo malváceo en 
los países tropicales, donde, como en toda la América 
española, acostumbra el pueblo a pronunciar la c 
como si fuera s. Creemos no estar equivocados en 
esta aseveración. El mismo Sr. Obligado nos dice que 
eminentes poetas cubanos escriben seibo en ediciones 
muy cuidadas de sus versos. Hablistas escrupulosos 
(D. José de Vargas y Ponce, por ej.) han escrito 
con s voces que llevan c; pero eso es resabio de 
la gente andaluza, que pronuncia de tal modo las 
palabras. Con todo, será ceibo o seibo; nosotros en- 
tendemos que lo primero. Lo que sí tenemos por du- 
doso, contra el parecer de personas tan ilustradas y 
competentes como los Sres. Obligado y Berg, es que 
deba escribirse seibo. Azara (que entre todos los au- 
tores antiguos que se han ocupado en describir la 
naturaleza del Río de la Plata, es el más sabio y 
correcto) escribe ceibo. Así también los demás auto- 
res, y alguno que otro, seibo; ninguno seibo. Sin 
embargo, aun suponiendo que la razón estuviese de 
nuestra parte, ¿quién, que lea las preciosas poesías 
del señor Obligado, dejará de recordar con amor a 
ese seibo que deja caer melancólicamente los vistosos 
ramos de sus flores de carmín, desfallecidas con la 
prolongada ausencia de la más bella de las mujeres 
que hayan podido envidiar las dríadas del Paraná? 

El año que tú faltas, 

La flor de sus seibos, 

Como cansada de esperar tus sienes, 

Cuelga sus ramos de carmín marchitos. 

SILIPICA. — Departamento de la provincia de 
Santiago. — Capital del mismo departamento. 



C203} 



DANIEL GRANADA 



SILLÓN DE HAMACA, m. — Sillón cuyas 
patas descansan en dos arcos dirigidos hacia el res- 
paldo, por donde sobresalen algún tanto, a fin de 
que pueda hamacarse la persona que en él se siente. 

SIPÓ, m. — V. ISIPÓ. 

SIRIGOTE, m. — V. LOMILLO. 

En la pr. br. de R. G. del S. serigote, lomillo 
más corto que el ordinario (Beaurepaire-Rohan). 

SIY, m. — Especie de papagayo, que canta co- 
mo suena su nombre. 

Del guar. 0, 

«Es (el siy) tan triste y silencioso, que no canta 
en libertad, sino al tomar vuelo y alguna vez volan- 
do.» (Azara.) 

SOBEO, m. — V. TORZAL. 

SOBRECINCHA, f. — Pieza de ciervo, capia- 
dio, vaqueta, badana, algodón o seda, con que se 
aseguran los cojinillos y el sobrepuesto. 

También en el Perú (Palma), 

SOBRECOSTILLA, f. — Hablando de un ani- 
mal vacuno, carne que está entre las costillas y el 
matambte. 

SOBREMONTE. — Departamento de la pro- 
vincia argentina de Córdoba, fronterizo a las de 
Catamarca y Santiago. Su capital San Francisco. 

SOBREPUESTO, m. — Pieza del recado que 
va sobre el cojinillo. Hácenla de piel de ciervo o 
capincho, y de badana o vaqueta. 

SOCONCHO. — Departamento de la provin- 
cia argentina de Santiago. — Capital del mismo de* 
partamento. 

SOCUCHO, m. — V. SUCUCHO. 

SOGA, f. — Tira larga de cuero sin sobar, 
tosca, para tener atado un animal. 

[204] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



SOMBRA DE TORO, m. — Árbol frondoso, 
especie de acebo. De su madera hácense yugos. Da 
una fruta amarilla muy dulce, empalagosa. Llámanle 
también quebrachillo. Jodina rhombífolia Hock et 
Arn. (aquifoliacece: diospiroideos) en Gibert. 

SOR1ANO (Santo Domingo de). — Pueblo, el 
más antiguo de la República Or. del Uruguay en el 
departamento del mismo nombre. Fue a sus princi- 
pios (1624) una reducción de indios chanaes, de- 
bida a Fray Bernardo de Guzmán. 

SOROCHE, m. — V. PUNA (3 a acep.). 

lo propio en Chile (Rodríguez) y en el Perú 
(Palma). 

SOTERA, f. — V. AZOTERA. 

SOTRETA, adj. — Dícese del caballo entera- 
mente inservible por su vetustez, achaques y lacras. 
U. t. c. s. — Dícese de una persona inútil para todo. 

SUCUCHO, m. — Escondrijo. — Habitación 

ruin. 

^ Es voz de uso general, y a la que se le da igual 
sentido en toda la América, con la diferencia de que 
en Méjico y Cuba dicen socucho. D. Rufino José 
Cuervo la considera procedente de Galicia, por venir 
registrada en el Diccionario gallego de Cuveiro Pinol. 

En Chile socucho y sucucho, como en el Río de 
la Plata (Rodríguez). 

D. Baldomero Rívodó considera preferible so- 
cucho, como trae Salvá, por cuanto esta voz provie- 
ne (dice) del latín socculus. 

SUERTE DE ESTANCIA, — Extensión de cam- 
po de tres cuartos de legua. 

SUESTADA, f. — Viento fuerte y prolonga- 
do del sueste. 



[205} 



DANIEL GRANADA 



SUMAMPA. — Departamento de la provin- 
cia argentina de Santiago. — Capital del mismo de- 
partamento. 

SURUCUÁ, m. — V. ZURUCUÁ. 

SUSOAYÁ, m. — Planta de raíz fusiforme, 
tallo recto de una vara y media de alto, hojas alter- 
nas, largas, agudas, venosas y escotadas, que lo cu- 
bren hasta poco más de la mitad, llenándose de ahí 
para arriba, hasta el vértice, de florecitas de cinco 
pétalos amarillos, menos hacia el pie, donde, for- 
mado un solo cuerpo, cambian el color amarillo en 
un morado sanguíneo. Ha fama, entre la gente del 
campo, de ser muy eficaz el cocimiento de su hoja 
para curar empachos de niños, tos y fiebres. 



{206} 



T 



TÁBANO, m. — Especie de mosca grande, 
ora parda, ora verdosa, armada de un fuerte aguijón, 
con el que inquieta, mortifica y ensangrienta a los 
animales vacunos, yeguares, etc., haciéndolos huir de 
las costas de los ríos, arroyos, etc., en cuyos montes 
se alberga. 

TABEAR, n. — Jugar a la taba. — Ü. más 
comúnmente en sent. fam. y fig., por departir, char- 
lar, «conversar sin objeto determinado y sólo por 
mero pasatiempo.» 

TABLADA, f. — Oficina pública establecida 
fuera de poblado para la fiscalización de las tropas 
de ganado que pasan a los corrales de abasto, sala- 
deros, graserias, etc. 

La tablada comprende el espacio de tierra llano 
donde paran las tropas y la oficina establecida en el 
mismo punto. 

TACUARA, f. — Caña muy recia y consis- 
tente, que se cría formando monte. 

Del guar. taqm. 

TACUARA BRAVA. — Tacuara muy áspera, 
con recias espinas en los nudos. Cría en la médula 
un gusano blanco, del grueso de un dedo, el cual 
sirvió de alimento al adelantado Alvar Núñez Ca- 



1207] 



DANIEL pRANADA 



beza de Vaca en su gigantesca travesía de Santa 
Catalina a la Asunción del Paraguay. 

TACUARAL, m. — Terreno poblado de ta- 
cuaras. 

«Viene como del N. E. de entre bosques y ta- 
cuarales.» (Azara.) 

TACUARUZÚ, f. — Tacuara grande, que al- 
canza a doce o quince metros de alto y un espesor 
como el muslo. 

Del guar. taquar ugu. 

Estas cañas, forradas con cuero, sirvieron de 
cañones a los guaraníes, cuando, capitaneados por 
los jesuítas, resistieron contra las tropas de España 
y Portugal el cumplimiento del tratado de límites 
ajustado en 1750, por el cual se cedían inconside- 
radamente a la segunda de dichas potencias las mi- 
siones orientales del Uruguay. 

TACUAREMBÓ, amb. — Caña maciza, delga- 
da, uniforme, muy larga, recia y flexible. 

Del guar. taquarembó. 

«Como es fuerte, larguísima, del grueso del 
dedo meñique y sin vacío dentro, la abren y descor- 
tezan, y tejen con ella esteras y cestillos preciosos, 
y adornan con figuras, flores y dibujos hechos con 
la corteza del guembé.» (Azara.) 

TACUAREMBOCERO, ra, adj. — Natural del 
departamento de Tacuarembó de la Rep. Or. del 
Urug. Ü. t. c. s. — Perteneciente a él. 

Tacuarembocero. Hay que decir: ¡basta! 

TACURÜ, m. — Montículo de tierra arcillosa, 
ya semiesférico, ya cónico, de una vara de altura 
término medio, de que se hallan poblados ciertos 
parajes, particularmente las cañadas y proximidades 
de ríos y arroyos o terrenos anegadizos. 



[208} 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



Es voz procedente del guaraní. Azara dice que 
se llaman tacurús las madrigueras de la hormiga 
cupiy (en guar. cupií); de donde resulta que, aban- 
donadas por sus habitadores, les ha quedado el nom- 
bre a los montículos que el tiempo ha solidificado 
y cubierto de hierba* «Si se fija (el cupiy) en caña- 
das arcillosas, hace el tacurú durísimo de la misma 
arcilla en media naranja, como de tres palmos de 
diámetro, y tan cerca unos de otros, que a veces sólo 
distan tres o cuatro varas en dilatadísimas extensio- 
nes de campo. Pero si le edifica en lomada de tierra 
rojiza, el tacurú es cónico, como de cinco palmos 
de diámetro y hasta seis u ocho de altura, con sus 
caminos por dentro barnizados de negro.» (Azara.) 
«En los terrenos bajos que a veces se anegan, se en- 
cuentran montones de tierra cónicos, poco duros, y 
como de una vara de altura, muy cerca unos de otros. 
Son obra de una hormiguita negruzca.» (El mismo.) 
Ambas clases de montículos llevan actualmente el 
nombre de tacurúes; siendo de advertir que, si están 
habitados por las hormigas, se les da la denominación 
corriente de hormigueros. 

También en la provincia brasileña de Río Gran- 
de del Sur, tacurú, «montículo de tierra en medio de 
los bañados» (Beaurepaire-Rohan). 

«Es, a la verdad, un paso fatal; porque a más 
de la mucha agua, pajonales altos y tacurús, hay 
unos hoyos de vara y media o más de profundidad» 
etc. (Cabrer.) 

TACURUZA1, m. — Espacio de tierra poblado 
de tacurúes. Los hay que se extienden leguas. 

TACURUZÜ, m. — Tacurú grande. 

TACHERO, m. — Hojalatero, ya se ocupe en 
hacer tachos, ya piezas de lata de cualquier forma 



[209] 



DANIEL GRANADA 



que sean, ya en venderlas por las calles, gritando, 
como suelen, ¡tachero! 

TACHO, m. — Vasija de cobre o azófar, más 
ancha que honda, de fondo redondeado, para hacer 
dulce de almíbar. — Cualquier pieza de cobre, lata, 
hierro, etc., que tenga una forma semejante a la 
indicada, en especial si es grande como las que se 
emplean en ciertos establecimientos industriales (ja- 
bonerías, graserias, etc.). — Especie de cacerola de 
hojalata. 

En «Amer, Paila grande en que se acaba de 
cocer el melado y se le da el punto de azúcar.» (La 
Acad.) 

_ TACHURÍ, m. — Pajarillo de varios colores 
(rojo, azul, amarillo, negro, blanco). Aliméntase de 
insectos y gusanillos. 

Del guar. tachurí> comedor de gusanos, nombre 
genérico, que comprende especies adornadas de co- 
lores diferentes, además de los mencionados, particu- 
lares de una de ellas, que es la indicada arriba. 

«Incluye esta familia muchos pajarillos, que los 
guaranís llaman en general tachurís y tarichús, sin 
que yo sepa por qué.» (Azara.) 

TAJIVA, m. — V. LAPACHO. 

TAJIVO, m. — V. LAPACHO. 

En guar, tayh 

TALA, m. — Árbol frondoso, de hojas chicas, 
aovadas y escotadas, y de ramas muy torcidas, fuer- 
tes y espinosas. Su madera es blanca, y se utiliza en 
muebles y obras de carretería. Una vara recta de tala, 
de que pueda formarse un bastón, se aprecia en mu- 
cho, por lo fuerte. Mertensia tda GUI. {celtidacece: 
urticinece.) 



1210] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



TALA. — Departamento de provincia argen- 
tina de Entre Ríos. — Capital del mismo departa- 
mento. 

TALABARTERIA, f. — Taller de toda clase 
de arreos de caballerías de montar o de tiro, y de 
aperos o enseres pertenecientes al jinete, — Tienda 
donde se venden esos objetos, que suele ser el mismo 
taller. 

TAMA. — Capital de la provincia riojana de 
Costa Alta. 

TAMAYLLA. — Departamento de la provin- 
cia argentina de Tucumán. — Capital del mismo de- 
partamento. 

TAMAL, m. — Torta cuya masa es formada 
con harina de maíz y de trigo (de la primera, doble 
cantidad), azúcar y canela. Cuácenla en el horno. 

Lo propio en el Perú (Palma). 

«Especie de empanada de harina de maíz, muy 
usada en América.» (La Acad.) 

Tamal procede de Méjico, según Cuervo. 

TAMANDUÁ, m. — Cuadrúpedo que se ali- 
menta de hormigas; de color pardo; cubierto de pelo 
lacio y recio, cuya longitud va creciendo de la cabeza 
a la cola, donde es larguísimo; la cabeza y el cuello 
formando una sola pieza cónica desmedidamente pro- 
longada hasta el extremo del hocico, por el cual, a 
mayor abundamiento, saca con frecuencia y rapidez 
un apéndice semejante a una lombriz, que es su 
lengua, con la que recoge aquellos insectos. Tiene 
cuatro dedos en la mano y cinco en el pie, armados 
de fuertes y agudas uñas, algo corvas. No embiste 
ni huye; pero se defiende con las uñas, sentándose 
como el oso, actitud en la cual es terrible por su 
fuerza extraordinaria. 



[211} 



DANIEL GRANADA 



Del guar. tamanduá. 
Le llaman también oso hormiguero. 
En Salva tamandoa, y tamanduá: animal que se 
cria en el Perú. 

TAMBERO» m. — El que tiene un tambo o 
despacha en él. 

TAMBERO, ra, adj. — Que pertenece al tambo. 

— Dícese del ganado manso, en contraposición al 
cerrero o bravo, que no obedece al rodeo. 

TAMBEYUÁ, m. — Especie de chinche silves- 
tre, verde, que se cría entre las hojas del zapallo. 
Del guar. iambeiuá. 

TAMBO, m. — Cuadra o corral de vacas, don- 
de se expende leche. 

Sabido es que tambo significa en el Perú posada 
o mesón, y que procede de la V02 quichua tampu. 

Cuando canta el lechero: ¡mazamorra! 
Que trae a sus marchantes á horas fijas 
Desde el tambo lejano en seis botijas. 

(D. F. Acuña de Rgueroa.) 

TAPE, adj. — Dícese del indio guaraní origina- 
rio de las misiones establecidas por los jesuítas en las 
vertientes de los ríos Paraná y Uruguay. Ü. t. c. s. 

— Perteneciente a él. 

Destruidas por completo las Misiones (año de 
1817 y subsiguientes), mezclóse la mayor parte de 
sus últimos moradores con la gente campesina del 
Estado Oriental del Uruguay y de las provincias ar- 
gentinas de Corrientes y Entre Ríos, donde natural- 
mente continuó dándoseles su antiguo nombre de 
tapes. A los que en el día conservan muy marcado 



[212} 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



el tipo originario de estos indios, se les suele llamar 
asimismo tapes. 

Los guaraníes de las misiones del Paraná y Uru- 
guay, en los primeros tiempos de su establecimiento, 
denominaron Tape, que quiere decir la ciudad, a la 
reducción de Santo Tomé por su grandeza, como sí 
dijéramos la ciudad por excelencia; denominación 
que después se extendió a toda la comarca que ocu- 
paban, y de ahí la provincia del Tape y tapes sus 
naturales. (En Ruiz de Mont., Conqu. Espir. etc.) 

«Hablan estos indios (los minuanes) su idioma 
particular. Muchos de ellos habían también el de los 
tapes de Misiones* y pocos se explican en castellano 
o portugués.» (Cabrer.) 

El jornal del tape, fr. fig. y fam. con que se 
pondera lo exiguo de la retribución que se da a uno 
por su trabajo. 

«Empezóse entonces (1730) a activar (la for- 
tificación de la plaza de Montevideo), ocupando en 
los trabajos 350 indios guaraníes, señalándoseles real 
y medio de jornal. De ahí viene el antiguo refrán 
del jornal del tape.-» (D. Isidoro De María, Mont. 
ant,) 

TAPERA, f. — Habitación ruinosa y abando- 
nada, particularmente si está en medio del campo 
o aislada. Conjunto de ruinas, donde hubo un pueblo. 

Del guar. tapera que significa despoblado, pue- 
blo que fue. 

«Los (indios) de esta reducción (Santa María 
del Iguazú), les mataron algunos (indios caaiguás), 
y cogieron a diez vivos y tres mujeres. Al uno de 
los que cogieron vivos, pasándole de esta banda del 
río, en una tapera que está dos leguas de aquí, río 
abajo, le mataron encima de la sepultura de un ca- 



(213] 



DANIEL GRANADA 



cique que ellos habían muerto dos años antes, para 
hacer honras al dicho cacique, como ellos solían,» 
(Carta anua del P. Nicolás Durán 3 provincial del 
Paraguay, de la Comp. de Jesús, 1627, publ. por 
D. M. R. Trelles, Rev. del Arcb, de Bs. As.) «Esta 
última plaga de los ratores no estuvo en sus taperas 
o pueblos antiguos.» (El mismo.) 

«Encontramos sobre unas lomas suaves la tapera 
o ruinas del pueblo viejo de San Cosme, donde el 
célebre jesuíta Buenaventura Suárex hizo sus obser- 
vaciones astronómicas.» (Cabrer.) 

Multitud de parajes en las repúblicas Argentina, 
Oriental y del Paraguay, así como en el Brasil, son 
conocidos vulgar y geográficamente por el nombre 
de Tapera subseguido de el de la persona o pueblo 
a que perteneció el edificio cuando estuvo habitado, 
o de cualquier otro atributo distintivo. 

Tapera, en el Brasil, establecimiento rural com- 
pletamente abandonado o en ruinas, y en sent. fig. 
población en decadencia, según Beaurepaire-Rohan, 
que hace venir la voz del tupí taba-puera, aldea aban- 
donada. 

«Si algo quedó de sus ruinas (refiérese al anti- 
guo ejido de Montevideo) desapareció en la guerra 
de la independencia, del año 11 al 14. Ni aun las 
(casas) del Cordón escaparon de ser taperas.» (D. 
Isidoro De María, Mont. ant.) 

Y el alto ombú balancearse 
Sobre una antigua tapera. 

(D. Rafael Obligado.) 

TAPICHI, m. — V. VACARAY. 
TAPIOCA, f. — Fécula muy fina, en grano, 
extraída de la mandioca. Es producto del Brasil. 



[214] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



Del guar. ttp'ióg. La AcacL trae tipioka f que 
entendemos es corrupción de ñplóg, La lengua gua- 
raní carece de la letra k. 

TAPIR, m. — «Animal cuadrúpedo, de la 
magnitud de un muleto, que se cría en la parte 
occidental de la América meridional» etc. (La 
Acad.) 

Del guar. tapiL 

Criándose también el tapir en las regiones ba- 
ñadas por los afluentes del Plata, habría mayor pro- 
piedad en localizarle lisa y llanamente en la América 
meridional, y no al occidente de ella. El mismo ori- 
gen guaraní del vocablo así lo pide; pues las ge- 
neraciones guaraníes ocupaban la parte oriental de 
la América del Sur. 

TARARIRA, f. — Pez de los ríos, grande, re- 
dondeado, negruzco, escamoso y de carne estimada. 

TARJETERA, f. — Tarjetero. 

Trae también este vocablo D. Baldomero Ri- 
vodó. 

TARUMA, m, — Árbol parecido al olivo y 
cuyo fruto se asemeja a una aceituna. — Su fruto. 
Del guar. tarumá. 

Hablando de las regiones del Plata, dice Gonz» 
Fern. de Oviedo (Hist. gen. y nat. de las Ind.): «Hay 
otra fructa que se dice atoroma*, que quiere parescer 
aceituna negra.» Refiérese seguramente al taruma. 

En Colm. taruma del Brasil. 

TARUMA, m. — V. TARUMA. 

TASE o tasi, m. — Planta trepadora que hay 
en los montes. Su tallo es lechoso; su fruto, ova- 
lado, de cáscara pulposa parecida a la del burucuyá, 
y de una carne tan fibrosa como la de la cidracayote, 
con la cual se hace un dulce exquisito, empleándose 



{215] 



DANIEL GRANADA 



también en guisados. Pbisianthus albens Grah, (as- 
clepiadacece.) 

TATA, m. — • Tratamiento que los hijos dan 
familiarmente a sus padres. Es expresión cariñosa. 
Entre la gente culta alterna con papa; el vulgo no 
dice nunca papá, sino tata. También tatito. 

Transformación, sin duda, de taita, que, así 
como mama, era lo primero que antiguamente apren- 
dían a decir a sus padres los niños, según Pineda, 
Agrie, crist. 

También en quichua al padre dicen tata, cuya 
raíz tat indica expresión de cariño. 

«Taita, m. Nombre con que el niño hace cariños 
a sus padres, a su nodriza, o a otra persona que 
atiende a su cuidado y crianza.» (La Acad.) 

TATAIBÁ, m. — Moral silvestre, de tronco 
verde y fruto amarillo y extremadamente áspero, por 
lo cual, para comerlo, lo lavan y ponen al sol. Críase 
al norte (Paraguay, Misiones, Corrientes, etc.). — 
Fruto de este árbol. 

Del guar. man, el árbol, tatayibá, el fruto. 

TATARÉ, m. — Arbol grande, del género de 
las mimosas, de excelente madera amarilla, que se 
utiliza en obras de ebanistería y en la construcción 
de barcos, y de cuya corteza se extrae una materia 
tintórea. Quemada la madera, se consume sin hacer 
llama ni brasa. 

Del guar. tatatré. 

Llámanle también amarillo. 

TATÜ, m. — Cuadrúpedo encubertado con una 
costra ósea, en general negruzca, formada de tejuelos 
o escamas, de cabeza cónica, patas gruesas y muy 
cortas, y uñas largas, fuertes y encorvadas. Vive en 
agujeros subterráneos, y hay varias especies, casi tt> 



{216} 



VOCABULARIO RIOPLATENSE * 



das nocturnas, variando su tamaño entre dos y seis 
cuartas de longitud; pero las mayores sólo se hallan 
al norte de la cuenca del Plata. Convenientemente 
adobado, y asado al horno, constituye, excepto el de 
mano amarilla y cuerpo bayo, un rico manjar, de 
mejor gusto que el lechón para algunos. 
Del guar. tatú. 

«Hay encubertados, los quales llaman thatus,* 
(Oviedo, refiriéndose a las regiones del Plata, Hist. 
gen. y nat. de las Ind.) 

«Los naturalistas conocen a los tatús desde el des- 
cubrimiento de América, sin que hasta ahora se haya 
sabido caracterizar a sus diversas especies.» (Azara). 

TAYUYÁ, m. — Planta rastrera parecida a la 
sandía. Su raíz (que es un tubérculo semejante al 
moniato), pelada, tajada, tostada y machacada, da 
un cocimiento muy amargo, que la gente del cam- 
po emplea como purgante y tiene pQr eficaz remedio 
de la sífilis. Cortada en pedacitos y puesta en caña, 
cura, dicen, el mal de San Lázaro, Críase en los sitios 
barrancosos. 

Del guar. tayuta. 

En Colm. tayuyá de Ouiaho en el Brasil. 

TEGÜELCHE, adj. — V. TEHUELCHE. 

TEHUELCHE, adj. — Dícese del indio cuya 
generación es propiamente originaria de la Patago- 
nia, al sur de la cual habita. U. t. c. s. — Pertene- 
ciente a la generación dicha. 

TEMBETÁ, m. — Piedrecilla o palillo que ios 
guaraníes embutían (y hoy todavía lo hacen algunas 
parcialidades) en el labio inferior» 

Del guar. tembetá; tembé, labio inferior, ta, 
espiga, ita } piedra. 



{217] 



DANIEL GRANADA 



«Traen (los carios) un agujerillo en los labios, 
y en él un cristal leonado, que llaman en su idioma 
tembetá, de dos palmos de largo y del grueso de un 
cañón de ganso.» (Schmidel, tr. corriente.) 

TEMBLADERA, f. — Efecto convulsivo que 
experimentan los animales en ciertos parajes de la 
cordillera de los Andes, si permanecen quietos du- 
rante algunas horas. Cuando les acomete este acci- 
dente, hay que trasladarlos inmediatamente a un al- 
falfar; si no, mueren. 

TEMBLADERAL, m* — Paraje cenagoso cuya 
superficie presenta a la vista del transeúnte el apa- 
cible aspecto de una pradera, convidándole a pasar 
sin cuidado como por sobre una alfombra bien ex- 
tendida, bajo la cual, sin embargo, puede encontrar 
su sepulcro. El caballo campero avisa al jinete; pero 
si éste, fustigándolo, le obliga a seguir adelante, a 
los primeros pasos lo verá sumergido hasta los en- 
cuentros. 

«Tremedal, tremadal o tembladal. Sitio o paraje 
cenagoso que, con poco movimiento que se haga, 
retiembla.» (La Acad.) 

En el Perú le llaman tembladera (Palma), así 
como en Chile (Rodríguez). 

TEMBLEQUE, adj. fam. — Trémulo. Ü. t. c. s«, 
tratándose de personas. 

«No usaríamos nosotros tembleque por trémulo, 
si bien existe el verbo temblequear.» (Cuervo.) Ni 
nosotros tampoco; bien que, como término burlesco, 
puede arder en un candil. 

Trae también esta voz D. Baldomero Rivodó. 

TENTE-EN-EL-AIRE, m. — V. PICAFLOR. 

TERNERA JE, m, — Conjunto o generalidad 
de terneros. 



[218} 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



«Vimos bastante ganado y terneraje.» (Exp. de 
Ibirapita-Guazú hasta Sto. Dgo. de Sor. por un padre 
de la Comp. de Jes.; Rev. de la B. P. de B. A., Trell.) 

TERUTERO, m. — Ave de un pie y pico de 
longitud, de color blanco, con mezcla de negro y 
pardo tornasolado, armado de una púa en cada uno 
de sus mástiles, y cuyo grito suena como el nombre. 

Domestícase fácilmente, y, suelto en los patios 
de las casas, hace el oficio de centinela, siempre 
alerta; pues no ocurre novedad que no anuncie in- 
mediatamente con sus repetidos clamores. 

«Le dan el primer nombre (terutero) en Bue- 
nos Aires y Montevideo, y el segundo (teteu) en el 
Paraguay. Ambos le convienen, porque los canta con 
frecuencia agria y fuertemente, incomodando bas- 
tante. También canta de noche, si oye rumor, y por 
eso dicen que es enemigo de los contrabandistas. 
Igualmente lo es de los viajeros y cazadores, porque 
suele ir a encontrarlos y los acompaña, incomodán- 
dolos con sus voces continuas y alborotando la caza.» 
(Azara.) 

TICHOLO, m. — Panecillo cuadrilongo de 
pasta de guayaba muy compacta, envuelto en la hoja 
del plátano o en chala. Es producto del Brasil. 

Del port. tijolo, sin duda por tener la forma 
y color de un ladrillo pequeño. 

TIENDA, f. — Casa donde se venden géneros 
por menor. 

Lo propio en Venezuela (Rivodó). 

TIENTO, m. — Tira delgada de cuero, pulida 
y bien pareja, que sirve para hacer ligamentos, tren- 
zas, etc. 

TIERRA DEL FUEGO. — Tierras australes 
cortadas por el estrecho de Magallanes. 



T2195 



DANIEL GRANADA 



TIGRERO, m. — Cazador de tigres. 

TIGRERO, ra, adj. — Dícese en especial de 
los perros adiestrados en la caza del tigre. 

TIJERETA, f. — Pájaro de un pie próxima- 
mente de longitud, cuerpo aplomado, cabeza y cola 
negra, ésta muy larga, y de la que deriva su nombre, 
porque, al volar, la abre y cierra semejando a una 
tijera. 

«Así le llaman en Buenos Aires y Montevideo 
y los guaraníes guirayetapd, ave de tijera.» (Azara.) 

TILBE, m. — Trampa para pescar, usada por 
los indios. 

«Aquí topamos algunos tilbes armados para pes- 
car. Su construcción es de palos parados, tejidos con 
juncos, y les dejan una puerta, y entra por ella el 
pescado; y cerrada la puerta, le toman con abundan- 
cia.» (Fray Francisco Morillo, Via), al Bermejo.) 

TILCARA. i — Capital del departamento del 
mismo nombre de la provincia de Jujúy. 

TILINGADA, f. — Acción propia de un ti- 
lingo. 

TILINGO, ga, adj. — Dícese de la persona algo 
simple y ligera, y de la que suele hablar mucho para 
decir tonterías. Ü. t. c- s. 

TIMBO, m. — Arbol corpulento de la familia 
de las leguminosas, de flor amariposada. De su ma- 
dera hácense canoas, bateas, etc. 

Del guar. timbó. 

TIMBÜ, adj. — Dícese del indio cuya parcia- 
lidad habitaba la margen derecha del río Paraná, 
provincia de Santa Fe. Ú. t. c. s. — Perteneciente a 
dicha parcialidad. 



{220} 



VOCABULARIO RIOPLATENSB 



TINOGASTA. — Departamento de la provin- 
cia argentina de Catamarca. — Capital del mismo 
departamento, 

TlO, tía, m. y f . — Aplícase a los negros viejos 
africanos. 

Las cuentas de tío Bartolo. Fr. proverb. con que 
se ridiculiza al que ha hecho un cálculo enteramente 
erróneo, sin pies ni cabeza; con alusión a las dispa- 
ratadas cuentas que acostumbraba sacar cierto negro 
bozal, vendedor de escobas y plumeros, 

«En el trono aparecían sentados con mucha gra- 
vedad el rey tío Francisco ... A su lado la reina tía 
Felipa.» (D. Isidoro De María, Mont. Ant.) 

TIPA, m. — Árbol altísimo y corpulento, de 
las provincias argentinas arribeñas y el Chaco. Su 
resina empléase en la tintorería y medicina, y su 
madera en la tablazón de los barcos. Machcenum 
fertile. 

Es, sin duda, el mismo que indica la Acad.: 
«Tipa, f. Arbol grande del Perú, de madera recia y 
muy estimada. O. para las cámaras de los buques.» 

TIPA, f. — Bolsa o cesto de cuero. 

«Del cuero (del animal vacuno) fabrican todas 
las cuerdas y sogas, y la mayor parte de los utensilios, 
como canastas y arcas, llamándolas tipas y petacas.* 
(Azara.) 

TIPA, m. — Lo mismo que chipa. 
Del guar. tipa. 

TIPOY, m. — > Saco de lienzo o de algodón, sin 
cuello ni mangas, que usaban las mujeres en las Mi- 
siones del Paraná y Uruguay y que usan actualmente 
las campesinas del Paraguay» 

Del guar. tupoí, tipoí. 



[221] 



DANIEL GRANADA 



«Muchas (mujeres) cubiertas con ropas largas 
de algodón que usan entre ellos (los jarayes), que 
llaman tipoes.» (Cabeza de Vaca, Coment.) 

TOBA, adj. — Dícese del indio de cierta parcia- 
lidad del Chaco, errante y temible. Ú. t. c s. — 
Perteneciente a dicha parcialidad. 

TOLDERIA, f . — Campamento de indios, don- 
de tienen sus toldos. 

TOLDO, m. — Cabana del indio silvestre. Fór- 
manía con pieles sostenidas por estacas, o por unas 
varas verdes, clavados sus extremos en tierra forman- 
do arco, o bien con una quincha de junco o totora 
dispuesta del mismo modo* 

«Por allá llaman toldo z. la casa o habitación 
del indio silvestre, y toldería al pueblo o conjunto 
de muchos toldos.» (Azara.) 

TOMINEJO, m. — V. PICAFLOR. 

TONOCOTÉ, adj. — Dícese del indio de una 
parcialidad originaria de los lulés, que moraba al sur 
del Chaco* Ü. t. c. s. — Perteneciente a dicha par- 
cialidad. 

TOQUISTINÉ, adj. — Dícese del indio de una 
parcialidad originaria de los lulés, que moraba al sur 
del Chaco. Ú. t. c. s. — Perteneciente a dicha par- 
cialidad. 

TORDILLO, lia, adj. — Dícese del caballo o 
yegua de color negro entremezclado con blanco. Ú. 
t. c. s. Por otro nombre tordillo blanco. 

TORDILLO NEGRO, lia, gra, adj. — Dícese 
del caballo o yegua de color blanco entremezclado 
con negro Ü. t. c. s. 

TOROCAA, m. — Planta aromática, de la fa- 
milia de las labiadas, muy semejante al tabaco, ex- 
cepto la flor, que es morada. — Trébol muy oloroso. 



1222) 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



De la voz española toro, y la guaraní caá, cuya 
aglutinación equivale en castellano a hierba del toro. 

Sírvense de la primera de estas plantas, en el 
campo, para curar heridas, lavándolas con un coci- 
miento de sus hojas y aplicando luego éstas a la 
parte dañada. 

TOROPÍ, m. — Cuero sobado, de animal va- 
cuno, que, a manera de capote o manta, se echaban 
sobre los hombros los indios minuanes y charrúas. 

De la voz española toro, y de la guaraní pi, que 
significa cuero. Toropí, cuero de toro, sin duda por 
ser el que preferían para hacer el abrigo de que se 
trata. 

TORREJA, f. — Rebanada de pan, remojada 
en leche o en vino generoso, con huevo, azúcar y 
canela; y frita. 

Lo mismo en Venezuela, según Rivodó. La 
Acad. torrijas 

TORZAL, m. — Lazo o mamador formado de 
una o tres tiras de cuero retorcidas. 

El lazo compuesto de dos o más tiras, no tan 
largo como el trenzado, es el más fuerte y resistente. 
Llámase también sobeo. 

Lo mismo en la pr. br. de R. G. del S. torgal 
( Beaurepaire-Rohan ) . 

TOTORA, f. — Hierba alta, semejante a la es- 
padaña, estoposa y consistente, propia de los terre- 
nos húmedos, a propósito para quinchar, y de la cual, 
en el campo, hacen esteras, asientos, cubiertas de 
carros, techos de ranchos, etc. En todo esto alterna 
con el junco, la paja brava y alguna otra hierba de 
igual consistencia. Casi no hay bañado, esteral, lagu- 
na, cañada o arroyo, en el Río de la Plata, donde 
no aparezca la totora. Es la misma que se halla a 



C223] 



DANIEL GRANADA 



las orillas de la famosa laguna de Titicaca o Chu- 
cuíto (Bolivia). Con ella y con juncia h¡20 el inca 
Capac Iupanqui un puente sobre un brazo de la la- 
guna para pasar el ejército que llevaba a la conquista 
de las provincias de Collasuyo. Es muy probable 
que esta hierba esté esparcida por toda la América . 
meridional, cuando menos, y que en toda ella se le 
dé el mismo nombre de totora por las gentes de 
habla española. Así, los terrenos cenagosos de las 
inmediaciones de Quito (Ecuador) están poblados 
de totora, y los llaman Morales; y abunda también 
en Chile» Tipha angustifolia L. (aroideos) en Gibert. 

Del quich. futura, y equivale, según Rodríguez, 
a juncia y espadaña. Nos inclinamos a creer que es 
la misma espadaña. En el Río de la Plata, a lo me- 
nos, no se llama nunca a la juncia totora, sino junco 
o hunco, aspirando suavemente la hache. 

«Totora, f. Especie de enea que se halla en la 
laguna de Chucuito.» (La Acad.) 

TOTORAL, m. — Terreno poblado de totora. 
Un departamento de la provincia argentina de Cór- 
doba lleva el nombre de Totoral. 

«Al pueblo de Totora se le puso así, por estar 
cercado de totorales.» (Reís, geográfs. de Inds., Con- 
desuyos y Chumbibilcas.) 

«Al fin del rumbo trece llegué a las cañadas de 
cortaderas y totorales,» (D. Pablo Zisur, Exp. a So- 
linas, Ang.) 

TOTORAL. — Departamento de la provincia 
argentina de Córdoba, lindando con la Mar Chiqui- 
ta. Su capital Mitre. 

TRACALADA, f. — Considerable número de 
objetos. 



£224} 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



Üsase también en Chile: «cáfila, multitud» (So- 
lar) ; en el Perú: «sarta, cantidad, cáfila, etc.» (Paz- 
Soldán); en el Ecuador: «tracalada de fieras» (Cuer- 
vo); y en Bogotá: «muchedumbre, cáfila» (el mis- 
mo). Cuervo sospecha que el tracalada americano 
es, cercenada la primera sílaba, el matracalada que 
emplea Quevedo en unos versos que cita, vocablo 
registrado después en la 12^ edición del Dice de 
la Acad. 

TRANCAS. — Departamento de la provincia 
argentina de Tucumán. — Capital del mismo de- 
partamento. 

TRANQUERA, f. — Armazón de trancas pues- 
ta en un cerco, a manera de puerta, para el tránsito 
de personas, vehículos y tropas de ganado 

TRASTA VILLAR, n. fam. — Tartalear. — 
Titubear. — Estar expuesta a deshacerse o a caer 
una cosa que se halla en falso o desvencijada. 

«Di jóse metafóricamente (trastabillar: titubear), 
corrompiendo a lo rústico la palabra tartavillar, con- 
vertida hoy en tartalear.» (D. Manuel Cañete, De- 
ciar, de los vocablos oscuros o de uso poco frecuente 
que se hallan en las Farsas y églogas de Lucas Fer- 
nandez.) 

Üsase también, por vacilar, titubear, tartalear, 
hacer eses, en Bogotá (Cuervo), en el Perú (Paz- 
Soldán) y en Chile (Rodríguez). 

TREINTA Y TRES. — Departamento de la 
República Oriental del Uruguay, fronterizo al Bra- 
sil. — Villa cabecera del mismo departamento. 
Fund. año 1853. 

TRINIDAD. — Villa cabecera del departa- 

I ^ ent 1803 F1 ° reS ^ ^ Rep ' ° r ' Uruguay ' Fünd * 
{225] 



8. -r. n. 



DANIEL GRANADA 



TROMPETA, adj. — Atrevido y sinvergüenza* 
Ú. t. c s. 

Sóplase orondo un trompeta 
En el Parnaso, porqué 
Aprendió el p o po, e, 
Poé, t a ta, poeta; 
Y en su mísera cuarteta 
Enreda una mezcolanza. 

¡Buena va la danza! 

(D. F. A. de Figueroa.) 

TROPA, t — Conjunto de anímales que se 
transportan de una parte a otra, o que van con 
carga. En la Rep. Oriental del Uruguay, Entre Ríos 
y Corrientes, por tropa se entiende casi exclusiva- 
mente la del ganado vacuno que se transporta a las 
invernadas, mataderos, graserias, corrales de abasto, 
etc. En las provincias argentinas próximas a los An- 
des, aplícase esta voz con especialidad a las cáfilas 
de muías que, cargadas de mercancías, hacen la t&~ 
vesía de la Cordillera, — Cáfila de carretas. 

Prov« de la Amér. merid. en Salva. 

En Chile equivale a recua (Rodríguez). En 
esta acepción, dice Solar, es de uso general en toda 
la América. 

Lo propio que en el Río de la Plata en el Bra- 
sil (Beaurepaire-Rohan). 

«Para evitar el riesgo de los indios salvajes, 
caminan muchas carretas juntas, a lo que llaman 
tropas (Estala, carta sobre Buenos Aires, Via), univ.) 

«La jornada regular de las tropas de Tucumán 
(que así llaman a una caravana de carretas) es de 
siete leguas, aunque yo juzgo que no pasan de cinco 



[226} 



VOCABULARIO EJOPLATENSE 



un día con otro, por causa de los muchos ríos que 
es preciso atravesar.» (El mismo,) 

Arroja el la20 
Sobre la res que elige de la tropa. 

(Bello.) 

TROPERO, m. — Conductor de tropas, con 
especialidad tratándose del ganado vacuno. El de 
muías, arriero, capataz, peón. V. esta última palabra. 

TROPILLA, f. — Gerto número de caballos, 
regularmente de un mismo pelo, acostumbrados a 
andar siempre juntos, o amadrinados, Una yegua con 
cencerro, llamada madrina, es el principio federativo 
de esta república, y a buen seguro que no la abando- 
nen de motu proprio sus allegados, ni que el dueño 
de ella tenga que lamentar defecciones. 

TROPILLA AMADRINADA. — Aquella cu- 
yos caballos están ya enteramente acostumbrados a 
seguir a la yegua madrina. 

TROPILLA ENTABLADA. — Lo mismo que 
amadrinada. 

TOBIANO, na, adj. — V. TUBIANO. 

TUBIANO, na, adj. — Dícese del caballo o 
yegua de cierta casta, que tiene manchas muy exten- 
didas y notables en el cuerpo. Ü. t. c. s. 

De un jefe revolucionario (cuentan) de la pro- 
vincia de San Pablo en el Brasil, conocido vulgar- 
mente por Tubías, quien, derrotado en 1842, pasó a 
incorporarse con los riograndenses, montados él y los 
pocos soldados que le acompañaban en caballos de 
la casta y pelo indicado en la definición; a los cua- 
les caballos, por esa circunstancia, llamaron tubianos, 



t227} 



DANIEL GRANADA 
1 

denominación que se generalizó después en el Río 
de la Plata. 

Beaurepaire-Rohan trae tobiano como sust. 
masculino y adj. peculiares de la provincia de San 
Pablo, y le define: caballo de cierta raza. No da la 
etimología. 

TUCANO, m. — Ave de rapiña, de un pie y 
medio de longitud término medio; el color de su 
plumaje negro azulado, con listas y manchas amari- 
llentas, rojizas y blancas en la cabeza, cuello, pecho 
y parte de las alas; oscura la pieza superior y ana- 
ranjada la inferior de su corvo y aserrado pico des- 
medidamente largo. Prefiere para morada los yer- 
bales (árboles del mate), de cuya semilla gusta. 

Del guar. tücd. 

«Tucán, m. — Ave del Brasil, que tiene el pico 
muy largo.» (La Acad.) 

Tucano también en Azara. Lo hay en Misiones, 
Corrientes y el Paraguay. 

«Los tucanos, a pesar de todo, destruyen a mu- 
chos pájaros; porque con su voluminoso y extrava- 
gante pico imponen respeto y miedo a todas las aves, 
y las embisten y ahuyentan de sus nidos, y a su 
misma vista tragan enteros los huevos y los pollos.» 
(Azara.) 

TUCO, m. — En algunas provincias argentinas 
arribeñas llaman tuco a la luciérnaga, en especial la 
grande, con dos discos luminosos permanentes en la 
parte superior de la costra junto a la cabeza, los cua- 
les emiteln claridad suficiente para leer un papel 
cualquiera en la obscuridad. Al este del Paraná llá- 
manla alúa. También linterna. 

TUCUMÁN. — Capital de la provincia argen- 
tina del mismo nombre. 2(fi 50* 2" de lat. aust. Fund. 



{228} 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



año 1564 por Diego Villarroel, cerca del cerro de 
Aconqueja, y trasladada adonde está hoy por Fer- 
nando de Mendoza en 1585. 

TUCUMANO, na, adj. — Natural de la ciudad 
o de la provincia argentina de Tucumán. Ü. t. c. s. — 
Perteneciente a una u otra, 

TUCUTUCU, m. — Cuadrúpedo en su aspecto 
y costumbres muy semejante al topo, algo mayor 
que éste. Construye su cueva con múltiples galerías 
en los terrenos arenosos, donde suele multiplicarse 
considerablemente, haciéndose notar, por lo mismo, 
durante la noche, con el incesante ruido sordo de 
tucu-tucu-tucu-tucu, que es su voz, causa de su nombre. 

«Algunos le llaman topo, figurándose que lo 
-es de la especie europea; pero se engañan mucho.» 
(Azara.) 

TUCUTUZAL, m. — Terreno lleno de cuevas 
de tucutucos, y, por lo mismo, de difícil o peligroso 
tránsito. 

Las cuevas del tucutuco están a flor de tierra, 
en cuya razón fácilmente se hunde el terreno en que 
se hallan. 

TUI, m. — Loro pequeño, de color verde cla- 
ro, con una mancha anaranjada y azul en la cabeza 
y que anda en bandadas. 

Del guar. tuL 

«Tiene (el tui) las costumbres del ñenday.» 
(Azara.) 

TULUMBA. — Departamento de la provincia 
argentina de Córdoba, lindando con el de Totoral y 
la Mar Chiquita. — Capital del mismo departamento. 

TUMBAYA. — Capital del departamento dej 
mismo nombre de la provincia de Jujúy. 

TUPÁ (tüpá), m. — Expresión con que lo? 



{229] 



DANIEL GRANADA 



guaraníes designaban a Dios. Compónese de la par- 
tícula admirativa tu, y del vocablo pa, que denota 
interrogación, como si se dijera: ¡esto, qué es?, o 
bien: ¿quién eres tú, Señor, que no te alcanzo, y me 
anonadas! Expresión tan sublime como su correspon- 
diente bíblica: ego sum qui sum. Por esta razón no 
tuvieron reparo alguno los misioneros del Paraguay 
en servirse del nombre Tupa, como significativo de 
Dios según lo concibe la Iglesia Católica, en las ora- 
ciones, catecismo y doctrina cristiana que compusie- 
ron en lengua guaraní para el uso de sus neófitos. 
No se libraron, sin embargo, los jesuítas de ser acusa- 
dos públicamente de herejía, a instigación, o por 
obra, del arriscado obispo don Fray Bernardino de 
Cárdenas, so pretexto de haber dado cabida en sus 
misiones, con menoscabo de la religión, al Tupa cris- 
tianizado. Este incidente dio ocasión al padre Díaz 
Taño para sostener que las voces Dios y. Tupa* tienen 
una filiación etimológica idéntica, concluyendo que 
con la última significaban los guaraníes y^ tupíes al 
que entendían que era señor, creador, principio, fuen- 
te, origen y causa de todas las cosas. 

Los guaraníes, con ser salvajes, filosofaban me- 
jor que los filósofos positivistas de nuestros tiempos. 
El positivista dice, por ejemplo, tratando de la sobe- 
rana esencia: «¿Es cosa con la cual no puedo hacer 
experimentos? ¿No hace impresión en mi retina, 
tímpano, paladar, epidermis y membrana pituitaria? 
Pues no le hagamos caso: es incognoscible.» El gua- 
raní pensaba de este modo: «Yo no la veo, ni la 
percibo por ninguno de mis sentidos; pero rae sub- 
yuga; y por eso mismo, porque no la veo ni experi- 
mento corporalmente, es para mí más grande: ¿quién 
eres tú! qué es esto!» 



(250) 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



Hemos conservado íntegro el presente artículo, 
con el fin de que pueda apreciarse debidamente la 
discreta, cuanto docta, crítica que de él hace el Sr. 
Valera. 

El P. Lozano en su Hist. de la conq. del Parag, 
etc. dice: 

«Tuvieron (los guaraníes) conocimiento de 
Dios, v aun llegaron a alcanzar, con alguna confu- 
sión, lo que se colige del nombre que le dieron de 
Tupa, que quiere decir excelencia superior, com- 
puesto del nombre de tu, que es admiración, y de 
pa, que es la nota de interrogación, correspondiendo 
al hebreo Manhu, quid est hoc en singular.» 

La referencia que hacemos al P. Francisco Díaz 
Taño la sacamos de un extenso escrito suyo, harto 
curioso {Demostración clara y evidente respuesta 
etc.), inserto en la Rev. de la BibL P. de Buenos 
Aires por D. Manuel R. Trelles. 

TUPÍ, adj. — Dícese del indio cuya parcialidad 
corría la costa oriental del río Uruguay, hacia los 
289 de lat. Ú. u c. s. — Perteneciente a dicha par- 
cialidad. 

Los tupíes, temibles por su ferocidad, tuvieron 
en perpetua alarma a las misiones jesuíticas del Pa- 
raná y Uruguay, donde ejecutaron desoladoras in- 
vasiones, 

TUPUNGATO. — Departamento de la pro- 
vincia argentina de Mendoza. 

TURBONADA, f. — Viento repentino y vio- 
lento, acompañado de nubarrones difusos, con poca 
o ninguna agua y de no larga duración. 

TURUBl, m. — Planta aromática, de una 
cuarta de alto próximamente, de tallo y hoja vellosos, 
ésta aserrada, blanquizco el envés, y de raíz tubercu- 



DANIEL GRANADA 



losa, redonda. Críase en los cerros y terrenos pedre- 
gosos. El cocimiento de su raíz tiénese por emena- 
gogo eficaz. 
Del guar. 

TUTÚ, m. — : Ave de rapiña, de un pie largo 
de longitud; verde el lomo, azul el pecho; la cabeza, 
alas y cola con manchas negras rojizas y moradas; 
su corvo pico muy fuerte. 

Del guar. tutu, expr. imitativa de su canto. 

TUTUMA, f* — Árbol, cuyo tronco y ramas 
dan un fruto semejante a la calabaza. — Su fruto. 

TUTUMA, m. — V. TUTUMA. 

TUYUYÚ, m. — Especie de cigüeña. 

Del guar. tuyuyú. 



[232] 



u 



UBAJAY, m. — Árbol de la familia de las 
mirtáceas, recio, de mucho ramaje; de hojas enteras, 
aovadas, estrechas, puntiagudas, venosas y opuestas- 
de fruto agradable, un poco ácido, del tamaño deí 
níspero, formado de una envoltura pulposa (que es 
lo que se come) amarilla, de piel velluda como el 
membrillo, al que se asemeja en la forma, y con 
carozo redondo de cáscara delgada y dura, leñosa, 
que encierra una almendra. — Fruto de este árbol. — 
Arbusto de la misma especie que el árbol antedicho. 

Del guar. ibahal 

El ubajay es fruta indigesta. 

UMITA, f. — V. HUMITA. 

Del arauc. uminta, guisado de maíz. 

UNIÓN. — Departamento de la provincia ar- 
gentina de Córdoba, fronterizo a Santa Fe. — Su 
capital San Jerónimo. 

UÑA DE GATO. — V. ÑAPINDÁ. 

URÜ, m. — Ave de una cuarta y pico de lon- 
gitud y de color pardo con mezcla de acanelado 
negro y blanco. 

Del guar. urú. 

«Camina (el urú) y corre como las perdices.» 
(Azara.) 



Í233] 



DANIEL GRANADA 



URUBÜ, m. — V. IRIBÚ. 

La misma modificación llevan sus compuestos. 

URUBUTÍ, m. — Especie de cuervo blanco. 

Del guar. urubutí 

URUCÜ, m. — Achiote (árbol). 

Del guar. urucü. 

En Colm. urucú del Brasil 

URUCUREÁ, m. — Especie de lechuza, de un 
pie escaso de longitud, color pardo ceniciento, que 
habita y cría en la cueva de la vizcacha. 

Del guar. urucureL 

«No es (el urucurea) arisco, y cuando uno se 
le acerca canta fuerte chi&chi-cbi-chi-chi, dando un 
vuelito breve y posándose sobre algún terrón, desde 
donde mira con insolencia al que se le aproxima.» 
(Azara.) 

URUGUAY (rio). — Del guar. urugudi. Asara 
entiende que el río Uruguay toma su nombre de un 
pájaro común en sus bosques, llamado urú; porque 
uruguay significa, dice, rio (no en el texto; pero es, 
sin duda, error de impr.) del país del urú (Desc. e 
hist. del Parag. y del R. de la Pía.). Urú, con efecto, 
es un ave pequeña, que se halla en el Uruguay arri- 
ba; pero no es fácil hacerse cargo de la significación 
que Azara supone tener la palabra uruguay, descom- 
poniéndola en los vocablos urú, gua e i, sea cual sea 
la acentuación prosódica que se quiera dar a la voz 
gua. El ingeniero D. José Cabrer, coexpedicio- 
nario del sabio geógrafo, afirma que Uruguay signi- 
fica río de los caracoles, sin duda porque urugua es 
caracol, e i río; lo que, siendo realmente aceptable, 
nos induce a consignar como la más cierta etimología 
las voces uruguá i aglutinadas. El lingüista brasileño 
Dr. Bautista C de Almeida Nogueira, en el t. 7? 



[234] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



de los Afinares da BiblL Nac. do Río de Jan., asienta 
que 'iruguái significa río del canal (iruguá, canal), 
o río principal, con lo que, dice, se designaba al 
Uruguay, que ni aun en tiempo de seca deja de 
tener agua, al contrario de lo que sucede en los arro- 
yos. En este caso .Uruguay sería una corrupción de 
Ytugudi; pero el mismo señor Almeida admite que 
puede venir de uruguá i. 

Nace el Uruguay en la serta do Mar, en la 
provincia de Santa Catalina del Brasil, y desemboca 
en el Río de la Plata, serpenteando en su trayecto 
unas trescientas leguas. Perteneció desde sus cabe- 
ceras a España; pero ya a principios del siglo que 
corre habían invadido los portugueses hasta los pue- 
blos de Misiones situados en su margen izquierda, y 
el año de 1852 quedó definitivamente establecido 
que su tributario el Cuaréin fuese el límite divisorio 
entre el Brasil y la República Oriental del Uruguay, 
quien, por consecuencia, disfruta de sus aguas en un 
espacio de ciento treinta leguas, que próximamente 
hay desde allí hasta su desembocadura en el Plata. 

El pintoresco Uruguay, navegable desahogada- 
mente hasta la ciudad del Salto, donde una formi- 
dable restinga embaraza su cauce, no tiene crecien- 
tes periódicas anuales, como las del Paraná y Para- 
guay; pero las mayores que de tarde en tarde lo 
ensoberbecen, sobrevienen, por lo regular, a media- 
dos de la primavera. Su anchura es, en partes, de 
leguas. 

Dífose también Uguay y Uruay. 

URUGUAY. — Departamento de la provincia 
argentina de Entre Ríos, junto al río Uruguay. Su 
capital. Concepción del Uruguay. 

URUGUAYO, ya, adj. — Natural de la Re- 



C235} 



DANIEL GRANADA 



pública Oriental del Uruguay. Ü. t. c. s. — Perte- 
neciente a esta nación. 

V. ORIENTAL, y adviértase que un departa- 
mento de la provincia argentina de Entre Ríos < 
denomina Uruguay, y que a la margen izquierda de 
este río hay una ciudad brasileña que lleva el nom- 
bre de Uruguayana. Además, cuando se dice el Uru- 
guay, lo que regularmente se entiende es que se quie- 
re hacer referencia al río que lleva ese nombre, y no 
al Estado Oriental del Uruguay, que se denomina así 
cabalmente en razón de hallarse situadas al occiden- 
te, aguas por medio, las provincias de Entre Ríos y 
Corrientes, y más arriba las Misiones. 

La Acad. dice: «Natural del Uruguay, — Per- 
teneciente a esta nación de la América del Sur.» 

URUNDAY, m. — Árbol de excelente madera 
de construcción, colorado-oscura- En especial sirve 
para tirantes. 

URUTAO, m. — V. URUTAÜ. 

URUTÁU, m. — V. URUTAÜ. 

URUTAÚ, m. — Ave nocturna, de un pie y 
pico de longitud y de color pardo acanelado con 
mezcla de negro y oscuro. Particularízalo su modo 
de gritar entre mofador y melancólico: prolongado 
y lúgubre clamor, que termina semejando una car- 
cajada. 

Permanece, mientras el astro del día alumbra, 
oculto. Sale de noche, sin apartarse de la orilla del 
río o arroyo en cuyos montes o barrancas tiene su 
vivienda. Busca un árbol seco, y, a la falta de árbol 
muerto, una palmera ú otra planta de escaso ramaje 
y hojas. Posado en uno de sus gajos y arrimado al 
tronco, permanece largas horas, quieto, inmóvil, mi- 
rando fijamente a la luna, o levantada la cabeza 



{236) 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



ai cielo, si La luna ha desaparecido, y exhalando, de 
tiempo en tiempo, sarcásticos alaridos que hacen es- 
tremecer. Parece la representación del infortunio, 
que, en las tinieblas de la noche, solitario, eleva el 
alma contemplativa, entreviendo el secreto de los 
callados resortes que mueven al universo. Distraído 
en su contemplación extática, no advierte lo qúe pasa 
a su alrededor, pues, juzgándose solo, se desentiende 
de los hombres; de manera que puede acercársele el 
viandante hasta tocarlo con la mano. La gente cam- 
pesina le atribuye excelencias y virtudes extraordina- 
rias, no menos halagüeñas que las que sueña hallar 
en el cabmé: entre otras, la de afianzar contra las 
seducciones la pureza de las doncellas. 

Del guar. urutaú, pájaro fantasma. 

«Es (el arutau) de los pájaros más famosos por 
las patrañas sin número que de él refieren. Su voz 
es un alarido alto, espacioso y muy melancólico, y 
lo repite con pausa toda la noche.» (Azara.) 

URUTÍ, m. — Pajaríllo de varios colores. 

Del guar. urutí, que literalmente significa, em- 
pero, pájaro blanco. 

USUTA, f. — V. OJOTA. 

Del quich. muta o uxuta. 



C237} 



V 



VACAJE, m. — Vacas en general, en conjunto* 
VACARAY, m. — Ternero nonato, que ha 

sido extraído del vientre de la madre al tiempo de 

matarla. 

Del guar. mbacardl 

Debe escribirse con v, porque el vocablo mba- 
earái está compuesto de tai, hijo, y mbaca tomado 
del español vaca, con la sola diferencia del cambio 
de la letra inicial de esta palabra en b, a causa de 
carecer de la primera la lengua guaraní. Es, pues, 
en rigor etimológico, vacaraí, o, como se pronuncia 
comúnmente, vacatay* 

VACIAR, a. — La gente del campo, sin saber 
si habla bien o mal, ni importársele nada de ello, 
conjuga prosódicamente el presente de indicativo y 
subjuntivo de aquel verbo: yo vacio, tu vacias, él 
vacia, vacia tú, vacie él; mientras que muchas per- 
sonas educadas, creyendo expresarse con propiedad, 
cargan el acento en la i: yo vacio, vacía tú, etc. 

VALLE FÉRTIL. — Departamento de la pro- 
vincia argentina de San Juan. — Capital del mismo 
departamento. 

VALLE GRANDE. — Capital del departamen- 
to del mismo nombre de la provincia de Jujúy. 



[238) 



VOCABULARIO RIOPLATENSB 



VAQUEAR, a, — Hacer batidas o repuntas de 
ganado cimarrón, lo que ordinariamente se ejecutaba 
para aprovechar la corambre, 

VAQUERÍA, f. — Lugar donde hay vacas. — 
Muchedumbre de ganado vacuno. Batida de ganado 
vacuno. — Repunta de ganado vacuno. 

Las vaquerías (3- y 4^ acep.) se efectuaron, 
ya desordenadamente, ya con ciertas formalidades. 
Anunciábanse por edictos las de esta clase (cuando 
se puso coto al abuso) , señalando el lugar y día 
en que iban a verificarse, a fin de que concurriesen 
a ellas los vecinos que quisiesen prestar ayuda, par- 
ticipando por ende de sus beneficios. El ministro de 
la real hacienda, o el cabildo respectivo, diputaban 
un hombre práctico en las cosas del campo para di- 
rigir las operaciones. Remunerábase a cada peón con 
dos reses por día de trabajo, si había andado en ca- 
ballo propio, y con una, si facilitado por el capataz 
de la vaquería. Tratábase siempre de no causar daño 
en las crías, ni más ni menos que como hoy se eje- 
cuta por los interesados en conservar sus haciendas. 
Junto al ganado orejano, lo conducían ordenada- 
mente a su destino. Véase ahora, en contraposición, 
cómo hacían las batidas en toda América, antes de 
ser reguladas. 

«Otros entraban a vaquear (así llaman el re- 
coger este ganado), para hacer copiosas cargazones 
de corambre, que se conducían, no sólo a España, 
sino a Francia y otros países extraños; y así en unas 
como en otras entradas era imponderable el estrago 
que causaban en las vaquerías, porque para tener 
sujetas de noche millares de vacas cerriles, o, como 
acá llamamos, cimarronas, que cada tropa de gente 
iba recogiendo, no había otro cerco o corral sino el 



[239] 



DANIEL GRANADA 



que formaban de las reses más pingües que cada noche 
mataban, y en circuito muy grande les pegaban fuego 
para que sus llamas contuviesen en su lugar las 
recogidas, lo cual duraba meses enteros. La carne de 
las que mataban, o para corambre, o para sólo sacar 
sebo y grasa, se dejaba perdida por los campos. Fuera 
de eso, cada uno de los peones que vaqueaban, y 
eran muchísimos, o de los viandantes, mataban por 
antojo la vaca que mejor les parecía, por sólo sa- 
carles, ya la lengua, ya otro bocado de su gusto, 
abandonando todo lo restante para sustento de las 
fieras y de las aves de rapiña.» (El P. Pedro Lo- 
zano, Hist. etc.) 

«En las Indias Occidentales, en las islas de 
Santo Domingo, Cuba, Puerto Rico, Tierra Firme y 
Nueva España, es notable la multitud de toros y 
vacas silvestres que la tierra produce, y la forma que 
se tiene de montearlas; llámanse por común nombre 
estos toros y vacas, cimarrones, y aún es nombre co- 
mún en las Indias de todos los animales silvestres, 
los cuales al tiempo que bajan de las montañas y 
sierras que llaman arcabucos, donde están de día em- 
breñados y escondidos, al pasto de la hierba de los 
valles, bebida de las fuentes, ríos y arroyos, salen 
contra ellos gentes a caballo, con garrochas largas 
de veinte palmos, que en la punta tienen una arma 
de fierro, de hechura media luna, de agudísimos fi- 
los, que llaman dejarretadera, con la cual acometen 
a las reses al tiempo que van huyendo, y hiriéndolas 
en las corvas de los pies, a los primeros botes las 
dejarretan, y apeándose de los caballos las acaban 
acuchillándolas por las rodillas, y quitándoles la piel, 
de que solamente se aprovechan, dejan la carne al 
monte, la cual gastan y consumen en un momento 



C240] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



en Tierra Firme los perros silvestres, de que hay 
grandísimo número en los montes de aquellos rei- 
nos, y en la Nueva España sirve de pasto, a unas 
aves negras llamadas auras, poco mayores que cuer- 
vos, que no es despojado el animal cuando están 
sobre él. Es tan grande el numero de los toros y 
vacas que en esta montería se matan, que vienen a 
Sevilla cada año, en las flotas de las Indias, de dos- 
cientos mil cueros, sin los que en las mismas Indias se 
gastan, que debe ser mayor número.» (Gonzalo Ar- 
gote de Molina Dis. sobre el Libro de moni, del 
rey D. Alonso publ. por D. J. Gut. de la Vega.) 

VAQUILLA, f. — Ternera de año y medio a 
dos años, que aún no es vaquillona, 

VAQUILLONA, f. — Ternera o vaca nueva 
de dos a tres años. 

A la vaquilla y a la vaquillona no les llaman 
vaca, aunque hayan parido, sino cuando han com- 
pletado enteramente su crecimiento y desarrollo. 
Vaca, hembra del toro, dice la Acad. 

«Lo demás que refiere Buffon, copiando a 
otros, es exagerar su magnitud (la del tapir o anta), 
igualándola a la de una vaquillonas (Azara.) 

VARA. — Esta medida de longitud no convie- 
ne en el Río de la Plata, como podría erradamente 
creerse, con la vara castellana o de Burgos. Parece 
natural que, habiéndose mandado, por reiteradas ór- 
denes y pragmáticas de los monarcas españoles, que 
se tuviese como vara única de sus reinos la vara de 
Burgos, hubiese servido ésta de patrón invariable 
para la de sus pueblos de América, Chile es posi- 
ble que la haya adoptado, pues la suya equivale al 
presente a ocho decímetros y treinta y seis milíme- 
tros, y a ocho decímetros y trescientos cincuenta y 



[241} 



DANIEL GRANADA 



nueve diez milímetros la burgalesa, corta diferencia 
que puede proceder de causas accidentales. Pero no 
es de suponer que haya sucedido lo mismo con la 
vara argentina, que equivale a ocho decímetros y 
sesenta y seis milímetros, la cual acaso se acerque 
más a la de Toledo; a no ser que haya servido de 
patrón la de Lugo, que tiene ocho decímetros y cin- 
cuenta y cinco milímetros, aunque parece mucha la 
diferencia. Y lo más singular es que la haya entre 
la vara argentina y la oriental, introducida ésta 
cuando Montevideo, a cuarenta leguas de Buenos 
Aires, formaba parte de las provincias españolas del 
Río de la Plata. V. VARA ORIENTAL, 

VARA ARGENTINA. — V. VARA. 

VARA ORIENTAL. — Tiene ocho decímetros 
y cincuenta y nueve milímetros. 

VARAL, m. — En los saladeros, construcción 
formada de palos afianzados horizontalmente en 
fuertes estacas, donde se tienden al sol y al aire las 
mantas de carne de que se hace el charaue o tasajo. 

VAREAR, a. — Componer el caballo para una 
carrera, montándolo a tiempos y haciéndolo andar un 
corto trecho. 

VELORIO, m. — Velación de un difunto que 
está de cuerpo presente. Es término vulgar. 

Velorio asimismo en Cuba, en Méjico (Salvá), 
en el Perú (Palma), en Chile y seguramente en 
toda la América española. 

En sent. fig. llaman velorio a lo que es de im- 
posible o dudosa realización y que sin embargo se 
ofrece como muy lisonjero. También en sent. fig. 
y burlesco llaman velorio a una tertulia desanimada 
o a la que ha asistido poca gente. 

La segunda acepción burlesca de que se acaba 



[242} 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



de hacer mención, no alude, por cierto, a toda clase 
de velorios; pues los hay muy animados y estrepi- 
tosos, que el vulgo suele dedicar a la muerte de los 
párvulos. Reunidos en la casa mortuoria hombres y 
mujeres, donde nunca han de faltar soldados, chinas 
y demás gente alegre y resuelta del barrio, se entre- 
tienen durante la noche en jugar a diversos juegos 
de prendas, como las aves nocturnas, el pulpero, la 
cortina de amor y otros igualmente significativos, sin 
dejar entretanto de la mano el cigarro, el mate y 
la copa de aguardiente. Movidos de tales estímulos, 
no es de extrañar que termine la fiesta, como sucede 
casi siempre, a palos, trompadas, tajos, arañazos, gri- 
tos y lamentos. 

La verdad es que el término velorio tiene un 
olor a pulpería que trasciende hasta la médula de los 
huesos, y que rara vez se aplica, entre la gente culta, 
a la velación de un difunto de su clase. Decir velorio 
es casi decir bochinche, jarana. 

VIBORA DE LA CRUZ, t — Víbora común 
en las regiones del Plata, Llámanla de la cruz, por 
parecerse a una cruz una mancha que tiene en la 
cabeza. 

VICTORIA. — Departamento de la provincia 
argentina de Entre Ríos, junto al río Paraná. — Ca- 
pital del mismo departamento. 

VICHEAR, n. — V. BICHEAR. 

VILLA ARGENTINA. — Capital del depar- 
tamento rio j ano de Famatina. 

VILLA FRANCA. — Departamento de la Re- 
pública de Paraguay. 

VILLAGUAY. — Departamento de la provin- 
cia argentina de Entre Ríos. — Capital del mismo 
departamento. 



£243] 



DANIEL GRANADA 



VILLAMARlA. — V. RÍO SECO. 

VILLANUEVA. — V. RlO TERCERO. 

VILLA RICA. — Departamento de la Repúbli- 
ca del Paraguay. 

VINCHINA. — Departamento de la provincia 
argentina de La Rioja. — Capital del mismo depar- 
tamento* 

VINCHUCA, f. — Insecto nocturno, sutil, de 
unos dos centímetros escasos de largo y las alas de 
color negro y acanelado, que chupa la sangre, sajan- 
do e irritando extremadamente la piel. Hiede como 
la chinche, de quien es afín, mancha indeleblemente 
la ropa y anda y revolotea con suma rapidez. 

VINTÉN, m. — Moneda de cobre equivalente 
a dos centésimos de peso. 

Del port. vintem, procedente del Brasil, en tiem- 
po de la dominación portuguesa. 

D. Isidoro De María, Trad. y rec. — Montevi- 
deo antiguo, dice lo siguiente: «El año 9 se hizo un 
cálculo aproximado del dinero que corría diariamente 
eñ la plaza de abasto (de Montevideo), estimándose 
en 4 o 5 mil pesos diarios, cuando la población se 
computaba en 8 o 9 mil habitantes, según el último 
padrón. Los medios reales y pesos de plata que lla- 
maban cortados, corrían que daba gusto, conjunta- 
mente con la plata columnaria, de que dieron cuenta 
al andar del tiempo, los plateros, fundiéndola como 
chafalonía en sus obrajes. Las compras y ventas se 
efectuaban, como se ha dicho antes, por cuartillas, 
medios, reales y pesos. Nada de vintenes, ni reis, 
que eran desconocidos. Los vintenes y reis vinie- 
ron con la dominación portuguesa, con las pata- 
cas, medias patacas y patacones, y los cobres de 10, 



{244} 



VOCABULARIO RIOPLA TENSE 



20 y 40 reís, vulgo vintenes, que cambiaron la cos- 
tumbre del cuartillo y peso fuerte de nuestros ante- 
pasados.» De toda esta nomenclatura no ha quedado 
en el día de hoy más que el vintén, para expresar 
vulgarmente una moneda de cobre de dos centésimos 
de peso, como se ha dicho al principio. 

VIÑA. — Capital del departamento del mismo 
nombre de la provincia argentina de Salta. 

VIUDITA, f. — Ave de la familia de los loros: 
el lomo, alas y cola verde, con algo de amarillento, 
azulado y morado en éstas y en el pecho, y en la 
cabeza una como toca, motivo de su nombre V 
MONJITA.. 

«No he visto ave más coqueta (que la viudita), 
porque desde el momento que entra en alguna casa, 
si no encuentra compañía de su especie, se aparea 
con cualquier otra, tomando por su cuenta el ena- 
morarla. Para esto le hace todo género de caricias, 
la besa, rasca y despulga, provocándola incesante- 
mente con voces, suspiros y movimientos provocati- 
vos, etc. Pero jamás condesciende a las instancias del 
enamorado.» (Azara.) 

VIZCACHA, f. — Cuadrúpedo de unos dos 
pies y medio de longitud, de boca, dientes, cola, modo 
de andar y de sentarse semejantes al conejo, orejas 
cortas, cara mofletuda atravesada por unas listas ne- 
gras y a sus lados una barba erizada del mismo color, 
larguísima, gruesa y dura, agudas y fuertes uñas y 
un grito a manera de tos enronquecida. Es arisca, 
y se defiende hasta morir. Instinto de este bicho' 
terror de las mujeres, es cargar con cuanta bosta, 
huesos, palos y otros objetos halla en el campo, y 
rodear con ella y ellos la entrada de su habitación, 

[245} 



DANIEL GRANADA 



adonde, por lo mismo, el viajero que ha perdido al- 
guna cosa acude en su busca con la probabilidad de 
encontrarla, Propónese la vizcacha con esto, según 
entiende la gente campesina, tan observadora de la 
naturaleza, desviar de allí a los animales que pasan, 
para que no le desmoronen la cueva con las pisadas. 
En el mismo sitio permanecen casi todo el día, como 
de centinela, un par de lechuzas (V. URUCUREÁ) 
del mismo color ceniciento que la vizcacha, en cuya 
cueva anidan en perfecta y nunca interrumpida ar- 
monía con sus hospitalarias vecinas. Las vizcachas 
hacen de noche sus correrías, siendo su primer dili- 
gencia, al caer de la tarde, el ir de unas madrigueras 
a otras; por lo cual dice la gente del campo que se 
visitan. Estas madrigueras (que hacen en medio del 
campo) suelen comunicarse por galerías. Abundan 
en la provincia de Entre Ríos, donde hemos visto 
centenares en corto trayecto. En sus inmediaciones 
nace una ortiga diminuta y bravísima, llamada or- 
tiga vizcachera. 

la vizcacha del Perú difiere de la del Río de la 
Plata, entre otras particularidades, en que aquélla 
tiene rabo largo, poblado de pelo esponjoso, y en que 
no hace en la tierra sus madrigueras, sino que se es- 
conde en los agujeros de las peñas, según la noticia 
que da de ella D. Antonio de Ulloa (Not. amer.). 

«Hay vizcachas, que son como conejos pardos; 
salvo que tienen las colas largas; críanse entre las 
peñas.» (Relac. geogr. de Ind., Atunsora.) Es la viz- 
cacha del Perú. 

VIZCACHERA, f — Cueva de la vizcacha. 
Parece una vizcachera. Expr. proverb. y fam. con 
la que se quiere significar una habitación o lugar 
cualquiera lleno de trastos y cosas inservibles; lo que 



[246] 



VOCABULARIO RIOPLATENSB 



es una alusión a la cueva de la vizcacha, cuya entrada 
adorna este bicho con bosta, palos y cuanto encuentra, 
«Llaman allí vizcacheras a las cuevas que es- 
carba este animal (la vizcacha) en comunidad.» 
(Azara.) 

VIZCACHERO, ra, adj. — Perteneciente a la 
vizcacha. 

«En las inmediaciones *de la madriguera de la 
vizcacha, nace la ortiga vizcachera que no se ve en 
otra parte.» (Azara.) 

VOLAPIÉ. — V. A. VOLAPIÉ. 

VOLEAR, ref. — Tratándose de animales, ti- 
rarse hacia atrás, movimiento propio del potro, del 
caballo bravo y del mañero. 

VOLTEADA, f. — Operación que consiste en 
alzar una porción de ganado, arrollándolo al correr 
del caballo, a distinción del aparte que se ejecuta 
mediante rodeo. 

Los Códigos Rurales del Río de la Plata eximen 
del pago de la suma de dinero a que los apartadores 
están obligados para con el dueño del establecimiento 
cuando apartan mediante rodeo el ganado disperso, 
si se ejecuta la operación sacando los animales en 
volteadas o a lazo (ya en volteadas, ya a lazo). 

Lo propio, volteada, en la provincia brasileña 
de Río Grande del Sur, según Beaurepaire-Rohan; 
si bien no define con precisión la palabra: «operación 
pecuaria que tiene por objeto reunir (apanhar) el 
ganado alzado.» Es indudable que los riograndenses 
tomaron de los países del Plata este vocablo, que 
se deriva de voltear, dar vueltas. Remitiéndose a 
Coruja, lexicógrafo brasileño, dice Beaurepaire-Ro- 
han que volteada expresa lo mismo que vuelta {voU 
ta), y que así cuando se presume que un animal ha 



[247] 



DANIEL GRANADA 



de pasar por cierto punto, en que se le espera, usan 
en Río Grande la frase: «esperar en la volteada,» 
que se aplica asimismo a otros casos semejantes. «Es- 
perar en la volteada,» a nuestro juicio, expresa lite- 
ralmente: «esperar en el punto o paraje en que ha 
de dar vuelta» una persona o cosa. 

VUELTO, m. — Vuelta, cantidad de dinero que 
debe volver, o que ha vuelto, el vendedor al compra- 
dor que le ha pagado con una o más monedas cuyo 
valor excede al precio de la cosa vendida. 



(2483 



Y 



YACARÉ, m. — Especie de cocodrilo. 
Del guar. yacaré. 

«Toman el nombre estos indios (los acarés) de 
un gran pez llamado yacaré, de tan duro y áspero 
pellejo, que no le hieren las flechas de los indios 
ni otras armas. Vive en el agua y hace mucho daño 
a los demás peces; pone en tierra los huevos, a dos 
o tres pasos de la orilla del río; huele a almizcle y 
sabe bien, su carne no es dañosa y su cola es delicadí- 
simo manjar.» (Schmidel, trad. corriente.) 

YACÜ, m. — Ave de unos dos pies de longitud 
y de color oscuro tornasolado con pintas blancas. 

Del guar. yacú. 

También le llaman pava del monte, donde vive 
y se esconde. 

«Su voz repite alta y agriamente la sílaba yac.» 
(Azara.) 

YAGUANÉ, adj. — Dícese del animal, sea va- 
cuno o caballar, que tiene el pescuezo y costillares 
de color diferente al del lomo, barriga y parte de las 
ancas. Ú. t. c, s. 

«Una de las variedades más bellas de color (vie- 
ne hablando del ganado vacuno) es la que llaman 
yaguané. Tiene una faja o tira blanca, que empezan- 
do en la unión de la espalda y cuello, sigue lo largo 



[249} 



DANIEL GRANADA 



del espinazo, y ensanchando en las ancas, continúa 
por la barriga hasta acabar en la papada; pero ocupa 
con zunchos o anillos lo alto de las cuatro piernas y 
todo el resto sin excepción es negro en unos y rojizo 
en otros.» (Azara.) 

En la provincia brasileña de Río Grande del 
Sur, jaguané se dice del animal vacuno .que tiene 
blanco el filo del lomo, negra o colorada la parte de 
las costillas y de ordinario blanca la barriga (Beau- 
repaire-Rohan). 

YAGUARETÉ, m. — Tigre del país. 

Del guar. yaguareté. 

No obstante esta denominación particular, dásele 
generalmente el nombre común de tigre. 

«No hay (en las regiones del Plata) animal tan 
feroz, terrible y formidable como el yaguareté,» 
(Azara.) 

También jaguar. 

YAGUARETÉ CORA, — Departamento de la 
provincia argentina de Corrientes. — Capital del 
mismo departamento. 

YAGUARÚ, m. — Anfibio de los ríos, de figu- 
ra de un lobo marino y del tamaño casi de un asno, 
velludo, con garras. 

Del guar. yaguarú, perro o tigre del agua. 

YAPA, f. — V. IXAPA. 

YAPÜ, m. — Pájaro de cuyas condiciones de- 
duce Azara que participa de tordo y de urraca. 

Del guar, yapá. 

YARARÁ, f. — Víbora muy venenosa y brava, 
de color pardo, con manchas blanquecinas, redon- 
deadas y algunas formando como una cruz. Es gran- 
de; alcanza a metro y medio o más de longitud. 

Del guar. yarará. 



£250} 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



YARARACA, f. — V. YARARÁ. 
Del guar. yarárág. 

En el Brasil es donde dicen generalmente ya- 
raraca; pero también, alguna que otra vez, en el Río 
de la Plata. 

YARARA CRUCERA. — Víbora yarará con 
manchas en forma de cruz; pues no en todas las de 
su clase aparecen. 

YARÓ, adj. — Dícese del indio cuya parcia- 
lidad moraba en la costa oriental del Uruguay, al 
sur del río Negro. Ú. t. c. s. — Perteneciente a dicha 
parcialidad. 

Los yaroes mataron al capitán Juan Alvares 
Ramón, explorador del río Uruguay. Fueron exter- 
minados por los charrúas. 

Chayos los llama Rui Díaz de Guzmán. 

YATAY, m. — Especie de la familia de las 
palmeras, muy alta. Da un fruto dulce. 

YA Vi. — Capital del departamento del mismo 
nombre de la provincia de T u )úy. 

YERBA, f. — V. MATE. 

YERBA DEL PARAGUAY. — Antiguamente 
dábase este nombre a la yerba del mate en general, 
por ser su primitivo y más fecundo mercado la ex- 
tensa gobernación del Paraguay. V. MATE. 

YERBAL, m. — Terreno poblado de árboles 
que dan la yerba del mate. 

YERBATERO, m. — El que se ocupa en ex- 
traer la yerba del árbol aue la nroduce y en prepa- 
rarla r>ara el consumo. V. MATE. 

YERUA, m. — Porongo pequeño. 

Del guar. yeruá. 

YUQUERl, m. — Planta del género de las 



[251] 



DANIEL GRANADA 



mimosas, especie de zarza menos espinosa que el 
ñapindá. — Su fruto, que es especie de zarzamora. 

Del guar. yuquerí, el árbol, yuquerid, el fruto. 

YUQUI, m. — Ceñidor, entre los pampas. 

YUTl. — Departamento de la República del 
Paraguay. 

YUYAL, m, — Terreno cubierto de yuyos. 

Es voz, no sólo común, sino usada en las leyes. 
«Todo propietario o poseedor de campo puede hacer 
en él quemazones para limpiarlo de yuyales,» etc. 
(Cód. Rut, de la Prov. de Buenos Aires, y otros.) 

YUYO, m. — Hierba inútil, o que no come el 
ganado; antes perjudica. 

También en el Perú, si bien nunca lo usamos 
en singular, dice D. Ricardo Palma. En el Río de 
la Plata es corriente este uso. ¿Qué planta es ésa? 
— Un yuyo, que equivale a decir, es una hierba cual- 
quiera, no sirve. 

«Yuyos, yuyus o llullus es toda clase de yerbas 
tiernas y comestibles, como, por ejemplo, entre nos- 
otros, los cardillos lecheros, las achicorias, borrajas, 
collejas, etc.» (D. M. Jiménez de la Espada, Reís, 
geogrdfs. de Inds.) 

«Y tienen unas verduras que llaman yuyos, de 
diferentes géneros, que todas sirven de sustento a los 
naturales, y las comen cocidas y crudas.» (Reís, 
geográf. de Inds., Atunsora.) 

«Comen muchos géneros de yerbas, que ellos 
llaman yuyos.» (Reí geogt. de Ind., Rúcanos Anta- 
marcas.) 

YUYO COLORADO. — V. CARURÜ. 



{252} 



z 



ZAFACOCA, f. — Reyerta estrepitosa. 

Trae también esta voz con significado seme- 
jante D. Baldomero Rivodó. 

ZAFADO, da, adj. — Dícese de la persona 
que con dichos o acciones ofende el pudor o la de- 
cencia. — Dícese familiarmente de una criatura muy 
dsepierta y que hace reir con sus gracias. 

ZAFADURIA, f. — Dicho o acción ofensiva 
al pudor o decencia de las personas. 

ZAFRA, f. — Aprovechamiento y venta del 
ganado o de sus productos en la época oportuna del 
año. — Época del año en que se aprovecha y vende 
el ganado o sus productos. 

«Cosecha de la caña dulce y fabricación del 
azúcar.» (La Acad.) 

ZAGÜÍ, adj, — Dícese de un mono diminuto, 
que no alcanza a un jeme, muy tímido: un gesto 
lo hace desfallecer. Habita en los montes del Paraná 
y Uruguay arriba, así como en los del Paraguay, y 
de las vertientes que respectivamente les tributan. 
Ü. t. c. s. 

Del guar. gaí. 

ZAIHOBl, m. — Pájaro de hermosos colores 
verde y azul combinados, muy inquieto y vivaz. 

T253] 



DANIEL GRANADA 



Del guar. gai, vivaz, y hobl, azul y verde. 

«El (saihohí) es estacionario, y su voz se reduce 
a repetir tres, cuatro o seis veces chtli chili, sin agra- 
do, con fuerza y prisa.» (Azara,) 

ZANJA, f . — Cauce formado por las aguas plu- 
viales, ya entre dos eminencias, ya en una llanura. 

También en el Perú (Palma). 

La Acad. define la zanja artificial, que acaso 
sea el sentido primitivo del vocablo. 

«Cuando ya nos acercábamos a la ciudad, el 
camino era estrecho, y seguía por una zanja, a veces 
muy profunda, cuyos lados perpendiculares eran de 
arena mineral rojiza.» (A2ara, Viaj. publ. por Mitre 
y Gut.) 

«El riachuelo más bien se puede llamar zanja 
que recoge las aguas de las lluvias.» (Estala, carta 
sobre Buenos Aires, Viaj.) 

«Todas las cañadas y zanjas que entonces es- 
taban secas, traen porción de agua.» (D. Basilio 
Villarino, Recon. del río Negro de Patag.) 

«Nace (el arroyo) de unas lomas dobles y que- 
bradas con muchas cañadas y zanjas.» (Cabrer.) 

ZANJON, m. — Zanja abrupta. 

También en el Perú (Palma). 

«Aunque no se considere más que la parte se- 
ñalada por pampa, no es pequeña la admiración que 
excita la observación de ser unos terrenos en que 
casi no se percibe desnivelación, de modo que la 
vista es terminada por un horizonte como el del mar: 
sólo le interrumpen cañadas y zanjones en que^ se 
recogen las aguas de lluvia,-» etc. (Estala, Viaj. univ.) 

ZAPALLAR, m. — Sementera de zapallos. 

ZAPALLO, m. — Calabaza comestible. 



{254] 



VOCABULARIO RIOPLATENSB 



«Calabazas de la tierra, que se llaman acá za- 
pallos.» (Reí. geogr. de Ind. publ. por D. M. Jim. 
de la Esp.; Rúcanos antamarcas.) 

«Cortaron muchos zapallos (son éstos los que en 
España llaman calabazas de las Indias).» (Carta 
anua del P. Pablo Josef de Arriaga, 1956, Reís, 
geogr, de Inds.) 

«Tiene también (Chile) calabazas de flores 
blancas que llevan el mismo nombre que las de 
Europa, de las que no se diferencian, y hacen de 
ellas los mismos usos. En ellas hay una misma es- 
pecie, que llaman mates, que sirven para cestas, ar- 
quillas y para depositar líquidos, y algunas son tan 
grandes que cogen más de 20 cuartillos de agua, y 
sirven para fermentar la sidra que llaman chicha. Los 
de flor amarilla, que llaman zapallo, tienen la pulpa 
amarilla, sólida y dulce, como la batata de Málaga; 
las comunes son desde 4 a 10 libras, y también hay 
algunas que llegan a 20, y ya se deja entender que 
son buenas de comer,» (D. Vicente Carballo Go- 
yeneche, Descrip. hist, geogr. del reino de Chile.) 

En Colm. zapallo de Chile; 

ZARCO, ca, adj* — Aplícase al animal que 
tiene un ojo blanco. 

ZONCERA, f. — Zoncería. 

La Acad. ha admitido tontera, aunque como 
término familiar, por tontería. Usólo D. José Joa- 
quín de Mora en la novelita El gallo y la perla, en 
traje de calle, y aun puede decitse que de etiqueta 
o académico; léase el siguiente pasaje: «Designadas 
a ciegas cien doncellas en cualquiera nación civili- 
zada de las que cubren el suelo de Europa, bien 
puede asegurarse que treinta de ellas, a lo menos, 
pasan una buena parte de su juventud en ese idea- 



[255] 



DANIEL GRANADA 



lismo caballeresco y amatorio a que no queremos dar 
el dictado de romántico, por común que sea a una 
y otra excentricidad la base de la tontera; pero hay 
que hacer una distinción, porque la tontera román- 
tica (al menos como la hemos visto predominar en 
nuestro suelo) tiene por principal ingrediente la 
afectación, y esa otra tontera mujeril de que vamos 
hablando, es un brote espontáneo de la naturaleza, 
torcido y apartado de su curso legítimo por la com- 
binación de instituciones, usos, preocupaciones y 
prácticas de nuestro estado social presente.» Esta 
humorada de Mora no es digna de imitación. Tam- 
poco lo sería quien usase del propio modo la voz 
zoncera; pero siendo tanto o más usada vulgarmente^ 
que tontera, a lo menos en el Río de la Plata, debe 
registrarse como familiar provincial, si no es común 
a los demás países de habla española. 

ZORRINO, m. — Zorro pequeño, negro, con 
listas blancas dispuestas en la misma forma que las 
del caballo yaguané, aseado, a no ser cuando se enoja, 
que entonces echa contra su agresor un orín muy 
pestilente. 

«A otras (zorras) de esta especie han dado el 
nombre de zorrino los españoles.» (El P. Lozano.) 
ZUINANA, m. — Ceibo. 
Del guar, 

ZUINANDI, m. — Ceibo. 
Del guar. 

ZUINDÁ, m. — Especie de lechuza, de poco 
más de un pie de longitud, color pardo acanelado, 
que habita y cría en las cuevas de los tatúes. 

Del guar. guinda. 

«Es (el sukida) menos nocturno que la lechuza, 
pues le he visto cazar con una hora de sol» (Azara.) 



{256} 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



ZURUBÍ, m. — Especie de bagre, grande, sin 
escama, de piel cenicienta con manchas, algo ati- 
grada, y carne amarilla gustosa. 

Del guar. gurubL 

ZURUCUÁ, m. — Pájaro de una cuarta pró- 
ximamente de longitud, esmaltado con los cambian- 
tes de los varios y hermosos colores de su plumaje: 
verde, a2ul, escarlata, morado, negro, blanco. 

Del guar. gurucua. 

«Es (el surucua) tan mansejón, que se deja acer- 
car cuanto se quiere, y en una ocasión le vi matar 
con un palo.» (Azara.) 



- x ir. 



[257} 



ARTÍCULOS DEL VOCABULARIO 
CLASIFICADOS POR LO QUE 
EXPRESAN 



GENERACIONES ABORÍGENES 

Abipón, agacé, auca, aucano, bayá, bohán, caí- 
guá, calchaquí, caracará, cario, comechingón, coronda, 
chaná, charrúa, chiquito, chiriguaná, chiriguano, dia- 
guita, guaicurú, gualacho, guaná, guanana, guaraní, 
guayaná, guenoa, isistiné, lengua, hilé, mataco, ma- 
taguayo, matará, minuán, minuano, mocobí, oristiné, 
pampa, patagón, payaguá, puelche, querandí, quilme, 
ranquel, ranquelino, tape, tegüelche, tehuelche, tim- 
bú, toba, tonocoté, toquistiné, tupí, yaró, 

ANTIGÜEDADES, ETC, 

Aillo, ayacuá, a2ua, azúcar y vino de la Asun- 
ción, barbote, bicheadero, bincha, blandengue, bola 
charrúa, bola erizada, bola pampa, bola perdida, 
bombero, cabildante, cadaanero, candombe, cañas, 
cuadra, curaca, curuzuyá, chaco, chamal, changador, 
chepí, chasqui, chicha, chumbé, chuño, disco afilado, 
estandarte, gaucho, gualicho, guavaloca, laque, locro, 
macana, machí, maloca, malón, maloquear, malo- 
quero, mameluco, maracá, menguá, mortero chato, 



[259] 



DANIEL GRANADA 



muleque, obedecimiento, ojota, pato (juego del), 
pendón, pirí, quedeto, quiapí, quillango, quinchun- 
laque, tembetá, tilbe, tipoy, toropí, tupá, usuta, va- 
quear, vaquería, vara, yuqui. 

TÉRMINOS GEOGRÁFICOS, ETC. 

Aguada, albardón, arcabuco, arriba, arroyo, ba- 
ñado, barrero, caapaú, cachimba, campo de puna, 
cancha, cangrejal, cañada, cuchilla, esteral, estero, 
guadal, guadaloso, jagüel, jagüey, pampa, pampeano, 
pamperada, pampero, picada, pie de la Cordillera, 
puna, puquio, reventazón, suestada, tacurú, tacuru- 
zal, tacuruzú, tembladeral, tucutuzal, zanja, zanjón. 

ANIMALES 

Acabiray, acutí, aguará, alúa, apereá, araguirá, 
armadillo, bacaray, bagre, bagual, baguarí, becasina, 
benteveo, biguá, boyero, caburé, cachila, caí, camoatí, 
capibara, capiguara, capincho, capitá, caracará, ca- 
racú, carancho, carayá, cardenal, carnero de la tierra, 
carpintero, colibrí, correcamino, cuatí, cuervo, cuervo 
blanco, cuervo real, cui, curetuí, curiyú, chacurú, 
chajá, charata, chingólo, chipíu, chochí, chopí, chui- 
chuí, chuña, churrinche, gegén, guazubirá, guazutí, 
hornero, ibiyaú, iguana, indayé, iribú, iribuacabiray, 
iriburubichá, iributí, jaguar, jajá, jején, laucha, le- 
chiguana, loro barranquero, macá, macaguá, mam- 
boretá, mandí, mandubí, mangangá, mangrullo, man- 
guruyú, manimbé, maracaná, mataco, mitú, monjita, 
muay, mulita, nutria, ñacaniná, ñacundá, ñacurutú, 
ñandú, fiandurié, ñenday, pacú, parachí, patí, peludo, 
pericote, picaflor, pique, piririquití, puma, quiririó, 



{260] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



quirquincho, quiyá, ratonera, sariá, surucuá, tábano, 
tachurí, tamanduá, tambeyuá, tapir, tararira, tatú, 
tente en el aire, terutero, tijereta, tominejo, tucano, 
tuco, tucutuco, tui, tutu, tuyuyú, urú, urubú, urubutí, 
urucureá, urutao, urutaú, urutí, víbora de la cruz, 
vinchuca, viudita, vizcacha, yacaré, yaguareté, yagua- 
rú, yapú, yarará, yararaca, yarará crucera, zagüí, 
2aihobí, zorrino, zuindá, zumbí, zurucul 

Arboles y plantas 

Abatí, achira, aguapé, aguaraibá, aguay, ají, ale- 
crín, alpamato, amarillo, ananá, anguay, apio cima- 
rrón, araticú, arazá, amera, ayuiñandí, ayuiné, azu- 
cena del bosque, baicurú, banano, baporoití, batatilla, 
bibí, biraró, burucuyá, caá, caacuruzú, camalote, cam- 
bará, canelón, capororoca, caraguatá, carandá, caran- 
day, carurú, cedro de Misiones, ceibo, cinacina, cipo, 
clavel del aire, coronda, coronillo, cortadera, cumbarí, 
curí, curibay, curuguá, curupay, curupí, curupicay, 
chaguar, chalchal, chañar, chiica, espinillo, fumitorio, 
gampá, gramilla, guabirá, guabiyú, guaicurú, guaim- 
bé, guaporoití, guaporú, guaribay, guayabira, guaya- 
cán, guembé, hediondilla, hierba santa, higuerón, 
huibá, ibaporoití, ibaró, ibirapitá, ibiraró, ingá, isipó, 
izapí, jarilla, jazmín del Paraguay, lapacho, maciega, 
mamón, mandioca, mandiyú, mandubí, márcela, ma- 
taojo, mburucuyá, mechoacán, miomío, mistol, molle, 
ñandubay, ñangapiré, ñapindá, ombú, ortiga vizca- 
chera, pacará, pacay, paja brava, paja de Santa Fe, 
palosanto, papilla, pasionaria, pepoazá, piquülín, pi- 
tanga, plumerillo, poleo, porongo, quebracho, qui- 
llay, quina del campo, quinaquina, quínoa, romerillo, 
sarandí, sebil, seibo, sipo, sombra de toro, tacuara, 



£261 J 



\ 



DANIEL GRANADA 



tacuamzú, tacuarembó, tajiva, tajivo, tala, taruma, 
tarumá, tase o tasi, tataibá, tataré, tayuyá, timbó, 
tipa, torocaa, totora, turubí, tutuma, tutumá, ubajay, 
uña de gato, urucú, urunday, yatay, yerba, yeruá, yu- 
querí, yuyo colorado, zuinana, zuinandi. 

OBJETOS COMUNES 

Abombado, abombar, acionera, acriollarse, achu- 
charse, achura, achurador, achurar, adulón, agalludo, 
agarrar, agua de lavanda, aguacharse, aguachento, 
aguatero, aijuna, aindiado, alambrado, alambrar, al- 
fajor, algarrobillo, almacén, aloja, al paso, al tranco, 
alzado, amadrinar, amanzanamiento, amanzanar, an- 
cheta, andino, apadrinar, aparte, apealar, apero, ar- 
gentino, armada, aro, arreada, arreador, arrear, arri- 
beño, arrocinar, arrope, asado del campo, asado con 
cuero, asidera, atusar, a volapié, azotera, azua, azu- 
carera, azulejo, bagualada, bagualón, bajera, balsa, 
bálsamo de Misiones, banana, baqueano, baqueteo, 
baquía, baquiano, barbijo, barraca, barracón, barran- 
quero, batuque, bellaco, bellaquear, bichará, bichear, 
bincha, bobeta, bocado, bochinche, bochinchero, bo- 
leadoras, bolear, boliche, bolichear, bolichero, bom- 
bacha, bombear, bombero, bonaerense, bosta, bostear, 
bozal, bozalón, bracear, brasilero, brete, caballada, 
cacunda, cachafaz, cacharpas, cache, cachimbo, cacho, 
cafetera, caldera, calicanto, camalotal, cambado, ca- 
miní, campaña, campear, campero, canario, cancela, 
cancha, canchero, canoa, canoero, cantimpla, capita- 
nejo, caracú, carbonada, cardal, cardume, cardumen, 
cargar, carguero, carneada, carnear, carona, carozo, 
carretilla, carretillero, cascárrea, catamarqueño, ca- 
tinga, catingoso, catingudo, catre, caudillaje, caudillo, 



(262] 



VOCABULARIO RIOPL ATENSE 



cazabe, cebar, cecina, ceibal, cepo colombiano, cepo 
de campaña, cerco, cetrero, cimarrón, cimbra, cin- 
chón, cobijas, coco, cojinillo, coloniense, colla, co- 
llera, collero, cómodo, componer, compositor, con- 
chabar, conchabo, contramarca, cordobés, corneta, 
corralón, correntada, correntoso, correntino, coscojero, 
costeado, costear, criollo, cuadra, cuajo, cuarta, cuar- 
tear, cuchara, cuerear, culero, cupial, cuyano, cu¿co, 
chácara, chacarero, chacarita, chacra, cháguara, chala, 
chalana, champán, chamuchina, chanchada, chanchería, 
chanchero, chancho, changada, changador, changar, 
changüí, chañaral, chapeado, chapetón, chapetonada, 
charabón, charque, charqueada, charqueador, charquear, 
charqueo, charqui, charrusco, chasque, chasquero, cha- 
ta, chatasca, chaucha, ché, chicotazo, chicote, chicha, chi- 
charrón, chicharrones, chiche, chifle, chinerío, chinchu- 
lines, chingarse, chipá, chiquero, chiquilín, chiquilina- 
da, chiripá, choclo, cholo, chucaro, chucho, chueco, 
chumbé, chuño, churrasco, churrasquear, chusma, 
chusmaje, chuza, descuajaringado, descuajaringarse, 
desgarretar, despuntar, desternerar, disparada, dispa- 
rar, embostar, embretar, empacarse, encimera, enla- 
zar, entablar, entrerriano, entrevero, entropillar, es- 
condidas (a las), esperanza, estancia, estanciero, es- 
taqueo, estaquear, estribera, estribería, expiado, expre- 
siones proverbiales, facón, fariña, fernandino, flete, 
flor de la Pasión, florentino, floridense, frangollón, 
frasco, freno mulero, fueguino, galpón, ganado al 
corte, ganado de corte, ganado de cría, ganado de 
invernada, garandumba, garra, garúa, garuar, gau- 
chada, gauchaje, gaucho, gauderio, granear, gringo, 
grullo, guacho, guampa, guantón, guarangada, gua- 
rango, guasca, guascazo, guaso, guasquear, guiñada, 
guiñar, gurí, habilidoso, hacendado, hacienda, hacien- 



[263 ] 



DANIEL GRANADA 



da al corte, hacienda de corte, hacienda de cría, ha- 
macar, hangada, hechor, hervido, hierra, hincarse, 
hojaldra, horqueta, huasca, huascazo, humita, hunco, 
indiada, indígena, invernada, invernador, invernar, 
intervalo, isla, itapá, jagüel, jagüey, jangada, jarillar, 
jefatura, jerga, josefino, jujeño, jujuyeno, ladino, la- 
picera, laucha, lavatorio, lazo, lechuzón, legua argen- 
tina, legua brasileña, legua oriental, leñatero, lico- 
rera, linterna, locro, lomillería, lomillero, lomillo, 
lonja, lonjear, lunarejo, Uapa, macana, macanazo, 
maceta, maciegal, madrina, magallánico, majada, 
malacara, malezal, malón, mama, mameluco, ma- 
nada burrera, manada de retajo, mancarrón, mancha, 
mandinga, manea, maneador, manga, mangrullo, man- 
guear, manguera, manija, manzana, maragato, mar- 
chanta (a la), marchante, mar lo, mascada, matambre, 
mate, matero, mátete, matrerear, matrero, matungo, 
maturrango, mazacote, mazamorra, mendodno, merce- 
dario, mercedino, milico, milonga, mínense, mindo- 
niense, minero, misionero, mojinete, mojo, montevi- 
deano, montonera, moro, morocho, mote, mucamo, 
mulero, nambí, nana, nevado, ñoco, noque, novillo, 
ñandutí, ñapa, ñango, ñato, ojota, orejano, oriental, 
ovejero, paisanaje, paisano, pajal, pajonal, pajuate, 
palangana, palenque, palenquear, palos, pamperada, 
pampero, pangaré, pango, papa, papá, paporreta, 
paraguayo, paranaense, pararse, pardejón, pardo, 
parejero, pasparse, pastizal, pasto blando, pasto 
fuerte, pasto de puna, pataca, «patacón, patagónico, 
patay, pateador, patear, payador, pelota, pelotear, 
pella, peón, peonada, pereba, pesada, petiso, pialar, 
picana, picanear, picazo, picotón, pichincha, pichin- 
chero, piedra de agua, pilcha, pingo, pintón, piola, 
piquete, pirón, pisingallo, pitada, pitar, pito, plan- 



[264] 



VOCABULARIO RIOPLATENSE 



chada, planchearse, plata, platudo, pollera, ponchada, 
poncho, popí, porongo, pororó, poroto, porteño, pos- 
te, potreador, potrero, pucha, pucho, pueblada, pues- 
tero, puesto, pulpería, pulpero, puna, puntano, pun- 
tas, punzó, puquio, puteada, putear, puyo, quilombo, 
quincha, quínoa, quiveve, ranchería, rancho, rasqueta, 
rasquetear, real hembra, real macho, real mañero, 
rebencazo, rebenque, rebenquear, recado, recluta, re- 
clutar, recogida, Recopilación Castellana, Recopiladas 
(leyes) de Castilla, redomón, relancina (de), renguear, 
renoval, repuntar, repunte, retacón, retajado, retajar, 
retobar, retobo, reberbero, reyunar, reyuno, riojano, 
rioplatense, rocillo, rocillo plateado, rodada, rodar, 
rodados, rodeo, romper, rosarino, rosetas, salcocha- 
do, salcochar, salcocho, salteño, salto, sancochar, 
sancocho, sanducero, sanjuanino, santafecino, san- 
tiagueño, sillón de hamaca, sirigote, sobeo, sobre- 
cincha, sobrecostilla, sobrepuesto, socucho, soga, so- 
roche, sotera, sotreta, sucucho, suerte de estancia, sues- 
tada, tabear, tablada, tacuaral, tacuarembocero, tache- 
ro, tacho, talabartería, tamal, tambero, tambo, tape, ta- 
pera, tapichí, tapioca, tarjetera, tata, tembladera, tem- 
bleque, terneraje, ticholo, tienda, tiento, tigrero, tilbe, 
tilingada, tilingo, tío, tipa, tipa, tipoy, toldería, toldo, 
tordillo, tordillo negro, torreja, torzal, totoral, traca- 
lada, tranquera, trastavillar, trompeta, tropa, tropero, 
tropilla, tubiano, tucumano, turbonada, umita, uru- 
guayo, vacaje, vacaray, vaciar, vaquería, vaquilla, va- 
quillona, vara, varal, varear, velorio, vichear, vintén, 
vizcachera, vizcacheto, volear, volteada, vuelto, ya- 
guané, yapa, hierba, yerbal, yerbatero, yuyal, yuyo, 
zafacoca, zafado, zafaduría, zafra, zapallar, zarco, 
zonzera. 



[265} 



DANIEL GRANADA 



REGIONES, CIUDADES, ETC. 

Albardón, Alto, Altogracia, Aneaste, Andalgala, 
Anejos, Angado, Anta, Arauco, Artigas, Asunción, 
Banda, Banda Oriental, Belén, Belgrano, Bellavista, 
Bobí, Boca del Guazú, Brasil, Buenos Aires, Burru 
Yacú, Caacatí, Caazapa, Cachi, Cafayate, Caldera, 
Calamuchita, Calingasta, Campo Santo, Candelaria, 
Carcarañal, Catamarca, Catuna del Norte, Catuna del 
Sur, Caucete, Cerrillos, Cochinoca, Colón, Colonia, 
Concepción, Concordia, Confederación Argentina, Co- 
po, Córdoba, Cordillera, Coronda, Corrientes, Costa 
Alta, Cruz del Eje, Cuaray, Cuaréin, Cuchilla Grande, 
Curuguatí, Curuzú Cuatiá, Cuyo, Chaco, Chicoana, 
Chicligasta, Choya, Delta Paranaense, Desampara- 
dos, Desierto, Desmochados, Diamante, Dolores, Du- 
razno, Empedrado, Encalilla, Encarnación, Ensenadas, 
Esquina, Famatina, Florida, Fray Bentos, Goya, Gran 
Chaco, Graneros, Guachipas, Guadalupe, Guaimallén, 
Gualeguay, Gualeguaychú, Gualilán, Guandacol, 
Guasayán, Guazucuá, Huanacache, Huerta, Huma- 
huaca, Iberá, Igatimí, Iglesia, Iguazú, Independencia, 
Iruya, Ischilín, Itatí, Ituzaingó, Jachal, Jiménez, Ju- 
júy, La Cruz, La Paz, La Plata, La Rioja, Las Heras, 
Lavalle, Leales, Ledesma, Lomas, Loreto, Luján, Mal- 
donado, Malvinas, Marquesado, Matará, Mburucuyá, 
Meló, Mendoza, Mercedes, Mesopotamia Argentina, 
Metán, Minas, Misiones, Mitre, Molinos, Monte Ca- 
seros, Monteros, Montevideo, Montiel, Morro, Nación 
Argentina, Negro (río), Nogoli, Nogoyá, Oliva, Oran, 
Pampa, Pampasia, Pampayasta, Paraguay, Paraná, 
Paraná de las Palmas, Paraná Guazú, Paso de los 
Libres, Patagonia, Payogasta, Paysandú, Pedernal, 
Perico, Piedra Blanca, Plata (río de la), Plata (ciu- 



[266} 



VOCABULARIO RIOPLATBNSE 



dad de la), Potito, Pocho, Provincia Cisplatina, Pro- 
vincias Unidas del Río de la Plata, Punilla, Renca, 
República Argentina, República Oriental del Uru- 
guay, Restauración, Rinconada, Río Cuarto, Río Chi- 
co, Río de la Plata, Río Hondo, Río Negro, Río Pri- 
mero, Río Seco, Río Segundo, Río Tercero, Rivada- 
via, Rivera, Robles, Rocha, Rosario, Rosario de la 
Frontera, Rosario de Lerma, Saladas, Saladillo, Sala- 
vina, Salta, Salto, Salto Chico, Salto Grande, Salva- 
dor, San Alberto, San Carlos, San Cosme, San An- 
tonio, San Estanislao, San Eugenio, San Francisco, 
San Fructuoso, San Isidro, San Javier, San Jerónimo, 
San Joaquín, San José, San Juan, San Justo, San Luis, 
San Martín, San Miguel, San Pedro, San Rafael, San 
Roque, San Salvador, Santa Ana, Santa Bárbara, San- 
ta Catalina, Santa Fe, Santa Lucía, Santa María, San- 
ta Rosa, Santa Victoria, Santiago, Santo Tomé, San 
Vicente, Silipica, Sobremonte, Soconcho, Soriano, 
Sumampa, Tacuarembó, Tala, Tama, Tamailla, Tierra 
del Fuego, Tilcara, Tinogosta, Totoral, Trancas, 
Treinta y Tres, Trinidad, Tucumán, Tulumba, Tum- 
baya, Tupungato, Unión, Uruguay (río), Uruguay 
(depart), Valle Fértil, Valle Grande, Victoria, Villa 
Argentina, Villa Franca, Viliaguay, Villamaría, Vi- 
lianueva, Villa Rica, Vinchina, Viña, Yaguareté 
Cora, Yaví, Yutí. 



FIN DEL TOMO II